l millonario de mis pesadillas. Capítulo dos.
El golpe en la puerta cuando Kathy se marchó hizo que Serena volviera a la realidad, estaba muy confundida, pues por una parte el beso con Liam le había causado grandes estragos a sus emociones, ya que nunca nadie la había besado como él, pero por otro lado, él se estaba aprovechando de su posición y eso era algo que ella no podía permitir, así que se lo dejaría muy claro aunque eso le costara su puesto de trabajo.
–¿Pero usted que se ha creído? No piense que por ser el jefe puede aprovecharse de mí, ni se le ocurra volver a tocarme, no sé a qué clase de chicas esté acostumbrado a tratar, pero conmigo se equivoca.– Dijo Serena completamente indignada.
Liam sonrió , pero al ver el gesto de disgusto en el rostro de Serena, decidió cambiar la estrategia para tomar el control de la situación, ya que para nada le convenía que se hiciera un escándalo y que su padre pudiera enterarse de lo sucedido.
–Tranquila, no es para tanto, sólo fue un beso, y además se trata de una buena causa, piensa que me ayudaste a librarme de una chica que se estaba convirtiendo en mi peor pesadilla.– Contestó con su particular tono despreocupado.
–No me interesan sus asuntos personales, pero si usted vuelve a tocarme me va a conocer, y créame que no querrá saber cómo me pongo cuando estoy molesta.– advirtió ella.
–Créeme que me quedó muy claro después de la cachetada que me diste, si eso hiciste sólo con un beso, no me quiero imaginar que haría si hago algo más.– Exclamó Liam .
–No quiero seguir escuchándolo si va a dirigirse a mí en esa forma tan inapropiada, yo estoy aquí para trabajar, no se confunda.– Respondió con toda seguridad.
–Qué lástima, podríamos pasarla muy bien.– Susurró.
Sin pensarlo dos veces, Serena volvió a abofetearlo, quería dejarle perfectamente claro que ella no era esa clase de chicas con las que él estaba acostumbrado a tratar.
El sujetó ambas manos de Serena y se acercó peligrosamente, ella quiso retroceder, pero Liam era superior en tamaño y fuerza, así que la acorraló contra la pared y la miró con esos ojos intensos que dejaban sin respiración a todas aquellas mujeres que suspiraban por el.
– ñ¿Sabes lo que se hace cuando una chica le da una bofetada a un hombre?, Si no quieres que reclame ese derecho de besarte, no vuelvas a levantarme la mano.– Le dijo con ese toque de seriedad hasta ahora desconocido para ella.
Estaban tan cerca que Serena pensó que Liam volvería a besarla, pero no lo hizo, la soltó y entró a su oficina adoptando ese papel de ejecutivo que tan bien le quedaba.
–Señorita, venga por favor.– Le indicó.
Una pizca de incredulidad asomó al rostro de Serena, no podía creer que de un momento a otro, ese hombre pasara de ser un Playboy a alguien qué empezaría a tomarse las cosas en serio.
–Creo que no comenzamos de la mejor manera, así qué ¿Te parece si empezamos de nuevo?– Le propuso.
Era su primer día y ese hombre se estaba convirtiendo en la peor pesadilla para Serena, ese hombre era tan impredecible que no sabía que se podía esperar de él, por lo debería tener mucho cuidado si es que quería seguir trabajando en el corporativo Blossom.
–Soy Serena Adams, me han seleccionado para el trabajo como asistente.– Le informó ella.
–Bienvenida, ¿Supongo que Rachel ya le asignó sus funciones?– Preguntó Liam.
–Así es.– Contestó tímidamente.
—Usted será la responsable de llevar mi agenda, de organizar mis reuniones y todo lo concerniente al departamento de joyería en el área administrativa.–
–Muy bien.–
–También tendrá que acompañarme a algunas reuniones, viajes de negocios y eventos del corporativo, como mi asistente, necesitaré tenerla cerca para lo que se ofrezca.– Expuso.
Ella asintió, aunque no muy convencida, se imaginaba lo difícil que sería acompañar a ese hombre que le crispaba los nervios, pero después de todo se trataba de trabajo, y debía asumirlo, era necesario, por ella y por su familia que tanto necesitaba esa entrada de dinero que sería como aire fresco para todas las dificultades que estaban atravesando. La mañana transcurrió con normalidad, después de ese primer encuentro tan complicado, las cosas parecían marchar sin contratiempos; cuando de pronto alguien entró a toda prisa.
–Joven, no puede pasar, permítame anunciarlo por favor.– Pronunció Serena a un joven que se veía un poco menor que Liam.
El ni siquiera la miró y siguió de largo azotando fuertemente la puerta de la oficina.
–Lo siento mucho, no me dejó anunciarlo.– Comentó ella avergonzada.
