20. Vodka Tonic.

4838 Words
- Señor Ellsworth- la organizadora se acercó llevando ya sus pertenencias en la mano- la suite está preparada para recibirlos. Ellie levantó la cabeza de golpe y su incredulidad no pudo ser contenida, pero había preferido no pensar en ese momento y francamente esperaba que Declan no tuviera la intención de aceptar o siquiera pretender que compartieran el mismo espacio. - Gracias!- el hombre respondió con indiferencia, tomando la llave que la mujer le extendió- ha hecho un excelente trabajo....ya puede retirarse!- ordenó, lo que la mujer aceptó de inmediato, y con una sonrisa de despedida se marchó dejándolos solos. El silencio regresó como el único acompañante entre ambos, denso e incómodo, Ellie se frotó las manos con insistencia, como si pudiera borrar la ansiedad que le trepaba por el pecho, consciente de que cada segundo que pasaba los acercaba al final inevitable: terminarían compartiendo el mismo espacio, y esa idea le comprimía la respiración. - Vamos- exigió Declan mientras comenzaba a caminar sin mirarla siquiera, en su tono no hubo dureza, pero tampoco concesiones, como si eso fuera solo un trámite más del evento que debía cumplirse. La joven se quedó inmóvil un segundo, su respiración empezó a agitarse, el aire parecía no entrar del todo en sus pulmones. Y sus ojos se abrieron de par en par, mirando a su alrededor de forma casi desesperada, buscando una alternativa, cualquier distracción, una excusa por mínima y ridícula que fuera para no avanzar. - Piensas pasar la noche en este jardín?!- cuestionó el hombre sin voltear o detenerse, y ella no tuvo más alternativa que empezar a caminar. Ellie dio un paso, luego otro, obligándose a seguirlo mientras el corazón le golpeaba con fuerza, a pesar de que el lugar fue cerrado para el evento sabía que el hotel estaba lleno de personal. Los había visto durante toda la recepción y aún así, la idea de pedir otra habitación le pareció absurda, ingenua incluso. No sabía si habría una alternativa preparada para ella, ni cómo explicarla sin exponerse, sin provocar preguntas que no estaba lista para responder, pero sobre todo, sabía que esa no era una alternativa genuina. Ellie apretó los labios, conteniendo el temblor que amenazaba con desbordarse en cualquier segundo, pues cada metro que avanzaba detrás de Declan aumentaba su miedo, su preocupación, y una desesperación que la hacía sentirse pequeña, atrapada en una decisión que ya no le pertenecía. La pareja caminó hacia la suite sin decir una sola palabra, como si cualquier intento de conversación pudiera detonar algo que ninguno estaba preparado para manejar. El sonido de sus pasos se superponía, a veces desfasado, a veces casi al mismo ritmo, y esa coincidencia mínima resultaba más incómoda que el silencio mismo, Ellie caminaba con los hombros tensos, la espalda recta en exceso y la mirada perdida; Declan llevaba las manos en los bolsillos, la mandíbula apretada, la mirada fija al frente y en apariencia lucía tranquilo, quizás indiferente. Para ella, el camino se sintió demasiado corto, sin importar que la suite se encontraba en el punto más apartado del hotel, una pequeña y exclusiva villa privada, cerrada y apartada del ajetreo que retomaría su ritmo habitual a la mañana siguiente. No había querido pensar en aquel sitio, hasta que la elegante puerta de madera se presento ante ellos, pero para Ellie significaba el final de su sentencia. Apenas y se detuvo un par de pasos detrás de Declan mientras observaba como abría la puerta sin siquiera titubear; el suave click aceleró aún más su corazón y cuando el umbral se abrió frente a ella, solo pudo crispar su manos con fuerza contra su vestido. El hombre le permitió el acceso sin embargo, la joven solo dió un par de pasos hacia el interior quedando petrificada con el panorama que se presentó frente a sus ojos, pues la suite estaba dispuesta con una intención demasiado clara. La iluminación era tenue, cuidadosamente pensada, las velas fueron estratégicamente colocadas, proyectando una luz cálida que suavizaba los contornos; los pétalos de rosas blancas marcaban un