Capitulo #4: El Bosque de Cassiel

3598 Words
Ubicación del encuentro: Casa abandonada en el bosque, es el único bosque que esta cerca tu casa, ahí deberas ir. Podrás guiarte mejor ya que en cada árbol camino a casa, hay una tira azul atada, eres la única que puede verla, además de algunos otros seres del más allá. Por favor ten cuidado, te estaré esperando en esa casa. -Deo Esto es lo que Deo me entrega en una hoja de papel al finalizar las clases, el cual se desvanece al terminar de leerlo, sus instrucciones son claras y concisas. Es ahí donde iré a mi nuevo entrenamiento. Con estas instrucciones y lo que tengo que hacer ya en mi mente, camino a casa a comer, ducharme y cambiarme. No lo había pensado en ningún momento, pero si hoy saldré y, tal vez llegue tarde, quizás deba decirle una mentira chiquita a mi padre. Aunque mi papá sabe que tengo este poder raro desde pequeña, el piensa que ya no lo uso y no le tomo casi importancia, lo cual, esta un poco en lo correcto, no le tomaba mucha importancia hasta que llego Deo y Zagan, antes si veía un alma solo lo veía y seguía con mi vida, nada más. ¿Estaba satisfecha con eso en mi vida? Si, quizá a veces no, quizás mi poder lo tenga para algo más, seguramente no debía ignorar a un alma en pena en busca de ayuda, porque seguro tendría alguna consecuencia al no hacerlo, así como también debí haberme involucrado mas en este poder extraño que tengo y haber aprendido mas cosas, seguro justo ahora estaría feliz teniendo esto dentro de mi y lo estaría empleando para algo “increíble”, pero no, nada de eso lo hice solo acepte que lo tenia, no me hacia ni feliz ni triste, y en este punto, aunque mi vida esta cambiando poco a poco, y me adentro mas a cosas que, literalmente no están en mi mundo, no sabría decir si me satisface, puede que sí, me sirve para ayudar tal vez a alguien, pero no me hace feliz, tampoco me hace sentir triste. Volviendo a lo de mi padre, tal vez si le dijera que voy a ver a mi ángel guardián a una casa abandonada en medio de un bosque, me dejaría encerrada acá en la casa toda la vida o, diría “Hija, creí que habías dejado de ver esas cosas o que no te importaba”, mejor me ahorro todo eso, por los momentos no le diré. Es la mejor solución. Por ahora.   Mis nervios van tan rápidos como la velocidad de la luz, y aunque ya decidí que le diría, me da miedo que se de cuenta, que no me crea o que termine soltándole toda la sopa al ultimo momento, pues puede ocurrir por los nervios, o al menos a mi a veces me pasa. No suelo mentirle a mi padre, y si lo hago, suelen ser mentiras blancas. Entro, y camino por el pasillo recto que da a la sala y cocina, lo oigo hablar por teléfono, mientras siento como suena el cuchillo al chocar con la tabla de picar la comida, me dirijo hacia la sala a dejar mi mochila de la escuela y me siento en el sofá para esperarlo a que deje de hablar. Poco a poco me voy calmando y, decidida, sé que, aunque me cueste, debo decirle esta mentira por ahora. -Erea, ya habías llegado, no te oí entrar, estaba en una llamada ¿Qué tal te fue? Viene caminando por el mismo pasillo por el que yo entre, con su ropa casual de trabajo, pero un delantal n***o encima, además tiene una sonrisa gigante y sus ojos achinados a causa de su sonrisa, admiro mucho a mi padre por todo lo que hace, y por ser tan capaz de llevar una sonrisa cargada de felicidad en su rostro, pues desde que perdimos a mamá, aunque nunca la conocí y solo la vi en fotos, se que el ha sido muy fuerte y valiente para seguir luchando solo, y criar a una hija, sinceramente, a mi padre lo admiro mucho por ello. Yo no la conocí, ni viví con ella, solo con mi padre, pero se que el si paso años junto a ella. -Bien papá, y a ti ¿Cómo te fue? -Bien hija, ya sabes, trabajo, lo de siempre, ¿Qué tanto hiciste hoy además de la escuela? -No mucho-muchísimo, en realidad-. Ya sabes, vi a Jim, y a su mamá, hoy fue a la escuela por unos papeles de él, así que la saludé y preguntó tu como estabas, y más nada. Es hora. -p**i, hoy iré donde Jim a las tres de la tarde, iré a hacer un trabajo, seguramente llegue un poco tarde, igual yo llevare mi celular para que estemos comunicados. Al terminar de decir aquello, toda la casa se oye en un silencio impresionante, pero luego, decide hablar, a pesar de mirarme entrecerrando sus ojos. -Que no pasen de las ocho