Cameron Miré a Tessa por el rabillo del ojo, estremecerse como si lo que estuviese viendo fuese una película de terror, miraba fijamente la pantalla y su semblante mutaba del pánico a la sorpresa. Yo tampoco estaba demasiado feliz por lo ocurrido, pero aun así no podía evitar sentir una punzada en el pecho de resentimiento por su horrorizada expresión al ver cómo nos habíamos casado. ¿Tanto me despreciaba? Me llevé nuevamente el vaso con bourbon a los labios. ¿Qué cojones iba a hacer? ¿En qué lio me había metido? Tessa, era una fierecilla indomable, que me sacaba de mis casillas todo el tiempo, no paraba de hablar, sin embargo era ocurrente y transparente. No recordaba cuando había sido la última vez que me había reído tanto o disfrutado como cuando tuve el placer de jugar con ella en

