Ellie respiró hondo frente al espejo, tratando de calmar el temblor en sus manos mientras ajustaba la cremallera del vestido color coral que su madre confeccionó especialmente para esa noche.
No era un elaborado diseño, sin embargo el vestido lucía elegante, confeccionado en una tela ligera tipo gasa, de escote alto cruzado en el cuello que dejaba los hombros al descubierto, resaltando su figura gracias al corte ajustado hasta la cintura, y con una falda que caía con naturalidad hasta rozar el suelo; un atuendo sencillo que resultaba muy llamativo para alguien cuyo cuerpo era proporcionado sin caer en la exuberancia de curvas imposibles, y bajo la luz cálida del tocador parecía de alta costura, lo cual bastaba para que su pecho se llenara de una emoción difícil de contener.
La joven se inclinó un poco para colocarse los pendientes, pequeñas gotas de perla que cumplían con la misión de hacerla lucir acorde al evento, aunque no fuesen muy costosas; y finalmente cerró sobre su muñeca la pulsera a juego. Ellie suspiro profundo, no podía negar que le agradaba lo que había logrado, pues su maquillaje, aunque sutil destacaba sus penetrantes ojos verde azulado, sus largas pestañas y prominentes cejas perfectamente delineadas; y su respingada nariz le daba un aire elegante y orgulloso necesario para la velada que le aguardaba.
Sus pequeños, aunque simétricos, labios delineados con ese lips tick rosa pálido la profería de la sutileza necesaria para no resultar llamativa o vulgar; todo enmarcado por su cabello, en un estilo jagged bob que rozaba apenas la línea del cuello, que lucía pulido y brillante gracias a que lo había alisado con esmero, mechón por mechón, hasta que cada hebra obedeció con precisión; Ellie había pasado semanas ahorrando y perfeccionando su arreglo, convenciéndose de que no era vanidad, y lo hizo con una infantil esperanza, hasta que, con una gran sonrisa, tomó el frasco de perfume Chanel Coco Mademoiselle, aquel que había comprado a meses sin intereses, jurándose usarlo solo en ocasiones especiales.
- Solo una gota- murmuro para si misma, mientras rociaba detrás de las orejas y en la muñeca, haciéndola sonreír con picardía, como si estuviera robando algo prohibido.
Se miró una vez más, y aunque su estómago se retorcía de nervios, sus ojos brillaban, pues el espejo le devolvió una imagen que la hizo sonreír: una versión de sí misma que, por una noche, podía confundirse con alguien que pertenecía a ese mundo que siempre observaba desde lejos, no todos los días una simple empleada del hotel era invitada a un evento donde estarían los Ellsworth, los dueños de todo aquel imperio y no todos los días uno llegaba acompañada de un atractivo heredero.
Se miró de nuevo al espejo solo para comprobar que sus mejillas tuvieran el tono justo de rubor, un rosa discreto que le daba un aire dulce, casi ingenuo, y una vez más sonrió, intentando convencerse de que todo saldría bien.
- No arruines esto, Ellie- se dijo en voz baja, cuando escucho el pequeño sonido del timbre, confiada en que en esa ansiada noche solo era el inicio.
Con un último suspiro apagó la luz del baño y caminó hacia la sala, sosteniendo el pequeño bolso con ambas manos, el sonido de sus tacones sobre el piso de madera fue suficiente para que su madre levantara la vista desde el sofá, Alice sonrió, y por un instante, sus ojos se humedecieron.
- Dios mío!!- susurró, llevándose una mano al pecho- mírate, Ellie.....te ves hermosa, como una princesa!!- la joven soltó una risita nerviosa, girando un poco sobre sí misma.
- De verdad?!- preguntó, tocándose el cabello, insegura de su elección- no sé si debí rizarlo o usar otro color de labios- pero su madre se levantó despacio, negando con un gesto dulce mientras se acercaba a ella.
- No, mi niña, estás perfecta- le aseguró, colocándole un mechón detrás de la oreja antes de tomarla suavemente por las mejillas- escúchame bien, Ellie.... no necesitas impresionar a nadie- la joven alzó la vista, y por un momento volvió a ser la niña que corría por ese mismo pasillo buscando consejo.
- Pero es una cena importante, mamá, no quiero hacer el ridículo frente a su familia.
