Como lo prometio, Alice fue trasladada en una ambulancia cuidadosamente equipada a un hospital privado, más exclusivo y muy diferente a lo que que Ellie y su mamá estaban acostumbradas.
Y en cuanto el grupo atraveso las elegantes puertas corredizas, la escena contrastó brutalmente con la experiencia que acababan de vivir en el otro hospital; fue un cambio tan radical que sus expresiones denotaron el asombro por el panorama, pero no era para menos, pues el lugar era mucho más amplio, limpio y silencioso. Los pasillos brillaban bajo una iluminación tenue, blanca y uniforme que no dejaba sombras incómodas en las esquinas; el aroma a desinfectante no resultaba agresivo, sino apenas perceptible, mezclado con una fragancia neutra que hacía que el ambiente se sintiera casi impersonal.
El piso pulido reflejaba el ir y venir del personal médico, cuyos uniformes impecables y pasos firmes parecían moverse con una precisión ensayada. No había el bullicio constante ni las voces elevadas que solían llenar los hospitales públicos; ahí todo transcurría en un murmullo: conversaciones discretas, puertas que se cerraban con suavidad, monitores emitiendo sonidos leves y controlados.
Mientras las salas de espera estaban equipadas con sillones amplios de cuero claro, mesas de cristal perfectamente alineadas y pantallas silenciosas transmitiendo información institucional. Incluso la recepción parecía más un vestíbulo corporativo que un área médica, con personal atento que hablaba en tonos bajos y ofrecía asistencia inmediata. Cada detalle transmitía eficiencia, orden y recursos; una realidad que contrastaba con la precariedad a la que Ellie estaba acostumbrada cuando acompañaba a su madre a consultas médicas.
En ese instante la joven supo que no era algo que ella pudiese permitirse, y tenía que aclararlo con Declan, pues no sabía si intentaría cobrárselo de alguna u otra manera, aunque él parecía muy convencido cuando le aseguro que cuidaría de ella y su familia, Ellie no estaba en condiciones de confiar en ese hombre.
Fue entonces que lo tomó del brazo, deteniendolo con fuerza por el saco con una mezcla de urgencia y ansiedad, y sin mediar palabra, lo jaló discretamente hacia un costado del pasillo, lejos del tránsito del personal.
- Señor Ellsworth- y si bien su voz fue baja, no dejaba de temblar, mientras él la miró con cierta diversión, era increíble como su esposa pasaba de llamarlo por su nombre a hablarle con total respeto en segundos- nosotras no podemos pagar este hospital- aseguró mirándolo con brillo en los ojos casi doloroso.
Y con manos temblorosas sacó la tarjeta del seguro del hotel, sosteniéndola entre los dedos con excesiva fuerza, como si fuera su única defensa.
- Cree....que no sé.... que tal vez podamos negociar.... mostrar esto, explicar que tenemos seguro.... aunque yo pague la diferencia....en mensualidades- pidió con algo de vergüenza, pues si bien había cambiado de puesto aún no discutían abiertamente cuál era el salario que esta nueva posición le otorgaba, sin embargo estaba segura que no era algo que le permitiera cubrir un hospital privado de ese calibre.
Declan bajó la mirada hacia la tarjeta que su esposa apretaba con tanta fuerza, y ese gesto, más que cualquier palabra, le arrancó una ternura inesperada; Ellie seguía pensando en números, en facturas, en límites, incluso ahora que los hechos respaldaban la veracidad de sus intenciones.
- Este hospital no admite ese seguro- respondió con calma, ante lo que la joven se tensó de inmediato, y sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor de la tarjeta, mientras sus ojos y sus labios se abrieron con tal miedo que casi rayaba en el terror.
- Entonces....- susurró con el pánico filtrándose sin permiso- qué voy a hacer?, será mejor que regresemos al otro hospital...- y en el acto intentó girarse para ir en busca de su mamá, pero Declan la detuvo con un toque demasiado sutil, lo que sabia era lo único que ella le permitía, en tanto esbozó una sonrisa tranquila, casi paciente.