Erea, te quiero acá mas tardar a esa hora. En mi rostro se forma una sonrisa y procedo a asentir- Si señor, aquí estaré a esa hora-. Le digo. ¿Por qué dije que iría donde Jim? Pues, mientras venia camino a casa, se me ocurrió esa idea y decidí escribirle, aunque me respondió con un “espero me cuentes luego”. Subo rápido las escaleras y dejo a mi padre hablando por su celular de nuevo. Me dirijo a mi habitación, y abro mi closet para escoger la ropa que usare. ¿Algo por si llueve? ¿Algo corto como un short? ¿Un vestido? No, que incómodo. Decido por escoger unos jogger negros, una camiseta azul oscura, una chaqueta negra por si llueve y unas botas negras también. Tal vez parezco una fugitiva, pero me gusta lo que elegí, nadie me nota ni me siente, además es cómodo. Tomo todo esto y voy a bañarme. Salgo del baño ya vestida, veo mi celular y me doy cuenta que ya casi será la hora de irme. Voy simplemente con mi celular y mis audífonos, no creo necesitar llevar algo más, así que decido por irme ya, no sin antes despedirme de mi padre. -Adiós pa, nos vemos más tarde. -Cuídate hija. Salgo de mi casa y comienzo a emprender mi camino a esta casa. Empiezo a sentir nervios otra vez, pero es porque no conozco este lugar y no se que me encontrare en el camino. Tomo el camino más corto, y quizás el único camino que da al bosque que esta cerca de donde vivo, pero me resulta extraño el que una casa este ahí, aunque abandonada, mas por el hecho de que a este bosque nunca nadie va, ya que esta prohibido el paso de personas por lo que hay animales en peligro de extinción en la zona, sin embargo aun  sigue abierto y no tiene rejas ni cercas alrededor, así que aun puedo cruzar y caminar hasta esa casa. Pensándolo bien, tiene sentido el que Deo haya dicho que fuese a ese lugar, pues creo que por los momentos, este tipo de magia y cosas de otro mundo no deberían darse a conocer al mundo humano, aunque hace mucho tiempo atrás, la magia era utilizada, pero lo que yo tengo y lo que es Deo, va mucho más allá de la magia, va más allá del cielo, algo que aun el noventa y nueve por ciento de la humanidad todavía no ha descubierto. Sigo el camino, me doy cuenta que estoy cerca al bosque, pues siento el olor a pino y a pasto. -Increíble, empezó a llover-. Y era de esperarse, estamos en otoño, debí haberme traído al menos un paraguas, no sé por qué no lo pensé antes. Sigo caminando hasta entrar al bosque, por la lluvia el cielo se torna mas oscuro, y el camino se vuelve mas resbaladizo por el lodo, las hojas de los arboles crujen mientras doy cada pisada, esto podría interpretarse como una escena de terror, pero solo estoy nerviosa mas no tengo miedo. Debo de tener cuidado al pisar, porque también hay muchas ramas en el suelo y podría resbalar y caer. Mientras voy camino a la casa, empiezo a ver los lazos atados a cada árbol, cada que me acerco a un árbol de la nada aparecen y se van cuando me alejo de ellos. A lo lejos se nota un arco que forman los árboles, enredándose entre las ramas y hojas, haciendo la forma de un arco gigante. He de suponer, que detrás de eso se encontrara susodicha casa. No esta tan lejos, es lo que pienso, pero siento que, entre más camino, la casa se va alejando más o, es por lo que ya he caminado mucho. De repente, siento como si vinieran caminando detrás mío, aunque voltee y no haya nadie, se sienten pasos detrás de mi y una respiración agitada, ¿tal vez pudiese ver el aura? No, no puedo, porque no logro captar al menos alguna presencia, no logro ver nada. -Deo, en estos momentos deberías estar aquí cuidándome. - Es lo que digo para calmarme, y no entrar en pánico, luego es cuando recuerdo que todavía tengo mi amuleto, el cual no me he quitado en lo absoluto. Acelero el paso tratando de llegar más rápido a la casa, ya falta poco, “falta poco, falta poco”, lo repito una y otra vez en mi mente. Cuando en un abrir y cerrar de ojos, me caigo a causa de una raíz gigante por no haber visto el suelo, poco a poco se va haciendo mas oscuro y mi pie se quedo atascado con la raíz, esto es increíble, increíble como para que me secuestren o me salven, cualquiera de las dos opciones, pero es más probable la primera. ¿Debería gritar? ¿Pero quien me va a oír? Si no hay nadie, miro mi celular y no hay red, así que no puedo llamar a ninguna persona. Entre tanto pensar y capaz creyendo