Amor Correspondido...

2094 Words
***Capitulo n° 3*** En el suspenso de la noche solo se podía oír los latidos de mi corazón _¿My Lady?_ Lo observe atónita... _¿My Lady, que pasa? _Na-nada. Debo de retirarme._ _¿Porqué, te ofendí?_ En ningún momento me saco los ojos de encima. Tenia una mirada muy penetrante y obscura. _No. Simplemente debo irme_ Dije cortante Cuando me disponía a irme. Una de sus manos sujetó la mía. Evitando mi partida _Si no me dices que pasa. Cancelo la boda. Te dije que no quiero mujeres estúpidas._ Eso no me sorprendió en lo absoluto, se notaba que era un hombre muy poco tolerante. _Me pone incómoda Sir Diego. Me da vergüenza realmente que me trate de esa forma,_ _No somos jóvenes My Lady. Usted es una mujer que por lo general ya debía de haber tenido al menos tres hijos._ _Le molesta mi falta de experiencia. O le preocupa que no la tenga._ Le dije molesta. _No me interesa, mientras la aprenda conmigo, me gusta que me desafíes con tus ojos. Son bonitos_ Realmente ese hombre sería mi esposo. Y me molesta que me subestime. Nuestras miradas intensas luchaban por quien cedería. En lo que a mí respecta no me iba a dejar dominar tan fácilmente. Aunque quisiera derretirme entre sus brazos _Si tengo que ser honesto My Lady. Quiero besarla en este mismo instante._ Al decir eso. Pude sentir mis mejillas arder, pero lo que más deleitable me hizo sentir, fue con la intensidad con la que me dijo esas palabras. Un color carmesí inundó mi rostro. Y una rodilla burlona se hizo presente. En ese instante. Empezó a caminar hacia a mi, pausadamente. Me tomo entre sus brazos, apretándome contra su pecho. Y con una de sus manos posesionó mi cabeza a la altura de su corazón. _¿Escucha My Lady?_ Estaba confundida así que simplemente asentí. Oía un corazón a todo galope. _Usted también me pone nervioso con su simple presencia Maryan, me gusta mucho, y la deseo._ Nuestras miradas volvieron a cruzarse y dulcemente tomó mi barbilla y la levanto un poco. Besándome la frente... _La acompaño a sus aposentos My Lady_ Asentí nuevamente. Con paso lento nos dirigimos a mi alcoba, en silencio, y creo que hasta avergonzados, no nos conocíamos, pero ambos estábamos enamorados por ser el sueño de cada uno mismo. A la mañana siguiente, mi rutina empezó como de costumbre. Camila hacía de presencia para contarme algún rumor de la plebe, o picardías suyas. Ya que ella estaba enamorada de Thiaguel él mayordomo personal de mi padre. Era un esclavo que lo habían vendido hace más de veinte años. Luego de mucho tiempo, se hicieron muy amigos, así que decidió quedarse a su lado y servirle, no como esclavo, ni como sirviente, como amigo. Camila siempre le dejaba platillos preparados por ella. O lo ayudaba en la organización de la mansión, hasta le lavaba sus ropas, cosía, bordaba, y había llegado al extremo de comprarle obsequios, tan caros como su mesada, para agasajar al hombre, que, a su mala suerte era diez años mayor que ella. No era una relación muy bien vista a los ojos de mi padre, pero por insinuación de Camila que ya había indagado y por andar curioseando mi padre lo aceptaría, con la condición que Thiaguel pidiera su mano y se consagraran por la iglesia católica. Mientras pensaba en su condición, Camila me llamó, con su voz ruidosa haciendo que deje de pensar. _¡My Lady! ¡Hoy es el día! ¡Hay que prepararla! Es cierto. Hoy se cumplen los tres días. De pacto matrimonial. Y se celebrará una boda. Mi boda. Aún no podía creerlo, que ese día por fin llegara... Todos los nervios, miedos, angustias, estaban apoderándose de mí. Cuando unos golpes en la puerta me alertaron. _¡¿Quien molesta a My Señorita?!_ _¡Camila!. ¿Quién es?_ Dije fulminándola con la mirada. Ella haciendo una mueca de burla. _Tu futuro marido. ¿Puedo verte?_ Un balde de agua fría callo sobre mi literalmente al verme al espejo. Estaba despeinada. Tenia pijamas. Descansa. El rostro sucio y marcado por las almohadas. Lagañas en mis ojos. Y mal aliento. Era evidente que no se podía. _¡N-no!. Vete por favor Sir Diego!