Alice sonrió, con esa mezcla de ternura y fuerza que como madre lograba tener, acariciándole con su pulgar su mejilla, pues comprendía sus nervios; al final, era una empleada cuya experiencia en el mundo de los millonarios solo era el resultado de observar desde lejos.
- Eres una mujer trabajadora, inteligente, dulce, noble, educada, cariñosa....- enumeró despacio, como si quisiera grabar cada palabra en la mente de su hija- y cualquier persona con un poco de sentido común lo va a notar apenas te mire, no necesitas fingir, solo sé tú misma- sin embargo, Ellie sintió un nudo formarse en la garganta, su madre podía creer eso, pero y los demás?, los Ellsworth?
- Y si su familia cree que no soy suficiente?- preguntó con una voz tan baja que casi se perdió entre el tic-tac del reloj, ante lo que su mamá sonrió, inclinándose para besarle la frente.
- Lo eres....y más- le acomodó el cuello del vestido, asegurándose de que todo estuviera perfecto- esta noche, pase lo que pase, recuerda que no estás sola.
- Gracias, mami!- exclamó conteniendo la emoción.
- Siempre!- respondió Alice, acariciándole una mejilla, dando un paso hacia atrás para admirarla una vez más- ahora ve, que tu príncipe ya llegó, y si demoras más va a pensar que te echaste para atrás.
Ambas rieron suavemente, y Ellie tomó aire, sintiendo cómo los nervios se mezclaban con una ilusión tibia y luminosa.
- No es un príncipe, mamá!- aclaró intentando sonar tranquila, aunque el rubor delataba sus nervios- solo.... es un chico especial.
- Como tú!!- dijo Alice, guiñándole un ojo, Ellie se giró hacia la puerta, con una última mirada a su madre.
- Te aviso cuando venga de regreso, sí?, pero por favor no me esperes despierta....no es bueno para tu salud!
- Como tú digas y mándame una foto del lugar, quiero ver si esos Ellsworth son tan elegantes como dicen las revistas.
Ellie rió, asintiendo antes de salir, exhalando discretamente para calmar su acelerado corazón, afortunadamente para ella el aire nocturno la envolvió al instante, trayendo consigo el olor a asfalto húmedo y flores del jardín vecino que le dieron cierta calma.
En la acera, esperándola, el Ferrari F40 relucía bajo la luz amarillenta de las farolas, como una joya encendida en medio de la penumbra, su carrocería roja, impecable y pulida hasta el exceso, parecía devorar la luz con cada reflejo; mientras el alerón trasero y las líneas aerodinámicas del chasis le daban un aire salvaje, diseñado no para paseos, sino para atraer las miradas.
Pero para Ellie, quien capturó su atención fue Aarón, el joven se encontraba atractivamente recargado en el costado del auto, con las manos en los bolsillos del pantalón, luciendo un impecable traje n***o Brioni Vanquish II perfectamente entallado, zapatos de charol sin una sola mota de polvo, y ese corte taper fade que dejaba ver el brillo de su cabello oscuro, peinado con una precisión milimétrica; todo en él gritaba control, riqueza, y un tipo de confianza que rozaba en la soberbia.
Y en cuanto la vio salir, su sonrisa se ladeó con facilidad, su mirada la recorrió de arriba hacia abajo sin el menor disimulo, y con un dejo de satisfacción que, simplemente, no pudo ocultar.
- Vaya.....- murmuró con voz profunda, dejando que sus ojos la inspeccionaran- te ves guapísima......sabía que no me equivocaba al elegirte para esta noche- la joven bajó la vista, intentando ocultar el rubor que le subía al rostro.
- De verdad crees que vestí bien?- preguntó, buscando aprobación entre la duda y la ilusión.
Aarón se separó del Ferrari con pasos medidos, acercándose hasta quedar frente a ella, permitiendo que su perfume la envolviera antes que sus palabras.
- No solo vestiste bien- recalcó con una sonrisa tan encantadora como peligrosa- estás perfectamente adecuada para la gran noche que tengo planeada para ti!!
El joven le tomó la mano y, con un gesto elegante, rozó el dorso con un beso, el contacto fue breve, pero dejó tras de sí un rastro de electricidad y desconcierto, Ellie correspondió con una pequeña risilla nerviosa que agrandó su ladina sonrisa.