- Ya te dije que me encargaría de todo, no tienes que preocuparte por nada más que por tu mamá.
- No quiero que se encargue de nosotras- Ellie negó de inmediato con la cabeza, pues aquellas palabras le comenzaban a pesar demasiado.
Pero él no se ofendió, al contrario, soltó una pequeña risa baja y suave, que desarmaba más que cualquier discusión; sin embargo, no era solo su instinto de ayudar lo que lo obligaba a estar ahí y cubrir todos esos gastos, sino algo más profundo e inconsciente que solo pudo haber sido resultado de los celos que aún no se atrevía a pronunciar en voz alta.
- No es caridad- la joven levantó la vista, genuinamente desconcertada- digamos que es parte del seguro médico que incluye tu nuevo cargo.
- El de secretaria?- preguntó, todavía confundida, y Declan volvió a reír, esta vez con un matiz casi divertido.
- No, el de esposa de un Ellsworth.
Ellie abrió la boca, lista para replicar, para reclamar el descaro implícito en aquella afirmación, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, una voz firme y profesional interrumpió el momento.
- Declan, muchacho....que gusto.
Ambos giraron al unísono, y frente a ellos se presentó un médico de aproximadamente unos 60 años, porte recto, bata impecable y una expresión seria y tranquila pero respetuosa, que miraba directamente a Declan mientras extendía la mano con mucha familiaridad.
- Benny.....un gusto- exclamó el hombre tomando a Ellie del hombro para llevarla hacia donde el médico se encontraba- lamento haberte llamado tan de improviso pero era una urgencia- declaró saludandolo tan afectuosamente que parecian más dos viejos amigos que médico y paciente, lo que le confirmó a la joven que ya estaban muy lejos de la indiferencia y el poco contacto de los médicos del hospital público- te presento a mi esposa, Ellie- ante lo que ella no tuvo más opción que sonreír y extender la mano, aunque poco le gustará ser llamada de esa manera.
- Mucho gusto, cómo esta mi mamá?- y de inmediato preguntó sin más cordialidades.
- La están ingresando, pero por el expediente no parece ser nada grave, sin embargo, aún debo evaluarla- y con un leve ademán les indico el camino hacia un largo pasillo que conducía al área de revisión, dónde Alice parecía ser la única paciente, por la cantidad de personal a su servicio.
El médico se adelantó hacia la paciente dejando a Ellie, Declan y Cora en una amplia y muy cómoda sala de espera, con aire acondicionado, café y sillones tan confortables que ambas mujeres empezaron a dormitar.
El tiempo transcurrió con la misma eficiencia impecable del hospital; y en menos de un par de horas, Alice pasó por electrocardiogramas, análisis de sangre y una revisión cardiológica completa. El personal entraba y salía con pasos seguros, informando lo justo, actuando con una precisión que evidenciaba los recursos del lugar; ya no hubo largas esperas ni retrasos innecesarios pues todo parecía moverse con una coordinación silenciosa y profesional.
Hasta que finalmente la puerta del área médica se abrió y el doctor apareció en el pasillo con paso sereno y bastante tranquilo, por lo que de inmediato los tres se pusieron de pie casi al mismo tiempo.
- No fue nada grave- informó el médico con convicción- fue solo una descompensación cardíaca por la falta de un medicamento que no le recetaron como debía, pero ya está controlada, le estamos administrando el tratamiento por vía intravenosa....y hasta el momento ha respondido bien, pero deberá pasar la noche en observación, por precaución únicamente.
La tensión que había mantenido a Ellie rígida desde la llamada empezó a ceder, aunque que no del todo; pues todavía había algo en ella que se negaba a relajarse, pese a la seguridad del médico.
- Está, en verdad, fuera de peligro?
- Sí, por ahora pero para evitar otro desbalance, necesitaran este fármaco- indicó extendiendo una receta, que la joven tomó con premura revisandola puntualmente, solo para corroborar que era algo que no le hubieran recetado con anterioridad.
