Esto me tiene, emocionada, y nerviosa, pues ahora por fin, hare mis preguntas y, me las aclararan.
Estoy tan nerviosa que ni siquiera se que decir o por donde empezar, mis labios no se abren para gesticular las palabras y mi garganta no emite sonido alguno-Erea concéntrate-, es lo que me repito varias veces para por fin poder hablar.
-Empecemos por el principio…
- ¿Cuál es el principio?
Interrumpe.
-El principio de toda esta historia, ¿Por qué escucho una voz que me habla?
Y, como si lo que hubiese dicho fuese chistoso, de sus labios se forma una sonrisa traviesa, y de su garganta brota el sonido de una risa sarcástica
Si no fuese un ser de otro mundo, este sujeto ya me estaría gustando. Menuda sonrisa que tiene.
- ¿Qué te da tanta risa?
-Que quieres empezar por un principio el cual yo no puedo responderte, al menos no aun, siguiente pregunta.
Mi cara se frunce en confusión ante tal respuesta, pues el dijo que eso podía responderlo y, todo lo que quisiese preguntar, ¿no?
-Bien, entonces, ¿Qué ser del otro mundo eres?, no creo que seas un ángel, tu aura es muy oscura para eso.
-Jajaja, niña, aun te falta mucho por saber, pues dicen por ahí, que los ángeles caídos y algunos demonios, fueron antes ángeles, antes de ser desterrados de la tierra de Dios.
- ¿Entonces eres un ángel caído? O ¿un Demonio?
-Eso es algo que tampoco puedo responderte.
- ¿Por qué tanto misterio? ¿no que responderías todas mis preguntas?
-Claro que las respondería todas, pero pensé que serian de otro estilo como “¿Por que la gente del mundo de los muertos tiene un centro comercial?”, a eso me refería.
Frunzo el ceño de nuevo, mi sonrisa emocionada se va, y se forma una línea recta, los nervios que tenia se convierten en enojo, pues quería saber el porque de todas mis preguntas, su razón de ser.
-Vamos, Erea, no te sientas triste.
Me dan ganas de escupirle unas palabrotas, pero me las reservo, me apresuro a levantarme de la silla y salir apresuradamente, como una bala, de ese lugar.
- ¡Erea! ¿A dónde vas? No puedes irte sola, regresa.
Y como si me estuviesen persiguiendo, apresuro el paso, casi echando a correr.
Céntrate y cálmate Erea, lo último que te faltaría seria perderte.
Sigo corriendo y volteo hacia atrás para ver si dejo de seguirme, y así es, ya no está.
Me quedo mas tranquila, y lo que hago ahora es caminar, en busca de la entrada por la que vinimos antes, pero ya no encuentro nada.
La entrada ha desaparecido, esto es el colmo.
Quiero salir de aquí.
Veo a mi alrededor, y lo único que noto son almas extrañas alrededor van de aquí para allá, hablando como si fuesen personas, a mis pies solo hay un pasto verde, lleno de flores rojas con el mismo aroma extraño que yacía en mi habitación, pero este lugar ya no parece el mismo por el que entre, es diferente.
En este punto es donde me doy cuenta que me he perdido.
-Ahora te quedaras en el mundo de los muertos para siempre por haberte puesto a correr.
Me digo a mi misma, pero alguien me responde.
- ¿Qué hace una humana por aquí sola?
- ¿Qué hedor tan asqueroso no, Félix?
-Claro que sí, pero mírala, es tan hermosa y se ve tan ingenua.
-Así es, hace tiempo no veía a una humana.
Volteo, y veo como tres ¿demonios? Se posicionan a mi alrededor.
Mi amuleto brilla de nuevo, y siento como si la presencia de mi ángel estuviese aquí al lado mío, es Deo, pero sé que para acá él no podría entrar, es un ángel, sé que me protegerá en este momento, aunque no esté conmigo.
-Niña, ven con nosotros, te cuidaremos.
Me toma del hombro uno de ellos, el que creo que se llama Félix, pues su voz lo delata.
- ¿Escuche que quieres salir? Ven con nosotros primero y te llevaremos.
