-Está loco?! - preguntó Ellie cuando finalmente pudo recuperar el habla- por qué querría que yo trabaje con usted y además como su secretaria?, soy una simple camarista!
Declan sonrió de lado, inclinando la cabeza, por supuesto que sabía más de ella, de lo que la joven hubiese querido, sabía cuántos años fue a la universidad, que carrera estudio y cuándo la abandonó, sabía cómo y cuándo llegó al hotel e incluso las razones que le impidieron avanzar de rango y estas últimas tenían que ver con la señora Bernard.
- Ya te lo dije, es lo mejor para todos! - respondió con ligereza adelantándose hacia su lugar en la mesa, dónde la señora Phyllis pretendía estar sirviendo su desayuno.
- No es lo mejor para mí! - Ellie le reclamó acercándose a un costado mirándolo tan fijamente que incluso él se sintió un poco intimidado- y no quiero!
- Como desees.... solo te digo una cosa, o aceptas el puesto que te ofrezco o puedes olvidarte de cualquier otra posición dentro de mi hotel o del corporativo.... y adiós seguro médico!- aseguró mirandola brevemente antes de observar los torpes movimientos que su ama de llaves hacia mientras fingía hacer su trabajo, aunque en realidad no se perdía los gestos y expresiones de cada uno- y supongo que eso si te importa!
Ellie se mordió el labio, odiaba con todas sus fuerzas a Declan y su forma tan intransigente de decidir por los demás, de imponerse y dictar sobre sus vidas les gustara o no, pero tenía razón. Sin importar lo mucho que detestara sucumbir ante él no tenía otra alternativa o perdería lo único que mantenía a salvo a su mamá.
- Y tendré que soportarlo a usted por ocho horas?!- cuestionó con un gesto de repulsion que no pudo contener.
- Jajaja!!!- la carcajada que estalló en el comedor volvió a llamar la atención de la pareja, pero la señora Phyllis no podía con el espectáculo que se desarrollaba frente a sus ojos- jajaja.... descuida linda, yo lo he tenido que soportar por 35 años y creeme si te digo.....agarrandole el modo no es tan malo!!
- No tienes cosas que hacer en la cocina?!- debatió él con novio sarcasmo.
- No, en realidad mi único de ver por ahora es atender el comedor y el desayuno!
Ellie observó como la señora Phyllis no parecía temerle o respetarlo como era habitual en una relación jefe/empleada, y a Declan no parecía incomodarlo; y aún así no estaba segura que pudiera replicar ese comportamiento para con ella.
- No hay otra alternativa?!- interrumpió- la joven las miradas que el ama de llaves y su esposo compartían como un lenguaje único de comunicación que solo ellos dos entendían.
El hombre soltó un largo suspiro, negando levemente con la cabeza, creyó que había sido suficientemente claro con la joven, pero al parecer ella no había entendido lo que implicaba su orden y seguía ahí de pie al lado del comedor observándolo con reticencia esperando quizá que cambiase de opinión.
- Es lo mejor para todos, aceptalo y desayuna.... porque nos vamos en 30 minutos!
- Qué?!- Ellie gritó nuevamente, adelantando su torso y mirándolo con el ceño fruncido, aparentemente no solo era que debían compartir 8 horas de trabajo juntos sino que además pretendía que lo hiciera en el trayecto- tengo que ir con usted?, no puedo irme por mi cuenta?!
- Estarías ahí antes de que yo llegara?!- le dabatio con un gesto de intriga genuina mientras se recargaba contra uno de los costados de su silla.
- No- aceptó con pesar, pues evidentemente aunque se fuera sin desayunar, no llegaría a tiempo para recibirlo, como suponía era su intención.
- Entonces a desayunar.
- Pero seguro que no hay otra opción?!- cuestionó nuevamente con un voz casi infantil y un puchero inconsciente que lejos de molestarlo, le causaron una ternura que le suavizó el semblante.
