Blaine, el vampiro marica

1603 Words
Blaine El molesto sonido del portero eléctrico de casa me da la bienvenida. Después de recorrer el largo camino hasta llegar a las cocheras me bajo del auto aun algo consternado. Jamás debí de haber hecho caso a Seth. Yo nunca pierdo el control. Las imágenes de aquel suceso, en el que mis instintos se descontrolaron, siguen frescas en mis retinas, el dulce sabor de la sangre de Mikeila esta calado en mis papilas gustativas. Mi primer humano, y fue la gorda. Maldita sea mi suerte. Lo que es peor aún es que no la maté, no pude hacerlo. El peso de sus recuerdos no me dejó. Ese es el precio que tuve que pagar al decidir morderla y quedarme con su vida. Cosa que no hice. Intento alejar de mi mente esas imágenes, pero no puedo. La intensidad con la que fueron vividas hace que mi pecho duela. — ¿Estas llorando principito?— lo que me faltaba. Thanos y Eric, dos de mis hermanos mayores, se dirigían al patio trasero de casa. Parecía que el partido de polo se había demorado, lo que les daba un buen par de minutos para molestarme. — ¿Qué quieren? ¿Ya termino su juego de muñecas? La risa de Eric me dio pie a seguir bromeando pero al ver la cara de Thanos decidí dar marcha atrás. Hoy no estaba de humor para uno de sus sermones. —Estas en problemas, Madre te busca— dijo a secas. Los vi dirigirse hacia el pequeño carro estilo golf que supuse los llevaría hacia el área de las caballerizas. Entré rápidamente por el recibidor intentando no hacer ruido, deje las llaves en el lugar correspondiente y me encamine hacia las escaleras. El resonar de unos tacones sobre el piso de mármol fue mi misiva para saber que ya me habían encontrado. Una sola oración me dejo quieto en mi lugar, aguardando por órdenes. —A mi despacho, ahora. Como era de esperarse, mi madre estaba furiosa. Ella no dejaba que pasáramos la noche fuera y menos en esta época. Con mi "despertar" debía ser más cuidadoso que nunca. Mis impulsos podían poner en peligro a alguna persona o a mí mismo. Era una verdadera lástima que eso ya había pasado. La música de Mozart nos dio la bienvenida al gran despacho de g*****a, mi madre. Lacrimosa se podía oír por todo el amplio lugar. — ¿Es necesario que lo hagas tan tétrico?—me queje. —Blaine, ¿encontraste a un súbdito?, —me miró seriamente— ¿mordiste a un humano? Mi corazón se detuvo, ¿Cómo podría ella saberlo? —No es lo que crees, anoche fui al bosque y atrape un cervatillo— uno muy agresivo y con unos cuantos kilos de más, cabe aclarar. —Puedes engañar a tus hermanos pero no a mí— sabía que Thanos había notado algo extraño en mi—, hijo tienes una pequeña gota seca sobre tu pectoral izquierdo.... Y es de sangre, humana. —Oh... esto— piensa Blaine, piensa— una muchacha tuvo un accidente y creo que por eso esta gota llego allí —Sí, un accidente entre su cuello y mis colmillos. Madre no podía saber lo que sucedió. No aun. Ella me miro con los ojos entrecerrados, suspiro suavemente como calmándose para luego hablarme. —Supongo que sabes lo que sucedería si decidieras dar ese paso ¿verdad? Claro que lo sé, en estos momentos estoy a punto de clavarme una estaca yo mismo por lo que acabo de desencadenar. —Sí, Thanos ya habló conmigo, no es necesario recibir "la charla" de tus labios, madre. —Blaine... —Me voy. Debo entrenar, por si no lo recordabas intento acoplarme a "este mundo", "MI" mundo como tú lo llamas— me retiré del despacho sin escuchar lo que decía. Durante mi fin de semana traté de concentrarme en los entrenamientos, el torneo de primavera estaba a la vuelta de la esquina y yo me esforzaría al máximo por mantener la copa en nuestro colegio. El día lunes llego en un abrir y cerrar de ojos. Seth me había enviado un mensaje diciendo que esta semana se ausentaría debido a un viaje a Aspen con su padre. Asi que estaba solo. Simplemente genial. Mike como de costumbre me esperaba fuera de casa, acomode mi sweater y la corbata a juego y subí al auto. Mi calvario recién comenzaba. Clases de francés, lo que significaba ver a la gorda. Sorprendentemente ella ni siquiera se fijó en mi cuando entre, pero sé que noto mi presencia. Su pulso se aceleró. Tome asiento y enfoque mi vista en el blanco pizarrón mientras Professeur LeGrand escribía algunas palabras. Mi mente se encontraba un lugar más atrás para ser exacto, toda mi atención estaba puesta