La puerta del despacho de Declan se abrió de un momento a otro, sin hacer el menor ruido, la señora Phyllis entró con tranquilidad sosteniendo una charola cubierta por una campana de plata; el aroma de la cena se filtró inmediatamente en el ambiente cerrado de la oficina, pero de él no obtuvo ninguna reacción, el hombre tenía los antebrazos apoyados sobre el escritorio y los ojos fijos en la pantalla de la computadora con esa habitual concentración que no admitía interferencias.
La mujer caminó lentamente hasta quedar frente al escritorio y carraspeó apenas, lo justo para hacerse notar, aunque ni siquiera eso logró arrancarlo de su concentración.
- Es hora de cenar- anunció la señora Phyllis con mucha calma.
- Déjala por ahí- respondió él sin apartar la mirada de la computadora- estoy ocupado..... cenaré en cuanto pueda.
Sin embargo, el ama de llaves no se movió, simplemente ajustó la charola entre sus manos y se aclaró la garganta nuevamente.
- Es hora de cenar- repitió con el mismo tono paciente de siempre.
- He dicho que la dejes por ahí- Declan exhaló con molestia. haciendo un ademán de indiferencia, ante lo que la señora Phyllis respondió con una leve inclinacion de cabeza, como si no hubiera entendido con claridad la orden y dio un pequeño paso más al frente.
- Va a cenar el señor?- le habló con un respeto que prácticamente nunca usaba, salvo cuando quería fastidiarlo un poco.
Declan alzó finalmente la vista, incrédulo y con el ceño fruncido, la irritación fue evidente en cada rasgo de su rostro, pero pronto fue reemplazada por la confusión al notar como la empleada sonreía, un gesto peligrosamente condescendiente y hasta burlesco, algo que adelantaba ya un conversación que lo dejaría frustrado y alterado.
- Qué?!- cuestionó con molestia al sentirse ya burlado.
- Nada- respondió la mujer con inocencia- solo me preguntaba, cómo deseas que tratemos a tu esposa?!- replicó manteniendo esa actitud de calma absoluta como si el tema no le importara en lo más mínimo.
- Eso es todo?!, eso es lo que no te deja dormir o cumplir con tu trabajo?!- Declan soltó un bufido de frustración pues si algo detestaba es que lo interrumpieran de su trabajo por absurdas tonterías- me da igual.... tratala como se te dé la gana!!- exclamó volviendo su atención a la computadora.
- De acuerdo.... entonces- continuó alargando la frase innecesariamente- la llevo a tu habitación?!- indagó consciente de lo que provocaría.
Y no se equivocó, Declan levantó la cabeza de golpe, su atención se clavó en ella con el ceño profundamente contraído, la mandíbula tensa y los labios apretados en una línea dura. En su mirada no había sorpresa, sino una irritación contenida, una clara advertencia de que aquella insinuación no tenía ninguna gracia
- No.... por supuesto que no!!- advirtió con rapidez y una severidad imposible de ignorar- ni siquiera lo insinúes!!
- Muy bien- sin embargo, la señora Phyllis ni siquiera se inmutó, lo conocía lo suficiente para anticiparse a su reacción- y entonces.... dónde va a dormir?, porque francamente el sillón de la sala no parece una alternativa viable para ella.
- Qué?! - Declan cuestionó sin saber de que hablaba su ama de llaves- por qué la dejarías dormir en la sala?!, eso es absurdo!! - exclamó haciendo una mueca con la boca y encogiéndose de hombros.
- Lo es?!- respondió con ligereza- qué alivio que lo pienses de esa manera..... porque ahí es exactamente donde la dejaste desde que llegaron a medio dia!- el hombre volvió a centrar su atención en la señora Phyllis pero ahora se notaba una severa confusión y sorpresa.
- Se quedó en la sala desde que llegamos?!- indagó como si la afirmación de la empleada no tuviera el menor sentido.
- Efectivamente- y con un gesto ridículo para alguien que había olvidado la división entre jefe-empleada hace muchos años, se inclinó ligeramente, aumentando la burla sobre él- mientras tú te encerrabas aquí, en tu despacho, ella se quedó sentada en el sillón, esperando.