Declan negó con la cabeza, observandola por un largo instante, en sus ojos había un extraño brillo que para quienes lo conocieran lo suficiente, podían afirmar que hacía años no tenía.
- Vaya!!!.....uhum..... quien lo diría!- exclamó el ama de llaves con una sonrisa indulgente y satisfecha que solo le otorgaba a Declan.
Aquel comentario llamó la atención del hombre, quien centró su mirada en la señora Phyllis, buscando silenciosamente una explicación a su tan irrelevante comentario, sin embargo, ella solo se encogió de hombros y sin más continuó con sus labores ahora con Ellie,aquien prácticamente llevó del brazo hasta su asiento, justo a lado de Declan, tensandola casi por instinto.
Él en cambio volvio su atención al desayuno que ya lucía torpemente colocado en su plato, no era algo habitual de la señora Phyllis, pero la empleada parecía tan complacida que hasta olvidó su trabajo, y francamente tenía cosas más importantes que le acosaban la mente para preocuparse por un simple plato de comida.
Ellie se sentó a su lado muy a su pesar, y aún así se mantuvo ligeramente alejada; con la cabeza agachada, tomó los cubiertos, pero tardó unos segundos en usarlos.
- Nos vamos en 30 y tu hora de almuerzo será un poco más tarde de lo que acostumbras- explicó él dándole un sorbo a su café, observando de reojo como su esposa no hacia más que ver su plato de comida sin siquiera tocarlo.
La joven cerró los ojos por un segundo, pero nuevamente se encontraba sin alternativa y era preferible comer ahora a pasar hambre por culpa del hombre a su lado, así que se obligó a probar un bocado, más por costumbre que por hambre. Y con un extraña lentitud cortó un trozo de su omelette con movimientos casi medidos, como si temiera hacer ruido o llamar demasiado la atención.
Sin embargo, no pudo evitar mirarlo de reojo, Declan comía en silencio, concentrado en su plato, con esa naturalidad que siempre la descolocaba, como si todo entre ellos estuviera perfectamente bien, como si fueran un matrimonio genuino en una mañana cualquiera.
Y no podía dejar de pensar en lo mucho que él seguía dictando su vida con ese nuevo puesto. Ocho horas, ocho horas a su lado ya no como camarista pasando desapercibida entre pasillos y habitaciones ajenas, sino como su secretaria, visible, cercana y bajo su supervisión directa, sin embargo algo había algo más que no dejaba de agobiarla:
Por qué había aceptado tan fácilmente?
Debería haber peleado y haber dicho que no, haber renegado, puesto objeciones, aunque fueran torpes, aunque no tuviera un plan de respaldo, incluso debió desobedecerlo. Era lo lógico, lo que una parte de ella sabía que debería haber hecho, pero al final no lo hizo, ni siquiera levantó la voz, no se negó y no buscó una salida.
Contra todos sus instintos, o tal vez obedeciéndolos demasiado bien, simplemente asintió y esa docilidad la inquietaba más que el puesto en sí. No entendía en qué punto había aprendido a aceptar sin discutir, a seguir indicaciones aun cuando algo dentro de ella gritaba que no estaba bien.
Sin embargo, una parte de ella le agradecía el dejar atrás el uniforme, el cansancio físico, la humillación de ese trabajo, y eso era lo más confuso de todo, esa gratitud le provocaba una incomodidad casi dolorosa. No quería sentirse así, porque él era el hombre que la había marcado para siempre, el que le había arrebatado algo que no podía recuperar, el que había cambiado su vida sin pedir permiso y que, incluso ahora, seguía dictando el rumbo de sus días con una sola decisión.
Ellie apretó los labios y continuó comiendo, aunque cada bocado se le hacía más pesado con todas esas emociones que no sabía nombrar, que no entendía y peor aún que se negaba a aceptar; y eso sería la parte de su nueva rutina: el tener que compartir con ese hombre que justo en ese momento le provocaba tanos sentimientos encontrados que no lograba ni siquiera dimensionar.
