Había pasado casi dos meses de mi último viaje a Nueva york donde tuve unos minutos de sexo con una desconocida, llevaba todo ese tiempo con esa puta mujer metida en mi cabeza, por más que lo intentaba no se me salía a ninguna hora, tanto que mi compañero y amigo Markus, me había interrogado varias veces, yo no decía nada, porque en realidad no había nada que decir. No sabía por qué a esa mujer la tenía presente a todas horas, sus ojos, su boca, su silencio, sus jadeos cuando se derramó mientras yo miraba como se derretía al toque de mis manos.
Markus y yo seguíamos haciendo algunos trabajos juntos y acabábamos de finalizar una misión muy peligrosa. La inteligencia turca trabajaba en conjunto con la agencia de inteligencia de muchos países, entre ellos Estados Unidos, teníamos un compromiso de cooperación bilateral donde nos ayudábamos con infraestructuras equipos, información y personal.
—Agentes, ¡buen trabajo! esta vez trabajaran separados en misiones independientes, hay una en América y otra aquí. Vosotros decidís a donde va cada uno—el comandante Efkan Soylu, alto cargo de la inteligencia turca era quien dirigía la mayoria de las operaciones e investigaciones, era la cara oculta a quien pocas personas conocía.
—Llul… —Markus me miró, quería saber por cual misión me decidía. Yo lo tenía claro; América era para mí, él era padre de familia y casado, yo no tenía ni siquiera un perro que me ladrara.
—Yo me quedo con América, si a Markus no le interesa—dije seguro.
—En ese caso, yo me quedo aquí.
—Bien, entonces empiezo primero con usted oficial Llul, debe irse en un par de días, le facilito la información—Markus se estaba levantando para salir y esperar fuera hasta que el comandante terminara conmigo—. Me gustaría que se quede usted oficial Markus, no sabemos si tenéis que echaros una mano en algún momento y me gustaría que ambos tengáis conocimiento de las dos misiones, aunque trabajéis por separados. Puede darse el caso de que alguno necesite apoyo—el comandante, como siempre, adelantándose a los acontecimientos, por eso era muy raro que alguna misión fracasara.
—Adelante comandante—pedí al tiempo que Markus y yo nos sentábamos en el sofá de su oficina
—Muy bien oficial Llul, la misión consiste en infiltrase en una banda de música.
—¡Lo que me faltaba de policía a músico! ¿No me digas que voy a tener que vestir como ellos? —preguntó Llul asustado. Los músicos vestían de manera bohemia, de manera desenfadada y el vestía impoluto, traje de tres piezas y corbata, al igual que su compañero Markus que antes solo vestía de Versace, pero ahora era más versátil llegando incluso a modelar los trajes que su mujer diseñaba—. Además, no toco, ni canto, el único sonido que he practicado ha sido el de las balas.
—No lo sé oficial, eso no me preocupa, sé que encontrará la manera de estar dentro, no espero menos de usted.
—¡Hay compañero! ya te veo como un cantante de hip hop—la risa de Markus llenaba la oficina.
—¡Eres un cabron! búrlate, que ya verás cuando a mí me toque verte con un traje de presidiario o panadero.
—En eso consiste su misión oficial Markus, Llul no tardará mucho en burlarse—dijo el comandante mirándonos fijamente.
—Ya, panadero es una experiencia más, las he tenido peores.
—No, entrarás a la cárcel, en eso consiste su misión, serás el preso número… por unas semanas.
—Comandante, prefiero acompañar a Llul a América—propuso arrepentido.
—Eso no es posible, necesito a mi dos mejores hombres en estas dos misiones.
—Bueno…—me quedé mirando a mi amigo que tenía cara de pena—. Podré salir algunas noches para dormir con mi mujer ¿no? —preguntó abatido.
—Depende, tendremos que negociarlo y en cuanto a usted oficial Llul, la cantante de la banda de pop latino se llama Larissa, nos han pedido cooperación para investigar la banda desde dentro, a su cantante y su novio. Según investigaciones es un traficante de órganos—el comandante pasó la carpeta a Llul con toda la información necesaria para viajar a América.
—¡Eres un cabron! te vas a América, mientras yo voy a la cárcel, no es justo.
—Elegí América, por ti, para que estés cerca de tu mujer y tu hijo, pero si quieres…
—Es una broma, sé que al hacerlo solo pensaste en eso.
—Cuídate en la cárcel, no sé a cuál irás, pero recuerda que allí hay muchos malos encerrados por nosotros.
—Eso lo tengo bien presente. Tu cuídate en América, ya me las arreglaré para llamarte. La cárcel no será lo mismo sin ti, los días serán eternos y de la noche ni te digo.
—Eso es porque me quieres mucho, recuerda que no voy a tener tiempo para pensar en ti, estaré dale que te pego en una banda de pop—salieron riendo de la oficina de su comandante; oficial de inteligencia turca Efkan Soylu.
—Lo que más me preocupa es mi mujer y mi hijo, no estaré disponible mucha horas y tampoco tu estarás.
—Yo me encargo, no te preocupes, sé a quién buscar para que este a su lado y ella no se dará ni cuenta.
—Hazlo, porque dentro de una semana debo entrar a la cárcel y creo que se lo diré en el último minuto, quiero pasar todo el tiempo con ellos antes de hacerlo.
Cuando salí de la oficina del comandante con la carpeta en las manos me dirigí a mi casa. Lo primero que hacía cuando me asignaban un nuevo caso era leer todo, estudiaba el más mínimo detalle de la información suministrada. Cuando trabajaba con Markus nos dividíamos las tareas, pero esta vez era diferente, solo era yo y perder algún detalle podía dañar la operación. Así que cuando llegué a mi ático, lo primero que hice fue ponerme cómodo y luego me tiré en el sofá con un café y carpeta en manos. Usaba un marcador de colores para resaltar los detalles que me parecían importantes.
Cuando la abrí lo primero que hice fue buscar fotografías, me gustaba estudiar los perfiles de las personas que investigaba.
—¡j***r! —la primera fotografía era una chica en plena acción, tenía un micrófono en las manos y al parecer estaba en pleno espectáculo. Su ropa era muy escasa, un top que dejaba ver todo su vientre plano con gotas de sudor. Por un momento recordé otros abdominales parecidos a los que tenía delante.
Llevaba mucho maquillaje y el pelo de colores, así como un pantalón corto, muy corto, pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos, tenía unos ojos preciosos, eran casi iguales que los de aquella chica. Obligué a mi cerebro a dejar de pensar en ella, pero es que la imagen me la recordaba a cada segundo, tanto que sentí un resquemor cuando vi la segunda fotografía, era ella con un hombre.
Se veía que estaban saliendo de algún concierto y el la acompañaba, ella seguía igual que la foto anterior, sudada y riendo a la cámara, mientras el hombre miraba con mala cara, al parecer no quería que le hicieran fotos.
Me olvidé de las imágenes y me centré en el informe, según lo que leía, el hombre era una fichita, pero no había sido pillado con las manos en la masa a pesar de que lo habían interrogado un par de veces. De ella no decía nada, tan solo que era su última novia, aunque en los últimos días no se veían juntos.