Declan la miró con el ceño aún más fruncido, en realidad todavía no alcanzaba a comprender del todo lo que la señora Phyllis le estaba diciendo, pues para él no tenía el menor sentido o mejor dicho, no había puesto la suficiente atención para comprenderlo.
- Y por qué nadie fue por ella?, acaso olvidaste tus funciones en esta casa?- debatió intentando culpar a alguien más de lo sucedido.
- Simple, porque nadie tuvo la cortesía de avisarnos- indicó con sarcasmo y un dejo de acusación que no paso desapercibido para el hombre- y entre mis funciones no esta el atender a una esposa que llega sin los debidos reconocimientos!- la señora Phyllis lo miró con una mezcla de reproche y esa familiar indulgencia que solo a ella se le permitía- un aviso hubiera sido muy considerado de tu parte!
- No exageres, perfectamente sabías que ella llegaría!
- Oh, no exagero, solo relato los hechos y sí....claro que lo sabía pero no estaba de más anunciar tu llegada con anticipación, presentarla como corresponde y ordenar que la atendiéramos!
- Y en serio..... la dejaste ahí solo para castigarme?!- exclamó con ironia, cómo si en realidad no creyera que mujer fuera capaz de algo semejante.
La señora Phyllis soltó una leve carcajada mientras negaba con la cabeza, mirándolo con cierta condescendencia por la necedad de Declan de aceptar lo evidente y peor aún por no ser capaz de asumir su responsabilidad, algo que nunca le fue difícil.
- Crees que sería capaz de algo semejante solo para darte una lección?!- sin embargo, el hombre solo se recargó contra el respaldo de su silla, aguardando que el ama de llaves tuviera la cortesía de continuar con sus acusaciones y finalmente darle la necesaria explicación- pero sí, ahí ha estado, y no por mi culpa.....se quedó sentadita en la sala, con su maleta a un lado como si fuera un invitado que llegó antes de lo esperado, no se movió en todo el día, bastante educada la niña, por cierto, otras ya habrían recorrido la casa y comenzado a dar ordenes...pero ella no, simplemente encantadora..... y al pasar de las horas, se quedó dormida en el sillón, lo que es comprensible- una afirmación tan llena de ternura que solo aumento el fastidio de Declan.
- Y por qué nadie vino a preguntarme antes?
- Porque era tu obligación avisar.....digo, no todos los días te casas y llegas con una nueva esposa, de quien te olvidas en cuanto el trabajo te reclama.....y si me permites darte un consejo.....eso no es la mejor manera de iniciar un matrimonio, no es sano, podrías terminar divorciado!!- y desde luego que la ironía fue tan sutil como hiriente para él.
- Da igual- exclamó cerrando los ojos por un instante- solo encárgate de ella- y el leve ademán bastó para hacerle saber a la señora Phyllis que podía retirarse.
Sin embargo, la mujer solo bajo la charola sobre el escritorio, deslizándola hacia Declan con una molesta lentitud, manteniendo esa sonrisa en apariencia complaciente pero que no ocultaba su socarrona intención de continuar atizando el fuego.
- Y....a dónde la llevo?- cuestionó irguiéndose con la prontitud y elegancia que su puesto requería.
- Llévala a.....a....en.....- el hombre balbuceo torpemente, sin dar una respuesta concreta pues había olvidado considerar ese pequeño detalle en su plan perfectamente estructurado- no sé....a.....llévala a....a....a una de las recamaras de servicio!- y la contestación salió atropellada pero convincente incluso para él; pero Phyllis no se contuvo, soltando una carcajada breve, suave y cargada de burla.
- Claro..... nada dice "Bienvenida a tu nueva casa", como enviarla al ala del personal- Declan bufó, frotándose el puente de la nariz, visiblemente irritado.
- Entonces dime, tú qué sugieres?- replicó con cansancio más que con enojo.
El ama de llaves fingió pensarlo por un par de minutos mientras se frotaba la barbilla y su mirada se perdía en el cuadro a espaldas de su jefe, algo que él ya intuía era parte del castigo al que la señora Phyllis lo estaba sometiendo por su imprudente olvido.