en ese ser intolerable. —Nous parlons maintenant des verbes dans le passé (1)... — escuche como explicaban la consigna general de la clase. El maldito e irresistible olor de la sangre de Mikeila se impregnaba en mis fosas nasales. Treinta, exactos, minutos habían pasado, mi cuerpo estaba tenso. Mi garganta quemaba por la sed. —Bzzz... Bzzz— un pequeño papel se atoró en la parte posterior del cuello de mi camisa— bzzz... bzzz, ¡pero mira nada más, que mosca más osada!. Lo que me faltaba, ser acosado por la gorda. —Mikki, ya basta— oí como su amiga susurraba. Cuarenta minutos de tortura, estaba por enviar todo mi autocontrol por una tubería. Mikeila seguía intentando llamar mi atención, pero por nada del mundo me giraría. Solo me restaba esperar diez minutos hasta que la clase terminara. — ¡Oh Jesús, Maria y José! —dijo dramática— me corté el dedo, alguien aquí que me ayude— dijo en voz baja pateando levemente una de las patas de mi silla. Con gusto daría la vuelta y chuparía de ese dedo hasta dejarlo seco. —Sé que me escuchas Blaine— susurraba— ¿hueles eso?, ¿no deseas una probadita? Basta. Tengo que calmarme. — ¿Mademoiselle? — le hablaron— ¡Mikeila!... — ¡¿Qué sucede?! Reí instintivamente, ella había estado tan concentrada en molestarme que no se dio cuenta de que era observada. La clase al fin termino, salí disparado hacia los cambiadores. Tenía que calmarme, tranquilizar un poco mi corazón. Mikeila había quedado castigada escribiendo una lista de verbos en pasado y presente. Agradecí que eso sucediera, no hubiese podido soportar que me siguiera despues de clase. Terminado el recreo pase nuevamente por el aula de francés y allí la vi. De manera involuntaria mis pies se dirigieron hacia ella antes de que pudiese pensarlo. Mikeila se rascaba la cabeza con un lápiz lleno de brillos, saco de su cartuchera en forma de hamburguesa un par de caramelos y comenzó a desenvolverlos. — ¿No te cansas de comer?— pregunte como si fuese un retardado. ¿Qué me pasaba? En la mañana cuando imagine cómo reaccionar al verla todo parecía mucho más fácil en mi mente. Ella me dio una mirada de pocos amigos y sonrió. ¿Por qué sonreía?. Debería estar asustada en todo caso. ¿Quizá y no recordaba nada de lo que pasó?. — ¿Vienes por una segunda ronda Blaine?—la forma en la que dijo mi nombre hizo que un escalofrío bajara por mi espalda, —Ahora que estoy sola tienes una gran oportunidad, amigo— Ella lo recordaba, eso era seguro. — ¿A qué te refieres?— recordé el consejo de Eric; niégalo todo, y como última instancia hazte el olvidadizo. Claro que en aquella ocasión mi hermano me aconsejaba sobre los problemas en los que te puedes meter si te enredas con una mujer casada. — ¿Tienes memoria selectiva Blaine?—negué— pues eso parece. Creo que nos pasamos de tragos en la fiesta— se golpeó la frente— ¡Pero que tonta, si yo no bebí! Está bien, hasta aquí llego mi amnesia. De nada serviría hacerme el desentendido. La gorda quería pelea, pues yo se la iba a dar. — ¿Por qué no gritaste esa noche?— apoye rudamente mi mano frente a ella— ¿qué te traes entre manos gorda? —Vaya, vaya el gatito enseña sus garritas—dijo burlona haciendo un ademan con sus manos— eso es lo que querías, ¿te gusta así, verdad?— recordé mis palabras en sus labios. — ¿Gustarme? ¿Qué dices?. —A los depredadores me refiero—aclaró mientras yo comenzaba a sentirme cada vez mas fuera del cauce de esta conversación— si gritaba te hubiese excitado mas, no te hubieses detenido. El asco con el que cada palabra salía de su boca me dejó pasmado. En todo caso, si ella me consideraba un depredador también debería de haber notado que ella misma era mi presa. — ¿De qué hablas? ¿Depredador? Estás loca gorda. —Puedo mantener tu secreto a salvo, tenista. Lo que comenzó como una conversación desinteresada estaba convirtiéndose en un vil chantaje. — ¿Qué quieres?— respondí adusto. Ya sin máscaras, no me serviría negar ni afirmar nada. Quería ver hasta donde era capaz de llegar. —Duerme conmigo Blaine, así de simple— dijo con una sonrisa burlona en el rostro. —¿Qu..Qu...qué dices?. El estúpido tartamudeo que escapo de mi boca desestabilizo completamente la balanza en la que se basaba esta pelea. Mikeila llevaba todas las de ganar y yo, yo quedaría como un marica. Blaine, el vampiro marica.
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