9. Whiskey Sour.

4630 Words
Esa mañana Ellie se sentía peculiarmente cansada, el día anterior fue un constante devenir para ella, aún seguía convencida de que Declan la había abusado. Sin embargo, sus recuerdos le decían algo totalmente diferente y esa se volvió su mayor preocupación. La joven se miraba fijamente en el espejo deseando que todo lo ocurrido esa noche hubiera sido una pesadilla, que al levantarse, la vida siguiera siendo tan simple y tan difícil como siempre. Pero al girar la cabeza y ver la bolsa negra de basura en la esquina, el nudo en su estómago volvió a apretarse, sintió como el temblor en sus manos regresaba, como sus ojos no dejaban de arder, como todo su cuerpo se negaba a moverse y no quería respirar, no quería volver al hotel, al lugar donde despertó desnuda al lado de un extraño que la había obligado a dormir con él. Ellie se cubrió la boca con ambas manos, respirando apenas, intentando que el llanto no regresara, para poder cruzar la puerta de su casa y sonreír al mundo como si nada hubiera pasado; pero la realidad no iba a cambiar por un simple deseo y más cuando de ello dependía la única persona con la que contaba en este mundo, sin ninguna convicción se echo un poco de agua fría en la cara, tratando de despertar, de recomponerse, de que las ojeras desaparecieran y que sus ojos no lucieran tan hinchados, simplemente parecer funcional para enfrentar la jornada laboral que tenía por delante. Tomó su ropa deportiva, la que solía vestir cuando su turno en el hotel empezaba casi de madrugada, se la colocó consciente de que no tenía opción, no podía faltar sin ninguna excusa. Sabía que en ningún otro lado encontraría un seguro médico que cubriera las costosas medicinas que mes con mes Alice requería, era la ventaja de trabajar para los Ellsworth, una ventaja que la obligaba a fingir que nada paso. - Por ella... por ella...por ella!- repitió en voz baja, como si fuera un mantra para mantenerse de pie y sonreír mientras se vestia lentamente. Pero cada movimiento se sentía como cargar una piedra, a ratos tenía que detenerse porque el corazón le latía demasiado rápido y en otros demasiado lento, hasta que finalmente pudo cerrar la sudadera que portaba. De inmediato y con manos torpes tomó la bolsa de basura donde había metido todo lo que usó en la gala del hotel, aún podía sentir el olor tenue del perfume mezclado con sudor y lágrimas; sin embargo, a pesar de las náuseas que la simple imagen le provocaba, necesitaba estar segura que todo estuviera ahí, el vestido, el labial, el maquillaje, los zapatos y hasta su preciado perfume. Solo faltaba una cosa más, la caja vacía del Levonorgestrel, la pastilla del día siguiente, que aún permanecía en la orilla del lavabo, Ellie la miró un largo rato, como si fuera una prueba de un crimen que no había cometido. Una parte de ella quiso tirarla ahí mismo, arrancarla de su vida, pero otra sabía que su madre la encontraría, preguntaría, insistiría, investigaría y ella no tendría fuerzas para enfrentarse a esas preguntas y por supuesto no podía decirle la verdad. Y sin otra alternativa, tomó la caja apretandola en la mano hasta que le dolieron los dedos, antes de arrojarla dentro de la bolsa, cerrándola con un nudo firme. Esa basura iba a desaparecer en el hotel, allá lejos, donde nadie la relacionara con ella. Sin mucho ánimo se miró una última vez en el espejo, solo para comprobar que pareciera lo suficientemente normal, y aunque el reflejo le devolvió a una mujer cansada, sin ánimo, con el rostro pálido y los ojos hundidos, todo se podía justificar con un desvelo. Desgraciadamente eso no le dio el valor para salir de su habitación, Ellie se quedó junto a la puerta un momento más, sosteniendo la mochila con la bolsa de basura contra su pecho, paralizada aún lidiando con esa parte que le rogaba quedarse; mientras que su consciencia, la que sabía de facturas, medicinas