—¿Dónde te metiste anoche? estábamos preocupados—preguntó Albert, uno de mis músicos al día siguiente. Yo aún seguía en la cama, no tenía ganas de levántame.
—Solo bajé al bar a tomar una copa, no me sentía bien y no quise molestaros.
—Cuando vimos que no estabas fuimos al bar y tampoco estabas —Iván, el primer guitarrista intervino en a conversación —. Pensamos que te habías ido a tu ático, cuando regresamos ya estabas en la cama, pero no te quisimos despertar.
—Quizás cogimos ascensores diferentes y quedamos que, aunque hayamos escogido Nueva York para el primer concierto y yo viva en Manhattan me quedaría con vosotros.
—¿Estás bien? estábamos preocupados después de la escena de Rodrigo.
—Lo sé, pero no os preocupéis por mí, estoy bien.
—Hoy toca el estado de Massachusetts, así que tenemos que coger un avión en…—Albert miró su reloj —. Cuatro horas.
—Me ducho, desayunamos y nos vamos, desde aquí son solo tres horas y medias.
Después que Albert e Iván salió me levanté y me metí en la ducha. La noche anterior cuando entraron a mi habitación en realidad estaba despierta, pero me hice la dormida porque no tenía ganas de someterme al interrogatorio que me acababa de hacer. Todavía mi cerebro estaba procesando lo sucedido. Es que si yo no hubiese sido parte activa de lo que pasó en esa habitación estaría dudando lo sucedido, pero yo estaba ahí, peor aún, participe de todo el acto s****l, es más lo deseaba y lo disfruté, fueron unos minutos, pero unos minutos que me permitieron disfrutar y olvidar la mierda que era mi vida, lo que había hecho y lo estaba haciendo para sobrevivir.
Hoy todos conocían a Larissa, la cantante de pop latino que había formado su propia banda y que a donde quiera que iba llenaba todo, que tenía millones de personas en todo el mundo que les gustaba y cantaban mi música, pero nadie se imaginaba lo que me costó llegar tan alto, ni lo que había hecho para lograrlo.
La música siempre había sido mi vida, la música me había enseñado a crecer, a salir de mi zona de confort, a levantarme, a confundir a personas, a expresar por medios de mis canciones gritos de amor, de libertad y de vida, mi música soy yo, y si para mantenerme donde estaba tenía que cambiar de conceptos, de vestuarios y expresiones lo haría haciendo porque sin la música no era nadie.
Salí de la ducha, me vestí con un vaquero, camiseta corta que dejaba ver mis abdominales y mis tatuajes y deportiva. Viajaba cómoda, porque luego se producía mi trasformación para estar de pie en un escenario. Abrí la puerta de mi habitación con miedo, pensaba que me iba a encontrar al desconocido de la noche anterior y con el que tuve sexo en el ventanal de su habitación. Rogaba no verlo, porque me moría de vergüenza, imaginaba lo que ese hombre estaría pensando de mí. Imaginaba que cuando me viera en algún cartel de los tantos que anunciaban mi gira, gritaría en voz alta; ¡a esa me la tiré yo!
Me martirizaba pensando eso, y la opinión que tenía acerca de mí, quizás sabía perfectamente quien era yo y a estas horas estará llamando algún periodista para contarle la historia, si lo hacía me decepcionaría mucho. Aunque no nos presentamos, fueron unos minutos para recordar, me sentí querida. A pesar de lo grande que era ese hombre me trató con delicadeza, con ternura, me sentí mucho mejor que cuando estaba con Rodrigo.
—¡Buenos días, señorita! —la mujer de la limpieza del hotel estaba saliendo de la habitación en cuestión.
—¡Buenos días! —respondí riendo.
—Mi hija la adora, y me dio esto por si la veía y se lo firmaba—la mujer sacó de su uniforme un Cd con mis canciones.
—¡Claro que sí! dígale a su hija que muchas gracias.
—Se pondrá muy feliz, ¡muchas gracias!
—A vosotras. En… esa habitación…
—Está desocupada joven, fue entregada hoy en la madrugada.
—¡Gracias! es que… pensaba que ahí se quedaba alguien de mi equipo.
—No joven. —la mujer volvió a sus quehaceres y yo seguí caminando hasta el ascensor sin creer lo que acababa de hacer.
