Hacía tres días que había llegado a Nueva York, con la novedad de que Larissa la reina del pop y su banda estaban en una gira por todos los estados americanos, así que después de indagar en qué estado estaba, compré un billete y volé a Georgia que fue el estado donde se realizó el concierto la noche anterior.
Ella no me había visto hasta esta noche en Texas, porque la noche anterior mantuve un perfil bajo para conocer, observar y empaparme del tejemaneje de una banda de pop latino. Desde la noche anterior sabía quién era. En un principio no la reconocí, porque estaba vestida y maquillada para su actuación. Una mujer era la que se subía al escenario y otra la de aquella noche, así que después de mentalizarme y reconocerla la seguí, sin que se diera cuenta la seguí hasta su hotel, a esa mujer la tenía clavada en mi cabeza y de mi polla mejor no hablemos.
Esta noche quería que me viera, tenía intención de presentarme delante de ella con la excusa de aquella noche, pero el tal Rodrigo me lo había puesto más fácil de lo que pensé. Ahora solo me faltaba estar dentro de la banda, no sabía cómo, pero lo estaría, aunque rogaba que no fuera para tocar algo, yo lo único que sabía tocar era armas de fuego y si eran largas mejor.
Así que cuando tomó mi mano para entrar al hotel pensé que era un cabrón con mucha suerte. Pasamos por la recepción hasta su habitación, estaba en la octava planta.
—Dejo mis cosas y bajamos al bar, ahí podemos tomar algo.
—¿Estás sola?
—Si, mis compañeros esta vez han cogido la suite, yo preferí la habitación.
—Bien, entonces vamos a saquear el minibar de esta habitación.
—Pues mira lo que tiene, mientras me ducho, siempre lo hago después de un concierto—dijo empezando a quitarse las altas botas.
—Te ayudo —me acerqué hasta la cama donde estaba sentada, terminé de quitar sus botas. Mientras lo hacía por mi cerebro pasaron un montón de pensamientos fetichistas que no sabía que los tenía, pero no les hice caso. Masajee sus pies y la cara de ella me estaba acelerando el ritmo cardiaco y también el de mi polla.
Siempre que follaba probaba de todo, para eso pagaba y cuando pagas la puta es tuya por el tiempo que dure el servicio, pero esta mujer no era una puta, por lo que ordené a mi polla que se calmara.
—Nunca nadie le había hecho eso a mis pies.
—Pues debería tener quien te lo haga más manudo, pasas muchas horas de pie—mi voz salió carrasposa.
—¡Gracias Llul! ahora me ducho, ponte cómodo y tomas algo.
Ponte cómodo y tomas algo tenía connotaciones diferentes para mí, más que para ella. Para mi ponte cómodo era quitarme la ropa y entrar a la ducha con ella, tomar algo era bebérmela a ella en pequeños sorbos. Mientras me preparaba una copa y tenía estos pensamientos mi polla me llamaba cobarde.
Estaba con mi copa en la mano, tenía la manía de meter un dedo a mi bebida y chuparlo, cuando me giré ahí estaba ella con tan solo una toalla sostenida por sus tetas. Mi dedo se quedó en mi boca, mientras nos miramos, esa mujer era preciosa y si ya una vez la follé sin conocerla ¿Porque no podía hacerlo de nuevo? solo hacía falta su consentimiento y por lo que estaba mirando ella quería lo mismo.
—Te ves endiabladamente sexi chupando ese dedo.
—Eso lo hago cuando no puedo chupar otra cosa.
—¿Y quién te ha dicho que no puedes?
—¿Estás segura? —su respuesta fue dejar caer la toalla, a partir de ese momento se activó el Llul cabrón, el Llul que antes, pedía putas para su amigo hasta que encontró la perfecta, pero tambien pedía unas cuantas, para él, el Llul que jugaba con personajes cabrones, esta noche jugaría a ser el amante de una cantante de pop.
Me acerqué llevando mi copa y cuando estuve delante de ella metí el dedo y lo mojé de la bebida, pero en vez de llevarlo a mi boca lo llevé a una de sus tetas y cuando lo mojaba chupaba la punta del pezón. Lo hice con los dos, pausadamente, tenía toda la noche para follar así que primero nos divertiríamos.
Tenía ante mí, a una mujer completamente desnuda, yo seguía vestido con mi traje de tres piezas. Algunas veces mojaba el dedo y lo llevaba a su boca para que fuera ella quien chupara, lo hacía con ansias, estaba desesperada, pero no pedía nada, tan solo se dejaba hacer. Cuando sus tetas, su boca y la mía se terminaron la bebida, en la copa solo quedaba cubitos de hielo, tomé uno y lo llevé a uno de sus pezones mientras metía mi lengua en su boca.
—Llul… por favor…—su voz salió en medio de sollozos. Mi nombre en sus labios sollozando era el sueño de cualquier cabrón y yo no era la excepción.
—¿Qué quieres? —pregunté mientras cambiaba el cubito de hielo al otro pezón.
—follame fuerte—cuando escuché el pedido pensé que me equivocaba, el sueño de cualquier cabrón era ese; follar fuerte y duro.
