Ellie lo dejó marcharse en silencio, había sido una mañana bastante extraña para ella y para ser honesta no entendía el mal humor que había invadido a Declan de un momento a otro, aunque tampoco parecía ser algo raro en él, sin embargo apenas era el segundo día trabajando como su secretaria como para entender y darle sentido a todas sus manias. Y ya que le había dado la libertad de retirarse, quien era ella para desaprovechar una oportunidad que le daría tiempo de ir a visitar a su mamá antes de regresar a la casa de su esposo.
Por supuesto que no planeaba pedir el apoyo de ningún chófer, no era un trayecto que no hubiera hecho en otras ocasiones, y no tenía el menor sentido para ella incomodar a alguien más, así que en cuanto el elevador se cerró, la joven empezó a preparar su salida.
Apagó la computadora, guardó la agenda, su cuaderno y ordenó su escritorio, pero cuando estaba a punto de guardar su celular en la bolsa, dos notificaciones repetidas le llamaron la atención, no era habitual, no a esa hora cuando su mamá sabía que estaba trabajando y cuando Lydia estaba por terminar su turno
Y de inmediato pensó en Declan con algo de malestar, no por él en sí, en realidad se había acostumbrado a esos mensajes, pero sí la desalentó el hecho de que se hubiese arrepentido y tendría que cumplir con todo su horario; y muy a su pesar giró el aparato solo para descubrir un nombre en la pantalla que hacía tiempo no veía: Aarón.
Ellie dudó un segundo, mientras el nombre permanecía allí, iluminando la pantalla con una familiaridad que le resultó extraña, casi invasiva, que le provocó un ligero desajuste en su interior. No era exactamente miedo, ni tampoco alegría, era una mezcla incómoda de sorpresa y desasosiego, como si el pasado hubiese decidido irrumpir sin previo aviso en un momento en el que ella apenas comenzaba a estabilizarse; y peor aún no tenía razón de ser dada la forma en que su relación terminó.
Su pulgar le quedó suspendido sobre la pantalla, indeciso, hacía tiempo que no veía ese nombre, demasiado tiempo como para que su aparición fuera casual, y su respiración se volvió un poco más superficial, permitiendo que su mente comenzara a llenarse de preguntas atropelladas.
Y en un instante sus ojos, inconscientemente, se dirigieron hacia la oficina de Declan, desde luego la puerta estaba cerrada, como siempre; y sin embargo, un pensamiento tan ligero como fugaz, que apenas quiso reconocer, cruzó su mente:
Qué pensaría él si supiera quién le había escrito?
La simple idea le produjo una sensación extraña en el estómago, no por temor a su reacción, sino por algo más sutil, pues a pesar de que insistiera en que no le importaba, en realidad sí le importaba, al grado de temer que volviera a ser el hombre frío de antes o que la sola idea de creer que tuvo algo con su sobrino convirtiera los siguientes dos años en un infierno para ella.
Pero una tercera vibración la obligó a regresar su atención al teléfono. Ellie cerró los ojos un instante, intentando ordenar el torbellino que comenzaba a formarse en su interior; pues después de casi dos meses en que no había hablado con él, no estaba preparada, no para remover el pasado, sobre todo cuando su presente era lo bastante incierto para entenderlo.
Sin embargo, en el fondo también necesitaba saber lo que Aarón tenía que decirle, quizás no era nada, quizá era todo o probablemente solo era un asunto de trabajo, ahora que era la secretaria del CEO esa era una posibilidad aún más plausible, y con los dedos temblorosos le dió clic a esa pequeña burbuja de notificación.
Hola muñeca ❤️, espero que te hayan gustado mis rosas.
Sé que es un poco inapropiado dado que ahora eres mi tía 😕 pero no he dejado de pensar en tí y en la forma tan nefasta en que todo terminó.
Espero que podamos hablar, porque en verdad no he podido olvidarte 😓.
Tres simples mensajes que finalmente le dieron luz al misterio de las rosas, Ellie volteó a verlas ahí, olvidadas en el gabinete, no les había prestado la suficiente atención porque en realidad no creyó que fuesen para ella, al no tener nota consideró que quizás eran para la antigua secretaria de Declan, sin embargo, ahora que descubrió que no solo eran para ella sino que venían de un remitente muy especifico, su impacto fue diferente.
