The show must go on

1609 Words
Mikeila Siempre me pregunte como se sentiría hacer un home run. Bueno en este momento tenía la respuesta. La cara de Blaine estaba más blanca que nunca, si es que eso era posible. En todo caso, me gustaría aclarar que, mi estrategia no era esa. Simplemente quería incomodarlo, cosa que logre. - ¿Sabes siquiera lo que me estas pidiendo?-pregunto indignado. No, claro que no lo sabía. Las palabras habían salido disparadas de mi boca. Quizá mi subconsciente me estaba jugando una mala pasada ¿Quién sabe?. Él jamás lo sabría. Yo nunca me retractaba. No era una gallina. - ¿Quién hizo la propuesta?, es más que obvio que sé de qué se trata. Si recapitulamos: fui atacada por Blaine, quien obviamente tiene un secretillo que esconder, cuyo precio estoy tentando los límites. Mientras tanto me encamino a una situación de peligro inminente. ¿Dónde quedo mi advertencia de que no era una fanática del peligro? - ¿Por qué me besaste?- quise saber. Me pareció extraño que despues de chupetear mi cuello como una paleta, me besara. -Te dije que aliviaría el dolor- enarco su ceja castaña- cosa de la que comienzo a arrepentirme. Mentía. No sé por qué yo lo sabía, pero él no me producía esa sensación de desconfianza. Quizá y ya perdí la poca cordura que me quedaba. - ¿Ibas a matarme? -Sí. Mierda, no voy a decir que me retracto de lo que dije pero puedo acomodar mejor mi enunciado: "no desconfiaba tanto de que Blaine me matara". -¿Por qué no terminaste lo que habías empezado?, ¿Qué te detuvo?. La mirada que me regalo dejó bien en claro que no estaba dispuesto a hablar de ese tema. Supongo que no es fácil decirle a tu victima fallida el porqué de no acabar con su patética existencia. - ¿Qué quieres?-preguntó de nuevo- no dormiré contigo si eso es lo que deseas. Ni tú o alguna otra me interesa de esa manera. ¡Bingo! Allí estaba mi carta maestra. Era una lástima pero tendría que usarla. - ¡Pero que desperdicio de ejemplar masculino!-dije con dramatismo y apuntando al cielo con el señor bombillo, mi lápiz. - ¿Qué? -Tranquilo Blaine, tus secretos están a salvo conmigo. No le diré a nadie que tienes una relación con Seth- dije haciendo una mueca apenada con mi boca- y mucho menos de que te gusta beber sangre de mujer. Los verdes ojos de Blaine se abrieron con asombro y posteriormente furia. -No le diré a nadie que la sangre de las féminas te provee poderes sexuales-seguí aguijoneando. Podría escribir un poema en francés del momento exacto en el que Blaine me levantó de mi pupitre, tomando la tela de mi blazer y apretando con fuerza. - ¿Qué carajos has dicho?- dijo con la mandíbula apretada con rabia. Vaya el tenista tenia complejo homofóbico, lástima. - ¿Te enfurece eso?, ¿deseas morderme?-pregunte. De a poco caía en mi trampa, si él me atacaba teníamos las grabaciones de las cámaras de seguridad del aula. Solo era cuestión de presionar un poco más, necesitaba que sus ojos cambiaran a ese rojo bordó, y que sus garras crecieran. Pff tan simple. Blaine pareció notar mi plan maestro por lo que sonrió de lado y me sentó con brusquedad de nuevo en mi silla. La diferencia esta vez eran sus brazos apoyados en el respaldo, a manera de cárcel. -Eso es lo quieres- ultimó-¿tienes complejo de masoquista gorda?. Su tibio aliento rozaba mis labios, cada palabra que salía de su boca era como una insinuación a tentarme. Su nariz rozaba una y otra vez mi mejilla en una caricia tan superficial como erótica. Bien. Creo que estoy loca. -No sabes con quien juegas- mordió mi barbilla con suavidad. -Mikki no hallé las gomitas que...-mi muy oportuna amiga llego para liberarme de la penosa situación en la que había quedado- oh, hola Blaine. Nos encontramos nuevamente. -Cursamos juntos hasta hace un par de minutos Nicole- le dije apartando bruscamente al tenista. Tan pronto como Nikki llegó Blaine desapareció. Algo por lo que me encontraba muy feliz. Una vez finalizado mi rutinario día estudiantil volví a casa. Un par de nubes se movían perezosas por el cielo gris. ¡Que flojera! - ¡Vamos Mik! Tu puedes hacerlo- Paul, mi personal trainer me alentaba a terminar una serie de sentadillas. De más está aclarar que mis fugas de la tarde fueron descubiertas por la reina de la anorexia. -Oye y si hacemos un... trato- dije jadeante. La verdad es que odio con todo mí ser hacer ejercicios. No importa de que traten. Yo los odiaré. -No tienes nada que yo quiera, lo siento. -Puedo presentarte al jardinero- hice como si pensara mucho- Diego. ¡Boom! El punto débil de mi sensual entrenador era el muchacho moreno que se paseaba casualmente siempre que yo ejercitaba. Con mucho pesar en mi alma descarte la idea de que el objeto de su interés fuese yo, sus ojitos negros no brillaban de la misma forma al verme a mi toda sudada que al mirar a Paul riendo. - ¿10 minutos de ejercicios y 50 de charla?