Conociéndote...

2821 Words
***Capitulo n°2*** Estaba dando vueltas en la habitación como reloj contando los minutos... Saber de ese hombre era desesperante. No sabía que debía de hacer. Seguramente se estaría riendo de mí. A costillas mías. No supe de qué manera reaccionar. Ese hombre será mi marido y sexualmente me tenía completamente dominada. No encontraba descanso de sus labios, hacia dos días que había pasado eso. Realmente lo tenía grabado en la memoria y el corazón. Sentía como mi Alma ya palpitaba al compás de mis nervios. Nunca había sentido algo de esta manera, tan real y sublime. Recordaba ese caminar de un León pronto a devorar una presa. Ahora entendía. El era el León y yo una gacela. Solo pensar que hoy sería la reunión me erizaba la piel... realmente quería darle una muy buena impresión. _¿My Lady?_ Camila. Inoportuna como de costumbre _¿Qué es lo que quieres ahora? ¡Estoy pensando!_ Molesta le grite- Con paso firme y dudoso entro. Mirándome miedosa y cautelosa. La verdad es que me dirigí muy mal hacia ella pero lo nervios que me estaban carcomiendo el alma. _Lo siento Camila, estoy muy nerviosa, hoy conoceré a Sir Diego. No se que hacer. Que ponerme. Deseo dar una buena impresión. Estoy asustada. No se de que hablar. Ni que modales debo de tener._ _My Lady tranquila... Yo te ayudaré en lo que pueda. Que quieres ponerte?_ _No lo sé de verdad._ Estaba tan dudosa y con temor, me miraba a mi misma en el espejo de mi tocador, y salían a relucir todas mis imperfecciones . _Tienes que pensar que impresión le quieres dar a ese hombre. Aunque quisiera entender porque tantos nervios? Paso algo que no sepa?_ _¡N-nada!._ Sin darme cuenta empecé a tartamudear y sudar frío. Ahora era más que evidente que estaba nerviosa… Ho que le estaba ocultando algo. _Tranquila My Lady, traeré los trajes más bonitos que tenga._ Guiñándome un ojo con cariño. No pregunto nada, y actuó con indiferencia, eso era lo bueno que tenia mi dama de confianza, me conocía y sabia perfectamente hasta donde llegaban los limites de su atrevimiento, al fin y al cabo teníamos la relacion de "Amo-Sirviente", aunque se viera o escuchara mal, era la distinción social nos gustara o no. Absorta en mis pensamientos ni cuenta me di que Camila había puesto muchos vestidos sobre mi cama. Había vestidos atrevidos, simples, hasta infantiles y coquetos. Algunos con encajes y broderie. Otros poseían piedras preciosas, cristales incrustados, diamantes y perlas de oro. Corset pasteles con volados y moños. Otros tenían rosas bordadas y flores de rosas. Quería un vestido que insinuara todo lo que yo reflejaba y que me gustaba de mi misma. Así que opté por un vestido Violeta. Con mangas acampadas, con terminaciones negras de encaje de rosas. El vestido tenía bordados, y perlas blancas. Mi cabello estaba totalmente suelto, simplemente tenía una parte un poco recogida en una rosa negra, zapatos de color negros de taco chato, mi maquillaje y joyas eran simples, pero demostraban seguridad y simpleza. Quería demostrar que era una mujer elegante e independiente. Tenia inteligencia, sabiduría, belleza y sobre todo pureza, realmente quería agradarle a ese ser, pero una sombra me perturbaba la mente, insinuándome que nada de lo que yo hiciera seria suficiente para ese dragón. Cada momento se hacia mas tenebroso y mas dudosa, temerosa estaba… Pero me arme de valor y me encamine con mi dama a la Reunión en donde mi padre me vendería como un pedazo de pastel, y yo gustosa aceptaría, ya que en mis planes serian esos mismos. Solo espero que ese hombre me compre. Al llegar a la sala de mi padre, las puertas se abrieron sorprendiéndome, del otro lado se encontraba mi padre con un traje de gala e ímpetu dominante, con tosquedad se dirigió a mi. _Pasa hija._ Ante tal forma de hablarme, con un gesto sutil le dije a Camila que se retirara, en lo cual, ella asintió sin mas y se fue. _Si, padre_ Quise "hacerme la educada" y pregunte: _¿Como has estado padre? Me miro disgustado. _Bien, pasa._ Había algo que no me estaba gustando, en