- Es hora preciosa.... no debemos demorar más en reunirnos con el destino!!- declaró con un tono un poco oscuro, provocando un desconcertante escalofrío en Ellie, lo que ella atribuyó a sus crecientes nervios.
Y sin más dilación, Aarón la condujo hacia el Ferrari, abriéndole la portezuela como un caballero de manual, sin perder la sonrisa, mientras sus ojos la siguieron hasta que ella tomó asiento, y en el acto rodeo el vehículo con calma, disfrutando de la sensación de control que lo envolvía, y rápidamente se acomodó al volante.
El motor rugió con un sonido grave y poderoso que rompió el silencio del vecindario, Aarón apenas giró el rostro hacia ella, con esa misma expresión segura y encantadora que tan fácilmente la había conquistado.
- He esperado esta noche con muchas ansias, Ellie- declaró muy despacio, con un dejo de promesa en la voz.
El potente rugido del motor marcó la larga travesía del vehiculo hacia el otro lado de la ciudad, el gris panorama lentamente se fue transformando en elegantes edificios con resplandecientes luces que enmarcaban las principales avenidas, donde el Ferrari no parecía llamar mucho la atención, incluso Aarón lucía mucho más cómodo en ese pequeño cambio de escenario, pues hasta su sonrisa se había ensanchado y su cuerpo comenzaba a relajarse.
Ellie sonrió mordiendose el labio, la joven no podía dejar de pensar que todo eso era como un sueño, una imagen digna de una comedia romantica, y ella era la protagonista; al menos, por una noche y su corazón no dejaba de latir, observando con emoción el panorama, aguardando con ansias el momento en el que, después de meses, su relación con Aarón finalmente dejara de ser un secreto.
- No pensé que vinieras por mi en un auto tan.....impresionante- habló tras una breve pausa, intentando romper el silencio y no parecer una tonta sin conversación.
- La noche no merecía menos......- respondió él con una sonrisa tan encantadora como forzada- pero no es el coche lo que la hará especial, te lo prometo.... para ti será inolvidable- concluyó elevando la barbilla, manteniendo ese gesto tan lleno de placer que se había vuelto habitual- esta noche tu vida va a cambiar..... - Ellie volvió a experimentar ese extraño escalofrío que de nuevo atribuyó a la emoción pues no podía negar que todo parecía irreal.
- Tan importante será mi presencia?- preguntó, intentando seguir la conversación sin perder la sonrisa.
- Más de lo que imaginas- aclaró él con voz suave, casi melódica- esta noche, finalmente, todos te conocerán y nadie podrá olvidarte!!!.... te lo aseguro!!!
- Eres imposible!!- dijo un poco nerviosa, ante lo que él soltó una ligera carcajada, un gesto de absoluta satisfacción, un sonido que para Ellie parecía coqueto, pero que en el fondo sonaba demasiado medido, incluso calculador.
- No, preciosa.....soy un hombre que sabe lo que quiere… y esta noche lo va a conseguir.
Ellie se mordió el labio discretamente, regresando su atención a las luces de la ciudad, Aarón había sido tan perfectamente encantador en los últimos días que en verdad sus ilusiones y expectativas aumentaban a cada minuto.
En ese instante el Ferrari dobló hacia una avenida más amplia, adentrándose en el corazón acaudalado de la ciudad, un trayecto que si bien Ellie conocía a la perfección, esta noche lucía diferente, plagado de un aire enigmático y a champagne, muy lejos del olor a desinfectante y jabón que regularmente la acompañaba.
Los edificios comenzaron a alzarse como espejos, y al fondo, resplandeciendo entre sombras, el Hotel du Lys, el gran baluarte de los Ellsworth, la insignia de su imperio brillando en todo su esplendor.
Aarón redujo la velocidad deteniéndose en una de las entradas laterales muy lejos de las luces, cámaras y el personal impecable que marcaban la magnitud del evento.
- Llegamos- declaró soltando un largo suspiro un tanto liberador, mientras se estacionaba con precisión en su zona poco iluminada.
- Aquí?!- cuestionó mirando el lejano ajetreo que se alzaba en la entrada principal.
- Vamos!- Aarón no respondió y simplemente se desabrochó el cinturón.
En ese instante la joven sintió todos los nervios que había mantenido controlados, agolparse en su estómago, la ansiedad, el miedo, la angustia, la incertidumbre, todo absolutamente explotó en su cuerpo, provocándole un apenas controlado temblor y unas crecientes ganas de vomitar.