Afortunadamente esos pensamientos se vieron interrumpidos por el breve sonido de notificación proveniente del celular de Declan, pues cada segundo que los consideraba se volvían más incomprensibles y cualquier interrupcion era bienvenida.
El hombre tomó el teléfono con un breve vistazo, antes de ponerse de pie, con ese gesto automático que parecía darle seriedad a cualquier asunto por más vulgar que fuese.
- Disculpen- dijo mientras se alejaba con la atención puesta en el aparato en su mano- debo atender esta llamada.
Y obviamente no esperó respuesta, rápidamente su figura se perdió por el pasillo contiguo, dejando tras de sí un silencio que Ellie sintió como un necesario alivio.
La joven soltó un liberador suspiro, dejando de apretar los cubiertos aunque sin saber muy bien qué hacer con sus manos ahora que no tenía que fingir normalidad frente a él. Fue entonces cuando notó la mirada de la señora Phyllis posarse sobre ella con una mezcla de curiosidad y algo parecido a ternura.
- No tienes por qué preocuparte tanto, querida- dijo la mujer con naturalidad- ni debes estar asustada, Declan no es un monstruo.
Ellie hizo un gesto casi imperceptible, una leve inclinación de la cabeza acompañada de una rigidez en los hombros que delataba su desacuerdo, no dijo nada, pero eso fue más que suficiente, despertando una sonora carcajada, franca einesperada, en la señora Phyllis que resonó fuerte en el comedor, rompiendo la tensión.
- Ay, niña.... -murmuró mientras caminaba hasta sentarse a su lado, una presencia que a la joven le resultaba distinta, más cercana, cálida y muy necesaria para que ella pudiera continuar.
Y sin pedir permiso, tomó la mano de Ellie con suavidad, dedicandole una sonrisa llena de comprensión.
- No te agobies... estarás segura y a salvo con él, aunque no lo parezca, no es malo...al contrario es un buen hombre que siempre cuida de los suyos.
- Más bien sabe mandar a la gente- Ellie frunció ligeramente el ceño, haciendo que la señora Phyllis volviera a sonreír, esta vez con un matiz distinto.
- Sí- admitió sin dudar- tiene ese pequeño defecto, pero no es su culpa....nunca nadie lo enfrentó y desde niño se acostumbró a hacer su voluntad, pero no es por capricho, ni por maldad solo es.... su forma de preocuparse y desgraciadamente, no aprendió como hacerlo diferente.
Su mirada se desvió entonces hacia las paredes del comedor, recorriendolas despacio, con un dejo de nostalgia que suavizó sus facciones y le entristeció la mirada.
- Algún día te contaré y entenderás lo que guardan estas paredes.... lo que se vivió en esta casa y lo que, para bien o para mal, lo llevó a ser el hombre que es hoy- tal como ese recuerdo apareció se disipo de pronto, y su expresión cambió, inclinándose un poco hacia Ellie, con un brillo de picardía en los ojos- pero con algo de suerte y si te lo propusieras.... podrías lograr que ese terco y testarudo hombre se arrodille ante ti, y que bese el suelo por donde caminas con absoluta adoración.
Ellie retiró su mano con rapidez, rompiendo el contacto, mirando a la mujer con enojo y desagrado como si genuinamente le hubiese propuesto una completa aberración.
- No- replicó con firmeza- yo no quiero algo así..... jamás lo querría.
La señora Phyllis no pareció ofenderse, ni siquiera se inmutó, simplemente asintió despacio, pues ya esperaba esa respuesta desde el inicio.
- Es una lástima, entonces- respondió con tranquilidad- porque justo eso es lo que Declan necesita y lo que ha estado buscando.