recorrido innecesariamente sugerente hacia la recámara; mientras una cubitera con champagne reposaba sobre una mesa baja junto a dos copas alineadas con precisión. Y desde la habitación contigua, la cama se ofrecía abierta, ordenada, con una decoración sutilmente sugerente que invitaba a un encuentro íntimo; todo había sido diseñado para celebrar algo que ellos no sabían cómo habitar. Declan avanzó detrás de Ellie, cerrando la puerta con cuidado excesivo y dejó la mano sobre la manija un segundo más de lo necesario, como si eso pudiera servirle de ancla, ambos observaron el espacio sin mirarse entre sí, conscientes de que por primera vez no había testigos, ni apariencias que sostener frente a otros y, paradójicamente, eso hacía todo más difícil. - Yo....- Ellie habló de pronto, atropellada por su propia urgencia- dormiré en el sofá- y rápidamente, señaló el sillón frente a la chimenea casi con alivio, como si le ofreciera una salida concreta. - No- el hombre giró apenas la cabeza hacia ella- tú vas a dormir en la recámara. La joven se volvió por completo hacia atras, asustada por la afirmación de su ahora esposo, pues de verdad esperaba no tener que compartir el mismo espacio y mucho menos la cama. - Y usted dónde va a....?!- preguntó, y el temor se filtró en la pregunta antes de que pudiera controlarlo. - No te preocupes- respondió, con una calma tensa, aunque eso no evitó que la molestia se hiciera presente en su tono, gracias a lo que la joven parecía asumir de él. - No voy a invadirte por la noche..... a menos, claro, que también hayas decidido adulterar alguno de los tragos que bebí hoy. El comentario resultó innecesario para Ellie, quien se apresuró a negar con la cabeza de inmediato, un gesto rápido, mientras sus ojos se humedecieron, pero se negó a permitir que las lágrimas avanzaran. - Supongo que es más fácil para usted culparme- debatió con la voz rota pero contenida- que admitir que me viol.....- sin embargo, la palabra murió en sus labios con amargura, se sentía cansada y harta de aquella farsa, de todo lo que debía tragarse, y sin esperar respuesta, se giró, cruzando la estancia hasta la recámara; y con la misma velocidad cerró la puerta tras de si con un golpe seco y abrupto, que resonó en la suite. Declan no se movió, ni intentó detenerla, permaneció en el mismo sitio, observando la precipitada huída, escuchando como el cerrojo se cerró con urgencia y después, el arrastre torpe de un mueble siendo empujado contra la puerta. El hombre soltó una risa breve, y con un dejo de amargura, negando con la cabeza, más por incredulidad que por el hecho en sí. - Ridículo!- murmuró entre dientes. Y sin más, camino hacia el sillón quitándose la corbata con un tirón brusco, dejandola caer sobre la mesa, y posteriormente el saco siguió el mismo destino, lanzado sin cuidado sobre una silla. Sin mucho ánimo se dejó caer en el mueble respirando hondo, consciente de que esto era solo el inicio de una larga travesia de dos años que él había orquestado. Y por primera vez desde que decidió casarse, no sabía qué se suponía que debía hacer o cómo comportarse. Desde juego no pretendía atravesar esa puerta y obligar a la joven a compartir el mismo espacio que él, no era parte de sus planes que ese matrimonio se viviera como genuino, al contrario. Entre más distancia pusieran era preferible, pero ahí recostado en el sofá, en una suite diseñada para una intimidad que ninguno pretendía concretar, se sentía perdido. Sin embargo, ya había sido suficiente, suficiente de farsas, sonrisas, convencionalismos y felicidad ensayada; solo quería deseaba terminar aquel agotador día y pretender que a la mañana siguiente y por los próximos dos años, todo estaría bajo control. Y asi finalmente la noche terminó por alcanzarlos a ambos, aunque el descanso fue solo una ilusión. Ellie se quedó rápidamente dormida en la recámara, envuelta entre sábanas que de pronto le parecieron demasiado pesadas, mientras un extraño sueño comenzaba a filtrarse en su consciencia; la joven sentía el cuerpo agradablemente sofocado, atravesado por un calor lento que le recorría la piel