- Lo más sensato- indicó con demasiada calma- sería instalarla en el primer piso....donde corresponde, a menos que tu intención es que todo mundo empiece a sospechar de la verdadera naturaleza de tu matrimonio- Declan soltó un suspiro largo, consciente de que accedería pues cualquier cosa era mejor que seguir escuchando los "amables" reproches de la mujer.
- Esta bien...si no hay de otra llévala a alguna de las habitaciones del primer piso, eso sí- la señalo directamente con el dedo- lo suficientemente alejada de la mía, entendido?!
- Como ordenes- Phyllis asintió satisfecha con una sonrisa genuina- ahora sí....te dejare cenar tranquilo!- él apenas la miró antes de regresar su atención a la computadora mientras la mujer caminaba hacia la salida, pero en cuanto colocó una mano en la manija se detuvo, girando lo suficiente para verlo por encima del hombro- ahh... una cosa más- añadió sin perder el tono socarrón- cómo debemos tratarla?
- Como quieran- el hombre cerró los ojos un segundo y en cuanto habló su tono dejó en claro su inminente estallido- solo....ya no me molesten con tonterías!
Phyllis asintió con toda serenidad y salió sin añadir nada más, cerrando la puerta tras de sí con una contrastante suavidad, mientras Declan se quedó frotándose el rostro con ambas manos, negando levemente con la cabeza y soltando necesarios suspiros intentando calmar su molestia para poder continuar con el trabajo que había pospuesto gracias a la boda.
Afuera el ama de llaves camino despacio hasta la sala donde Ellie dormía profundamente, hecha un pequeño ovillo con las manos bajo la mejilla izquierda. Su rostro lucía un poco más sereno aunque no menguaba el evidente cansancio que aun se reflejaba en sus facciones con su escaso equipaje a un lado como testigo de la negligencia de la que fue objeto; la señora Phyllis sonrió con ternura, negando con la cabeza ante el descuido tan insensible de su jefe, pero algo en aquella imagen le apretó el pecho y por supuesto no podía permitir que la joven pasara ahí un segundo más.
Y con extrema delicadeza se paró a lado del sillón, inclinándose lo suficiente sobre ella para que su presencia resultara amable en cuanto abriera los ojos y colocó su mano sobre el hombro dándole la calidez que debió recibir desde el inicio.
- Señora Ellsworth- la llamó con una voz baja y contenida para no sobresaltarla, sin embargo, Ellie no reaccionó en lo más mínimo- señora Ellsworth- repitió moviendo ligeramente su mano sobre el hombro de la joven.
Un leve balbuceo escapó de los labios de Ellie, un murmullo incompleto e ininteligible que hizo sonreír a la señora Phyllis, quien espero un par de segundos antes de volver a intentarlo, moviéndola un poco más fuerte sin llegar ser brusca.
- Señora Ellsworth- dijo una vez más, aumentando ligeramente el tono de voz.
Ellie se removió, con un pequeño puchero en su rostro mientras sus ojos comenzaron a abrirse lentamente, ajustándose a la luz de la estancia. La joven se acomodó quedando de espaldas sobre el sillón, tratando de enfocar aquello que la rodeaba, parpadeando un par de veces, y poco a poco fue tomando consciencia del lugar. Su mirada recorrió el entorno, los muebles que le resultaban extraños, la iluminación tan sutil y nítida que no reconocía, el amable rostro que le sonreía a su lado; y finalmente se despabilo de manera bastante brusca, incorporándose en el sillón casi de un salto.
- Tranquila, tranquila...... tómese su tiempo- el ama de llaves la invito con ternura, sobándole la espalda para calmarla.
Y Ellie asintió levemente aún balbuceando entrecortadas disculpas que apenas y se escuchaban por lo ronco de su voz, y sin mucho ánimo se tomó su tiempo alisando su blusa, peinando su cabello y despabilándose lo suficiente para salir del estado de sueño en el que cayó por más de seis horas.