Muy diferente. La joven se quedó mirando el ramo como si lo estuviese viendo por primera vez, y de un momento a otro el rojo intenso de los pétalos ya no parecía un detalle elegante ni casual, y sintió como esa sensación le desdibujaba el gesto, sus cejas se fruncieron apenas y su boca quedó abierta sin que se diera cuenta; sin que pudiera dilucidar que emoción se abría paso primero: sorpresa, incomodidad, incredulidad o algo más inquietante y profundo.
De lo que sí estaba segura, es que aquel ramo siendo obsequiado por Aarón ya no era un detalle inocente, no era un obsequio de bienvenida a la familia, no era agradecimiento o despedida, era un gesto abiertamente íntimo; y un leve calor le subió por el cuello mientras intentaba ordenar sus pensamientos y buscarle respuesta a una de las muchas preguntas que atestaban su mente. Su mirada, entonces, descendió lentamente por el tallo, por el elegante papel y el coqueto lazo, buscando una explicación que parecía escondida en medio de esos detalles; desgraciadamente para ella, el ramo en sí, no le daría ninguna respuesta.
Y de pronto, ya no parecía un detalle romántico, sino una invasión sutil a la vida que estaba intentando construir, una vida en la que Aarón ya no tenía un lugar definido; y en medio de ese tumulto de emociones y pensamientos, finalmente comprendió lo único que necesitaba entender: el ramo, en sí, no le provocaba nada, nada en lo absoluto.
Meses atrás, un gesto así la habría desarmado, la habría hecho sentir esa emoción tibia y vertiginosa recorriéndole el pecho, esa sensación de ser elegida, recordada, importante, habría leído en cada pétalo una promesa; pero ahora solo veía flores, un objeto más sobre el mobiliario de la oficina.
Aarón salió de su vida, se lo había hecho saber con un mensaje cruel y una fotografía que prefería olvidar, no la había escuchado ni reclamado de frente solo la dejó sin más. Y también sabía que él había seguido con su vida, lo vió y lo escuchó; en menos de un mes había saltado de una mujer a otra con una facilidad casi ofensiva, como si su historia juntos hubiese sido apenas un capítulo sin peso, como si ella hubiese sido intercambiable.
Y eso le había dolido, no iba a negarlo, sin embargo ese dolor ya no ardía como antes, con el paso de los días se fue transformando en algo más frío y lógico, y eso lo peor: que no entendía por qué ahora regresaba con detalles tardíos, con gestos que no estaba en posición de aceptar y que, francamente, ya no le interesaban.
El teléfono vibró una vez más en su mano, pero no sintió la necesidad de saber qué decía o si acaso responder con alguna negativa, ya no le importaba; y con una serenidad que incluso a ella le sorprendió, se inclinó, tomó el ramo, sosteniéndolo apenas un segundo, sin detenerse a olerlo, sin admirar los pétalos, sin concederle un último significado.
Y, sin ceremonia alguna, lo arrojó al cesto de basura junto al escritorio, las flores cayeron desordenadas, algunos pétalos se desprendieron en el impacto, sin embargo, Ellie simplemente observó el resultado con el mismo semblante neutro pues ya no había nostalgia ni arrepentimiento.
Solo una certeza absoluta de que aquello pertenecía a una etapa que ya no estaba dispuesta a revivir.
Un ultimo suspiro abandonó sus labios antes de que se pusiera de pie, sin reparar en nada más que en haber dejado su lugar impecablemente limpio y con una calma renovada, tomó su bolsa, y caminó con una ligereza inconsciente hacía el elevador, no volvió a mirar atrás y no pensó en aquellas flores. Así llegó hasta la planta baja del hotel, desgraciadamente su teléfono no había dejado de sonar, sin embargo ya no eran solo mensajes, ahora también eran llamadas, seguidas y muy insistentes; cansada de la situación Ellie sacó el celular muy decidida a enfrentar a Aarón, a pedirle que no insistiera y echarle en cara la forma en que había terminado con ella, pero el nombre que apareció en la pantalla y que había insistido en contactarla no era de él sino de la amiga y vecina de su mamá.
El rostro que hasta hace unos segundos se había mantenido apacible cambió radicalmente, la joven sabía que esa llamada en particular no era por algo necesariamente, y de inmediato contestó con dedos visiblemente temblorosos.
- Si?