- Descuida.....no tienes de que preocuparte, confía en mí.....yo me encargaré de que todo salga según lo planeado- y aunque Ellie no lo vió, los ojos del hombre se volvieron extrañamente oscuros.
- Solo espero estar a la altura!- exclamó mirando a las mujeres que caminaban con natural elegancia y refinamiento hacía la entrada principal del evento.
- Jajajaja!!- y la carcajada que abandonó los labios de Aarón sonó tan natural como genuina- descuida..... estássss- sentenció alargando la palabra mientras la miraba de arriba hacia abajo sin el menor recato- perfecta, créeme.....nadie se podrá quejar de tusss....encantos!!
Afortunadamente Elli estaba más concentrada en sus nervios que en prestar atención a la oculta picardía de Aarón, quien la observo una última vez antes de salir del vehículo, para abrirle la puerta a la joven con esa mezcla de caballerosidad y control extendió la mano, y cuando la ayudó a bajar, sus dedos parecieron demorarse un instante más de lo necesario.
- Lista?!- preguntó con un tono que mezclaba cortesía y esa pequeña sensación de dominio, y de nueva cuenta Ellie asintió, ignorando la tensión imperceptible.
- Lista.
- Perfecto!!- susurró él, con esa sonrisa medida que encantaba y desconcertaba se le prestaba la suficiente atención- entonces..... que empiece la noche!!
Pero para sorpresa de la joven, no atravesaron la alfombra roja como los demás invitados, Aarón las condujo por una puerta lateral bien iluminada y elegante pero desprovista de todo glamour, sin embargo Ellie permitió que su novio la dirigiera por un camino diferente hacia el Gran Salón, aquel sitio tan exclusivo que solo se abría una vez al año, justo para el evento de esa noche.
Poco a poco el frío cemento se transformó en techos altos y candelabros de cristal, iluminando a los invitados que ya se habían congregado, hombres en trajes impecables, mujeres en vestidos de lujo, con joyas tan costosas que se requeria seguridad extra a cada centímetro, y los murmullos de las conversaciones formaban un murmullo constante de sofisticación y expectativa.
Aarón caminó con esa seguridad calculada, marcando la pauta de cada movimiento, como si cada mirada le perteneciera, aunque Ellie parecía más decidida a esconderse tras su cuerpo, intentando pasar desapercibida, hasta que el joven se detuvo a un costado de la entrada de mármol; ocultándose detrás de una gran columna estilo griego.
- Ellie- habló él, en un tono casual que parecía inofensivo- lamento esto pero..... no podremos estar juntos durante la primera parte de la velada- informó de pronto sin un rastro de pesar, provocando que la joven lo mirase confundida y con un gesto de sorpresa.
- Qué?!..... pero....por...por qué?!- balbuceó torpemente, deteniéndose para buscar explicación en su rostro, sin embargo, su ceño se contrajo lo suficiente para obligar a Aarón a sonreír, ladeando la cabeza con ese aire de Don Juan absoluto, acariciandole suavemente la mejilla.
- Necesito hablar con mi abuelo sin que mi tío Declan pueda intervenir, es..... necesario para que nada interfiera con mis planes.
Ellie intentó sonreír, pero la expresión fue más una mezcla de nervios y desconcierto que un gesto genuino, lo que Aarón notó de inmediato, su sonrisa se amplió y con fingida ternura, inclinó su rostro y la besó brevemente, dejando en el gesto un control imperceptible.
- Confía en mí- susurró después, apenas rozando sus labios- o es que dudas de mí?- habló con tanta ternura que parecía hablar con un bebé.
Y de inmediato la joven negó con firmeza, por supuesto que confíaba en él, aunque eso no menguo la sensación amarga que le provocaron sus palabras, sin embargo, sonrió, con la mirada baja, sin saber cómo expresar su inquietud.
- Bien!- aceptó acomodándose el traje con un leve movimiento de orgullo- no te preocupes por nada, solo disfruta la fiesta mientras yo me encargo de todo- y antes de que pudieran entrar al salón, la detuvo suavemente, haciendo que Ellie se quedara unos pasos atrás- voy a entrar primero.....espérame un par de minutos antes de seguirme- pidió con naturalidad, como si fuera algo obvio, pero dejando un desconcierto evidente en ella.