y turnos dobles, la empujó hacia adelante. - No lo vas a volver a ver- se dijo como consuelo- en un año y medio que llevas en el hotel solo apareció una vez, no lo vas a ver..... no va a pasar nada. Pero ni siquiera ese pensamiento le trajo consuelo, solo un frágil alivio, y de nuevo respiró hondo, tragó el miedo, se limpió por última vez los ojos y salió, acompañada de esa sensación de estarse lanzando directa y voluntariamente hacia el vacío, pero que ya la había marcado para siempre. El trayecto hacia el hotel fue aún más difícil incluso dejó pasar un par de camiones con la ridícula consigna de que, tal vez, si llegaba tarde serían ellos quienes la despidieran; eso al menos aseguraba un par de meses de seguro médico y de tratamiento para su madre, lo suficiente para conseguir otro trabajo. Para su mala fortuna, la realidad volvia a hacer eco y, muy a su pesar, abordó el tercer transporte con la mochila apretada contra su pecho, era su única ancla y lo que le recordaba por qué estaba intentando mantener su cotidianidad. El camino duró menos de lo que eventualmente hacia, o eso le pareció a Ellie que no dejó de temblar ni un solo segundo, hasta que se bajó del autobús, sintiendo como su corazón comenzaba a acelerarse aún más a cada paso. En un segundo y sin ser muy consciente de ello, ya estaba frente a la fila de empleados esperando para entrar por la puerta de servicio. Ese lugar siempre había sido ruidoso gracias a las conversaciones apresuradas, las quejas sobre los turnos, las risas discretas y el sonido metálico de las llaves del guardia; pero hoy todo eso se amortiguaba por el sonido de los acelerados latidos de su corazón. Ellie observó a su alrededor con evidente nerviosismo mientras apretaba aún más la mochila, no sabia si alguien podría verla y cuestionarle al respecto, aunque en realidad nadie le prestaba la suficiente atención, los empleados estaban más enfocados en sus conversaciones, en el café y donas o sus credenciales, que en ella. Y aún así agachó la cabeza, pasando discretamente a lado de la fila que empezaba a formarse junto a la pequeña puerta metálica, la pobre chica escondió el rostro en la parte superior de su mochila mientras aceleraba el paso hacía el callejón de los contenedores. Cada paso hacía su objetivo le costaba, como si caminara sobre vidrio, y con todas las miradas sobre ella, acusándola, aunque muy en el fondo sabía que nadie tenía por qué sospechar de nada, cuando era evidente que todos estaban más enfocados en la jornada laboral que tenían por delante. Pero cada vez que uno de ellos giraba la cabeza, aunque fuera casualmente, ella contenía la respiración y apretaba más la mochila, simplemente no podía evitar sentirse observada, aunque sabía que no era racional, pues no habia razones logicas para creerlo y a pesar de ello, el miedo seguía ahí, metido bajo la piel como una aguja. A tal punto que el corazón de Ellie se descontroló tanto que podía escucharlo con mucha claridad y la sensación de hormigueo en las manos ya se extendía hacia el resto de su cuerpo sin que pudiera contenerlo, era demasiado para una situación en la que era la víctima y en la que absurdamente debía esconderse y tratar de pasar desapercibida; y no pudo evitar que el asco y la aversión que sentía hacia Declan creciera. Ella tenía que tomar medidas a tal grado de mentirle a su mamá; mientras él, seguramente, estaba en su casa, aún dormido y sin preocuparse por lo que había hecho. Y ese pensamiento le provocó un pinchazo de náusea, pues inevitablemente recordaba la suite, la cama, el grito, el aroma y a él; Ellie se abrazo un poco más contra su mochila, respirando hondo para no perder el control frente a todos y cumplir con su misión. Discretamente observo su reloj y supo que faltaban escasos dos minutos para que aquella puerta se abriera, y los últimos metros hacia el callejón fueron los más pesados y absurdamente