cuanto pase el umbral de la puerta allí estaba el, sentado, cual emperador en uno de los sillones, esperándome, con un caballero, especulare que debía ser su "guardián" o algo por el estilo. No podía dejar de mirarlo, era alto, de cuerpo fornido, moreno de ojos grades y obscuros, veía sus pestañas largas y gruesas, sus ropas eran modernas y muy masculinas, de color n***o clásico con azul obscuro, tenia detalles en oro blanco y piedras de amatista, se notaba la elegancia, miraba sus manos robustas y trabajadas, se notaba el entrenamiento arduo de cada día, pero cuando deje de observarlo, un golpe estruendoso me despertó de mi mente… _¿Que se supone que estas haciendo?_ _¡Pa-padre, lo siento!_ Estaba tan avergonzada, hice el ridículo delante de ese hombre, mi rostro tomo un rojo carmesí. En el salón solo se escucho una risueña risa. Cuando observe provenían de el… En un ademan, hizo una seña, y el caballero que lo acompaño se retiro de la sala. Nunca imagine que se oyera así, tan hermoso y varonil. _Tranquila._ Me dijo sin siquiera observarme. _No me molesta ser causante de tu nerviosismo, al contrario, me gusta_ Mientras se dirigía a mi, no podia quitar mis ojos de sus labios, carnosos y pecaminosos, su manera de expresarse en ronquidos eran totalmente lascivos. En ese instante mi padre corto todo tipo de clímax mal interpretado por mi sexualidad, pero podría jurar que era todo erótico en el, hasta el aroma que desprendía de sus poros irradiaba calor s****l. _Veo que no necesitan mis intermediarios actos de socializar, me retiro para que conversen, espero hija mía que no arruines tan exquisita propuesta. Aunque solo voy a pedir respeto y decencia a mi descendencia._ Dijo esto clavando la mirada en el hombre, como un león protegiendo a su manada. _Le garantizo que seré caballeroso Gran Duque._ Dijo asintiendo en señal de respeto. Sin mas mi padre se retiro, no sin antes azotar la puerta para garantizar su intimidación. _¿Te vas a sentar?_ Me dijo Cuando con paso tímido me estaba dirigiendo a sentarme frente a el, me corto en el proceso. _Ven a mi lado, quiero que experimentemos la confianza mutua. Hablemos un rato._ Sin preámbulos y como un correcaminos me senté a su lado. Era evidente que no mostré ni resistencia, ni orgullo femenino. _Me llamo Maryan Belliana Bermilion De Lion. Soy Lady de la casa del Norte, heredera de las actividades agroexportadoras y mercantiles. De la capital._ _Se perfectamente cual es tu nombre y a que se dedica tu familia, ¿Si no, porque crees que estoy aquí? Se exactamente que es lo que quiero, a diferencia de ti._ Dijo tajante e intimidante, con una sonrisa burlona, que en realidad no me disgusto para nada, era la primera vez que conocía a un hombre que fuera tan sincero y cruel al mismo tiempo, y eso encendía mi lado masoquista, aun desconocido para mi. Resoplo fastidioso y dijo: _Quiero que dejemos varias cosas en claro, y estipulemos un contrato verbal entre los dos, no soy creyente de tu dios, ni de ningún otro, considero que el mal es quien esta en la tierra y niego totalmente la existencia de "Dios, todo poderoso". Así que los juramentos que hagamos frente a un altar no me interesan, pero si me interesa mis pautas de este casamiento. Si estas de acuerdo_. No podia creer de la forma en que se dirigía hacia a mi, como si fuera una plebeya. De igual manera trate de conservar mi imagen, aunque por dentro era un conejo asustadizo. _Continúe._ _Bien. La primera Lady Maryan y mas importante. Odio las mentiras, las aborrezco, mas que a nada en el mundo entero, eh asesinado por ellas mismas sin arrepentimiento alguno, la mas mínima mentira, me hace relucir en odio misma, cosa que no creo que estés dispuesta a soportar._ _¿Es una amenaza Sir Diego?