“Ven a dormir conmigo, no haremos el amor, el amor nos hará a nosotros” Era un estribillo de una de mis canciones y desde que me desperté hacía una media hora la tarareaba en mi cerebro, porque no quería despertar al hombre que dormía a mi lado, de nombre Llulke Abdala, ojos negros y grandes y que follaba como los mismos dioses. A pesar de tener muchos años en la carretera, de concierto en concierto, de vivir entre hombres más que entre mujeres, de cuidarme sola, cuando mi madre murió y tuve que huir de un padrastro que me maltrataba, no había tenido muchas parejas, intentaba proteger un corazón adolorido por la vida. Las veces que me había acostado con alguien lo había hecho para disfrutar, pero casi nunca pedía nada, porque los hombres en cuestión buscaban satisfacer su deseo y cuando q