Nadie dijo más y no hubo tiempo pues en ese momento Declan regresó al comedor y su presencia volvió a tensar el aire de inmediato; el hombre se detuvo cerca de la mesa mirando a Ellie con atención suficiente para notar el gesto endurecido de su rostro.
- Es momento de irnos al hotel- y aunque no hubo suavidad ni prisa en su voz si se sintió un tono ligeramente diferente al que solía usar con ella.
Ellie alzó la vista hacia él, pero el mal humor seguía ahí, marcado en su rostro: en la mandíbula apretada, en el brillo opaco de los ojos y en el entrecejo fruncido, producto de la cruda insinuación del ama de llaves.
- Voy por mis cosas- murmuró, antes de ponerse de pie y salir del comedor, pero el silencio que dejó tras de sí fue breve.
- Más te vale tratar bien a la joven- exigió la señora Phyllis, cruzándose de brazos mientras observaba a Declan- o te juro por mi vida que tu comida podría empezar a saberte.... distinta en los próximos días.
- Eso fue una amenaza?- Declan arqueó una ceja con diversión.
- Una advertencia- corrigió ella con serenidad- porque creeme que podrías terminar encerrado en el baño... o peor aún, internado en el hospital.
- Sabes que es un delito amenazar e intentar envenenar a las personas, verdad?
- Claro que lo sé- respondió el ama de llaves sin inmutarse- y aun así, ya te advertí.
Sin añadir nada más, la señora Phyllis se levantó y caminó hacia la cocina, dejando tras de sí el fuerte y contundente eco de sus palabras. Mientras Declan se quedó solo en el comedor, pasándose una mano por la nuca, negando despacio con la cabeza.
- Debí ponerle límites a esa mujer hace años- murmuró, todavía desconcertado por el poder que le había permitido tener.
Y así la pareja inició el trayecto hacia el hotel en el elegante Alfa Romeo, en donde el silencio fue lo único que lis acompaño gran parte del camino.
Declan iba, aparentemente, enfocado en el panorama frente a él; sin embargo, esas avenidas y edificios que había recorrido por largos años hoy le resultaban sofocantes, y ya comenzaba a notar un ligero sudor en las manos mientras apretaba el volante con más fuerza de la necesaria.
Y la razón estaba más cerca de lo que hubiese querido admitir, estaba justo a su lado. La presencia de Ellie, se le estaba volviendo algo imposible de ignorar; el arreglo discreto pero impecable que llevaba, la manera en que la tela se ajustaba a su cuerpo cuando respiraba y el aroma suave a perfume que se filtraba en el interior del coche, todo conspiraba contra su control.
No era solo atracción, era el golpe directo de recuerdos que no debía revisitar, escenas que había intentado enterrar y que ahora regresaban con una claridad cruel; e impulsivamente tensó la mandíbula, pues había creído que convertirla en su secretaria, era una solución práctica.
Desgraciadamente mientras avanzaban entre semáforos y el tráfico matutino, empezó a comprender que había cometido un error, uno muy grave. Lo que Ellie le despertaba no cabía en una categoría sencilla: no era solo deseo, era una mezcla corrosiva de culpa, necesidad y una pulsión que no entendía y que, precisamente por eso, lo estaba torturando. El hombre desvió la vista apenas un segundo hacia el reflejo del parabrisas y la vio ahí, sentada con rigidez, las manos juntas sobre el regazo, la mirada fija en el frente, con esa quietud suya que le resultó aún más provocadora que cualquier gesto consciente.
Pero en ese instante Ellie desvío la vista levemente hacia él, obligándolo a volver su atención al camino de inmediato, en tanto en su mente no dejaba de repetirse una y otra vez: No debí hacer esto.
- No voy a perder mi seguro médico, cierto?- preguntó la joven interrumpiendo abruptamente los auto reproches que su mente ejercía.
- No- respondió Declan, tensando la mandíbula antes de hablar- ya te dije que no.