- Lamentó que se haya quedado aquí- dijo el ama de llaves con una inclinación leve y con el mismo tono cálido- olvidaron avisarnos a tiempo, y me disculpo por ello....afortunadamente este lugar es bastante cómodo.... y lo digo por experiencia- afirmó con cierta picardía, guiñándole el ojo, como si confesara una travesura- sin embargo es momento de que se instale como debe ser, la llevare a su habitación.
La joven asintió con una sonrisa nerviosa, para ser honesta no estaba muy acostumbrada a ser atendida; regularmente era ella quien tenía esas deferencias, pero la sonrisa en el rostro de la señora Phyllis le dió algo de calma, aunque no la suficiente para sentirse cómoda, por lo que prefirió simplemente obedecer, así que se levantó y tomó su equipaje a la espera de la indicación de la mujer.
- Vamos- señaló tomándola del brazo, y de inmediato la condujo escaleras arriba.
Y ella la siguió sin protestar, y mientras avanzaban, Ellie no pudo admirar la pulcritud del lugar. Todo estaba perfectamente colocado y de manera tal que contribuía a generar una atmosfera de elegancia, buen gusto y refinamiento que pocas veces había visto; desgraciadamente también se percató de la frialdad que rodeaba el ambiente tan silencioso y carente de vida, y la señora Phyllis fue muy consciente de lo que la joven estaba pensando, aunque no dijo nada, solo la miró de reojo con una sonrisa apenas disimulada.
- Usted dormirá aquí- indicó la mujer deteniéndose frente una gran puerta doble de madera color caramelo.
Y sin aguardar ninguna reacción, el ama de llaves abrió con un innecesario dramatismo las dos puertas que conformaban la entrada, revelando un lugar tan impresionante como enorme, que provocó que Ellie se detuviera en el umbral.
La habitación se abrió ante ella con una amplitud que la descolocó de inmediato, era grande, demasiado, y esa primera impresión prácticamente la dejó sin palabras. La cama king size ocupaba el centro del espacio, totalmente dominante, con una cabecera capitonada en tono beige, enmarcada por un borde más oscuro que le daba un aire sobrio y contenido, a su lado dos buros de fina madera parecían colocados con una precisión casi ceremonial, además de una piecera tipo banca, que combinaba a la perfección con la cabecera.
Dos enormes ventanales con cortinas de lino, coronadas por una persiana blackout, filtraban una luz inesperada para la hora, pero suficiente para revelar cada detalle. Y justo en medio de ambos, un mueble bajo para televisión en madera se fundía con el conjunto, más funcional que protagonista, sosteniendo la pantalla como si fuera un elemento pensado para no destacar.
Todo perfectamente enmarcado por la elegante alfombra de lana merina que amortiguaba el contacto con el suelo, envolviendo el espacio en una suavidad que contrastaba con la frialdad de las luces empotradas del techo, responsables de esa claridad que no terminaba de sentirse íntima.
Ellie avanzó unos pasos más, todavía aferrada a su maleta, consciente de lo fuera de lugar que parecía entre tanto espacio, y el peso ligero del equipaje la hizo sentirse un poco ridícula; todo lo que había traído consigo cabía ahí, compacto, mientras la habitación se desplegaba amplia, impecable, pensada para estancias largas y más estables de lo que ella pretendía.
- Adelante- Phyllis volvió a hablar, esta vez con un tono más pausado, casi envolvente, como si quisiera bajar el ritmo de todo lo que había ocurrido hasta ese momento.
Ellie volvió a sonreír acercándose a la mujer, quien camino directamente al baño, abriendo la puerta sin prisa, haciéndose a un lado para que su acompañante pudiera asomarse, aunque ella seguía mostrándose renuente.
- El baño está justo aquí- explicó encendiendo la luz- hay agua caliente todo el día… y toallas limpias en el armario inferior, por si las requiere..... además encontrará todo lo necesario en el mueble de abajo, si le falta algo, me avisa y se lo traen de inmediato- la joven asintió despacio, dejando que aquella normalidad la alcanzara un poco.