–No se preocupe, yo me encargo.– Contestó Liam.
Serena no pudo evitar mirar con detenimiento al joven que había ingresado sin permiso, y pudo percibir que se parecía bastante a su jefe, por lo qué asumió que se trataba de uno de los hermanos menores, claro, no podía ser de otra manera, definitivamente la mala educación debía ser un mal de familia.
–¿Qué rayos te pasa Max?, Te recuerdo que esta es mi oficina, y no puedes entrar aquí como si se tratara de tu casa.– Le reclamó.
–Estoy cansado de qué mi padre tenga demasiadas consideraciones contigo, no lo mereces, y te juro que me voy a encargar de destruir la imagen que mi padre tiene de tí.– Lo amenazó Max.
–Mira nada más como tiemblo, no te imaginas el miedo que me causan tus palabras hermanito.– Contestó con sarcasmo.
Max lo miró furioso, sus ojos estaban encendidos por la ira que sentía, le resultaba imposible ocultar lo que llevaba en su interior, Liam era consciente de ello, por lo que lo trataba con la misma hostilidad.
–Las empresas de joyería tendrían que quedar bajo mi dirección, ese giro ni siquiera te gustaba, pero te encargaste de convencer a papá para que te pusiera al frente –Le recriminó Max al mismo tiempo que se acercaba a él.
–¿Y por qué me lo reclamas a mí?, Si tanto te duele ve con papá y dile que te ponga al frente, anda, ve a llorar como el niño mimado que siempre ha sido.– Se burló Liam.
Max no pudo soportar las palabras de su hermano y se abalanzó sobre él, quería hacerle pagar por tal atrevimiento, pero sus impulsos fueron frenados por su hermano de manera inmediata. Lo empujó con brusquedad, y aún cuando Max insistía en golpearlo, la fuerza de Liam era superior, de los tres era el que más destreza poseía, su condición atlética le proporcionaba mucho más ventaja al momento de querer defenderse.
–No juegues con mi paciencia Max, sabes perfectamente que si me lo propongo puedo acabar contigo en todos los sentidos, así que no me provoques si sabes lo que te conviene.– Le advirtió.
–Eres un maldito miserable Liam, te odio, y te juro que no descansaré hasta tener el control de todo el corporativo, y ese día te echaré a la calle como la basura que eres.– Dijo su hermano en tono amenazante.
–Sigue soñando, tal vez sólo así puedas alcanzar algo de felicidad, porque tus ambiciones no pasarán de simples deseos, jamás tendrás el control del corporativo mientras yo viva.– Le contestó .
Max estaba lleno de rabia y frustración, sabía que por el momento no podía hacer nada contra su hermano, pues hasta el momento todos sus intentos habían fracasado, por lo que sería necesario seguir en la búsqueda de la estrategia correcta para quitarlo de su camino.
Serena había escuchado la conversación, era imposible no haberlo hecho, pues Max dejó abierta la puerta de cristal que conectaba las dos oficinas. Pasó por su lado con el rostro enrojecido debido al rencor que llevaba por dentro, apenas la miró, pero no se detuvo, avanzó con paso firme hasta desaparecer en los inmensos pasillos del corporativo. Cuando la puerta se cerró Serena escuchó como algo de cristal se rompía, pero no quiso asomarse, pues intuía que ese seguramente era un momento complicado para Liam, por lo que prefirió ser respetuosa y mantenerse al margen. El intercomunicador comenzó a sonar, y ella contestó con voz temblorosa.
–Señor Blossom.– Dijo ella.
–Llame al departamento de mantenimiento para que recojan todo esto.– Indicó Liam.
–No se preocupe, yo lo haré.– Respondió comprensiva.
Liam no esperaba escuchar algo así, por lo regular las chicas no querían estropearse las uñas o maltratarse las manos, por lo que esa chica seguía sorprendiéndolo con cada una de sus acciones.
–Déjame ayudarte, después de todo este desastre lo provoqué yo.–
–Tenga cuidado por favor, podría cortarse explicó Serena.
Aún no terminaba de decirle cuando vió la expresión en su rostro y se dio cuenta que efectivamente ella tenía razón, no perdió tiempo e inmediatamente se acercó para revisar la herida.
–No te preocupes, estoy bien.– Aseguró tratando de mantener la compostura.
Ella acercó el botiquín de primeros auxilios y aún cuando Liam le había dicho que se encontraba bien, empezó a curarle la herida. Al momento de hacer contacto con su piel, sintió como una sensación especial recorrió todo su cuerpo, aquello fue mutuo, ya que fue imposible poder disimularlo , sus miradas los delataban, y cuando esos ojos se encontraron, un aura mágica envolvía todo a su paso.