Ellie apretó los labios y desvió la mirada, era a lo único que se aferraba para continuar con aquella locura en la que de nuevo perdía toda potestad y que le resultaba tan incomoda como aberrante, pero fue en ese hueco donde la voz de la señora Phyllis regresó a su mente con una claridad que le dio náuseas.
"Con algo de suerte y si te lo propusieras.... podrías lograr que ese terco y testarudo hombre se arrodille ante ti, y que bese el suelo por donde caminas con absoluta adoración".
Sin embargo, Ellie sintió un rechazo inmediato, casi visceral, pues la sola idea le resultaba despreciable y humillante. No para él, sino para ella, por qué querría la adoración del hombre que le había arrebatado tanto, que podría significar para ella ese poder cuando él había cambiado su vida sin la mínima consideración.
Y aún así una pequeña chispa apareció como una ilusión absurda y peligrosa, de que quizá, en un universo torcido, él pudiera verla de otra manera, como una mujer digna de esa devoción.
Desgraciadamente el pensamiento la asustó tanto que casi se odió por haberlo permitido siquiera un segundo, no debía. Un doloroso nudo le cerró la garganta de golpe, mientras una lágrima se le escapó antes de poder detenerla, él era el hombre al que tenía que despreciar y odiar, y no podía permitir que esos sentimientos echaran raíces, porque hacerlo sería traicionarse a sí misma.
Ellie giró el rostro hacia la ventanilla, fingiendo interés en el paisaje que pasaba a toda velocidad, dejando que el vidrio frío le devolviera una imagen borrosa de sí misma mientras parpadeaba para que no se notara la cruel batalla que libraba silenciosa en su interior, una lucha que lejos de menguar se volvió dolorosamente constante y más estridente de lo deseaba admitir.
Para fortuna de la pareja, el hotel no tardo en erguirse frente a ellos como una promesa de salvación, ahí estarían resguardados de sus respectivos pensamientos, alejados de lo que no deseaban admitir y mucho menos sentir, permitiendo que ambos soltaran un imperceptible suspiro mientras el Alfa Romeo reducía la velocidad, aunque para la mala fortuna de la joven no giró hacia el estacionamiento, como era habitual.
Ellie miró a su alrededor con interés tratando de entender qué es lo que estaba sucediendo, y cuando comprendió cuales eran las intenciones de su esposo, el pulso se le disparó con fuerza.
- Qué...?!- giró el rostro hacia él de golpe, observando como el coche se detuvo justo frente a la entrada principal.
No en un costado, ni en la zona exclusiva, ni en la siguiente esquina, lo hizo justo en la entrada de huéspedes donde todo el mundo los veria. Los ojos de Ellie se abrieron por completo, la boca se le entreabrió, dejando escapar pequeños sonidos inconexos de aire sin forma que no llegaba a convertirse en palabras y más de una vez miró al frente y a Declan, como si esperara que aquello fuera un error que pudiera corregirse solo.
Sin embargo, él ya estaba desabrochándose el cinturón, dejando en claro que no se trataba de un error o una mala broma y sí de una decisión muy consciente.
- Es hora- dijo con una calma que a ella le pareció cruel.
Ellie reaccionó por puro instinto, lanzándose hacia él, sujetándolo del brazo con ambas manos, aferrándose a su saco como si eso pudiera anclarlo al asiento.
- Qué haces?!- y la voz le salió quebrada, casi ahogada- por qué aquí?.... qué pretende?
- No voy a estacionarme atrás y esperar a que empiecen los chismes- Declan giró el rostro hacia ella con una expresión demasiado seria- no pienso darles tiempo para inventar versiones absurdas.
- Pero....- Ellie negó con la cabeza, incapaz de procesarlo con la misma frialdad que él- tú no entiendes, yo....