- Ellie!- la voz del otro lado sonaba agitada, mezclada con el ulular de una sirena- linda, soy Cora- y eso bastó para que el corazón le diera un vuelco.
- Qué pasó?, por qué se oye esa sirena?- y su voz empezó a quebrarse.
- Tu mamá se puso mal, hija, del corazón, de repente empezó con un dolor muy fuerte en el pecho y le faltaba el aire.... llamamos a la ambulancia, y ya vamos camino al hospital.
- Está consciente?, está hablando?- preguntó atropelladamente.
- Sí... bueno... por momentos, está muy pálida, pero los paramédicos dicen que la están estabilizando, no te asustes, sí?
- A qué hospital la llevan?- insistió, con el llanto ya desbordándosele.
- Al hospital público central, es el más cercano- Ellie se llevó la mano a la boca para contener un sollozo.
- Cora, por favor, escúchame.... la tarjeta del seguro está en su cartera, en el compartimento delantero... muéstrasela en cuanto lleguen, sí?, diles que sí tiene seguro, que revisen bien.
- Sí, sí, ahora mismo la saco.... tranquila.
- No la dejes sola, por favor- suplicó, apenas sosteniéndose- yo voy para allá... salgo ya.... en cuanto llegue te llamo.
- Ven con cuidado, hija.... yo estaré al pendiente, tú tranquila.
La llamada terminó, pero el sonido de la sirena pareció quedarse vibrando dentro de su cabeza, Ellie bajó el teléfono lentamente, las manos le temblaban con tal intensidad que apenas lograba sostenerlo; las lágrimas comenzaron a caer sin control mientras miraba alrededor, desorientada, buscando una salida inmediata.
- Señorita Ellie- la voz de Eugene la hizo girarse, el hombre ya había notado su estado y evidentemente no dudó en acercarse- se encuentra bien?
- Mi mamá.... se puso mal... la llevan al hospital- balbuceó entre sollozos negando con la cabeza- tengo que irme.....ya.
- A qué hospital la están trasladando?- preguntó con calma contenida.
- Al público central.... pero ya...ya... tengo que irme....- la joven intentó avanzar, pero Eugene dio un paso frente a ella, sin brusquedad.
- En ese estado no es prudente que conduzca ni que vaya sola.... debería avisarle al señor Declan para que la lleve- sin embargo, Ellie negó de inmediato, sacudiendo la cabeza.
- Él no....no... no está..... salió hace un rato, no sé dónde está y no puedo esperar a que vuelva.
- Entonces llamaré al chofer- el mayordomo propuso consciente del frágil estado en el que ella se encontraba.
- No quiero esperar a nadie- exclamó con desesperación- yo... tomaré un taxi.
- En el estado en que se encuentra no debería ir sola- respondió él con firmeza- está temblando y puede ser peligroso.
- No me importa!!- insistió con un grito contenido mientras buscaba la forma de dar un paso adelante- mi mamá está en una ambulancia!!!
- Justamente por eso debo asegurarme que llegue bien- el mayordomo suavizó apenas el tono- si el señor Ellsworth no está disponible, alguien más la llevará....pero definitivamente no irá sola- sin esperar más respuesta, Eugene sacó su teléfono, sabiendo que Declan no dudaría en ir hacia allá- llamaré al señor, él sabrá qué hacer.
Declan se encontraba en el bar, sentado en una de las mesas más apartadas, lejos del murmullo más estridente pero no lo suficiente como para escapar del ruido constante de voces y risas; su primera copa seguía intacta en su mano, mientras Greg seguía hablando, gesticulando, contando alguna anécdota que en otro momento habría merecido al menos una sonrisa distraída, pero él no estaba allí.
Su mente seguía en la oficina y en el rojo intenso de aquellas rosas, el hombre sentía que la sangre le hervía cada vez que imaginaba a alguien más enviándole flores, alguien que se había tomado la libertad de irrumpir en su espacio y que, quizá, tenía un lugar que él no.
Sus dedos se tensaron alrededor del vaso, y por un momento, la idea de levantarse e ir al al hotel lo atravesó con fuerza. Por supuesto que tenía todo el derecho de exigir una explicación, de preguntarle directamente quién se las había enviado, era su esposo, legalmente y ante los ojos del mundo estaban casados y no sería una actitud incomprensible o extraña.
Y justo cuando la impulsiva decisión comenzaba a tomar forma, su teléfono vibró sobre la mesa, pero Declan lo tomó casi por reflejo, contestando de inmediato sin considerarlo demasiado.