La joven abrió los labios para protestar, pero él volvió a acercarse y le dio otro beso rápido, esta vez más firme, casi imperativo.
- No te desanimes- murmuró, con esa sonrisa que mezclaba seguridad y un dejo de superioridad- todo se resolverá pronto.
Sin mediar palabra, le pellizcó suavemente la mejilla, un gesto juguetón y al mismo tiempo controlado, que hizo que Ellie sintiera una extraña mezcla de ternura y confusión; y sin más explicaciones, Aarón se enderezó, ajustó su traje y dio un paso adelante con todo el porte y orgullo posible, cruzando las puertas del Gran Salón.
La luz se reflejaba en el cristal de los candelabros y en las joyas de las invitadas, mientras él avanzaba entre ellos con la seguridad de un hombre que conocía el mundo y estaba acostumbrado a que este se inclinara ante él. Detrás Ellie se quedó parada, con el corazón latiendo con fuerza y la mente intentando descifrarlo, observando como Aarón se internaba en la sala con esa mezcla de encanto, arrogancia y control.
La joven apenas asomó ligeramente el rostro para vislumbrar la magnitud del evento, la cantidad de invitados era mucho mayor a lo que ella imaginó, y entre celebridades, politicos, empresarios, ella parecía ser la unica que no encajaba ahí.
Y tras un largo suspiro, entró discretamente, justo detrás de una pareja que irradiaba ese aire altivo y prepotente tan propio de la clase alta, el hombre con un esmoquin blanco que parecía recién salido de un anuncio, y la mujer envuelta en un vestido de lentejuelas plateadas que lanzaba destellos a cada paso, ambos caminaban con una suficiencia tan evidente que la joven camarista instintivamente bajó la mirada, apartándose un poco, dándoles espacio.
Al interior, Ellie solo comprobó lo que ya era evidente desde la entrada, por doquier se extendía un despliegue de lujo, arañas de cristal colgaban del techo abovedado, lanzando destellos sobre las copas de champagne, mientras un cuarteto de cuerdas tocaba discretamente en una esquina, llenando el aire de una melodía suave y sofisticada.
Y con más temor del que le hubiera gustado admitir, se obligó a avanzar unos pasos, conteniendo la respiración, su mirada se movía nerviosa de un punto a otro hasta dar con Aarón, quien ya estaba rodeado de un pequeño grupo de amigos, riendo con ese encanto fácil y arrogante, a su lado, dos mujeres llamativas se inclinaban hacia él, una con un vestido esmeralda que abrazaba su figura y otra con labios rojos y mirada coqueta, lo que su joven novio parecía disfrutar.
E instintivamente un nudo se formó en el estómago de Ellie, que intentó convencerse de que solo era cortesía, que así era él con todos, y aún así, apartó la vista rápidamente, temiendo que su incomodidad fuera evidente. Su mirada vagó entonces hacia el otro extremo del salón, donde el patriarca Richard Ellsworth, con su porte recto, cabello completamente blanco y una expresión tan severa que parecía tallada en piedra se encontraba de pie junto a su hijo Declan, quien vestía un traje azul oscuro de tres piezas hecho a la medida; su rostro, más joven pero igualmente severo y contraido, a pesar de sus atractivas facciones, sus ojos eran azul grisáceo un poco oscuros, el cabello castaño oscuro ligeramente largo y ondulado peinado hacia atrás con cuidado, cejas pobladas, y una barba perfilada a la perfección que enmarcaba unos labios gruesos pero delineados.
A su lado, por supuesto, Greg Hughes, amigo de la familia y director de finanzas del grupo hotelero, y justo frente a ellos con esa soberbia sonrisa que a penas y disimulaba su desagrado, se encontraba Susan.
Extrañamente, Greg era el único que rompía la rigidez del grupo con una sonrisa más franca y un aire desenfadado, mientras conversaban con Susan, quien con su porte calculado, tenía una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos, apenas se dignaba a responder con monosílabos, manteniendo su inquisitiva atención en Declan, que al contrario de ella, la ignoraba abiertamente.
Y aunque Susan fingía simpatía con sus acompañantes, cada gesto, cada mirada fugaz, dejaba entrever un desprecio apenas contenido que Ellie reconoció al instante; después de todo no había nadie en el servicio del hotel que no supiera la situación tan complicada en la que la mujer quedó a raíz de su cuestionable origen.