Busco una escapatoria de ellos, pero no la veo, a cambio, noto un olor extraño y feo, y veo como el cielo se torna de un rojo mucho más oscuro.
De repente, siento como me toman del brazo y me jalan, para mi sorpresa, no fueron los demonios, sino un chico el cual jamás había visto.
- ¿Una humana viva aquí? Te ayudare a salir lo antes posible, si te quedas por mas tiempo, puedes terminar quedándote para siempre en el infierno sin haber aun muerto.
Me quedo sin nada que decir, y es impactante para mí, el sentirme segura y sin temor, el aura de este chico no logro verla, solo pequeñas manchas, tal vez azules, son lo único que logro ver.
El cabello del chico también es de color azul, parece de mi edad, pero si es un ser del mas allá, entonces es muchísimo mayor que yo, su ropa es plenamente elegante, tiene una corbata azul, una camiseta blanca, y su saco y pantalones son de color ¿n***o? Aunque con la poca luz que hay, se ve a veces azul.
-Deberías correr más rápido, ¿no crees? Yo solo no puedo llevarte hasta allá.
- ¿Quién eres o que eres? ¿Como fue que me encontraste?
- ¿Te salvo y eso preguntas? Que curiosa eres-Lo sé-, Solo soy o fui un muchacho humano que murió y termino aquí en el infierno todo gracias al contrato que hice con un demonio, además, te encontré porque estaba por ahí caminando, noté que parecías humana, vi que te atacaban y por eso ahora estas aquí conmigo.
Es simpático.
Quisiera saber mas de esa historia del contrato, pero decido callarme, a penas lo acabo de conocer.
-Y bien, ¿Qué hace una humana aquí? Supongo que todavía no estas muerta, ¿no?
-No, aun no me he muerto, vine porque me trajeron.
- ¿Quién te trajo?
-No sé si lo conozcas.
- ¡Erea!
Y, hablando del rey de Roma, del cielo cae susodicho personaje, literalmente, cayó del cielo.
-Oh por-
- ¿Lo conoces?
Le pregunto al chico, pues su reacción y como se le nota en su cara, parece que ya lo conocía.
-Si, ¿recuerdas el contrato? Firme el contrato con-
Mis ojos se abren como platos, y puede que no sea así, o puede que sí, ¿pero entonces el firmo un contrato con él? ¿lo que implica que entonces él es el Demonio?
-Bang, tanto tiempo querido, ¿Cómo te ha ido aquí arriba? ¿ya te acostaste con alguna ninfa o …?
-Ay que asco.
Entorna sus ojos, pero se asoma de nuevo en su rostro, una sonrisa traviesa.
-Erea querida, te estuve buscando, que bueno que sentí tu olor y te seguí, ¿te perdiste?
Volteo los ojos, y asiento.
- ¿Eres un demonio?
-Tal vez.
- ¿Qué clase de Demonio?
-Si te dijese, igual no sabrías ni me entenderías.
Touche, aun no se casi nada de este mundo.
-Te traje aquí con la intención de que me preguntaras para saber mas de este mundo y del reino de los cielos, no creí que me preguntarías sobre otras cosas.
-Ah.
-Por cierto, ¿Cómo descubriste que soy un demonio?
Señalo con mis ojos al chico que esta luchando para zafarse de los brazos del que me trajo a este mundo raro.
- ¿Le dijiste tú, Bang?
-No, solo le conté un poquito de porque un tierno humano como yo estaba en un infierno tan horrible como este. Y le dije que fue obra de un demonio, pero nunca dije quién.
-Entonces, ¿tu firmas contratos a cambio de la vida de otros?
-Si y no, hago mas cosas, pero si, además siempre es decisión de la persona, no me los llevo solo porque si, el decidió firmar un contrato, lo complací con lo que el quería, y a cambio consumí su vida y lo dejé aquí arriba antes de tiempo, pero fue porque él lo decidió.
-Es algo así como, ¿te querías morir?
Silencio.
-Bueno, olvídenlo.