- Eugene- respondió mirando el ámbar de su copa.
- Señor, lamento interrumpirlo- dijo el mayordomo con tono respetuoso pero firme- pero nos acaban de avisar que la señora Alice se ha puesto mal del corazón, la están trasladando en ambulancia al hospital público central.
- Y Ellie cómo está?!- la voz de Declan cambió al instante y su preocupación se centro en una sola persona, mientras se levantaba de su asiento casi por instinto, soltando la copa sobre la mesa con tanta prisa que salpicó a su amigo.
- Oye!!- exclamó Greg sacudiéndose la camisa, sin embargo Declan no le prestó atención.
- La señorita Ellie está muy alterada y justo por eso lo llamo, porque su esposa desea salir de inmediato hacia el hospital y francamente considero que no es prudente que vaya sola.
- Dónde está ahora?
- Está conmigo, señor, aquí en el lobby... intentando marcharse.
- No la deje ir sola- ordenó sin vacilar- estoy cerca del hotel, llegaré en diez minutos..... avísale que por favor me espere!
- Como ordene, señor.
Declan terminó la llamada abruptamente, y sin mirar a su amigo, salió a toda prisa, dejando a Greg completamente descolocado, con la palabra en la boca y sin saber si debía seguirlo o quedarse atrás, pero no habia tiempo para explicaciones, el Alfa Romeo lo esperaba en la calle, y él no perdió ni un segundo en arrancar.
El tráfico no fue un obstáculo, cada semáforo parecía abrirse solo para él, sus manos apretaban el volante con fuerza, mientras mantenía los ojos fijos en la avenida, calculando cada giro con precisión; pues en su mente, solo había un objetivo: llegar antes de que Ellie tomara la decisión de salir por su cuenta al hospital.
Al llegar ni siquiera tuvo la precaución de estacionarse correctamente, al contrario, las llantas rechinaron al contacto con el asfalto cuando se detuvo abruptamente frente a la entrada del hotel.
Afortunadamente Ellie, todavía se encontraba ahí, a escasos pasos de la entrada de lobby, discutiendo discretamente con Eugene, intentando organizarse y marcharse por su cuenta. Las lágrimas recorrían sus mejillas mientras su ansiedad por llegar al hospital crecía con cada minuto que se demoraba en salir, y el mayordomo lo entendía perfectamente, sin embargo, dada sus condiciones era mejor esperar.
Declan observó la escena, antes de tocar el claxon repetidamente, anunciando su llegada, y casi de inmediato Eugene y la joven levantaron la mirada al unísono; y ella no necesitó más de un instante para procesarlo. La desesperación y el miedo por su madre borraron cualquier duda o vacilación y con un sollozo entrecortado, giró, corriendo hacia el vehículo, con las manos temblando y las lágrimas cayendo sin control.
El hombre le abrió la puerta desde adentro, y, sin apartar los ojos de ella, arrancó el motor, incorporando el Alfa Romeo de nuevo al tráfico de la avenida principal.
- Llegaremos pronto....te lo prometo!- aseguró Declan, con la voz firme pero con esa nota que intentaba calmarla, mientras sus manos se aferraron con fuerza al volante.
Ellie apenas pudo asentir, las lágrimas aún caianvpor sus mejillas, mientras su pecho subía y bajaba con rapidez; aferrada al asiento, sus ojos seguían el movimiento de la ciudad que pasaba veloz a su alrededor, cada semáforo, cada auto, cada peatón parecía borrarse de su conciencia; solo importaba llegar a tiempo.
Declan maniobraba con increíble precisión, adelantándose con cuidado pero sin perder ni un segundo, calculando cada giro, cada frenada, cada calle que debian atravesar, pues su mente estaba completamente enfocada en un solo objetivo: el hospital, y que Ellie llegara allí sin complicaciones.
- No sé qué haría si algo le pasara a mamá!- susurró ella, entre sollozos, apenas audible sobre el motor del coche, dejando que sus dedos se aferraran al asiento y a su bolso.
- Nada va a pasar.... confía en mí- por dentro, el miedo y la desesperación luchaban contra la urgencia de moverse, de hacer algo, pero Declan lucía tan en control que de alguna forma se permitió confiar en que nada pasaría.