Todo parecía demasiado para la pobre joven que permanecía de pie mirando a su alrededor sin saber qué hacer, las personas pasaban a su lado mirandola con desdén, pues aunque su vestido no lucía corriente, su postura delataba a alguien que no pertenecía a ese mundo, por lo que prefirió buscar refugio en una esquina del salón, cerca de una columna decorada con flores blancas.
Ellie apretó el pequeño clutch entre las manos, intentando que su nerviosismo no se reflejara en su rostro, simplemente observando a todos, sintiéndose fuera de lugar entre tanto brillo, tanto poder y tanta apariencia. La joven camarista mordió su labio inferior, respirando hondo para calmarse, no sabía bien qué hacer ni dónde ponerse, y aunque intentaba convencerse de que Aarón no tardaría en ir a buscarla, algo en el ambiente le hizo sentir que tal vez había entrado a un mundo al que no pertenecía.
Afortunadamente para ella, Eugene se acercó con la discreción de quien conoce a la perfección su papel, el hombre se mantenía con ese porte impecable y sereno luciendo con orgullo su uniforme de gala, su voz, apenas fue un murmullo amable cuando se situó al lado de la joven, con las manos tras la espalda y sin mirarla directamente.
- Luce usted muy bien esta noche, señorita- dijo con total serenidad, manteniendo la vista al frente- no debería sentirse fuera de lugar.
Pero Ellie, aún sostenía su clutch con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos, y esbozó una sonrisa que no le alcanzó los ojos.
- Gracias, señor- murmuró, intentando sonar natural, sin embargo, la costumbre no evitó que su voz fuese seria, por lo que el mayordomo ladeó apenas la cabeza, captando su tensión.
- Créame, hay varios invitados aquí que no son tan costosos como aparentan- añadió en tono confidencial, casi cómplice disimulando que mantenía una conversación con la invitada, lo que estaba prohibido a menos que necesitara ayuda.
Ellie lo miró con cierta curiosidad, y Eugene, con un gesto imperceptible, señaló con la barbilla hacia un hombre al otro extremo del salón, era regordete, de carcajada ruidosa y gesto ampuloso, que agitaba su copa mientras hablaba con exagerada efusividad.
- Ve a ese caballero de corbata amarilla?- susurró el mayordomo- se hizo rico vendiendo colchones decorados con caricaturas y personajes de películas- una afirmación que provocó que Ellie arqueara las cejas, incrédula.
- De verdad?!- y Eugene asintió con gravedad medida.
- Así es, y desde entonces se ha empeñado en colarse en este círculo, pero, por más dinero que tenga, la clase no se compra.... y se nota- dijo justo cuando el hombre soltó una carcajada que resonó por encima de la orquesta, haciendo burbujas con su trago antes de beber, y la joven no pudo evitar sonreír, apenas un poco, lo que Eugene aprovechó para continuar su discurso- ve?!- sentenció con una media sonrisa paternal- no todos aquí son tan intimidantes como parecen, y usted se ve perfectamente a la altura.
- No estoy muy segura de eso- confesó bajando la mirada hacia su vestido.
- Yo sí lo estoy, y llevó más años en estos eventos de los que se me permite hablar- Eugene enderezó un poco el cuello de su propio traje, con gesto cómplice- déjeme darle un consejo: tómese un par de tragos y disfrute la velada, si me permite le recomiendo el prosecco- y su tono se volvió didáctico, como quien comparte un secreto bien guardado- es un vino espumoso italiano, elegante, ligero.... una copa no la indispondrá antes de tiempo, y le dará algo con qué ocupar las manos.
Ellie rió suavemente, más relajada por primera vez desde que había entrado al salón, incluso permitió soltar un largo suspiro un tanto liberador.
- Gracias, señor.... creo que seguiré su consejo.
- Hará bien, señorita y por lo demás....- exclamó mirando a Aarón y lo relajado e indiferente que estaba de su acompañante- no se inquiete demasiado.....a veces es bueno permitir que cada quien encuentre su propia diversión, usted también puede hacerlo- respondió el mayordomo, inclinando apenas la cabeza antes de alejarse con la misma discreción con la que había llegado.
Ellie permaneció unos instantes en el mismo sitio, observando cómo las luces cálidas del gran salón jugaban sobre los rostros de los invitados, dudaba si debía seguir el consejo de Eugene, pues su instinto le pedía permanecer allí, al resguardo de la esquina, totalmente invisible, pero las palabras del mayordomo seguían dando vueltas en su mente, "Nadie pensará que no pertenece aquí".