- Claro que entiendo- la interrumpió- y precisamente por eso lo hago- el hombre se soltó con cuidado de su agarre, aunque sin suavizar la firmeza del gesto- sé que van a hablar de todos modos, inventarán historias, exagerarán, distorsionarán todo lo que suelen hacer..... así que prefiero que lo hagan con algo concreto y con fundamento.
- Y yo?- preguntó en un hilo de voz, mirándolo con incredulidad- se ha detenido a pensar que soy yo la que va a cargar con eso?, con los murmullos, con las miradas, con las historias que se van a formar.
- Hablarán igual- el hombre le sostuvo la mirada unos segundos que parecieron eternos- te escondas o no, así que camina conmigo, con la frente en alto como tu papel lo requiere.
Y sin aguardar más, abrió la puerta sin darle tiempo a responder, mientras Ellie se quedó inmóvil un segundo más, con el corazón golpeándole con violencia en el pecho. Afuera, ya había movimiento, gente entrando y saliendo con miradas que empezaban a girarse hacia el vehículo con cierta curiosidad.
Ya no tenía alternativa, y con las manos llenas de sudor abrió la puerta, descendiendo del vehículo; obligandose a dar un par de pasos hasta reunirse con él, consciente de cómo algunas cabezas se inclinaban y de cómo el murmullo empezaba a gestarse.
Declan la observó de reojo y sin esperarla, comenzó a caminar hacia la entrada, dejando que Ellie lo siguiera a su propio ritmo.
Las puertas de cristal se abrieron y el lobby del hotel los recibió con su habitual pulcritud de mármol brillante, aromas sutiles y un silencio apenas roto por pasos y teclados, un silencio que duró exactamente un segundo hasta que fueron conscientes de la llamativa presencia de la pareja.
El hombre avanzó con paso firme, la espalda recta, la mirada al frente, como si aquel fuera su territorio natural. Ellie, en cambio, caminaba unos pasos detrás, con los hombros ligeramente encogidos, la cabeza agachada, el cabello cayéndole como un velo improvisado mientras intentaba, inútilmente, pasar desapercibida.
Y aún así las primeras miradas no tardaron en llegar, una recepcionista levantó la vista y la sostuvo más tiempo del debido; dos empleadas del área administrativa intercambiaron una expresión fugaz de sorpresa abierta y confusión mal disimulada. En tanto un botones detuvo su avance por una fracción de segundo, lo suficiente para observarlos pasar.
Casi en el instante vinieron los cuchicheos breves, medidos y ajos pero no invisibles, permitiendo que Ellie los percibiera como pequeños zumbidos en la piel; sabía que hablaban de ella, de por qué estaba allí, de por qué caminaba tras él y no al lado, de qué significaba su presencia.
Y sin embargo, a Declan parecían no importarle, o si lo hacía, no lo demostraba, pues su paso seguía inalterable, decidido, arrastrando consigo una estela de atención inevitable que ella intentó igualar con torpeza, evitando cruzar miradas, concentrándose en el sonido de sus propios pasos, en no tropezar, en no temblar demasiado.
El trayecto hasta los ascensores se le hizo eterno y cuando finalmente llegaron hasta ellos, el murmullo ya era un susurro constante que parecía seguirlos, adheriendose a su espalda como una sombra.
Y tal como él lo aseguró, el rumor no tardó en recorrer los pasillos del hotel, se deslizó primero como un susurro curioso, luego como una certeza incómoda, hasta terminar instalándose, con nombre y apellido, en la oficina de Susan, llevado de la mano de la señora Bernard. El ama de llaves se presentó con singular prontitud, ni siquiera se anunció, no era habitual en ella hacerlo sobre todo cuando su presencia precedía a las noticias más venenosas.
Nada en ella era en apariencia diferente, su postura era impecable, el gesto amable, sin embargo, en sus ojos brillaba esa cizaña particular de quien sabe que trae algo que arderá lento y profundo.
- Señora Bernard, qué sorpresa- Susan alzó la vista desde detrás del escritorio y esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos, hablándole con un tono tan cordial como falso.