Y por un instante, mientras giraba suavemente el volante, Declan inclinó un poco la mano, dudoso, tomando con delicadeza las de ella que no dejaban de frotarse entre sí, colocándola con suavidad y cierta precaución, consciente que dados los antecedentes de su relación era probable que la joven lo rechazará.
Sin embargo, ella permaneció indiferente a ese contacto, Ellie no retiró sus manos, pero tampoco respondió con ningún gesto de afecto; su desconexión era clara, aunque la ausencia de rechazo permitió que el contacto permaneciera unos segundos.
El edificio del hospital apareció finalmente en el horizonte, obligando a Declan a reducir la velocidad, girando hacia la entrada de urgencias con firmeza. Ellie tragó saliva, liberando el cinturón mientras sus manos temblaban, con la ansiedad alcanzando un pico insoportable.
De nuevo no tuvo el menor cuidado en estacionarse correctamente, se cerró en un pequeño espacio lo mejor que pudo permitiendo que Ellie abriera la puerta de inmediato; y sin aguardar un segundo más salió corriendo hacia las puertas automáticas del hospital, mientras su esposo la seguía muy de cerca.
- Señorita.... la señora Alice Keller- preguntó con premura en la incipiente central de enfermeras.
Una mujer regordeta, de mediana edad y con papeles en la mano levantó brevemente la mirada hacia ella, apenas un gesto de reconocimiento que denotaba indiferencia, y luego volvió a los formularios.
- Un momento- dijo mientras buscaba un teclado frente a ella- déjeme ver....
Ellie tragó saliva, con el corazón latiéndole con fuerza, mientras Declan se mantenía a su lado, vigilante y silencioso. La mujer comenzó a teclear, lentamente, revisando cada letra, y aunque sus movimientos eran meticulosos y precisos, para Ellie parecían excesivamente lentos.
- Sí.... vamos a ver....Keller, Alice.... Alice Keller- murmuraba para sí misma, desplazando el cursor, abriendo ventanas y revisando registros- ah, aquí está- finalmente, levantó la vista hacia la joven con la misma expresión impersonal- está… en la entrada de urgencias- informó señalando la entrada sin mirar en esa dirección- esta esperando ser evaluada por un médico.
Ellie no perdió ni un segundo, salió corriendo por el largo pasillo del área de urgencias, recorriendo con la mirada las innumerables camillas que aguardaban atención médica en los costados del pasillo, buscando desesperadamente a su madre.
La sensación de impotencia le quemaba en el pecho mientras cada segundo se sentía eterno, pues al ver la cantidad de pacientes, ya temía que el resto del día y gran parte de la noche no tendrían más opcion que aguardar en el hospital intentando convencer a algún médico de la gravedad de su situación.
Hasta que a lo lejos ubicó a Cora junto a una camilla, ofreciéndole agua a Alice con cuidado, y Ellie no lo pensó: corrió hacia ellas, esquivando el paso de enfermeras y pacientes, sin importarle nada más que llegar hasta su madre.
- Mamá!!- exclamó al llegar, dejándose caer contra su pecho pues necesitaba escuchar los latidos de su corazón- mamita!!!- repitió abrazándola con fuerza, mientras sus manos recorrieron con urgencia los brazos y los hombros de Alice, comprobando que estaba consciente, que respiraba- estás bien?, te duele algo?
- Estoy bien, Ellie- respondió con un hilo de sonrisa, retirando ligeramente los brazos para mirarla a los ojos- no hay nada de qué preocuparse.... y de hecho, ni siquiera debieron traerme hasta aquí- la joven la miró incrédula, pero antes de que pudiera decir algo, Cora intervino, con voz una calmada pero lo bastante firme para acentuar la seriedad del evento.
- Esta necia, testaruda insistió en no venir, pero estaba tan agitada y palida que creí que no estaba en condiciones de esperar, así que preferí traerla- le explicó a Ellie, tratando de transmitirle un poco de calma- no quería arriesgarme a que algo pasara mientras esperábamos.
Alice frunció los labios y dejó escapar una mueca de desagrado, cruzándose de brazos mientras mantenía la postura erguida y obstinada que siempre la caracterizaba.
- Estoy en perfectas condiciones- aseguró, intentando levantarse de la camilla- estoy tan bien como para pasar toda la tarde aquí, en este pasillo, esperando a que algún médico se desocupe y pueda atenderme!!- replicó con sarcasmo e ironia.