_ Pero apara mis adentros: "¡Este hombre es maravilloso!" _Tómelo como usted quiera, Sir Maryan. Continuare: La segunda condición, no quiero que todo lo que usted haga sea para mi agrado personal, quiero una mujer de verdad a mi lado, no una estúpida que me complazca con sexo y caprichos, pelee, discuta, defiéndase, haga que este matrimonio arreglado sea divertido para ambos. Obviamente necesito que cumplas con tu rol como esposa, pero no necesito una sirvienta, para eso, las contrato, o las compro para que sean mis prostitutas también. Y la ultima quiero hijos, y que este matrimonio sea toda la vida, que quiero decir con esto, una vez casada conmigo de la única manera que se librara de mi es muerta, o en otro caso, muriendo yo. Un detalle no menos importante, soy un hombre que sabe lo que quiere y como lo desea, poseo un carácter muy fuerte, dominante, posesivo, obsesivo y determinante, y tengo fervientes celos fulminantes._ Nunca aparto sus ojos de los míos. Tome aire lo mas sumisamente posible, delante de mi no había un hombre simple y fácil de manipular. _Lo entiendo perfectamente, no soy una mujer tan sencilla tampoco. Tengo mis pros y mis contras Sir Diego, y la verdad la obscuridad de la que usted me habla no me desagrada en lo absoluto._ Con determinación me levante y me presente delante de el con toda mi autosuperación personal y un poco de egocentrismo. _Acá la situación es saber si usted esta preparado para ser devorado por la gacela._ Rei disimuladamente. Una risa sobrecargada de mofa se hizo notar mirándome fijamente a los ojos tratando de desarmar mi confianza, en lo que trate de actuar rápido y extendí mi mano. _¿Quiere casarse conmigo Sir Diego?_ _¿Debería arriesgarme a preguntar que ofrece, o simplemente aceptar para jugar este juego de la rata y el gato?_ Me dijo serio y sin parpadear. _Depende de usted. ¿Le gustan los retos?. Cabe aclarar que tiene todo lo que eh estado esperando muchos años en un hombre, y no voy a dejar de insistirle por mas que me rechace mil veces. Lo perseguiré, acosare, y tarde o temprano será mío._ Nuestras miradas se encontraron, ninguno de los dos hablaba sin duda alguna. _Bien, Lady Maryan, ha conseguido marido._ Asintió con su cabeza En ese instante extendí mi mano y el la tomo gustoso, levantándose al compas. Salimos de la sala y nos dirigíamos al despacho de mi padre. _¿Podrías darme un recorrido por la mansión My Lady?. Obviamente esquivando el pasillo de la tentación._ Lo dijo en tono de burla y guiñándome un ojo en complicidad. Evidentemente se refería al suceso de hace dos días atrás. Rei al unísono y correspondí dicha picardía. _¿Le parece ir al jardín y beber una taza de te?_ _No me gusta el te. Prefiero el café_. _Bueno si es así, será café entonces. Quizás deba hablar un poco de mi. ¿No?_ Miraba de reojo y era muchísimo mas alto que yo, recién le llegaba a los hombros. En eso paso su mano por mi cadera, acariciándome por lo bajo de la espalda hasta llegar a mis hombros. Cual tomo con firmeza. _No._ Apretó suavemente su mano, haciendo ademan a su negación. _Para serte honesto no me interesa tu pasado, solo me importa quien sos ahora y quien serás en el futuro. _Pero..._ Quise agregar algo, en lo que fui interrumpida. _Lo que me cuentes que hallas echo, o fuiste no va a cambiar lo que decidí hoy, mi palabra vale, y esta llena de honor y convicción. Prácticamente no me interesa la Maryan de ayer. Solo me importa la que hoy acepto y me sugestiono a casarme._ No pude aguantar la carcajada, en lo cual el también me acompaño, era demasiado honesto. Pero fuimos interrumpidos. _Veo que se llevan de maravilla._ Mi padre. _Padre._ _Duque._ Dijo asintiendo en señal de respeto. Se adelanto frente a nosotros. Serio como era de costumbre. Nos miro a ambos. _Les deseo una grata bendición. Pero hay cosas que deben aclararme, en especial usted Sir Diego, ya que estará desposando a mi única hija, y una resistencia fingida es lo único que puedo ofrecer, aparte de sus grandes dotes... _Me parece perfecto Duque Estephano._ Ambos me miraron, y comprendí al instante que debía dejarlos solos, cuando me aleje lo suficiente un ruido metálico me puso en guardia, mire hacia atrás y estaba el caballero que acompañaba en la sala a Sir Diego. Me sorprendió. Y no pude evitar preguntar. _¿Que estas haciendo aquí, no deberías estar cuidando a tu Lord?