-Zagan, ¿Ella no tiene que irse ya? Si se queda aquí por más tiempo, no podrá volver a su mundo.
-Bang tiene razón, Erea, tenemos que regresar, adiós Bang, cuídate y diviértete, el infierno es muy divertido.
-Si claro, adiós.
-Chao, Bang.
Me despido del chico llamado Bang, y el ahora demonio a mi lado, toma mi mano.
- ¿Seguro que no eres malo y no querrás hacerme daño, ¿verdad?
-Confía en mí, toma mis manos, sujétate fuerte, no te sueltes, volveremos al mundo humano.
Es increíble el cómo pensé que viniendo con el acá, resolvería todas mis dudas.
-Así que, eres un demonio, con razón tu aura la primera vez que te vi, era tan oscura y siniestra.
-Todavía hay demasiadas cosas que necesitas saber de mí, Erea, pronto te las diré o las descubrirás solas.
- ¿Me dirás que clase de demonio eres?
-No, aun no lo hare. No preguntes más eso.
Asiento.
- ¿Eres tú el demonio que me…?
-Erea, ya no preguntes más, en algún momento podre resolver tus dudas, mi misión aquí es otra, así que prefiero que guardes silencio de ahora en más, y preguntes cosas distintas que de verdad te interesen saber.
Pero todo eso me interesa saberlo.
-Esta bien, dejare de preguntar.
Mi curiosidad tendré que implementarla en otro lugar, o preguntarles a otras personas, ¿a quienes? Eso es lo que intentare hallar.
-Deo debe estarnos buscando.
-Puede ser, pero no te preocupes por la hora en que volvamos, en el mundo espiritual el tiempo transcurre diferente a como pasa en el humano, mientras que en el infierno duramos horas, en la tierra han pasado a penas unos minutos.
-Vaya, entonces no me preocupare por eso.
-No. No deberías.
Silencio.
No es un silencio incomodo, pero soy de las personas que les gusta, al menos, oír una pizca de ruido o que me hablen, pero este silencio es agradable.
Y, sin darnos cuenta, ya hemos llegado al mundo humano, esta vez aparecimos en el parque de la escuela, todo a nuestro alrededor parece estar normal, tal y como lo dejamos.
Quizá el único que noto nuestra ausencia fue Deo, pues viene corriendo hacia nosotros, y el asistente de Zagan, también parece haber notado nuestra falta.
Cabe recalcar, que el viaje de regreso fue mejor y mas cómodo, no me dio tanto miedo como la primera vez, y me sentí más segura.
-Oh, Erea, que bueno que estas bien y a salvo, sentí tu temor y peligro, menos mal te entregué ese amuleto. ¿Dónde se metieron ambos?
Me sujeta de ambos brazos y me mira con cara de preocupación.
-Tranquilo, estoy bien.
- ¿Pues donde crees tú? En el inframundo. - Responde Akai.
Los ojos de Deo se abren del tamaño de yemas de huevo.
- ¿Qué rayos hacían allá? ¿La idea fue de Zagan? ¿Si se dan cuenta del grado de peligro en el que pudo haber estado Erea? Y ¿Cómo hiciste para entrar tu ahí, Zagan?
-Jajaja, calma, son muchas preguntas, ¿no crees?
Le dice y lo mira con cara de cansancio y despreocupado, como si no le importara.
-Si, pero- Le interrumpe Zagan-. Amigo, tranquilo, lo importante es que Erea está sana y salva, yo me encargue de cuidarla.
-Eso no es…
- ¿Cierto Erea?
Zagan clava su mirada en mí, con ojos de “Si dices algo mal, enterrare mis garras en tu corazón”.
-Si, tiene razón.
Deo me lanza una mirada por ultima vez y me toma de la mano, llevándome hacia adentro de la escuela para hablar, dejando atrás a Zagan y a Akai.
- ¿Segura que no te hiciste daño? ¿Está todo bien?
Sonrío.
-Si Deo, todo está bien.
-Te creo, pero, ¿Qué hacían allá?
Dudo entre hablar o no, pero lo hare, se nota preocupado.