- Esto entra en el seguro médico del grupo hotelero?- preguntó con absoluta naturalidad, consciente de que tratándose del corazón los medicamentos nunca eran baratos.
El doctor parpadeó, visiblemente desconcertado, y dirigió una mirada breve hacia Declan, como buscando confirmación de lo que debía responder, sin embargo, él solo sonrió de lado, acercándose a Ellie con calma.
- Tranquila- murmuró con suavidad- yo me encargo de lo demás..... porque no entras a ver a tu mamá mientras yo voy por el medicamento, sí?- y sin mucho esfuerzo tomó rápidamente la receta de manos de su esposa.
- Pero....- Ellie lo miró con visible preocupación pero la sonrisa de Declan parecía darle cierta calma aunque se negara a admitirlo.
- Anda....yo bajaré para surtir la receta- y pese a que él tampoco lo notó, la ternura en su voz se estaba volviendo constante con ella.
- De acuerdo....y ya puedo pasar a verla?
- Solo un momento, la señora no tardara en dormirse y es preferible que así sea- aseveró el médico, pero aquello lejos de brindarle confianza a Ellie, la consternó, pues en teoría había pensado que debía pasar la noche entera en el hospital.
- No podré quedarme?
- En realidad, no es necesario, por la condición de su mamá es preferible que una enfermera pase toda la noche con ella.... es por mera precaución, aunque si decide hacerlo, no sera un inconveniente tampoco.
Ellie lo miró desencajada, no sabía en realidad que debía hacer, el lugar parecía bastante profesional y Declan lucía muy seguro de la capacidad del medico, pero ella estaba segura que no podría conciliar el sueño pensando en su mamá; por lo que, pese a las indicaciones, optó por quedarse.
Y sin tener que esperar en una sala común con otras 50 pacientes más, fueron asignadas a una habitación privada y de las más costosas, Declan no escatimó en gastos y por supuesto se aseguró en proveerles lo mejor.
Ambas quedaron bastante impresionadas cuando la habitación se abrió frente a ellas, un lugar amplio, silencioso, con un ventanal cubierto por cortinas gruesas, un amplio sillón reclinable junto a la cama, aire acondicionado y monitores de última generación que no necesitaban golpes o revisiones constantes para funcionar, al contrario, hacian una lectura tan precisa y constante que Alice poco a poco, empezó a tranquilizarse.
Confiada en que las enfermeras hacian su trabajo puntualmente; cada cierto tiempo entraban con discreción, revisaban los sueros, ajustaban parámetros y salían sin alterar la calma del espacio, sin nada de carreras, nada de gritos o exigencias, solo eficiencia absoluta.
Por su parte, Declan insistió en llevar a Cora a casa, lo que la mujer, agotada por la tensión, aceptó después de asegurarse de que Ellie no se quedaría sola, y cuando el hombre regresó unos minutos más tarde para despedirse, no necesito más que reiterarle a su esposa que no se preocuparse de nada más, pues cualquier cosa que hiciera falta estaría cubierta.
Así la noche transcurrió sin sobresaltos. Alice permaneció estable, el medicamento haciendo efecto con la precisión prometida; sin embargo, Ellie, sin importar las comodidades de las que gozaba, apenas se permitió cerrar los ojos por intervalos cortos, despertando cada vez que el monitor emitía un sonido diferente, solo para comprobar que todo seguía en orden.
A la mañana siguiente, el susto de la tarde anterior terminó por diluirse, cuando el semblante de Alice se dibujó con su habitual sonrisa y una respiración tranquila, contenida por las condiciones del hospital y la vigilancia constante, gracias a lo que, por primera vez desde la llamada, Ellie empezó a confiar que su madre estaría bien.
Mientras el servicio, tan puntual como solo un hospital privado podría ofrecer, llegó a media mañana. Una enfermera entró empujando un carrito de servicio, dispuesto con cuidado: jugo natural, fruta fresca cortada en cubos perfectos, gelatina, omelette de claras aún humeante acompañado de verduras al vapor y una vajilla de porcelana en lugar de bandejas plásticas y trastes desechables.