La camarista inspiró con disimulo, dejando que su mirada se deslizara por el lugar, y poco a poco, comenzó a notar aquello que Eugene le había señalado: algunos gestos demasiado amplios, risas con estridencias innecesarias, conversaciones donde el volumen era más importante que el contenido; y, efectivamente, no todos tenían el porte pulido de la familia Ellsworth ni la discreta elegancia que se suponía en un círculo como aquel, de hecho, algunos lucían francamente fuera de lugar, aunque adornados con trajes y joyas costosas.
Y ese pequeño hallazgo la tranquilizó, Ellie sonrió con timidez, y por primera vez se permitió pensar que, tal vez, el mayordomo tenía razón; y a pesar de lo acelerado de su corazón decidió avanzar, mezclarse un poco y disfrutar del evento.
Con cierta cautela, cruzó el mármol brillante llegando al pequeño bar, donde un par de meseros tomaban pedidos y el barman, impecable en su chaqueta blanca, servía copas con precisión.
- Eh.... podría darme un... pruso...co?- intentó, tropezando con la pronunciación, con la garganta tan seca que la palabra salió entrecortada.
El barman la miró con desconcierto, mientras los meseros se intercambiaron miradas, incluso uno de ellos carraspeó, conteniendo una sonrisa.
- Un… prosse…soco, por favor- Ellie, sintió cómo le ardían las mejillas, y aún así se aclaró la voz y volvió a intentarlo.
La confusión fue inmediata, el barman ladeó la cabeza, intentando mantener la compostura, después de todo era una invitada y su deber era atenderla como debía, a pesar de que era evidente que la mujer no sabía ni dónde estaba parada.
- Disculpe..... es algún trago exótico?- preguntó con amabilidad forzada- si me indica que lleva, con gusto se lo preparo- y la risita discreta se escapó de uno de los meseros, hizo que Ellie quisiera desaparecer, pero entonces, una voz grave, masculina y firme rompió la incomodidad.
- La señorita desea un Prosecco- y la severidad en el tono acallo las risas.
Declan Ellsworth estaba de pie junto a la barra y basto su sola presencia, su habitual expresión entre serena y severa para imponer silencio absoluto.
- Y para mí, un Gimlet- añadió, sin apartar la vista del barman.
El ambiente cambió de inmediato, los meseros se irguieron, el barman asintió con una sonrisa tensa y comenzó a preparar las bebidas con manos ligeramente temblorosas. Mientras Ellie seguia de pie rígida como una tabla, pero ya no solo por los nervios sino por la presencia del hombre a quien únicamente había visto un par de veces y a la distancia, por lo que apenas y logró sonreír.
- Gracias....señor Ellsworth- murmuró, bajando la mirada, consciente de quién era.
- No debería pedir tragos que no conoce, señorita- repuso Declan con una calma tan cortante que se sintió más como un regaño que un consejo- podría ser peligroso.
Declan tomó su Gimlet con la misma la misma actitud con la que había irrumpido en la escena, y sin menguar palabra, ni una palabra adicional se aparto, con un gesto seco hacia el barman, más de fastidio que de interés.
Ellie lo siguió con la mirada, incapaz de apartarla, incluso, cuando él ya se mezclaba entre los invitados, había algo en su manera de moverse, en la frialdad contenida de su expresión que la descolocaba, no sabía si aquel gesto había sido de desdén hacia ella o simplemente una muestra más de su ya tan conocido carácter.
La joven agradeció con una ligera sonrisa, tomando su copa con ambas manos para darle un pequeño sorbo, esperando que las burbujas disiparan su incomodidad, aunque solo lograron acentuarla.
Las risas y la música del salón parecían más lejanas de lo que realmente eran, pero desde donde estaba, alcanzaba a ver a Aarón rodeado de conocidos y sonrisas interesadas, Ellie bajó la mirada, tratando de convencerse de que aquello no significaba nada, la joven respiró hondo, dejando que el sabor ácido y dulce del vino espumoso la centrara por un momento.
- Todo estará bien- se dijo a sí misma tratando de convencerse que su novio tenía razón y todo saldría bien, que aquella noche, pese a todo, sería solo el comienzo de algo bueno.