largos, a pesar de que lo recorrió a un paso mucho más acelerado que el resto del camino. Hasta que finalmente estuvo frente al contenedor, pero no arrojo la bolsa de inmediato, no sin antes permitir que sus ojos recorrieran la zona de manera casi obsesiva; primero a la fila de empleados, luego a los autos estacionados más cerca del callejón, otra vez, a la fila y de regreso. En el fondo no solo era porque alguien pudiera descubrirla, sino porque también pensaba que en medio de tantas personas, podría estar Declan. Algo completamente absurdo dado el día, la hora y en esa entrada que ni por error se dignaria a usar, pero en su mente el miedo de volver a tenerlo en frente, con esos ojos, azul grisáceo, observandola la carcomía. - Sólo tíralo.....nadie te mira.....nadie sabe- desgraciadamente su respiración no respondía a esa lógica. Y con un gesto rápido, casi brusco, abrió la tapa del contenedor y lanzó la bolsa dentro; el golpe contra el material interno hizo un sonido sordo que le dolió, y, por un instante permaneció quieta, mirando a su alrededor hasta comprobar que nadie le había prestado atención, y con el mismo movimiento rápido lo cerró. Ellie tragó saliva, y con una abrumadora calma, soltó un hondo y largo suspiro, como si el hecho de haber tirado aquella bolsa le ayudara a borrar los recuerdos de la peor noche de su vida; y aunque en el fondo no era así, al menos no tendría que revivir ese momento cada vez que viera alguno de esos objetos. Pero la calma le duró poco cuando el chirrido de la puerta metálica abriendose la sobresalto, haciendola volver a su estado de alerta; la joven miró a su alrededor con insistencia paranoica, solo para comprobar que la fila de empleados comenzaba a avanzar. Y sonrió para si misma con evidente nerviosismo y vergüenza, al comprobar como su respuesta a algo tan habitual fue tan exacerbada pero dada la situación que había vivido, no podía ser para menos, y con ese pensamiento intentó consolarse, y reprimir la amargura que empezaba a asentarse en su corazón. Sin embargo, regresar a su cotidianidad no fue tan fácil, Ellie se quedó varios segundos parada, dudando, aunque no sabía si por el miedo de entrar, de girar la cabeza y encontrarlo ahí, o simplemente revivir los dolorosos recuerdos cada que entrara a una habitación, y lo último era lo que más miedo le daba; que la sensación de asco, de angustia, ansiedad, desprecio y dolor la volviera negligente en su trabajo, un trabajo que necesitaba. Tan inmersa estaba en sus pensamientos que apenas y notó a la camarista que paso a su lado, sonriéndole con amabilidad, a quien torpemente Ellie le devolvió el gesto con una mueca mecánica y sin rastro de sinceridad, lo que basto para hacerle ver que el momento de arrepentirse había llegado, si decidía entrar o no, era ahora, y sin otra alternativa se obligó a moverse en dirección a la entrada. Desgraciadamente cada paso se volvió un pesado recordatorio de que trabajaba ahí, en ese hotel en donde él también tenía acceso a todo y aunque no lo viera en ese momento, sabía que estaba más cerca de volver a cruzarse con Declan que de escapar de lo que ocurrió. Y si bien las posibilidades de encontrarselo eran mínimas, nunca eran de cero; de hecho, en preciso instante mientras ella cruzaba el umbral de la puerta de empleados, un elegante Alfa Romeo Stelvio Quadrifoglio, n***o brillante, dobló hacia la entrada del estacionamiento de servicio con un rugido controlado, desentonando con el ambiente y al volante no iba otro, ➕ que Declan. El hombre lucía mucho más tranquilo que el día anterior, incluso hasta podía decirse que un atisbo de sonrisa se dibujaba en su rostro por la anticipación de la respuesta que tanto ansiaba para evitar un desastre mayúsculo. - Entraremos por aquí?!- cuestionó Greg, quien iba en el asiento del copiloto, mirando a Declan bastante confundido por el incomprensible camino que estaba tomando- es el estacionamiento de servicio!