-Necesitaba que Zagan respondiera mis preguntas, lo cual, decidió llevarme hasta allá.
- ¿Él era quien decías que te respondería?
-Si- ¿y las respondió? -, Dijo que aún no era el momento.
-Ay, Erea, al menos la próxima intenta hablar en un sitio que no sea el infierno, ¿si no como podre estar ahí contigo?
¿Sera que habrá próxima vez? Lo dudo.
-Ay, Deo, tranquilo, seguro la próxima vez será en el cielo.
-Erea, no digas tonterías, ¿quieres morir?
-No, pero…
-No intentes ir al cielo sin mí, y por favor, no cruces mas las puertas del infierno, un humano como tú no debería estar ahí, y si no se tiene cuidado, puedes quedarte ahí por siempre y será como si hubieses muerto.
- ¡Erea!
Viene caminando hacia mí, a paso apresurado, Jimmy.
-No te volví a ver desde que te dejé en el baño y cuando saliste de clases, ¿Dónde estabas?
En el más allá, en lo que creemos inexistente la mayoría de los humanos, lo que nunca se ha podido ver, ni saber, pues quienes mueren no nos cuentan ni nos contaran nunca, en pocas palabras, más allá del cielo, el infierno.
-Jim, Hola amigo, mi Jimmy, estaba caminando por el patio y mirando el viejo, lo normal, viendo arboles y las plantas, jajaja.
Me observa con una mirada escéptica y dubitativa, lo conozco muy bien, como para saber que justo ahora no me cree, ni la mitad de lo que dije.
- ¿Lo normal, Erea? Si todos los días te quedas sentada en la biblioteca o en el jardín de la escuela, comiendo, leyendo o mirando tu celular, ¿me dirás que ahora lo normal que haces es irte a ver arboles y plantas? ¿cambiaste de rutina? O…
-Bueno, bueno, Erea, yo creo que mejor me voy, ya sabes dónde nos veremos hoy, te espero puntual, adiós amigo de Erea, cuídala por mí.
Interrumpe Deo.
- ¿Y ese raro quién es? Llegaste con el por la mañana, y te habla ahora super informal y como si fuesen amigos de años, eso tendrás que explicarlo también.
-Jim, tranquilo, todo esta bien, y Deo solo era- ¿Qué era? -. Es, mejor dicho, un familiar por parte de mi padre, su sobrino o primo lejano, no recuerdo, viene de ¿Rusia? Si, Rusia, se quedara acá por un tiempo y estudiara aquí, pobrecito, es que no tiene amigos.
- ¿Esperas que te crea esa mentira tan grande?
Tal vez.
- ¿Mentira? ¿Cuál mentira?
-Pienso hacer que te creo, lo cual no es cierto, ¿me ocultas algo? Por supuesto que sí, te conozco desde que estabas en pañales.
-Un momento, ¿Cómo? Si seguías siendo a penas un bebe.
-Te conozco desde ese momento, no lo discutas ni cambies de tema, ¿me contaras?
-Si, tal vez, no sé, aun no, Jim.
-Vale vale, espero lo hagas pronto, no quiero quedarme sumergido en esta duda.
A mi me tienen en dudas más grandes.
-Sabes bien que no me gusta que me ocultes cosas, pero, cuando estés lista, no quiero presionarte tampoco, soy tu mejor amigo, estaré aquí sin importar que, y lo sabes, ¿no?
-Lo sé.
Le doy una sonrisa y le doy un abrazo, se lo merece, no sabría que hacer sin este chico, o si no lo tuviese como mi apoyo cada vez que me caigo o para que me escuche, y que me diga que esperara hasta que decida contarle, es reconfortante y me quita el peso de encima el estarle ocultando este poder que tengo y el porque me relaciono con ahora, ángeles y demonios.
Claro que le contare, pero no todavía, primero debo descubrir porque tengo yo esta clase de poder, y resolver las demás dudas que tengo, para así poder decirle.
- ¿Dicho secretito es muy grande? ¿Es malo? Al menos dime eso.
-JAJAJA, Jim, ¿te han dicho que eres muy curioso?