sin prisa. Unas manos, firmes y cuidadosas a la vez, la tocaban con una ternura que no sabía nombrar, despertando en ella una sensación nueva, profunda, e imposible de comparar con nada que hubiera sentido antes. Una sensación que la obligó a sonreír aún dormida, despertando su cuerpo con un éxtasis que no deseaba perder; obligándola a contraerse contra las sabanas mientras respondía a ese contacto imaginario con una entrega que solo era interrumpida por los suaves gemidos que escapaban de sus labios, gemidos bajos pero intensos, inconscientes, pero cargados de una plenitud que la desbordaba. - Ahhhh..... Declan!!- exclamó con un ahogado gemido lleno de placer. La palabra salió envuelta en anhelo, en una emoción tan intensa que la arrancó de golpe del sueño. Ellie se incorporó bruscamente jadeando, buscando desesperadamente a su alrededor el cuerpo del hombre que para su fortuna no se encontraba ahí; incluso reviso más de una vez la puerta cerrada con seguro y la pequeña cómoda que atrancó contra ella. Pero el corazón le golpeaba con fuerza el pecho, la piel húmeda, el cuerpo aún vibrando por lo que acababa de sentir y una evidente humedad que se filtraba entre sus piernas con una palpitante satisfacción recordándole las imágenes difusas que parecían demasiado reales. Sin embargo ella no deseaba ni podía sentirse así, no podía anhelar el contacto con un hombre que la había violado; la joven se llevó una mano a la boca al darse cuenta, con horror y confusión, de lo real que había sido todo para ella, de cómo su cuerpo había reaccionado sin permiso, y ansiosamente negó con la cabeza una y otra vez, como si pudiera borrar la imagen, el nombre y la sensación. Las lágrimas asomaron sin aviso, Ellie se cubrió el rostro y ahogó los sollozos contra la almohada, temblando entre miedo y dolor, incapaz de comprenderse y de comprender por qué después de lo que su ahora esposo le había hecho seguía deseándolo desde aquella noche, por qué aquel sueño se había vuelto tan recurrente y por qué su cuerpo reaccionaba tan abiertamente. Pero en la estancia, Declan no dormía mejor, él también se encontraba inmerso en un sueño bastante inquietante; el hombre sentía un cosquilleo insistente que le recorría las manos, como si estas recordaran algo que nunca había sucedido. En medio de su inconsciencia, veía el cuerpo de Ellie bajo él, no con crudeza, sino con una cercanía peligrosa, íntima, que lo desarmaba; su piel parecía arder bajo su apasionado toque, sus ojos cerrados con fuerza mientras su respiración se agitaba, ese pecho erguido que acariciaba y despertaba con anhelo, en su mente resonaba su voz, sus labios entreabiertos y pronunciando su nombre en un murmullo cargado de deseo que lo arrastraba a una excitación confusa, física, innegable, que lo hizo jadear incluso dormido. Un sonido lo suficientemente sonoro para despertarlo de golpe, sobresaltado, con la respiración agitada y el ceño fruncido. De inmediato miró a su alrededor satisfecho al comprobar que la puerta de la recámara seguía cerrada, desgraciadamente bajo la manta la situación para él no era tan reconfortante. Sorprendido por la sensación levantó la cobija solo para comprobar que su cuerpo intentaba reaccionar de una forma que no esperaba, o que no quería reconocer. A pesar de que era tambaleante una erección intentaba abrirse paso, pero moría lentamente gracias a la consciencia que Declan empezaba a recuperar; y para ser honesto no sabía si sentirse aliviado o desilusionado por no poder sentirse satisfecho, y por un instante se quedó inmóvil, mirando a su entrepierna, tratando de ordenar el torbellino de imágenes que aún lo perseguían; hasta que finalmente todo volvió a la normalidad. El agitado hombre pasó una mano por el rostro, cerró los ojos con fuerza y soltó el aire lentamente, como si así pudiera contener la inquietud que le oprimía el pecho. Preocupado porque Ellie parecía decidida a consternarlo, hasta en medio de sus sueños, lo que sería un problema severo para su matrimonio. La suite volvió a su pesado silencio, iluminada, apenas, por las velas que ya empezaban a consumirse. Y