Capítulo 11 a

1489 Words
Al escuchar mi grito de sorpresa y mi maldición al aire, Dalia se levanta cómicamente y se asoma por el barandal, por un instante hace ademán de pararse de puntas (parecería que se quiere aventar), pero solo golpea con su puño y se lamenta. Volteo a ver a Pavel quien corre hacia mí, con un movimiento me arrebata los binoculares para ver por sí mismo. ―¿Qué pasó? ―Dalia empieza a respirar rápidamente―. ¿Dónde está? Acto seguido, corre hacia la puerta y comienza a aporrearla. No veo de qué forma eso va a funcionar para que nos saquen de aquí si no es que alguien escucha y viene a ver quiénes se quedaron atorados. Cosa que no creo probable porque la azotea está alejada. Pavel maldice por lo bajo, baja los binoculares, entorna la mirada y vuelve a ver a través de las lentes. Busco cualquier persona que me parezca sospechosa, pero está desierto; ni un alma ni un automóvil hacen aparición. La puta madre, sabía que algo andaba mal, desde que hubo un atraso en la cita debí haber evitado que Sebastián siguiera adelante con el plan. El aire se vuelve pesado, me da la sensación de que el tiempo se ralentiza mientras las imágenes de Sebastián siendo apuñalado, degollado, mutilado o asfixiado pasan por mi cabeza. Nunca debimos venir, sabía que era mala idea, el acosador ha demostrado ir por delante de nosotros y aun así le apostamos. Y perdimos. Perdimos a Sebastián. Desde aquí no podremos hacer nada, Dalia aporreando la puerta es de más utilidad que nosotros mirando embobados, así que me uno a ella. En lugar de aporrear, busco algún palo de metal para ejercer palanca, pero solo hay tablas viejas roídas, periódico húmedo y cartón destruido. Además, no serviría de nada, pues la puerta está sellada. En medio de mi desesperación, en lo más recóndito de mi cabeza hace eco el pensamiento de que no puede tratarse de un solo acosador, tienen que ser al menos dos; uno que nos encerrara mientras el otro se llevaba a Sebastián. Incluso podría apostar a que fueron tres, vi a Sebastián pelear con Pavel, vi como lo golpeaba desde arriba. Sebastián bien podría darle buena pelea a otro atacante; a menos que lo agarraran por sorpresa y aun así... Empiezo a creer que entre dos lograron llevárselo. Tuvo que haber sido rápido, me volteé cinco segundos por el susto y en ese tiempo desapareció. O se trata de un tipo de fuerza sobrehumana o fueron dos. Y eso daría el total de tres. Como los Diener. ―Podemos bajar por acá. Pavel se va al costado del edificio y se inclina sobre el borde y me da pánico porque siento que se puede caer en cualquier momento. Dalia deja de aporrear y gritar, se mira fijamente las manos, me acerco para echarle un vistazo y veo que no está muy bien. Los nudillos de la mano derecha están maltratados, su piel se nota diferente; la mano izquierda es la que se ve fea; tiene una herida que sangra un poco. Nuestras miradas se encuentran y veo terror reflejado en la de ella, puedo jurar que se está aguantando las ganas de llorar. Esbozo una sonrisa tranquilizadora y le hago una seña para que vayamos hacia Pavel. ―La escalera está rota y no hay puntos de apoyo para bajar por la pared ―el chico voltea a vernos―. Pero la ventana de acá está abierta y apuesto a que por ahí podemos salir. Tengo que apretar el abdomen para evitar vomitar cuando me asomo por el borde para ver la ventana. No, definitivamente las alturas no son lo mío. Efectivamente, la ventana está abierta, sería cuestión de abrirla en su totalidad y entrar por ahí. Pero es una idiotez porque cualquier persona que vea extraños entrando por la ventana de su departamento, llamaría a la policía o se defendería y eso es lo que más me da miedo. Queremos evitar a la policía, sería una idiotez que nos levanten cargos por allanamiento de morada y que sin querer encuentren algo sospechoso y empiecen a investigar. Ser sospechoso de asesinato no es algo que se borre así nada más, esa mancha te acompaña por siempre. Oh, santa mierda. Así como yo sería sospechosa de asesinato por haber estado en el momento y lugar