- Espero que disfruten su desayuno, es algo aburrido pero.....el doctor Benson lo indicó así- repuso la joven enfermera con una amabilidad que que no podía ser viable dada su experiencia en hospitales.
Alice se incorporó un poco en la cama, y su rostro se iluminó aún más al ver semejante manjar servido directamente en su habitación como si se tratase de un hotel de lujo.
- Está perfecto, muchas gracias- Ellie agradeció mientras acomodaba la mesa frente a su madre, antes de tomar el servicio que la enfermera les dejo y ubicarse en el sillón.
Madre e hija empezaron a comer en silencio durante los primeros minutos, pero a diferencia de otros momentos este no era un silencio incómodo, sino uno lleno de pensamientos que ninguna terminaba de ordenar; Alice, sin embargo, observaba constantemente a su hija de reojo, evaluando más que su estado físico.
- Sabes?- dijo finalmente, dejando la taza sobre el plato con suavidad- al principio no estaba del todo convencida de tu matrimonio- la joven levantó la mirada, sorprendida por la confesión repentina- tenía mis dudas sobre Declan- continuó Alice con honestidad- me asustaba lo poco que sabía de él y además todo fue tan repentino que....
Ellie no respondió, se limitó a sostenerle la mirada, atenta a lo que ella pudiera decirle aunque por el semblante de su madre sospechaba que sería un discurso lleno de elogios y emotividad, aunque no sabía si estaba lista para ello.
- Pero después de lo de ayer- Alice negó suavemente con la cabeza, con una sonrisa que empezaba a formarse en sus labios- ahora estoy convencida de que es el mejor esposo que podrías tener.
- Mamá- exclamó Ellie mientras la confusión cruzó su rostro sin que pudiera disimularla, pero era una conversación que no le gustaba mantener por las verdades que seguía ocultando.
- Escúchame mi niña.....es necesario que te diga esto porque tú sabes que, incluso después de tu boda, tenía mis dudas, pero al verlo anoche, tan preocupado y atento, supe que era un hombre que sin duda ha demostrado que se preocupa, que está al pendiente de ti, te apoya sin hacer ruido.... hasta piensa en cosas que tú ni siquiera consideras cuando él ya las resolvió.... si no fuera por Declan, seguiríamos en el hospital público y sin saber que me faltaba un medicamento...y aunque es tu esposo, eso no lo obliga conmigo....
- Fue solo una emergencia, cualquiera hubiera hecho lo mismo- Ellie bajó la vista hacia su desayuno, moviendo distraídamente el tenedor.
- No cualquiera es capaz de gastar lo impensable para asegurarse de que estés bien- la mujer la miró con una mezcla de ternura y convicción- pero no hablo solo de dinero, hablo de su presencia, de la intención y la convicción de sus actos.
- Vaya... al parecer te parece perfecto- una media sonrisa apareció en los labios de la joven, aunque para ser honesta no deseaba seguir hablando de Declan y lo perfecto que era ante los ojos de su madre.
- No, no es perfecto.... nadie lo es- su madre soltó una risa ligera, negando con la cabeza- pero se acerca bastante al hombre que siempre soñé para ti- Alice la contempló con una suavidad nueva, como si algo dentro de ella finalmente hubiese encontrado descanso- y estoy convencida que van a ser muy felices, Ellie.... lo sé.
Y aunque la joven sostuvo la sonrisa apenas un segundo, no era un gesto sincero; porque en el fondo sabía que no había felicidad en ese matrimonio y pese que para su mamá fuese sueño, ella desconocía que tenía fecha de caducidad. Lo que la hizo sentir aún más culpable, porque eventualmente la idílica burbuja en que Alice había vivido el matrimonio de su hija iba a romperse.