en habitaciones separadas, ambos permanecieron despiertos, igual de confundidos, con el cuerpo traicionándolos y la mente atrapada en el mismo cuestionamiento: Qué estaba sucediendo? A la mañana siguiente, Declan despertó bastante cansado, no había podido conciliar más de dos horas de sueño que no fueron reparadoras gracias al temor constante de que aquella imagen regresara para atormentarlo. Y con la preocupación a cuestas levantó la manta solo para comprobar, con satisfacción, que todo siguiera en orden, permitiéndole reincorporarse con esa imagen de control y serenidad tan característica en él, apenas y giró levemente la mirada hacia la habitación para quedar sorprendido y preocupado. La puerta se encontraba abierta de par en par, la cama había sido tendida y la ropa doblada y acomodada a los pies de la cama. El hombre se levantó de inmediato y camino directamente hacia el interior de la recámara no sin antes tocar levemente con los nudillos para anunciar su llegada, pero el silencio fue lo único que le respondió por lo que se animó a ingresar solo para comprobar que, en efecto, el lugar estaba completamente vació. El ceño de Declan se contrajo y miro una y otra vez la habitación, esperando hallar una señal que delatara lo que estaba sucediendo, el vestido de novia quedó colgado sin ningún cuidado en una percha de ropa sobre la puerta del baño, el equipaje de Ellie no estaba por ningún lado, ni siquiera la joyería que usó en la boda descansaba en alguno de los muebles, y entonces hubo algo que llamó su atención. En el buró junto a la cama, estaba la única señal que la joven dejó de su existencia y permanencia en aquel lugar. Declan camino lentamente con el semblante contraído de preocupación e incredulidad, solo se quedó de pie, observando el costoso anillo de compromiso y la argolla de matrimonio que parecieron quedar olvidadas. - No es posible- murmuró tomando el diamante con fuerza entre sus dedos. Un enojo incomprensible, comenzó a filtrarse en su cuerpo e instintivamente su mirada se clavó en el baño. El hombre arrojó el anillo a algún lugar de la cama y sin mediar se aventuró hacia allá, atravesando la puerta con un arrojo indescriptible, como si aquel sitio estuviera en llamas y su deber fuera rescatar a alguien. Pero ahí, solo comprobó que efectivamente, la joven había estado en ese sitio quizás hace menos de 20 minutos, gracias al aroma a shampoo y jabón que casi desaparecía y a la leve humedad que el ambiente desprendía, pero fuera de la toalla colgada en el toallero, no había otra señal de Ellie por ningún lado. De nuevo el hombre estudió centímetro a centímetro el baño, buscando alguna rastro que comprobara que el día anterior no había sido producto de su imaginación, sin embrago en ese punto le era difícil pensar con cierta lógica pues la idea de que su esposa lo hubiera abandonado a menos de 24 horas de su boda empezó a atormentarlo. - Si se atrevió.....- susurró mientras giraba sobre sus talones para regresar a la recámara, su semblante ya estaba lo suficientemente contraído mientras su cuerpo comenzaba a tornarse amenazante. Declan caminó hasta los pies de la cama, dónde soltó un pesado y largo suspiro, tenía las manos ya en la cadera y su torso subía y bajaba agitado, su mente comenzaba a elucubrar la forma de obligarla a regresar pero en su corazón persistía una leve sensación de vacío por la ausencia de Ellie, pese a que no le prestó mucha atención a dicho sentimiento. Su mirada viajó por el lugar nuevamente, deteniéndose apenas en la venta sin reparar en lo que había más allá: las personas que caminaban de un lado a otro cumpliendo con sus labores o simplemente recorriendo el jardín, hasta que su consciencia lo hizo regresar con rapidez, reconociendo una pequeña y delicada silueta que parecía más tranquila que el resto; era su esposa. El hombre suspiro aliviado al ver que no lo había abandonado, su cuerpo entero se relajo aunque su enfado no desapareció del todo. Por un instante se limitó a observar como la joven recorría el imponente prado con calma, admirando el lugar: los arboles, la fastuosidad del cristalino lago, el prominente bosque y la incomparable tranquilidad que la rodeaba. Ellie había escuchado de ese sitio como de los muchos otros complejos del grupo, sin embargo, este en particular siempre había llamado su atención gracias a las descripciones que sus compañeros de trabajo solían hacer y debía confesar que era mejor de lo que imaginó, tanto que incluso consideró viable pedir su cambio en cuanto le fuera posible. - Debiste avisarme antes de salir!