- Mamá!- Ellie la reprendió obligandola a acostarse, bajando la voz pero sin ocultar la firmeza- no puedes simplemente irte....no hasta que un médico te de el alta- le reprochó mientras volvía su atención hacia Cora casi de inmediato- ya la revisó algún médico?, le pidieron estudios?... un electro, análisis, algo?
- No- la mujer negó con la cabeza con cierta incomodidad y molestia- en la recepción dijeron que su caso no parecía tan grave, que debía esperar a que la llamaran cuando hubiera un médico disponible.
- Ya ven?, eso pude decírselos yo- Alice soltó un suspiro cargado de fastidio- no hacía falta traerme hasta aquí para escuchar lo mismo- murmuró, haciendo un gesto hacia el pasillo lleno- ya hay demasiadas personas y no pienso quedarme hasta la madrugada sentada en este lugar, será mejor que nos vayamos!!- sin embargo, la joven negó con la cabeza de inmediato, con una determinación que contrastaba con las lágrimas aún húmedas en su rostro.
- No- y miró de nuevo a Cora- mencionaste lo del seguro?
- Sí- respondió ella con rapidez- ya di todos los datos y fueron ingresados en el sistema....eso aceleró su admisión, aunque no lo suficiente- declaró con un amargo sarcasmo, producto del increíble situación que estaban viviendo.
Ellie asintió lentamente, procesando la información, mientras su mirada volvía a posarse en su madre, evaluándola con atención: el color del rostro, la respiración, la rigidez en los hombros. No le importaba cuánto protestara; no iba a permitir que se marchara sin que la revisaran.
Declan permaneció unos pasos detrás, en silencio, dejando que fueran ellas quienes ocuparan el centro de la escena, su mirada, sin embargo, no estaba quieta, viajaba un punto a otro observando y evaluando la situación que lo rodeaba.
Recorrió el pasillo con detenimiento: las camillas alineadas sin demasiada separación, algunas cortinas corridas a medias, el murmullo constante de voces mezclado con quejidos apagados y el sonido intermitente de monitores antiguos.
El aire olía a desinfectante barato y cansancio acumulado, las enfermeras iban y venían con expedientes, cruzando apresuradamente frente a los pacientes; un niño lloraba más allá; un hombre mayor tosía con dificultad en la camilla contigua.
Escuchaba la conversación de las mujeres sin interrumpir, pero su atención se dividía entre las palabras y el entorno, y poco a poco se fue haciendo consciente de las condiciones del lugar, demasiadas personas y poco personal para su atención.
No era un ambiente al que estuviera acostumbrado, pues en su mundo las salas eran silenciosas, privadas, con atención inmediata y discreta. Aquí, en cambio, todo era público, visible, expuesto; la urgencia misma competía por turnos y la gravedad se medía en prioridades frías.
Su mandíbula se tensó apenas, no por desprecio, sino por cálculo. Comprendía que, en un hospital público, la espera era parte del sistema, pero también entendía que la situación de Alice no podía quedar a merced de la saturación del lugar y en ese momento volvió la mirada hacia Ellie.
La vio firme frente a su madre, negándose a ceder, pero también la vio vulnerable y nerviosa sin que nadie estuviera ahí para sostenerla a ella. El hombre inhaló con calma, considerando que sí el sistema no se movía con la rapidez necesaria, él encontraría la forma de hacer que se moviera.
- Ellie- Declan dio un paso al frente y llamó con voz baja pero firme.
La joven giró apenas, renuente a apartarse de la camilla, pero finalmente caminó hacia él, secándose las lágrimas con el dorso de la mano, mientras Declan la tomó con suavidad pero firmeza por el brazo, inclinándose lo suficiente para hablar sin que Alice los escuchara.
- Qué tan grave es?!- preguntó, directo.
- Aparentemente está bien, pero hasta que no la revise un médico no podemos saberlo con certeza.
- Entonces qué están esperando?- el hombre frunció el ceño, pues al parecer aún no era totalmente consciente de las condiciones en las que se encontraban.
- Aquí la atención depende de turnos y de la gravedad de cada paciente- respondió e
Ellie, señalando discretamente el pasillo lleno- si hay casos más urgentes, ellos pasan primero- la joven hizo una pausa y lo miró con cansancio, comprendiendo que no era su obligación quedarse en aquel lugar- si quiere irse, no importa, es muy probable que pasemos casi toda la noche aquí.