No tenía manera de saber quién era ese hombre, ya no estaba en su habitación, se había ido, ni siquiera sabía su nacionalidad, ni su status, podía ser un delincuente, un periodista, cosa que no pensé la noche anterior, pero independientemente de lo que fuera esos ojos me perseguirán en los próximos días, cada vez que viera unos ojos tristes y negros como la noche me acordaría de él y de lo que hice.
—Hasta que por fin apareces, llevo rato esperándote aquí, no quise ir hasta tu habitación, no sabía con lo que me encontraría—Rodrigo estaba haciendo lo de siempre, insultar, para luego volver y pedir perdón.
—Mejor, porque no iba a ser bien recibido, anoche lo dejamos bastante claro Rodrigo, ya no quiero seguir con esto.
—El problema querida es que, lo que tu llamas “esto” se termina cuando yo lo diga.
—Rodrigo hacernos daño no es sano para ninguno de los dos, yo no puedo estar con una persona que me corte las alas. Cantar y estar con mi público es lo que más disfruto y eso a ti te incomoda.
—Lo que me incomoda es la zorra en la que te conviertes cuando subes a un escenario y ese vestuario de prostituta que te has hecho es lo que no soporto.
—Esa que se sube a un escenario como una zorra y una prostituta soy yo Rodrigo, Larissa y eso nunca va a cambiar porque es mi vida, es lo que elegí ser, y si así es como me ves, creo que anoche lo dejé claro, ya no quiero volver a verte.
Me agarró por un brazo hasta hacerme daño, yo intentaba soltarme, pero no pude, hasta que llegó Iván con Yuli el segundo guitarrista y se enfrascaron en una discusión con él y me sacaron de allí, fue muy humillante, rogaba que la prensa no se diera cuenta.
—Larissa, Rodrigo no te dejará tranquila, el piensa que eres de su propiedad —aseveró Iván.
—Si, algo así como el coche en el que anda, el mueble de la bebida de su casa—afirmó Yuli con burla. Yo callaba y los miraba sin emitir ninguna palabra, si lo hacía empezaría a llorar en el bar del hotel.
—Esto no va a parar Larissa, cada vez irá a más y quizás en algún momento nosotros no estaremos contigo.
—Lo sé chicos, lo voy a solucionar, lo prometo. Rodrigo tiene que entender que se acabó, que nunca podrá cambiarme. Perdonarme regreso a la habitación, cuando todo esté listo para partir me avisáis, a propósito ¿Dónde está Albert?
—Eso íbamos a peguntarte, no lo hemos visto.
—De acuerdo, si lo veis decirle que le quiero que ensayemos algo.
Volví a la habitación con un nudo en el pecho que no me dejaba respirar. Tenía ganas de mandar todo a la mierda. No entendía como un chico a quien conocí y que en un principio me apoyó en mi carrera se había vuelto un ogro. Al principio era cariñoso, cautivador, atento, complaciente, decía que se sentía orgulloso de mi, incluso cuando formé la banda invirtió de su dinero, afortunadamente se lo devolví en cuanto alcancé el auge de popularidad que tengo, pero, aunque no tenga deudas pendientes con él, siempre le estaré agradecida, porque todos sabemos lo que pasa con una carrera como la mía si no aparece un inversor en el momento adecuado.
Rodrigo tenía mucho dinero, pero nunca estuve con él por el dinero, de hecho, devolví integra la cantidad invertida, aun a costa de su negativa en aceptarlo, como estaban las cosas daba gracias por haberlo hecho. La inversión era muy mínima en relación con lo que tenía, nunca he sabido de donde movía tanto dinero, nunca le pregunté, tampoco me interesó saberlo, yo vivia de mi carrera y me iba muy bien.
Tenía mi casa en el bajo manhattan, era un piso en la planta veintiséis que era donde me refugiaba cuando quería estar sola, componer y planificar mi próxima producción. Afortunadamente nunca hablamos de vivir juntos, el tambien tenía su casa en otra zona y nos veíamos cuando mis giras y sus cosas nos dejaban tiempo, pero en cuanto empezó la gira, le dio por aparecerse en cada concierto y criticar todo lo que hacía, por eso llevaba semanas pensando en si lo que teníamos merecía la pena, no dejaría que nadie me maltratara, ni me faltara el respeto, yo era una mujer autosuficiente, que tenía las cosas claras y Rodrigo no sería quien tronchara mi camino a lo más alto.