La señora Phyllis cerró la puerta nuevamente y avanzó por un pasillo, bastante iluminado hacia el vestidor, abriendo las puertas con cuidado, solo para descubrir un lugar tan amplio como pulcro pero vacío.
- Este es el vestidor- continuó- puede usar el espacio que quiera, no hay nada asignado.... los cajones están vacíos y tiene compartimentos cerrados para los zapatos al fondo de cada lado- añadió, mirándola de reojo- a veces ayuda sentir que algo, aunque sea un poco, es propio- Ellie bajó la vista hacia su maleta, consciente de lo poco que ocuparía pero no dijo nada, en tanto Phyllis regresó a la habitación tomando el control remoto que le entregó a la joven quien lo tomó más por reacción que por conciencia- el televisor, tiene señal satelital y también acceso a streaming..... dijeron que todo está ya configurado, solo encienda y elija, si no logra dormir, puede dejarla de fondo... suele acompañar mejor que el silencio- por último, se acercó al buró, apoyando la mano junto al teléfono- este teléfono es de servicio.....puede marcar a cualquier hora, si necesita agua, algo de comer, una manta extra.... o simplemente llamar, no se quede con la duda, siempre hay alguien atento, y estaremos felices de atenderla.
- Gracias....- Ellie murmuró, con un hilo de voz y un intento de sonrisa bastante débil.
El ama de llaves la observó un instante más, como asegurándose de que se sintiera al menos un poco cobijada, sobre todo cuando parecía tan fuera de lugar.
- Y dígame- preguntó con más amabilidad- prefiere bajar a cenar o que le sirvamos aquí?- la joven dudó un segundo pero la sola idea de volver a convivir con Declan bastó para convencerla de que era preferible estar encerrada que compartir con él.
- Aquí..... si no es molestia.
- Por supuesto que no- respondió la señora Phyllis sin pensarlo- será como usted ordene, señora Ellsworth.
Ellie levantó la mirada con los ojos muy abiertos y visiblemente incómoda por la simple mención, que le recordaba algo que, tontamente, intentaba olvidar.
- No me llamé señora Ellsworth.....- Ellie levantó la mirada con los ojos muy abiertos y visiblemente incómoda por la simple mención, que le recordaba algo que, tontamente, intentaba olvidar- no lo soy..... solo soy Ellie- exclamó con ansiedad, aunque se arrepintió al instante, sin embargo, la señora Phyllis no le increpo, al contrario, con una suavidad inesperada, la tomó el brazo con un gesto breve, casi protector.
- No se preocupe- dijo con dulzura- en esta casa sabemos bien cómo son las cosas y si quiere que la llamemos Ellie, así será, descuide....usted solo descanse… de verdad, aquí no tendrá que cargar con todo sola....yo me encargaré del resto.
La mujer le regaló una sonrisa breve, sincera, y caminó hacia la puerta, pero antes de salir, le sonrió una última vez con la intención de dejar tras de si una sensación de calma y recibimiento tan necesaria para Ellie.
Las horas siguieron avanzando irremediablemente en la silenciosa mansión que no parecía ser habitada por una pareja recién casada. Declan continuó con su rutina, encerrado en el despacho absorto por el trabajo hasta que el cansancio y la pesadez en los ojos le reclamó un poco de sueño.
El hombre salió de su oficina pasadas las diez de la noche, llevaba la camisa floja, desabrochada en los primeros tres botones y la chaqueta de gamuza en el brazo, decidido a terminar el día. Pero como era costumbre, se encontró con la señora Phyllis, quien se acercaba con paso tranquilo, demasiado tranquila para ser inocente y con una sonrisa bonachona en el rostro.
- No- sentenció él antes de que la empleada abriera la boca- no necesito nada, estoy bien y ya me voy a dormir.
Sin aguardar respuesta continuó su camino rumbo a las escaleras, subiendo los primeros escalones cerrando cualquier rastro de conversación sin haberla tenido. La señora Phyllis se quedó de pie, observándolo con paciencia, hasta que el hombre llegó al quinto escalón, fue entonces que su voz lo alcanzó, con un tono casi amable.