-ofrecí. Paul me miro contrariado, sopesando cada uno de los datos que yo había lanzado. -20 de ejercicios y 40 de charla, sin excusas. Por si no lo sabias me pagan por estar aquí. Una vez más me enorgullecí a mí misma. Al parecer había heredado la capacidad de negociación de mi padre. Un gran punto a mi favor. Arrugaba la nariz frente a la desabrida cena que teníamos. Un pedazo de pollo al vapor con verduras de todos los colores decoraban mi plato. ¡Dios! Hasta en un hospital la comida se vería más apetecible. Camille, mi hermana mayor, le comentaba a mi padre sobre una fiesta que habría en un club, festejando el cumpleaños de "no sé quién". ¿Cómo siquiera puede salir de fiesta en un día lunes?. Acaso estaba loca. -Puedes ir, pero... llevas a tu hermana- sentencio papá engullendo un esparrago. - ¡¿Qué?!- dos gritos se oyeron sobre la mesa. Al fin Camille y yo estábamos de acuerdo en algo. Despues de oír las suplicas de mi hermana decidí "acompañarla", busqué un jean n***o y una blusa del mismo color para dirigimos a Octopus' Hell. El muy famoso disco-pub de la ciudad. La música de Lady GaGa sonaba en el auto, cantaba a todo pulmón Bad Romance mientras mi hermana y su amiga arreglaban sus ropas antes de bajarnos del auto. -Dime ¿Era necesario que te vistieras como la versión XXXL de Morticia?-pregunto mi amorosa hermana con encanto. -Púdrete Camille, al menos no parezco la versión prostituta de Barbie-señale a ella y su amiga, Victoria- ni una muñeca Bratz inflable. En medio de una pelea verbal con mi hermana ingresamos a la disco. ¿Se preguntaran como una menor de mi tipo pudo ingresar, verdad?. Creo un dato irrelevante comentar que Victoria era la hija de uno de los dueños. - ¿Es ese Thanos Allegheny?-preguntó la amiga de Camille esperanzada. Oh sí. Mi momento había llegado. Ellas se distraerían con algunos tipos y yo podría irme por allí sin ser molestada. - ¡Siiii!- respondió mi hermana- Y ahí están Thadeas, Ben y Blaine. Que guapos- una especie de chillido escapo de la boca de ambas. Vergonzoso. ¿Qué? Tantos nombres comenzaban a confundirme. Pero no el ultimo, ese nombre había comenzado a rondar durante varias horas por mi loca cabeza. -Vamos a saludarlo, es su cumpleaños a fin de cuentas- Victoria tomó a mi hermana de la mano y se dirigieron hacia la zona VIP donde se encontraban esos hombres. Intentaba no morirme de risa ya que el guarda de la puerta, de una manera para nada simpática no nos dejó pasar. Victoria escupía fuego por la boca y mi hermana estaba tan avergonzada que insultaba a todos los que pasaban a su lado, coqueteando con ella. -Mi nombre es Victoria, mi padre es el señor James. ¡Déjame pasar!- gritaba la chica a punto de sufrir un colapso. -No puedo señorita, solo personas autorizadas pueden pasar- se disculpó el gran hombre. Me encogí de hombros dando la vuelta para marcharme cuando una voz muy varonil se dirigió a nosotras. -Déjalas pasar Jax, son conocidas de la casa- dijo otro tipo que subía hacia esa zona. Mi hermana y su amiga pasaron de ser dos fieras enfurecidas a dos gatitas en celo. ¿Quién diablos era él? -Gracias Thadeas, perdón por el escándalo- se disculpó mi hermana muy sonrojada. Si algo le faltaba a mi noche para ser más mediocre aún, era a mi hermana coqueteando y yo tocando el violín. La tercera rueda de una motocicleta. La zona VIP era amplia, con sofás en zonas estratégicas. Me refiero a zonas obscuras, alejadas de la pequeña pista de baile privada. Que desperdicio. Supongo que vas a una disco para relacionarte con personas, bailar e incluso hacer otro tipo de cosas. No entiendo esa necesidad de la zona VIP para aislarte, ¿y que, mostrar que eres más importante que los demás?. En medio de mi delirio místico buscando las conjeturas sobre la zona VIP no note que me quedaba sola. Mis dos acompañantes habían desaparecido. No me considero una persona tímida, en absoluto. Así que yo también intentaría ser sociable con las personas que allí había. Empezando por una silueta que comenzaba a conocer muy bien. Pues el show debe continuar querido depredador. Me acerque a Blaine, él se tensó notoriamente y se giró. - ¿Qué haces aquí?- preguntó molesto.
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