En el fondo, no la soportaba pues aquella mujer había conocido demasiado bien a Rita, su madre, había visto de primera mano cada maniobra, cada paso torcido que la llevó a entrar en la familia Ellsworth; pero en ese juego, Bernard era una pieza útil, y Susan no desperdiciaba piezas útiles.
- Vengo con noticias, que sin duda le resultarán bastante interesantes- anunció con suavidad.
- La escucho- Susan alzó la vista con desgano calculado, apoyando la espalda en la silla e hizo un gesto mínimo con la mano, concediéndole la palabra.
La señora Bernard avanzó apenas un paso más, lo suficiente para reducir la distancia sin parecer invasiva.
- Esta mañana nos despertamos con la novedad de que el señor Ellsworth ha decidido prescindir de su secretaria actual.
- Y?- preguntó la mujer arqueando una ceja, muy poco impresionada- por qué eso debería serme interesante?
- Porque ha decidido reemplazarla por su esposa.
- Está bromeando?- Susan enderezó, apoyando los antebrazos sobre el escritorio.
- En absoluto- respondió el ama de llaves- su esposa será su nueva secretaria.
- Y cuándo tomó esa decisión?
- Eso no lo sé, lo que si sé es ese fue el anuncio que con el que el señor llegó hace unos instantes, al parecer, los últimos acontecimientos lo han llevado a....reorganizar prioridades.
- Qué acontecimientos?- Susan ladeó la cabeza con genuino interés.
La señora Bernard inclinó el rostro, disfrutando el giro que tomaba la conversación, y el cambio de actitud de la mujer frente a ella.
- En realidad últimamente han habido ciertos cambios en el hotel.....los más importantes tuvieron que ver con que el señor Ellsworth decidió mantener a su esposa bajo vigilancia constante.....literalmente, incluso designó a un elemento de seguridad solo para ella- y la reacción de Susan fue inmediata, su rostro perdió un poco de color, apenas un matiz, pero suficiente para ser notado.
- Vigilancia?- repitió- desde cuándo?
- Desde un par de incidentes con algunas camaristas, al parecer al señor le molestó que su esposa continuará en ese puesto y que tuviera que enfrentar ciertos desaguisados- continuó Bernard- incluso hubo despidos, ajustes y castigos ejemplares.....no le importó el rango ni la antigüedad de nadie, y fue mucho más lejos.....reorganizó turnos, movió personal, todo para asegurarse de que Ellie estuviera siempre rodeada de compañeras “confiables”, hasta Eugene recibió órdenes directas de ocuparse de ella.
- Esto empieza a sonar exagerado- la mujer soltó una risa breve, totalmente incrédula.
- Oh, y aún no termino- añadió el ama de llaves con dulzura- todo esto lo descubrimos porque hace apenas unos días se despidió y demandó a una empleada, aparente y tontamente dañó el vestido de una huésped para culpar a esa chica.
Susan se recostó en la silla, mientras sus dedos golpeaban rítmicamente la madera de su escritorio, aquello ya no parecían simples rumores y aunque aún debía confirmar la veracidad de las palabras de la señora Bernard, ya empezaba a resultarle inquietante.
- Así que Declan no solo la protege... la blinda.
-Eso parece- el ama de llaves inclinó la cabeza, satisfecha.
Pero Suan ya no respondió, en su mente, las piezas comenzaban a moverse, acomodándose en un tablero que ya no se sentía tan estable como antes. Declan estaba reaccionando, y no de la forma que ella había anticipado; porque cuando él se movía sin cálculo previo, cuando dejaba que algo se filtrara por debajo de su habitual frialdad, el terreno se volvía inestable y muy peligroso.
Y eso la colocaba ante un final que jamás imaginó y que era mucho más amenazante; y por supuesto que no podía correr ese riesgo, no con tanto en juego.