- señaló con obviedad. - Ya lo sé..... pero necesito hablar con seguridad sin que nadie note mi presencia!- señaló aun con la mirada fija en su objetivo. Greg contrajo el entrecejo, no era habitual que su amigo conviviera con los empleados y no porque creyera que eran inferiores, la razón era aún más compleja y se debía al excesivo agradecimiento y la innecesaria pleitesía que le proferían, algo a lo que no estaba acostumbrado y por supuesto que le incomodaba - Es tan necesario que vas a soportar a los aduladores?!- preguntó con incredulidad. - Más necesario que enfrentar un escándalo.... así que definitivamente, sí- exclamó y sin más explicaciones apagó el vehículo descendiendo de inmediato, acto que Greg imitó mecánicamente, a pesar de que seguía bastante contrariado por el imprevisible proceder de Declan. Afuera del Alfa Romeo el murmullo de los empleados que comenzaban a entrar al hotel llegó hasta ellos con pasos apresurados, conversaciones entrecortadas y el ligero sonido de las tarjetas fichando en la puerta trasera. Declan observó ese flujo de gente únicamente porque se cruzaba en su campo visual, no por interés; para él era solo parte del escenario, un movimiento habitual del hotel a esa hora, empleados entrando, apurados y somnolientos, encargados recibiendo pedidos del mercado y camiones recogiendo la basura, todo exactamente como debían ser. Y aunque no lo quisiera, lentamente comenzó a llamar la atención de alguno que otro empleado que le sonreía con nerviosismo y preocupación por la extraña presencia, en domingo y a primera hora. Sin embargo, él apenas y respondía, pues su mente estaba en otra parte, en las grabaciones y en la chica del vestido coral que tenía que aparecer en algún punto del recorrido. - Declan, todavía no entiendo por qué tanta prisa- murmuró Greg sonriendo a la amabilidad de los empleados igual de tenso que ellos- podemos entrar por la entrada principal, pedir hablar con el gerente en turno y hacerle la solicitud con calma.... - No- lo interrumpió dando un paso hacia la entrada- quiero ir directa y personalmente con el personal de seguridad, si alguien quiere saber por qué estoy aquí, que lo averigüe después, no voy a advertirle a nadie más de mi presencia- y a pesar de que su voz no era dura, sí mantenía ese filo de control absoluto y determinación pura. - Y no crees que entrar por aquí es justo lo opuesto a lo que esperas?!, no llamar la atención! Desgraciadamente para Greg, Declan ya había tomado la decisión y sin escuchar más consejos, siguió su camino directamente hacia la puerta de servicio, por lo que el hombre no tuvo más alternativa que seguirlo. Poco importaba lo que pudiera decirle y él lo sabia, pues su amigo estaba ahí con un solo objetivo: encontrar en esas grabaciones las respuestas que podrían salvarlo de un fatídico escándalo. Y fue justo esa determinación la que evitó que reconociera, entre el creciente movimiento de personal, a un rostro innecesariamente familiar. Ellie atravesó la puerta justo antes que Declan, apenas por delante de dos pequeños grupos de cocineros y meseros que llegaban a relevar al turno de noche en uno de los tres restaurantes del hotel. Lo que le dió suficiente tiempo a la joven para realizar su recorrido habitual como cada turno: checó su entrada, paso por seguridad para la revisión de su mochila y siguió hasta su camino hacia la estación de uniformes, donde cada mañana recogía su vestimenta perfectamente lavada y planchada; ahí la cola que se había formado era pequeña, como también era habitual. Cuatro compañeras esperaban recibir su uniforme, algunas medio dormidas, murmurando entre sí, bostezando, comentando lo pesado de la jornada previa a la fiesta de aniversario. Mientras más allá, el rumor de la llegada de Declan y Greg ya había corrido, y por supuesto llego a oídos de la asistente del ama de llaves, la encargada de cubrir el turno en domingo, el día de descanso de la señora Bernard. La mujer, ansiosa por quedar bien y claramente emocionada, salió casi trotando desde su pequeña y oscura oficina, localizada en uno de los pasillos laterales, alzando la voz más de lo necesario. - El señor Ellsworth acaba de llegar!