- No- aseguro de forma muy tajante- no voy a permitir que eso suceda.
Y sin añadir nada más, se dio media vuelta con decisión, buscando decididamente a algún médico que pudiera atenderlo, y justo en ese momento un doctor cruzó el pasillo revisando una tableta electrónica, a quien Declan interceptó con firmeza.
- Doctor.
- Declan, no- Ellie reaccionó de inmediato, intentando detenerlo, alcanzándolo por el brazo, pero ya era tarde, el hombre había alcanzado su objetivo, orillandolo hacia una esquina.
- Es posible trasladar a un paciente a otro hospital?- preguntó sin rodeos.
- Señor, yo…- el médico lo miró con evidente desconcierto- tendría que revisar el caso, pero...
Sin embargo Declan no esperó la explicación completa, con determinación, lo condujo prácticamente hasta la camilla de Alice, inclinándose para tomar el expediente que descansaba a los pies de la cama, ofreciéndoselo al médico.
- Ella es Alice Keller, tiene una condición cardíaca y necesito saber si es posible que puedo trasladarla a otro hospital.
- Señor, entiendo su preocupación- el doctor parpadeó, confundido, intentando mantener la compostura- pero aquí las cosas funcionan por protocolo, debemos evaluarla primero, para determinar...- pero Declan lo interrumpió nuevamente con esa firmeza tan suya que no admitía discusión.
- No necesito saber cómo funciona este hospital, solo quiero saber una cosa: mi suegra está en condiciones de ser trasladada?
El médico tomó el expediente más por insistencia que por verdadera disposición, lo abrió con un suspiro apenas disimulado y comenzó a revisar las anotaciones preliminares, desplazando la mirada entre los registros y los signos vitales apuntados a mano.
Alice lo observaba con los labios apretados; Cora, en silencio, intentaba descifrar la expresión del hombre; Ellie mantenía las manos entrelazadas con tensión, siguiendo cada movimiento como si de eso dependiera el aire que respiraba, mientras el médico pasaba una hoja, tras otra.
- Doctor- insistió Declan- está en condiciones de ser trasladada?
- Sí- respondió finalmente, levantando la vista, claramente presionando- está estable, sin embargo, necesita ciertos cuidados ambulatorios durante el traslado: monitoreo continuo, medicación preventiva y respaldo en caso de descompensación, pero desgraciadamente este hospital no está equipado para proporcionar todo eso en una ambulancia básica en este momento.
- Qué necesita?- y el hombre ni siquiera dudó.
- Monitor cardíaco portátil de última generación, oxígeno con regulación específica, medicación intravenosa preparada, desfibrilador con soporte avanzado, personal capacitado en traslado crítico....- el médico comenzó a enumerar, casi mecánicamente todos los elementos que, según aclaró, sus ambulancias no tenían disponibles de inmediato, en tanto Declan escuchó sin interrumpir hasta que el listado terminó.
- Si yo proporciono todo eso- preguntó con calma medida- firmará el alta para trasladarla a otro hospital?
- Si el equipo cumple con los requisitos y el traslado se realiza bajo responsabilidad firmada, sí- asintió cansado, con el pasillo lleno y otros pacientes esperando por su atención- puedo autorizarlo.
- Gracias, doctor- y sin esperar más, Declan se apartó unos pasos, ya con el teléfono en la mano, muy dispuesto a cumplir con su misión.
- Declan- Ellie lo alcanzó, sujetándolo por el brazo, aunque su ofrecimiento parecía genuino, ella no queria arriesgarse- no tienes que hacer nada, este hospital es en el que siempre nos han atendiendo y no hace falta que tú interfieras.... mi familia y yo no necesitamos nada de ti- y aunque su voz era serena, no pudo evitar que un filo agresivo se filtrara entre sus palabras.
- Perfecto, pero lo quieras o no, voy a cuidar de ti.....y de tu familia- debatió sin el menor reproche en su voz y con un dejo de dulzura casi imperceptible que ella no pudo ignorar del todo.
Ellie sintió que el aire se le escapaba, mientras algo en su pecho se apretó con fuerza, un calor creciente que no era rabia ni vergüenza, tampoco miedo ni preocupación; era un sentimiento mucho más calido que empezaba, irremediablemente, a menguar su resistencia.