- Y sabes qué, mi niña?!- cuestionó pero sus ojos brillaron con un matiz diferente, un poco más pícaro- espero conocer pronto a mi primer nieto- continuó dejando escapar una pequeña risa que aún sonaba frágil- estoy segura de que será precioso, con lo guapos que son los dos.... imagínate!!!
- Mamá!!- protestó Ellie en voz baja, pero no pudo evitar que sus mejillas se encendieran.
- Es verdad- insistió ella, con esa terquedad cariñosa que siempre la había caracterizado- ambos son muy guapos, y verte con él....me calma el corazón, al menos, ya no me dolerá tanto saber que te apagaste por mi culpa.
- No digas eso- susurró, pero ya tenía los ojos llenos de lágrimas y no era solo por lo que decía su mamá, sino por todo lo que implicaba, una conversación que nunca antes habían tenido y que siempre habían evitado- nunca me apagué por ti, nunca fuiste una carga- Ellie se paró de su asiento, y caminó hacía ella, abrazándola con cuidado, intentando encontrar refugio en ese quebrado corazón- dejar la universidad, quedarme contigo....fue mi decisión, siempre fue mi decisión- y las lágrimas rodaron finalmente sin que hiciera nada por detenerlas- yo quería estar aquí..... contigo.
- Yo sé que me amas- murmuró Alice cerrando los ojos mientras la sostenía, acariciándole el cabello con manos aún débiles pero llenas de amor- pero también sé que tenías sueños que no incluían hospitales ni turnos nocturnos para pagar medicinas.
- No me arrepiento- la joven negó contra su hombro, aferrándose más.
- Tal vez no- respondió su madre con una ternura que dolía más que cualquier reproche- pero yo sí, porque sabía a dónde querías llegar y mi enfermedad te apartó de ese camino.... pero ahora es distinto- continuó con mayor tranquilidad- finalmente vas a retomarlo, porque él no solo te quiere, mi niña... te respalda, te sostiene y eso no es poca cosa, y estoy segura que si se lo pides podrías regresar a la universidad!
Ellie cerró los ojos con fuerza, pues su madre hablaba con una esperanza tan luminosa que casi parecía cruel, hablaba de sueños e ilusiones que ella debía cumplir y no podía negar que no lo había considerado. Sin embargo, con Declan la situación no era propicia para dar ese paso, no cuando las condiciones de su contrato eran muy claras, ella lo sabía; y ni siquiera en las letras pequeñas había cabida para solicitudes o exigencias, porque ese matrimonio era un acuerdo, una solución, una promesa con fecha de vencimiento.
Y cuando terminará, porque terminaría, no solo era ella quien tendría que enfrentar las consecuencias, también sería su madre y esa era una herida que, en medio del miedo y la urgencia, nunca se detuvo a prever, pero justo en ese instante se empezaba a volver peligrosa.
-Ojalá fuera tan sencillo, mami- susurró, sin apartarse de ella, mientras Alice sonrió, con la serenidad de quien ya ha vivido lo suficiente para reconocer ciertas verdades.
- Nunca es sencillo, pero cuando un hombre se queda, cuando no huye ante lo difícil.... eso vale más que cualquier promesa bonita.
- No quiero que pongas tu tranquilidad en algo que todavía....- Ellie respiró hondo, intentando ordenar el nudo en su pecho, titubeante, buscando las palabras correctas que no provocaran más preguntas- que todavía.... estamos aprendiendo.
- No estoy tranquila por lo que pueda pasar mañana- la mujer la miró con una mezcla de ternura y firmeza- estoy tranquila por lo que vi ayer, y lo que vi fue a un hombre que no dudó ni un segundo en ponerse al frente.... y sé que se están conociendo y aprendiendo el uno del otro, pero no quiero que solo aprendas de él, quiero que esto sea una oportunidad para ti, para que no vuelvas a.... a quedarte atrás, ya es hora, Ellie- dijo con suavidad- ya es hora de que dejes de ser la chiquilla que se aguanta todo y se esconde.
- Mamá- la joven alzó la vista apenas, sorprendida por el cambio en el tono y la dirección de la conversación.