- anunció con un entusiasmo que chocó contra las paredes- el señor Declan Ellsworth y el señor Greg Heiss acaban de cruzar por seguridad!!- indicó a todos los presentes, mientras se colocaba de frente a la puerta por dónde los dos hombres no tardarían en entrar, y lo hacía con una pose excesivamente antinatural. Desgraciadamente y a pesar de las exclamaciones de sorpresa y emoción por parte de alguna que otra ansiosa empleada, para Ellie escuchar aquel nombre la golpeó con fuerza, haciendo que su cuerpo se tensara al instante, parpadeando repetidamente; creyendo, o mejor dicho, esperando haber escuchado mal o que su cerebro le hubiese jugado una mala pasada. - Por favor, estén atentos y preparados!!- una petición que provocó que el ambiente se agitara aún más. Todos a su alrededor comenzaron a actuar con diligencia y más elegancia de la habitual, las poses cambiaron y los rostros cansados se escondieron detrás de sonrisas llenas de vida o rostros atentos y perceptivos; Ellie, en cambio, sintió cómo el aire se le escapó de los pulmones, mientras era invadida por un miedo tan absoluto que le cerró la garganta y le impidió moverse. - Aquí tienes, Ellie- el encargado la llamó ajeno al caos interno de la joven, extendiendo una percha con el uniforme perfectamente planchado- vamos niña, que ya te toca- sin embargo, ella no reaccionó, sus ojos estaban fijos en algún punto más allá del hombre que la llamaba con el ceño fruncido por su distracción- Ellie- repitió, un poco más fuerte. Pero la respuesta fue la misma, nada, la joven parecía congelada mientras el sonido firme de pasos comenzaba a resonar con más fuerza contra su corazón; hasta que el eco se detuvo en total silencio. - Señor Ellsworth, señor Heiss... Bienvenidos!!!- la asistente exclamó con esa voz que seguía resonando empalagosa y servicial. Y ese llamado fue suficiente para que Ellie sintiera un latigazo en la espalda, y aunque no se atrevía a levantar la mirada, supo que él había llegado, estaba demasiado cerca, provocándole de nuevo ese asco y repulsión que había intentado olvidar con desesperación. - ELLIE!!- gritó el encargado perdiendo la paciencia al ver que su trabajo se estaba atrasando, lo que no era muy halagador ante los ojos de los inesperados visitantes. El nombre retumbó en todo el lugar, llamando la atención de los presentes, todas las miradas se enfocaron en la joven, incluyendo a Declan y Greg. Ellie, con el uniforme aún suspendido frente a ella y el corazón golpeando con violencia, sintió que el mundo se le cerraba encima; para su mala suerte el silencio que la acompañó la hizo reaccionar demasiado tarde, la joven centró la mirada en el hombre frente a ella y con una sonrisa tensa le arrancó la prenda casi con desesperación. Torpemente, apenas y dió un pequeñísimo paso hacia atrás con el uniforme en mano, cuando el miedo, crudo y primitivo, la obligó a girar el rostro. Solo un poco, un movimiento mínimo, pero suficiente para que, desde el punto donde estaban Declan y Elliot, su perfil se revelara entre el grupo de empleados que se habían detenido a mirar. Fue un segundo, apenas un parpadeo para que la mirada de Ellie se cruzara con la de Declan y pudiera reconocerla; a él no le tomó más de un segundo distinguir aquel rostro que había ansiado encontrar, y en cuanto lo hizo, el hombre levantó una ceja, marcando más el gesto inquisitivo de su semblante. En cambio, ella sintió como si le hubieran drenado la sangre de su cuerpo, porque sí, sabia que Declan la había visto y la había reconocido. Ellie bajo la cabeza nuevamente con el nudo