equivocado, Tristán fue sospechoso de asesinato y solo por tener mala relación con la víctima. Yo misma lo dije, es una mancha que te acompaña por siempre. Y ni porque estoy en una situación similar me pongo en los zapatos de Tristán. A ver, debo concentrarme, los Diener no son la prioridad en este momento. ―Eso es allanamiento de morada ―digo en voz baja―. Además, hay que abrir totalmente la ventana o no cabremos. No me arriesgaré a bajar. ―No hay nadie ―dice Pavel con irritación―. Dalia estuvo gritando como si la vida se le fuera en ello; los de este departamento habrían escuchado. Vale, para cerciorarme grito hacia la ventana. "Hey, vecinos", "amigos ¿escuchan?" "AYUDA". Definitivamente no hay alguien en casa. Es tentadora la opción de simplemente esperar a que los dueños del departamento lleguen, pero tiempo es lo que no tenemos. Se llevaron a Sebastián y no sabemos cuánto tiempo le queda... Si es que aún no está muerto. ―Pero yo no abriré la ventana. ―Vamos, Kendra ―Pavel dice suplicante―. Iría yo, pero soy muy pesado para ustedes, si resbalo, no podrán agarrarme. El jugador de soccer está idiota, pero creo que no lo sabe porque se nota emocionado con su s*****a idea de cargar a alguien por las piernas de forma que quede de cabeza y alcance la ventana con las manos. No, quien haga eso va a morir. Prefiero la idea de Dalia que consiste en tomar a alguien de los brazos y que abra la ventana con las piernas. No sé cuál es peor, pero me convence más la de ella. Y definitivamente no voy a ser yo la que lo hago. Solo pensar en la altura me provoca un terror peor que cuando desperté rodeada de muertos. ―En lo que discutimos, podrían estar torturando a Sebastián ―digo desesperada―. Que Dalia lo intente. El semblante de Dalia palidece considerablemente, hace un extraño sonido con la garganta y niega con la cabeza muchas veces. Se aleja tres pasos de nosotros y se abraza a sí misma. ―No la obligues a... ―¡Pero a mí me quieres obligar! ―grito con enfado―. No la defiendas tanto, no es una niña a la que se debe proteger ―pero sí parece―. Es adulta, es madura y sobrevivió a una mascare, puede hacerlo. Mi tono es firme y severo; no fue mi intención parecer enojada, pero la ira apareció de improviso y apuesto a no tengo la cara más amigable en este momento. No creí que funcionaran mis palabras, pero lo hacen ya que Pavel consuela a Dalia y le da palabras de ánimo. De nuevo sacamos a colación que Sebastián podría morir y entonces la chica acepta. Menos mal, porque si no terminaría siendo yo la colgada inversa. Pavel es fuerte, no es ningún secreto, pero eso no hace que tenga menos miedo. Se inclina sobre el borde y de poco en poco deja caer el cuerpo hacia adelante. Pavel la sostiene firmemente de las piernas, yo me abrazo a los pies de Dalia. Esto es un error, somos imbéciles, seguro nos arrepentiremos cuando el grito de Dalia al caer atraviese la noche y... ―Está atascada ―su voz apenas y se escucha―. No puedo... Puedo ver el esfuerzo en el rostro de Pavel, su piel blanca se torna colorada, le está costando trabajo sostener a Dalia. Oh, no. Nos dejamos llevar y tomamos la peor decisión. ―SÚBELA Grito más fuerte de lo que planeé. Pavel parece hacerme caso, pero entonces Dalia nos grita que no, que ya casi la abre. A mí me vale madre, si se cae, de poco servirá la ventana abierta. Estoy entrando en pánico, grito que la suba porque no se podrá, incluso yo hago el esfuerzo por subirla, pero Dalia se resiste. Y entonces algo pasa, Pavel pierde un poco el agarre y por poco me desmayo cuando creo que ahora sí perderemos a Dalia, Pavel hace un esfuerzo sobrehumano y que considero un milagro y la sostiene. Ahora sí, entre los dos la subimos. Conociendo a Dalia, me imagino que nos gritará, nos ofenderá y llorará, pero no, está feliz, sonríe y grita que logró abrir la ventana. La verdad, no sé la razón exacta por la que abrazo a Dalia, pero al rodear su cuerpo con mis brazos, la tensión en los hombros (que ni sentí hace rato), desaparece.
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