- Lo único que yo espero antes de tener que partir- continuó sin dramatismo, consciente de lo inevitable y no necesariamente inmediato- es verte florecer, verte cambiar esa actitud de encogerte para no incomodar, de callar para no molestar.... quiero verte pelear por lo que quieres, defenderte.... alzar la voz sin vergüenza o pena.
Ellie bajó la mirada, nunca habían hablado directamente de eso, jamás había confesado las burlas, los comentarios, las veces que eligió el silencio para evitar empeorar las cosas, pero en el fondo siempre supo que su madre veía más de lo que decía. Alice llevó sus manos al rostro de su hija y, con una delicadeza firme, le levantó el mentón para obligarla a mirarla.
- No te pido que seas alguien distinta, solo que seas la Ellie que está ahí, escondida.... la que desea salir para pelear por sí misma y luchar por lo que realmente quiere- la joven sintió cómo la garganta se le cerraba y sus lagrimas se volvían más constantes- no tengas miedo- añadió su madre, acariciándole las mejillas- ya no estas sola para cargar con todo, hay un hombre a tu lado que te acompaña y que, sin duda, besaría el suelo por donde caminas- y la sorpresa se reflejo de inmediato en el rostro de Ellie.
Y no fue solo por lo que implicaba la frase, ni por la intensidad con la que su madre la había dicho; fue porque esas palabras ya habían vivido antes en su memoria.
“Ese hombre besaría el suelo por donde tú caminas.”
La señora Phyllis se lo había dicho una vez, con esa media sonrisa llena de intención, como si estuviera pidiendo algo obvio que Ellie se empeñaba en rechazar, y en ese momento lo había tomado como una exigencia amable, pero ahora, escucharlo de su madre era distinto, pues en su voz no había picardía ni romanticismo. Había convicción y una certeza nacida de observar, de medir silencios, de notar detalles que ella insistía en pasar por alto; y aunque quería negarlo, quería pelear como solía hacerlo, por ahora se había quedado sin palabras o argumentos.
Afortunadamente para ella, no hizo falta decir más, pues un par de toques suaves en la puerta interrumpieron el momento, ambas mujeres se sonrieron mientras se secaban las lagrimas, permitiéndole al medico ingresar con la misma calma profesional del día anterior, aunque esta vez llevaba una expresión más ligera.
- Buenos días- saludó con la tablet en la mano, realizando las ultimas anotaciones- le traigo buenas noticias señora Keller..... el alta ya ha sido aprobada y puede marcharse en cuanto lo decidan.
- De verdad?- Ellie se puso de pie casi por reflejo, adelantándose al hombre con los ojos muy abiertos por la sorpresa y no es que estuviera acostumbrada a pasar mucho tiempo en el hospital, sino que las buenas noticias no solían llegar con el alta.
- Así es, los valores están estables y la medicación está haciendo efecto, ya no hay necesidad de retenerla más tiempo- explicó con una sonrisa amable que contagio a madre e hija.
Al menos por un momento, pues a pesar de lo que Declan le aseguró el día anterior, a la joven aún le costaba confiar en la amabilidad de un hombre que no la había provocado más que repulsión y odio.
- Doctor...- Ellie dudó unos segundos, pero necesitaba una confirmación, positiva o negativa- cuánto.....es lo que debemos pagar?
El médico soltó una risa breve, nada burlona, más bien divertida; esos cuestionamientos se habían vuelto parte de su estancia, sorprendiendo a todo el personal puesto que, al parecer, Ellie aún no sabía, o no entendía, con quien se había casado.
- No hay nada que pagar, Declan ya cubrió todos los gastos.... incluidas las revisiones de los próximos meses y el seguimiento cardiológico.
- Todo?!- repitió Ellie, como si necesitara confirmar que había escuchado bien, mirando a su madre con sorpresa, sin embargo, el gesto no era correspondido; al contrario, Alice no parecía sorprendida en lo absoluto.
- Todo, no tienen de qué preocuparse.