apretado en su garganta y sin decir más, salió prácticamente corriendo, abriendose paso entre los demás empleados, tropezando con un carrito de limpieza y murmurando una disculpa que nadie entendió, pues su respiración era bastante irregular y frenética, las rodillas se le doblaban, sentía la piel erizada, los dedos entumidos y el corazón desbocado en un ritmo que no lograba controlar, sin embargo, el miedo la impulsaba a seguir adelante y refugiarse en algún sitio en la que esa mirada que no habria querido encontrar, no pudiera perseguirla. La puerta del vestidor se abrió con un empujón violento que casi provoca que Ellie perdiera el equilibrio, mientras el golpe retumbó a sus espaldas obligandola a refugiarse entre los casilleros, jadeando, temblando, sin poder detenerse; dejando que el uniforme se resbalara de entre sus manos, cayendo al suelo, pero Ellie no tuvo fuerzas para agacharse a recogerlo. Allá fuera, en la estación, el mundo recuperó el movimiento, sin embargo, Declan se quedó inmóvil unos segundos más, mirando el punto exacto por donde Ellie había desaparecido, afortunadamente para ella no hizo el mayor intento por seguirla, solo observo con una orgullosa satisfacción. - Señor Ellsworth, disculpe el espectáculo, a veces las chicas están un poco dormidas a esta hora de la mañana....pero son muy puntuales en sus labores- explicó la asistente, acercándose aún más a ellos con ese servilismo exagerado que la caracterizaba- y dígame....a qué debemos el honor de su visita al área de servicio? La mujer inclinó ligeramente la cabeza con una sonrisa complaciente clavada en el rostro, pero Declan todavía parecía seguir otro rastro, por lo que Greg se vió en la necesidad de darle una pequeño golpe con el hombro para llamar su atención. El hombre parpadeo antes de bajar la mirada hacia la asistente, regresando a la realidad y, con una increíble velocidad, recuperó la compostura, sonriendo con su habitual porte frío pero amable. - Supongo que así es....- declaró hundiéndose brevemente de hombros para quitarle importancia- y yo vine porrrrr.....porque necesito...- aclaró la garganta pues, sin importar las razones que lo llevaron hasta allá, en el último minuto cambió de opinión- una toalla de manos.....derramé café en el auto, torpemente- añadió con un tono neutro, como si fuera lo más normal del mundo aparecer allí por eso, Greg lo miró de reojo, frunciendo el ceño, ellos no habían venido por esa razón y por supuesto que no tenía el menor sentido. - Señor Ellsworth, no se preocupe- dijo la asistente, ya inclinándose más de lo necesario- en este momento llamaré a uno de los chicos del autolavado para que se encarguen de su vehículo de inmediato. - No será necesario- respondió Declan interrumpiendola, aunque sin perder la cortesía- solo necesito una toalla. - Pero ellos pueden encargarse- insistió ella, ansiosa por complacerlo, pero el hombre respiró hondo, con la mirada fija y firme, sin dejar margen para discusión. - Con una toalla bastará. La mujer entendió la señal y casi salió disparada, corriendo hacia la zona donde preparaban los carritos de limpieza, y tomó la primera toalla que encontró, volviendo hacia sus visitantes con la misma prontitud y entregándosela con ambas manos, como si ofreciera una reliquia. - Gracias- Declan asintió sin emoción pero con una sonrisa mínima. Y sin añadir nada más, dió media vuelta y se enfiló de regreso al estacionamiento, mientras Greg lo siguió con pasos rápidos, aún con esa expresión de desconcierto pintada en la cara; dejando a Ellie en el vestidor, asustada y ansiosa a tal grado que tuvo que salir corriendo hacia el baño, metiéndose en el primer gabinete que encontró desocupado. La joven apenas y alcanzó a inclinarse antes de vomitar, aferrándose al borde de la taza, mientras el llanto incontrolable y silencioso recorría su rostro; hasta que ni su estómago ni sus ojos tuvieron más que ofrecer, pero Ellie se quedó ahí sola, asustada y temblando, con la frente apoyada en su antebrazo y el corazón palpitando sin saber cómo iba a enfrentar el resto del día. En cambio para Declan había sido una victoria personal no buscada, el hombre avanzaba con la toalla cuidadosamente doblada en sus manos, sin prisa, una señal inequívoca de un triunfo anticipado. - Me levantaste temprano un domingo, me trajiste al hotel, hiciste que entráramos por el estacionamiento de servicio....y todo por una toalla?!