- Qué pena.... pensé que querrías saber cómo está su esposa.
Declan se detuvo en seco, el aire pareció tensarse un segundo antes de que se girara hacia ella, su expresión era dura, una mueca que dejaba claro su nulo interés y aun así, abrió los brazos concediéndole la palabra con evidente desgano.
- Adelante.... ya que parece tan importante.
La mujer se giró por completo hacia él, con esa mirada vivaz y una calma que le resultaba desesperante cuando lo único que él quería era descansar, y con esa misma tranquilidad camino hacia la escalera, sin subir, ocupando el espacio suficiente para incomodarlo sin ser confrontativa.
- Si de verdad no te interesa....- el ama de llaves abrió los brazos, cerrando brevemente los ojos y negando con indiferencia.
- Quiero descansar- la interrumpió con cansancio- así que fingiré que sí.... adelante iluminame- el ama de llaves soltó un innecesariamente largo suspiro, sonriendo con diversión, alargando el momento lo más posible, solo para que Declan entendiera lo molesto que resultaba el que se le negara un descanso apropiado.
- La señora Ellsworth ya está instalada en una de las habitaciones, cómo corresponde- comentó con parsimonia y sarcasmo- decidió cenar en su recámara, luego se dio un baño y se quedó dormida, no ha guardado sus cosas.....pero no podemos culparla, digo....no la hicimos sentir precisamente del todo bienvenida- la indirecta no fue del todo sutil, sin embargo, él no le peleó consciente de que la actitud de su empleada, simplemente exhaló con fastidio, como si ya hubiera escuchado suficiente.
- Eso es todo?
- Sí, eso es todo- respondió la mujer- ya puedes irte a dormir tranquilo, claro..... si puedes.... porque tener una mujer bajo el mismo techo que evidentemente no te es indiferente suele alterar el descanso.... lo he visto antes.
- Gracias por el informe tan puntual- él frunció el ceño, reconociendo la pulla como lo que era: una pequeña venganza por haber dejado a Ellie sola durante horas- y no te preocupes, dormiré en perfecta calma sentenció con arrogancia.
Y sin más reanudó su camino escaleras arriba, sin volver la vista, sus pasos resonaron en la escalera mientras desaparecía en el piso superior; en tanto la empleada lo siguió con la mirada y una sonrisa burlona que no se molestó en disimular.
- Ya veremos cuánto te dura esa calma- murmuró- porque no tienes idea en lo que te has metido.
A la mañana siguiente, Declan bajó a desayunar a la hora habitual. La señora Phyllis ya lo esperaba, por supuesto, con el servicio completo y los alimentos calientes, mientras ella permanecía de pie, al lado de la mesa, con las manos entre cruzadas a la altura de la cadera y con esa socarrona una sonrisa tan característica y habitual en los últimos días.
Intercambiaron un saludo breve, correcto, y él tomó asiento sin más, consciente del gesto que se dibujaba en el rostro de su empleada, sin embargo, decidió ignorarla. Simplemente se sentó a la mesa, dejando que la mujer cumpliera con sus obligaciones sin prestarle más atención; pero al tercer sorbo de café, la actitud pasiva de la mujer acabó con su frágil paciencia.
- Puedes hablar- exigió sin mirarla- y así nos evitamos este patético circo!
- Hablar sobre qué, señor?!- la señora Phyllis sonrió, dirigiéndose a él con un respeto que nunca fue parte de su trato.
- Agh!!!- bufó Declan frustrado y fastidiado, dejando la taza en el plato sin ningún cuidado- lo que tan ansiosamente quieres echarme en cara, así que..... qué hizo ella esta mañana?
- Ella?- repitió el ama de llaves con inocencia.
- No juegues conmigo.
- Jamás lo haría- declaró aunque el brillo en sus ojos decía otra cosa.
- Y..... qué hizo?, se bañó?, salió a pasear por el jardín?, o decidió limpiar su boca con una servilleta de papel para mantener la farsa?- Declan respiró hondo, dándole su total atención, con los ojos entrecerrados y una mueca en los labios que afirmaba las intenciones de la mujer aunque ella no quisiera admitirlas.