—Quizás más tarde—dije, porque yo aun no quería follar, pensaba que si lo hacía todo terminaría y yo quería seguir disfrutando del espectáculo mucho tiempo más.
Mi polla se quería salir del pantalón tan solo de ver el espectáculo y de escuchar sus gimoteos. Hasta el momento solo había tocado su boca y sus tetas y ella estaba desesperada. Cuando se trataba de sexo yo no tenía limites, el sexo era para disfrutarlo y las putas se daban todas por completo siempre y cuando hubiera un buen manojo de billetes, así que con ellas me habían curtido en las artes sexuales, en las amatorias no lo sabía, nunca había hecho el amor.
Cuando llevé mi mano a su coño estaba mojado, yo seguía chupando sus pezones fríos por el hielo, a la vez que complementaba con besos a su boca. introduje un dedo sin dejar de besarla y se estaba derramando en mi mano, fue el puto espectáculo más culminante que pude ver.
Mientras se derramaba la sostenía para que no cayera, sus ojos color avellana no dejaron de mirarme en ningun momento y entonces tambien me permití derramarme, solo que mi polla aún seguía dentro de mis pantalones.
—¡Agggg! —un gruñido salió de su boca, la sostuve contra mi pecho mientras los restos de nuestros orgasmos nos dejaban aniquilados, mi mano mojada con el de ella y mi pantalón mojado con el mío. Seguíamos de pie en medio de la habitación, la cama seguía allí, pero por segunda ocasión no habíamos hecho uso de ella. La llevé al pie de la cama donde había una especie de banqueta e hice que se acostara, pero con un pie a cada lado.
La imagen era para derramarme de nuevo. Estaba acostada en todo el largo de la banqueta con el culo en el borde. Ver su pubis completamente rasurado era alucinante. Llevé mi mano y lo abarqué todo, mientras miraba sus ojos desde abajo. Tenía a esa mujer en mis manos en sentido literal. Acerqué mi boca a su capucha y sentí que me estaba esperando, que era el lugar perfecto para mi boca.
—Llul…—carraspeó ella llevando sus manos a mi cabeza. no contesté sabía lo que quería, por unos minutos lamí todo, con mis manos abrí sus pliegues, hasta que sentí que ya no podía más y chupé su capucha hasta que de ella brotaron chorros de semen. Cuando sentí que ya no quedaba nada, cambié de posición, acerqué mi boca a la de ella y nos besamos.
—Ufff… ha sido… no tengo palabras.
—Mejor, yo tampoco las tengo, ahora si te voy a follar—dije empezando a bajar mi pantalón mojado sin preocuparme, era militar y los militares estábamos preparados para cualquier circunstancia, aunque mi habitación estaba justo al lado, pero eso ella no lo sabía.
Seguíamos sin usar la cama, en la misma banqueta la cambié de posición dejando ver un perfecto culo. Con mis manos agarré los cachetes de sus nalgas y me introduje despacio, por un segundo pensé que era como llegar a casa, mi polla tambien me lo agradeció como ella sabía, manteniéndose firme, fuerte, inquebrantable.
—Fuerte—pidió. Así era como me gustaba, pero en un principio lo hice lentamente porque yo era muy grande, en todos los sentidos, así que cuando me hizo el pedido me volví loco y saqué al Llul que entraba y salía despiadadamente, al Llul egoísta, al Llul sin compasión cuando se trataba de follar. Al Llul que intentaba cada día dejar una ciudad limpia de delincuentes lo dejé aparcado en algún rincón de mi cerebro.
Me complació que a ella le gustara, no era una puta, pero se comportaba como tal, le gustaba mis versiones y eso me elevaba más si podía, no era fácil encontrar este tipo de sexo y por un segundo tuve miedo, miedo de querer seguir buscando en ella, lo que creía que podía encontrar en cualquier puta.
Mi orgasmo se estaba gestando como una catarsis, por lo que me preparé para ello, me preparé para sacar todo lo que había dentro de mí y cuando de mi polla salieron chorros de semen, pensé que no había final, pero cuando sucedió caí desmadejado en el piso, dejándola a ella en la banqueta.
Por unos segundos me pregunté qué mierda había pasado, acababa de tener el mejor sexo de mi vida con una cantante de pop, pensaba que ese tipo de sexo solo te lo podía dar una puta con experiencia.
Cuando volteé la cabeza para mirarla, ella ya lo hacía, tenía sus ojos avellanas clavados en mí, creo que se estaba haciendo la misma pregunta.
—Me has dado el mejor sexo en toda mi vida Llul.
—Llulke Abdala—dije mi nombre completo, no tenía sentido ocultarlo, pero si mis funciones como oficial de inteligencia turca.
—Me has dado el mejor sexo de mi vida Llulke Abdala—repitió —. Y por lo que veo no eres americano.
—¿Eso importa?
—Para nada.
—Siendo así, ¿qué te parece si usamos la cama? —pregunté guiñando un ojo—. Me has dejado inutilizable, pero todo puede pasar, aún quedan restos de la noche.