- preguntó Greg finalmente con un tono cargado de ironía y molestia, incapaz de entender que había sucedido exactamente o por qué su amigo había cambiado de objetivo con tanta facilidad- y las grabaciones? y la chica del vestido coral?.....eso ya no importa?! Declan soltó una carcajada contenida, pero no se detuvo a dar más explicaciones, solo mantuvo ese gesto de superioridad y una mirada casi depredadora que hablaba por si sola. - Efectivamente......las grabaciones ya no importan- aceptó con una satisfacción peligrosa- ni cómo entró, ni quién la ayudó, ni siquiera quién la invitó..... nada de eso importa ya. - No entiendo, cómo es que ya no importa?- Greg frunció más el ceño- y el escándalo?! Su amigo se detuvo por fin, girando apenas la cabeza para mirarlo por encima del hombro, y sus ojos tenían el brillo de un animal que acaba de localizar a su presa. - Porque ya la tengo. - Que ya la tienes?, pero quién es....?- el hombre parpadeó confundido, pero la sonrisa de Declan se amplió complacida, casi venenosa. - Incluso.....ya sé su nombre- y con oscura satisfacción continuó tras una tensa pausa- Ellie! Greg se quedó paralizado por un instante, intentando procesar, hasta que, como si su mente hubiera hecho click, giró hacia la puerta por la que seguían entrando los empleados del turno de la mañana. - La chica del uniforme.....es.... tu.....?- Declan asintió una sola vez, muy despacio, antes de reanudar la marcha hacia el Alpha Romeo que los esperaba resaltando con elegancia en medio de otros vehículos más comunes- y qué vas a hacer ahora?- preguntó con cautela. Sin embargo, antes de dar una respuesta, Declan abrió su puerta con absoluta indiferencia, como si lo que acababa de descubrir no fuera algo de vital importancia. - Confrontarla- respondió simplemente, acomodándose en el asiento. - Confrontarla?- Greg se quedó un instante de pie mirando la frialdad en Declan, hasta que reaccionó al ver en él las intenciones de marcharse, tomando su lugar en el asiento del copiloto- y por qué no hacerlo de una vez?, está aquí mismo, bien podrías.....- pero fue interrumpido con un leve chasquido de lengua. - No hay que adelantarse al plato fuerte- dijo, encendiendo el motor que rugió con elegancia- primero se disfruta la ensalada.....creo que ya la deje lo suficientemente alterada. - Y si renuncia?, podría irse y no tendrás otra oportunidad, o....peor, qué pasa si decide adelantarse y denunciarte?- Greg replicó con evidente preocupación. - No importa- Declan estaba tan seguro de sus intenciones, que solo giró mínimamente el rostro hacia él, con una sonrisa inquietante, de control absoluto y amenaza velada que erizaba la piel- si decide renunciar e irse, que lo haga.....tengo todos sus datos, nombre completo, teléfono, dirección, antecedentes.....hasta su historial médico, lo tengo todo!!.... si la pequeña gatita quiere huir, la encontraré... y si quiere empezar una guerra, tengo información suficiente para contraatacar- sus dedos tamborilearon una vez sobre el volante, en un gesto cruel y desafiante- después de todo, el departamento de Recursos Humanos no contrata a nadie sin verificar cada detalle- añadió con una sonrisa- y estoy seguro de que ahí habrá algo que pueda usar..... ya tengo todo lo que necesito saber para hacerle entender que jugar conmigo.... fue una mala idea!
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