_ El caballero solo se inclino en respeto y objeto muy suave, cuya voz era indescriptible. No podia diferenciar si era masculina o femenina tras el gallardo. _Nuevas ordenes My Lady, el Sir me ha impuesto la tarea de protegerla a con mi vida. Y usted My Noble Ama no puede oponerse._ No podia negar que me gustaba la atención. _Pe-pero..._ Fui interrumpida. _Tengo la orden de que si se imponía, debía de refutar las condiciones del Lord, y que me tome como su regalo de bodas._ No me negué, y asentí. Me siguió durante todo el día y en todas mis actividades rutinarias. Ya en la noche, luego de mi baño, con azares, aguas perfumadas y velas aromáticas de rosas. Me dedique a explorar mi propia habitación, paredes que reconocería aun siendo no vidente. Aburrida en la interminable monotonía, me coloque mi bata de sedas grises, y me dispuse a caminar por el corredor de la mansión, para ser exacta, ni siquiera sabia donde se encontraba mi "futuro esposo" ya que mi padre después de llevárselo no me había, ni mencionado donde estaba. Solamente se apareció ante mi luego de tres horas para decirme que estaba demasiado orgulloso del partido que tenia, y de sus futuros nietos, ha de reconocer que jamás había visto a mi padre tan feliz. Pero en cuanto quise preguntar por Sir Diego, me interrumpió y solo atino a decirme que debía esperar hasta mi boda que seria en unos días para verlo, ya que la tradición familiar así lo dictaminaba. Ensimismada en mis pensamientos, no había notado que, estaba fuera de la mansión, dirigiéndome a los establos. En eso un susurro me saco de mis ideas... _Eres preciosa._ Ese era Sir Diego. ¡¿A quien se suponía que le estaba hablando?! ¡¿El infeliz estaba con una prostituta?! Estaba a punto de enfrentarlo cuando... _¿Vas a seguir husmeando? Puedo olerte a mil millas, usas demasiado aromatizante... Cuando me asome, estaba con una yegua, que jamás había visto. Era un ejemplar de andaluz. Una de las razas de caballos más antiguas del mundo que tiene su origen de Andalucía. Sus proporciones armónicas se caracterizan por su porte musculoso y, por supuesto, la elegancia y belleza de su pelaje. Poseía un color gris perla con tonadas negras resaltantes de su tez. _Es hermosa_ _Se llama Tamara... Es una andaluz, la ultima de su especie. Es muy preciada para mi. ¿Quieres acariciarla?_ Extendió su mano. Mire sus ojos llenos de cariño y no dude. Tomo mi mano, y la llevo sobre la cabeza de la yegua, que en cuanto noto mi nerviosismo, inclino su cabeza para mayor contacto. _Le agradas_ Me dijo, eso me hizo feliz y tomar mas confianza._ Sabe una cosa My Lady las relaciones duraderas se fraguan mediante el contacto constante. Por eso, lo principal es que pases mucho tiempo con ella. Visítalo siempre que puedas, simplemente para hacerle compañía. Si es que quieres llevarte bien con Tamara. Debes mimarla y consentirla... _Si quiero, pero, ¿como?. En la mansión teníamos decenas de caballos y yeguas, pero nunca le preste la atención que merecían, en cambio en esta ocasión era totalmente diferente. _Lo primero que debes hacer es transmitirle confianza._ Tomo mi mano y la sujeto con firmeza y sutileza... llevándola al compas de su ritmo. Se coloco detrás de mi afianzando nuestro agarre y apoyando un poco de su peso sobre mi espalda... l ritmo que acariciábamos juntos a ese ejemplar. _Los caballos tienen siete zonas placenteras para acariciar: su cuello, la cabeza tiene que ser suavemente, que sus cabellos cosquilleen en la palma de tu mano, debes lograr sentir la suavidad de sus pestañas, el pecho, lograras sentís el palpitar de su corazón y venas, sus nalgas musculares, el dorso, el vientre y por ultimo sus patas, veras que el grosor te transmitirá poder y fuerza. Danzábamos al compas de caricias a un tercero... Manos entrelazadas y cuerpos apoyados sobre nuestros propios pesos, bailábamos. En ese momento gire sobre mi cuerpo para posarme frente a el, y chocar nuestras respiraciones. _¿My Lady?_ Pregunto confuso...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD