Respire hondo antes de responderle, sabía que él estaba sacado de honda. —Solo quería que no te casaras —le dije en voz baja, mirándolo a los ojos. —Por suerte, llegué a tiempo. Humberto se rio sin emoción, lo que yo decía le aprecia un completo disparate. —Sí, llegaste a tiempo… pero solo para hacerme más daño del que ya me habías hecho. Sus palabras me lastimaban un poco, pero yo sabía que esa era la consecuencia de mis actos. —Todo tiene una explicación, Humberto. Te lo juro y yo te lo la voy a dar y vas a entenderme. —No quiero escuchar ninguna explicación —dijo con dureza—. No me interesa lo que tengas que decir. Me acerqué despacho a él, con el arma aún en las manos, pero sin apuntarle. Solo la sostenía entre mis dedos como si fuera un símbolo de protección. Cuando estuve f