- Qué curioso- y la sonrisa del ama de llaves se ensanchó aún con suma satisfacción- de todo lo que pudo imaginar, lo primero fue que se bañara!!
- Me da igual- reviró él, con un tono de voz demasiado seco- aunque al parecer a ti no, y para que quede claro: ella esta en total libertad de hacer lo que desee..... si ya comió o si decidió levantarse al mediodía, si prefiere levantarse al mediodía, sabrá cómo sostener la farsa de ser una Ellsworth, supongo que es fácil, después de todo tal vez todavía cree que va a vivir a mis costillas.
La señora Phyllis lo miró un segundo más, pero no pudo contenerse y soltó una carcajada tan genuina como estridente que estalló sin reservas por todo el comedor, fue algo tan honesto que, incluso, se dobló ligeramente hacia delante, llevándose una mano al abdomen, riendo sin reparo. Y Declan solo la observó totalmente desconcertado, siguiéndola con el ceño fruncido mientras la mujer se secaba una lágrima producto de la risa.
- Me temo que no tienes la menor idea de con quién se ha casado- habló cuando por fin logró serenarse, aún con una sonrisa persistente- pero descuida.... ya lo iras descubriendo.
- Vas a decir algo útil o no?- exigió él sin el menor interés por ocultar su molestia.
- Vaya!!, si ya decía yo que si te importaba!!
- Solo me importa lo que pueda afectarme- replicó con el mismo tono seco y fastidiado.
- Entonces esto te va a importar.... y mucho- respondió ella sin perder la picardía- pues verás.....- el ama de llaves es una pausa tan larga que solo le permitía saborear el contraído semblante de su jefe- agh.....tu esposa, bajó a desayunar a las cinco de la mañana, se preparó su propio desayuno....algo simple y nada complicado, un par de huevos y un poco de café, luego alistó un sándwich y una botella de agua, muy mona por cierto, de un personaje de caricatura, un esqueleto con smoking n***o a rayas....- la señora Phyllis se regodeo en explicar los innecesarios detalles solo por la molestia que provocaba en Declan- y estaba acompañado de una muñequita como de trapo, cocida en varias partes de su cuerpo......
- Phyllis....- dijo casi en un grito exasperado, pero el pobre hombre no resistió más, su paciencia se resquebrajo, no por lo que escuchaba, sino por todo lo que no estaba diciendo, su mandíbula se le endureció y el malestar se volvió increíblemente incómodo, al grado que lo llevó a exigir una explicación más concreta- qué diablos hizo?!
- A eso voy, a eso voy....- sin embargo esa actitud que hubiera espantado a cualquiera, en ella no hizo mella, el ama de llaves permaneció tranquila, aunque le concedería ya lo que tanto anhelaba escuchar- bueno después de todo eso..... a las cinco y media en punto salió de la casa, según dijo que su turno empezaba a las siete.....y que ahora el trayecto le tomaría más tiempo.
- Qué?!- y ahora sí grito completamente fuera de sí, poniéndose de pie de golpe.
- Lo que escuchaste- explicó imperturbable- la flamante señora Ellsworth aseguró que su turno como camarista en el hotel de SU esposo empieza a las siete.
- Me estás jodiendo?!- preguntó esperando que se tratara de una mala broma de su ama de llaves como castigo por lo que había hecho el día anterior.
- No- la señora Phyllis se encogió de hombros con inocencia- eso fue lo que ella dijo, al parecer no es muy consciente de su papel.....o no se lo explicaron del todo.
Declan enmudeció mirando el tranquilo y sonriente semblante de su acompañante, aunque el suyo estaba totalmente descompuesto, su mente todavía no procesaba lo que había escuchado pero la furia en su cuerpo no esperó a la razón.
De un momento a otro la silla cayó al piso y el hombre salió a toda prisa furioso y sin mirar atrás, mientras la señora Phyllis lo siguió con la vista hasta que el azote de la puerta principal la hizo pegar un respingo, y, con una sonrisa lenta y satisfecha, murmuró:
- Esto va a ser interesante.