- la profunda voz de Declan sonó a sus espaldas sacándola de su embeleso. Y como un acto reflejo la joven volteó abruptamente, ligeramente sobresaltada, dando un par de pasos hacía atrás con temor, mirándolo con un miedo que al hombre le resultó tanto incomprensible como insultante pero al parecer Ellie quería mantener su acto de pobre victima, lo que comenzaba a fastidiarlo. - Hay que desayunar....debo regresar a trabajar!- sentenció y de inmediato dio media vuelta para volver a la suite. A ella solo le quedó tragar grueso y, como la noche anterior, no tenía más alternativa que seguirlo, no tenía intención de pasar más tiempo del necesario con él, sin embargo, era consciente que su convivencia era inevitable, así que agachó la cabeza con pesar y regresó a la suite. - La comida esta lista- reparó Declan en cuanto la vió cruzar el umbral del ventanal que daba hacía el jardín- voy a darme un baño y prepárate, debo regresar hoy a atender mis asuntos- y sin más tomó su maleta y se metió al baño, dejándola sola frente a una mesa dispuesta con un romántico desayuno que él apenas y había tocado. Ellie agradeció que no la obligara a compartir los alimentos, que lucían bastante suculentos para rechazarlos. Por lo que de inmediato abrió la puerta de la terraza y colocó su silla de frente, antes de sentarse a degustar un poco de pan francés con jarabe de arce terso y delicioso, un café italiano que se percibía muy aromático para su gusto pero con un sabor incomparable, un par de sándwiches improvisados y concluyó con fruta fresca a la que no dudo en rociar con miel, granola y queso cottage. El tiempo pareció un poco más amable gracias a la suculenta comida, al grado de que, por un instante, se perdió observando el panorama, olvidando que su esposo estaba en el baño; hasta que Declan salió terminando de meter la camisa en el pantalón, atravesándose frente a ella para volver a tomar su taza de café. - Salimos en cinco.....espero que estés lista!- ordenó con la misma frialdad con la que se había referido a Ellie desde la mañana. La joven lo miró confundida hasta que su consciencia le recordó quien era ese hombre. Rápidamente se levantó de su asiento y sin mediar palabra, con la cabeza agachada y eludiéndolo lo más posible, regresó a la habitación a recoger las ultimas cosas que quedaron fuera de su equipaje, mientras su esposo la observaba con creciente molestia por esa actitud que creía innecesaria, cuando él sabía perfectamente que clase de mujer era, o al menos lo que en su mente se había acentuado aún más tras la conversación con Aarón. La joven no tardó en salir con una maleta grande, que ya había visto sus mejores años por lo descolorido de su aspecto; mientras en su otra mano sostenía una más pequeña del mismo juego aunque en mejores condiciones además de su crossbody, ni siquiera le dirigió una palabra a Declan, quien estaba guardando su celular en el bolsillo interno de su chaqueta, simplemente salió de la recámara y permaneció de pie en el umbral esperando que él diera las indicaciones. Pero su esposo solo la observó mientras ajustaba su chaqueta, el aspecto de Ellie era bastante contradictorio con lo que según él, ella debía ser. La joven mantenía la cabeza agachada, un excesivo agarre sobre la maleta y esa respiración agitada que se había vuelto tan molestamente habitual; sin embargo, también se percató que entre más la observaba, se contraía más, desesperándolo, al grado que quería gritarle o sacudirla para exigirle que mantuviera la actitud que la llevó a drogarlo. - Es.....