_ Dije con la esperanza que de fuera a la primer negación. _Quiero verte._ Dijo tajante. _No estoy presentable._ Dije apenada. _¿Estas con el vestido de novia, My Lady? _No. _¿Estas acompañada por otro hombre My Lady?_ Eso lo dijo con tono de burla _Claro que no!_ No se pudo evitar una risilla de un lado de la puerta que está Sir Diego y de mi acompañante. _Camila te vas._ Camila me hizo un gesto de disgusto y burla , ya que la fulmine con la mirada y la empuje hasta la puerta. En lo que al abrirla se tropezó con Sir Diego. Se miraron fijamente y ambos hicieron una sonrisa zorruna guiñándose el ojo. Cosa que no pasó por desapercibida por mi y un frío recorrió mi espalda. _¿Quien es la señorita?_ Pregunto _¿Te interesa?_ Dije molesta _¿Celosa?_ Lo miré fijamente sin pestañear. _Claro que no. Es mi amiga. Y mi "sirvienta"_ _Como sea mi querida futura esposa. Solo quería darte esto._ Restándole importancia. Extendió su mano abriéndola, mostrándome a qué se refería. En su Palma se encontraba un broche de cabello en oro y con una flor azul. Con un anillo de oro con dos perlas. _Es una amapola y era de mi madre, creí que sería una hermosa tradición que la tuvieras. Junto con el cintillo de mi abuela._ En su mirada se notaba un poco de nostalgia, sonreía suavemente. _Seria un honor llevar estos tesoros._ Le dije correspondiendo a sus deseos. Solo nos observamos por unos segundos. El hizo una reverencia de respeto y se retiró. Hoy era el día en el que mi corazón se unía al de otra persona. Era el día en el que mi vida le pertenecería a un hombre, eso me gustaba mucho pensarlo.. En ese momento solo miré mi vestido de novia que yacía postrado en un maniquíe. Era hermoso. Blanco, con encajes de rosas, y perlas, tenía un escote muy sutil en forma de corazón, con piedras preciosas adornando. Un listón en la cintura. Largo como la cola. El velo estaba bordado con azares. Era digno de una reina. Y envidia de las diosas del olimpo. Sentía que con ese vestido era digna del hombre que me desposada. Cuanto tiempo soñé con mi casamiento. Frente al altar. Diciendo nuestros votos matrimoniales, frente a la mirada sagrada de Dios. Correspondiendo el amor verdadero. Que amor tan mágico e inoportuno. Ahora la pregunta es que me deparará el futuro a su lado. Mientras pensaba en mi felicidad. Me ponía mi vestido como si fuera una muñeca de cristal. En ese momento volvió a resonar la puerta. _Hija. Puedo pasar?_ Mi padre. Fiel compañero después de la muerte de mi mamá Lilliam. En mis recuerdos, solo puedo memorizar su melodiosa voz cantando canciones de cuna y besos de protección. Fue una madre maravillosa, protectora y fuerte. Una persona hermosa. Talentosa pintora y escultora de fauna y Flora. _Si, padre. Pasa._ Estaba nerviosa realmente. Mi padre al alzar la mirada se quedó atónito en la puerta y con paso lento y atolondrado la cerró. Sus ojos estaban abiertos sorprendidos. Y una cálida sonrisa apareció. _Estas tan hermosa. Como una magnolia en pleno verano. Quería entregarte esta diadema. Era de tu madre. Su deseo siempre fue que la tuvieras el día en que te casaras con quien ames._ se acercó a mí y me la coloco con mucha sutileza. _Nunca me imaginé que llegaría este día. Porque nunca pensé que conocerías a un hombre digno de todo lo que ofreces._ Estaba tan sorprendida. Mi padre era un hombre tosco y de pocas palabras. Pero hoy sentí que se había comunicado conmigo como nunca. Solo podía mirarlo a los ojos. Y el con una enorme sonrisa. Acaricio mi mejilla. _Vamos hija mía. Que esta todo preparado y los invitados están esperando a mi princesa._ Me extendió su mano tomando la mía y la puso sobre su brazo flexionado. Con un suave y eterno caminar nos dirigimos a la sala de la mansión. Mi padre no quiso que nos casemos en una iglesia ya