La joven asintió y agradeció en voz baja; y pese a que por fuera parecía tranquila, educada y correcta, por dentro, en cambio, el torbellino no se detenía. Porque aquello era demasiado y ella aún seguía aferrándose a la idea de que debía mantener distancia, que debía recordar las razones por las que su matrimonio no podía significar más de lo pactado, debía odiarlo e incluso aborrecerlo para mantener esa necesaria línea entre ellos; pero, en el fondo y en su inconsciente, cada gesto de Declan empezaba a borrar un poco más esa frontera.
- Ahora, es importante que a partir de este momento siga mis indicaciones, no es necesario que cumpla cada toma con obsesión militar- el médico comentó, dando un paso hacia la cama y su tono se volvió más cercano al dirigirse a Alice- pero sí debe ser constante y si en cualquier momento se siente mal, aunque sea una molestia pequeña, no dude en llamarme o venir directamente- y en el acto sacó una tarjeta, entregándosela a la joven que no se despegaba de su lado- el primer número es el del consultorio, el segundo es mi línea personal y si por alguna razón no logro atender, ahí están también los teléfonos de mi asistente, ambos estamos disponibles 24/7 y estamos para ustedes ante cualquier eventualidad.... tiene alguna duda?- cuestiono dividiendo su atención entre ambas mujeres.
Alice volteó a ver a su hija, para ella todo había quedado perfectamente claro aunque para Ellie nunca eran suficientes las preguntas y aclaraciones; y, para su sorpresa, ella negó mirando fijamente la tarjeta y la información personal que ningún otro medico les había compartido. Y sin más el hombre se despidió, enfilándose hacía la puerta, sin embargo, antes de salir se detuvo brevemente con una ultima afirmación.
- Ah, casi lo olvido, Declan avisó más temprano que el chófer y el automóvil que dispuso para ustedes las espera en la entrada y según me dijo, no debe tardar en llegar.
La puerta se cerró tras él y madre e hija se miraron: sorprendidas, incrédulas y en el fondo agradecidas; porque una cosa era pagar la cuenta y otra muy distinta era prever cada detalle antes, incluso, de que ellas lo pensaran.
- Chofer!!!- exclamó Alice en un grito ahogado y emocionado, mientras agitaba el brazo de su hija- no te lo dije.... definitivamente es un gran hombre!!!- concluyó emocionada.
Ellie balbuceó, queriendo responder o decir algo, cualquier cosa, desgraciadamente ya no sabía que estaba sucediendo a su alrededor, no sabía que razones tenía su madre para hablar así de Declan, si él realmente era ese hombre que ella pretendía ver; o era ese otro hombre cruel y manipulador que la había violado, francamente ya empezaba a dudar de todo porque si él era todo eso: por qué había hecho tanto para ayudarla?
Sin embargo, no era el momento para analizar su situación o entender las razones detrás del proceder de su esposo, por ahora solo debía enfocarse en su madre. Así, Ellie y Alice recogieron sus cosas en mayor tranquilidad que el día anterior, recibieron las últimas indicaciones y en cuanto estuvieron listas bajaron a la entrada principal donde el chófer de Declan las recogería.
Las puertas automáticas se abrieron y el aire diurno las envolvió con una calidad refrescante; Ellie bajó primero, sosteniendo a su madre con cuidado, buscando con la mirada el vehículo y al hombre uniformado a su lado, tal como se suponía y lo había imaginado.
Pero lo que encontró fue un vehículo imposible de ignorar, estacionado con descaro frente a la entrada del hospital el brillo de un elegante Ferrari cortaba la escena con una presencia calculada, fuera de lugar y, al mismo tiempo, no resultaba llamativo en aquel hospital.
Y la sorpresa fue aún peor cuando Ellie distinguió con claridad la silueta recargada contra la carrocería, con esa postura despreocupada y una sonrisa demasiado medida para ser sincera.
El hombre apoyado en el Ferrari, con esa calma que no necesitaba explicación y una sonrisa que no alcanzaba a ser cordial, no era otro que Aarón.