-Pues, mi mamá, me lo ha dicho, pero es extraño que seas tu quien me diga eso, teniendo en cuenta que tu eres mucho mas curiosa que yo, por no decir la palabra chismosa y entrometida.
- ¿Chismosa?
-Si.
Se acerca a mi y me abraza y comienza a hacerme cosquillas.
-Es mentira, perdón.
-Te perdono si me compras luego un paquete de papas.
-Trato hecho.
Suena el timbre de la escuela lo que indica que ya es hora de volver a clases, increíble, que hace ¿Unos momentos? Quizás, me encontraba en el inframundo, algo que ni la misma ciencia ha logrado comprobar y ver dicha existencia, lo acabo de hacer yo, una humana promedio.
- ¿Vamos, querida Eri?
-Vamos, Jim.
Caminamos tranquilamente al salón, mientras yo sigo pensando y analizando el como fue que pude yo hacer todo esto, además de haber descubierto que Zagan es un demonio, no es que no me hubiese dado cuenta de que era un ser del otro mundo, pero el que sea el un demonio, me es impactante, mas que se vea de esta forma, tan humano, no como los demonios que vi allá arriba los cuales los tres eran antropomorfos, además, Zagan a pesar de ser a veces frio, malhumorado, y sarcástico, entre otras cosas, aunque no lo conozco mucho, pues se ve que es alguien un poco, un poquito, amable, no es tan desgraciado como se ven que lo serian los otros demonios, ¿o sí? No sé.
Entramos al salón, y a lo primero que se dirige mi mirada, es al chico de cabello oscuro, pálido, con una mirada como si siempre estuviese tramando algo, pero a la vez se mantiene quieto, tranquilo, como un mar sin oleaje y, sobre todo, con el aura mas pesada y oscura que he visto nunca, no diría que la mas fea, pues esa oscuridad singular llama mi atención y no me espanta, aunque la primera vez que la note, me hizo desmayar, pero no me espantó.
Tomo asiento y veo como en mi mesa se encuentra un papelito.
“No intentes decirle a nadie lo que viste allá arriba, solo Deo y Akai saben que fuimos allá, pero a mas nadie intentes decírselo, si no, enfrentaras las consecuencias”.
-Z
Lo que me faltaba, no poder decir ni una palabra sobre esto, Deo sabe, lo que no sabe es que me perdí, y que casi me matan unos demonios de apariencia espantosa y que, un muchacho humano fue el que me salvo, y pensándolo mucho mejor, menos mal no tomé ese café del inframundo, quien sabe, ahorita estuviese muerta, y siendo comida de un perro de tres cabezas, mayor conocido como Cerberus.
“¿Debería decirle a mi ángel guardián, que tu eres un demonio? Se pondrá furioso, o no me dejará relacionarme contigo, quien sabe… Pobre de ti si llega a salir algo de mi boca, quien sabe que le haría un ángel a un demonio como tú”
Le digo a Zagan en el papelito y se lo tiro.
“No puedes decirle nada, o al menos no aun, además, soy mucho mas poderoso que ese ángel de quinta que te cuida, supongo que quieres algo a cambio para mantener tu boca cerrada, ¿dime? ¿Qué quieres?”
-Z
¿Qué quiero?
“Quiero que respondas todas mis preguntas, esperare, así que tranquilo, pero espero que cuando llegue el momento, las respondas todas”
“Lo hare, ten eso asegurado, y toma mi número, así no nos escribimos mas por este papelito estúpido, 000666”
-Z
¿666? ¿Ese no es el numero del diablo? Esto si que no me lo esperaba. Que chistoso.
Añado su numero en mi celular, y tomo mis cosas para irme a ver a Deo, pues ya han pasado varias horas de clase, y ya termino la última que tenía.
Salgo del salón para encontrarme con mi ángel protector, lo veo ahí de pie en la salida de la escuela.
- ¡Hola Deo!
- ¡Erea! ¿Estas lista para hoy en la tarde?
Asiento.
Y que comiencen mis clases sobre ángeles, demonios y seres del más allá.