- y por un instante estuvo a punto de hacerlo, pero en el ultimo segundo decidió enfocarse en algo que llamó aún más su atención, y soltando un hondo suspiro para tranquilizarse, elevó el rostro con una sonrisa controlada- es todo lo que trajiste?- cuestionó señalando sus maletas- si piensas que ahora podrás comprar cuanta ropa costrosa desees, estas muy equivocada....así que deberías llamarle a tu madre y pedirle que traiga el resto de tus pertenencias!!- concluyó con una frialdad inquietante. - Esto es todo lo que necesito.....y créame no tengo intenciones de aceptar nada que venga de usted- susurró y para sorpresa de Declan no titubeó o se le cortó la voz, y sin necesidad de levantar la mirada o gritar hubo una firmeza que no pasó desapercibida para él. - Es bueno que lo creas así, porque no vas a obtener nada más! Y después solo se dirigió a la entra principal, abriendo la puerta para los dos botones que aguardaban con el bell cart, el cual resultaba un poco ridículo ahora que Declan era consciente de las maletas que su esposa traía consigo. Y los empleados no pudieron estar más de acuerdo, los dos jóvenes se miraron entre sí con cierta diversión, cuando ingresaron a la suite y vieron lo que Ellie arrastraba, sin embargo su deber era cumplir con sus tareas sin importar lo risibles que resultaran y más cuando el involucrado era el dueño del hotel. - Me permite su equipaje, señora Ellsworth?- cuestionó uno de ellos acercándose con respeto, pero aquella mención tan directa causo escozor en la pareja. Era la primera vez que alguien la nombraba de esa manera y se sintió tan extraño que Declan levantó la mirada con el ceño fruncido y la boca entreabierta sin saber si quería reclamar o debía continuar con la farsa; y para Ellie fue peor, la chica se quedó petrificada con los labios tan apretados que parecía querer contener el llanto, apenas y pudo tragar grueso ante lo mucho que su corazón comenzó a latir. - Señora, me permite su equipaje?- repitió el empleado un poco más incómodo, mirando a su compañero de reojo sin saber cómo debían proceder. - Cariño!- Declan intervino al notar como Ellie se aferró con más fuerza a su equipaje, sin embargo, en su interior algo se encendió ante la forma tan sencilla y rápida en la que pronunció la palabra. Su esposa llevó su mirada lentamente hacía él, pero sus ojos estaban revestidos con una incredulidad que no necesitaba palabras para ser entendida. Pero más allá de eso, fue el miedo que Declan vislumbró en ellos lo que lo hizo sentir aun más incomodo; pero no era momento para que los rumores empezaran, así que carraspeó, irguiéndose con increíble tranquilidad y con una sonrisa encantadora, camino hasta Ellie, arrebatándole prácticamente las maletas de las manos, aunque de forma muy discreta. - Supongo que es algo difícil darse cuenta que ahora es una Ellsworth- dijó él a modo de broma mientras le entregaba el equipaje al botones. Los dos chicos se rieron más forzados que con genuino humor y se enfocaron en cumplir con su trabajo, sin mirar a la pareja o dirigirles la palabra. Declan y Ellie salieron detrás de ellos, caminando a la par pero sin tocarse, atravesando todo el complejo mientras sonreían y agradecían los efusivos saludos del resto del personal. El Alfa Romeo de Declan ya se encontraba estacionada en la entrada principal, los botones guardaron el escaso equipaje de Ellie en la cajuela, mientras ella torpemente ocupaba el asiento del copiloto, después de lo cual se colocaron frente al vehículo, a la espera de su propina que, para sorpresa de la joven, fue cuantiosa. Y sin siquiera un gesto de agradecimiento, Declan ingreso, poniéndose en marcha de inmediato. El silencio en el automóvil fue aun más asfixiante e incomprensible, él se dedicó a conducir y mirar el camino frente a ellos; Ellie en cambio recargó el rostro contra la ventanilla, por supuesto que no tenía intenciones de dormir, y por supuesto tampoco entablar una conversación con su esposo, y simplemente permitió que el cansancio de las ultimas semanas y de la pesada noche se filtrara lentamente en su cuerpo, al menos eso sería suficiente para no pensar en la vida que hoy iniciaba. La joven no supo con certeza cuanto tiempo duro el trayecto, aunque no durmió completamente, si dormito lo suficiente para no percatarse que habían llegado a la elegante mansión hasta que el sonido del motor se apago por completo. Ellie se despabiló de inmediato observando a su alrededor, sintiendo la pesada y molesta mirada de Declan sobre ella. - Ll....llegamos?