que el, considero por su propia experiencia un mal augurio. Por eso prefirió que nos casaran en su mansión donde el allí, concedía y entendía que nuestra vida sería mejor. Por las energías que había de amor puro. Ya que en la misma mansión amo a mi madre y ella a el. Consideraba que el verdadero amor trascendía por el tiempo. Y se podía transferir la buena fortuna, por la misma sangre... La música empezó a sonar suave y pausadamente. Anunciando mi entrada. Las personas invitadas se pusieron de pie. Lo cual eran muy pocas realmente. Cosa que no me disgusto en lo absoluto, la simplicidad de las cosas era lo que quería... mientras caminaba hacia el altar. Pude visualizar a mi Diego... Parado con un porte empoderado, con un traje blanco y gris perla... detalles en piedras preciosas y cadenas en oro. Tenia un broche con una rosa de cristal rojo sangre. Su cabello recogido salvajemente, dejando mechones de rulos rebeldes por su rostro varonil y serio. Era un Adonis, que hombre más hermoso, masculino. Su aura transmitía terror y a su vez una calidez jamás sentida... amaba a ese hombre y ni siquiera lo conocía en su totalidad. Algo me decía que seria el amor para la eternidad pero algo en mi no quería correr el riesgo porque sabía que sería el infierno. Confieso me importa tan poco. Al llegar a su lado. Sir Diego alzó su mano en busca de mi correspondiente respuesta. Accedí. Cuando estuvimos enfrentados, comenzó la ceremonia. En donde intercambiamos los votos matrimoniales. En cuanto el sacerdote nos correspondía la palabra, el primero en hablar fue Sir Diego. _Querida Mayra, te entrego mi corazón y mi ser en esta bendecida unión. Te conozco de otras vidas, y por eso te busqué entre mares y tierras, con la guía de los dioses pude hallarte. Por eso hoy me encadenó a tu Alma y me ató a tu vida con el hilo que se nos predestinó... Podía sentir cada centímetro de amor en sus palabras. Esto era un sueño. Cuando me dedico sus palabras mi corazón empezó a palpitar cual galope de "Tamara". Y así llegó mi turno. Pero en un segundo, que mire hacia un costado, pude percibir a lo lejos como mi padre se acerco a la puerta de salida. Hizo una reverencia y se retiró. Supongo que realmente me cedió a otro hombre honesto. Eso me lleno de más confianza y amor. Y hable... _Querido Diego, aquí frente a Dios todopoderoso. Me entrego completamente a tu vida. Me ató a tu Alma. Y me encadenó a tu amor. Eres mi sueño, mi realidad y mi destino, caminaré por miles de tierras y navegaré mares, explorare el mundo con tal de encontrarte si te pierdo otra vez. Así que hoy juro amarte, respetarte, y entregarme a ti. Por el resto de esta vida. Y por los comienzos de las que me precederán... Tras consumar nuestros votos. El sacerdote. Finalmente nos caso. Estaba tan feliz. Nos dimos los anillos frente a todas las personas presente. Cuando terminamos, pasó lo más esperado para mi. _Puede besar a la novia._ Diego no esperó a que termine la frase. Que levanto mi velo y me tomo entre sus fornidos brazos, elevo mi barbilla, y me beso con fuego en sus labios. Podía sentir su lengua ávida inundar mi cavidad. Mordía y succionaba, sin dejar rastro de salvación. Me tomo de mis caderas y si tapujos y vergüenza me apretó a su cuerpo, lo abracé por instinto. Todas las miradas avergonzadas y atónitas hacían pervertido y grandiosa nuestra consumición de unión... Nos separamos por falta de aire... y nos dispusimos a retirarnos. Tomados de las manos y realmente felices. Cuando estamos por salir del gran comedor un grito desgarrador. Nos sacó del ensueño de amor, paz y felicidad. De los pasillos apareció una criada de la mansión, cubierta de sangre. Temblando y con una mirada de terror puro. Gritando y llorando despavorida. Se tropezó y quedó arrodillada frente a mi vestido, lo cual se tiñó de obscura y perturbante sangre. _¡¡¡MY LADY!!!_
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