Había llamado a Markus para que me ayudara, porque mi cerebro no era capaz de concentrarse en otra cosa que no fuera buscarla. Necesitaba a alguien ajeno con sangre fría y que no tuviera un corazón implicado para llegar al fondo de lo que pensaba era la mayor red de trata de blanca, venta de órganos y no sabía cuántas mierdas más. A Rodrigo lo había buscado y si no hubiese estado siguiendo sus pasos, me lo habría comido, pero solo era un imbécil con dinero que vivía dos vidas paralelas; una era donde aparentaba ser un empresario con dinero y negocios importantes y la otra era donde se metía en los suburbios donde se realizaba la prostitución al más alto nivel. Se las llevaba a su casa, a hoteles y a caravanas que alquilaba y después que lo follaban incluso atándolo las mandaba de vuelta