- cuestionó con la garganta seca por el sueño. - Sí- fue la corta respuesta que le dió y de nuevo salió del vehículo sin acotar nada más. Ellie suspiró hondo, consciente que ese comportamiento era algo a lo que debía acostumbrarse, así que descendió lentamente, quedando sin palabras ante la imponente mansión de arquitectura elegante y líneas clásicas, revestida en tonos claros, compuesta por tres cuerpos unidos entre sí, cada uno rematado por techos de teja roja dispuestos a distintas alturas, mientras las pendientes regulares marcaban cada sección de la construcción, otorgándole un aire clásico, casi europeo, que hacía que el conjunto se sintiera tan refinado como intimidante para ella. La estructura se organizaba en dos niveles perfectamente equilibrados: en la planta baja, amplios arcos sostenían el piso superior, enmarcado por grandes ventanales que permitían la entrada de luz, y sobre ellos dos balcones corridos con barandales de hierro forjado que aportaban un carácter sobrio. Las puertas principales eran amplias y sólidas, de madera oscura finamente trabajada, cada una enmarcada por arcos de piedra clara que acentuaban su altura, mientras las manijas y herrajes de hierro forjado reforzaban su carácter antiguo. Una imponencia coronada por un camino empedrado que avanzaba con suavidad desde el jardín, en el que, a ambos lados, la vegetación estaba cuidadosamente dispuesta: arbustos recortados, plantas ornamentales y pequeños macizos verdes que suavizaban la fachada, creando una transición entre el exterior y el interior de la mansión. - Señora!- una voz ajena sonó, sacando a la joven de su admiración. La persona a su lado, un hombre de mediana edad y chófer de la mansión, ya había bajado su equipaje, ofreciéndoselo sin saber como comportarse con ella; por lo que Ellie lo tomó con manos aún tensas, agradeciendo que el empleado se limitara a cumplir con su labor. Declan, por su parte, ya se había adelantado, cruzando el umbral de la casa sin esperar a que ella lo alcanzara; obligándola, una vez más, a seguirlo. Ellie avanzó tras él, arrastrando su maleta y al entrar se detuvo casi de golpe; el interior era tan imponente como la fachada, no había ostentación gratuita sino una elegancia cautivadora. Techos altos, líneas limpias, iluminación cálida que caían sobre superficies pulidas de madera oscura y piedra clara; todo dispuesto con una precisión que encajaba perfectamente con el apellido Ellsworth. La joven giró lentamente sobre su propio eje, olvidándose por un instante en donde estaba y por qué; solo pudo recorrer con su mirada el vestíbulo, la amplia escalera que se abría hacia el nivel superior, los detalles y la belleza; pero también la frialdad que desprendia el lugar. Mientras Declan la observaba con una impaciencia mal disimulada, como si el asombro le resultara irrelevante, incluso molesto. Y estaba a punto de hacérselo saber, cuando el sonido de su teléfono quebró sus intenciones, el hombre rápidamente sacó el celular del bolsillo de su chaqueta y en cuanto sus ojos se clavaron en la pantalla, su expresión se endureció. - Enseguida vendrá alguien a llevarte a tu habitación- y sin siquiera mirar a Ellie, habló con un tono distante, casi mecánico- tengo asuntos importantes que atender- evidentemente no esperó ninguna respuesta, con el teléfono en mano y sin mirar a su alrededor, se dirigió hacia uno de los pasillos laterales, desapareciendo tras una imponente puerta, que la joven supuso era de su despachó. Ellie se quedó ahí, de pie, con su maleta a un lado, mirando a su alrededor, completamente sola, iniciando una vida que no había elegido y que no le pertenecía, en una casa que parecía recordárselo desde que cruzó el elegante umbral y que tras el silencio se volvió más evidente.
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