que me quedare aquí toda la vida, oigo unos pasos acercándose, pero volteo a todos lados y no veo a nadie, ni siquiera un alma. - ¿Estas bien? - Escucho de repente una voz que me sorprende, levanto mi mirada con temor a que sea algo amorfo y feo, pero me sorprendo al ver que es una chica. Si, una chica como de mi edad, pero quedo impactada al darme cuenta que tiene facciones de Deo, es alta y pálida, sus ojos son iguales a los de Deo, y su cabellera es tan larga como la de Rapunzel, pero en vez de rubia es color castaño, casi tirando a n***o. Es muy bonita. Tan bonita que podría decir que es hermana gemela de Deo. - ¿Necesitas ayuda? Creo que estas perdida, ¿hacia dónde te diriges? - me pregunta con intenciones de ayudarme, y ahora que puedo fijarme un poco mas en ella, me doy cuenta que su aura es poco perceptible, pues solo logro ver manchas alrededor de su cuerpo de color blanco y amarillo. Puede que sea un ángel, además cuadra a la perfección con las cualidades de mi ángel guardián. - ¿Quién eres? - le pregunto, pues esta chica me resulta misteriosa, sin aura e igual a alguien en particular, además de que apareció de repente, casi en medio de la nada. -Discúlpame, no me presente como se debe- extiende su mano y me ayuda a levantar-, soy Dae, sentí algo extraño acá, pues como veras es muy poca la gente que viene a este bosque en medio del día, casi de noche, y mas estando lloviendo, soy quien se encarga de proteger este bosque inmenso-¿Algo así como un deidad?- Exactamente, por eso me acerque a ver quien era y me di cuenta que eras tú, y seguramente vas camino a la casa del bosque de los ángeles, también note que eres alguien seguro y de quien confiar debido a lo que tienes dentro de ti, y por cierto, discúlpame si antes te asuste y sentiste que te seguían, mande a uno de mis asistentes a investigar- señala a un alma con mascara en su cara y del tamaño de un duende- en fin, eso es todo, te llevare más rápido a la casa, sin mas que decir, bienvenida al bosque “Cassiel”. Y así como si nada, me encuentro en frente de esta casa, Dae y su asistente han desaparecido como si nada, y yo estoy sola aquí en esta casa en medio de la nada. Camino hacia la puerta mientras observo todo, la casa parece un castillo, hecho con piedras y llena de plantas y flores en todo su alrededor, con muchas ventanas blancas, pero sin una sola luz encendida, además de las farolas de afuera, que parecen ser las únicas luces que acá hay. Al observar esta casa, recuerdo cuando una vez mi abuela me conto el cuento de “La casita de piedra”, el mismo era un cuento de este barrio, pero tan viejo como la edad de mis antepasados, y se decía que en esta casa del bosque habitaban seres del mas allá, que podías ver fantasmas por aquí y por allá, y que de la media noche no podías pasar quedarte en este lugar, pues si eso sucedía, ellos te seguirían y te atormentarían hasta llegar a tu hogar, por toda la vida. Quien se iba a imaginar que justo ahora me encontraría de pie en susodicho lugar, ojalá parte de ese cuento sea solo falacia y no verdad. Toco la puerta, pero nadie responde mi llamado, pasa un minuto y procedo a tocar otra vez. Es entonces cuando la puerta gigante de madera pintada en un blanco color perla, se abre, y quien me recibe es otro asistente parecido al que tenía la deidad Dae. - ¿Podre saber su nombre y por qué un humano como usted osa en tocar esta puerta sagrada? - me dice con un hablado para nada de esta época, y con cierta ofensa hacia él. -Soy Erea…- y basta con solo decir mi nombre para que aquella personita extienda su mano, tome mi brazo y me jale hasta adentro en el pasillo, la puerta tras de mi se cierra, emitiendo un sonido a puerta vieja y desgastada. - ¡Así que tú has de ser Erea! Bienvenida, es un gusto para mi y para todos los aquí presentes, - ¿Todos? -, eres tú la invitada de nuestro querido ángel mitad humano, Deo, siéntete como en casa, Deo estará acá en unos instantes. El pequeño ¿Duende?, me deja en medio de una sala gigante, llena de sofás y sillas alrededor, con olor a vejez y a polvo. Pero esto es lo que menos me sorprende, lo que mas me deja impactada son las cinco caras que veo plantadas a mi alrededor. Me volteo y decido sentarme en una silla que se encuentra cerca de la salida, quien sabe si necesite escapar. -¿Así que eres la invitada de ese ángel mestizo?- Aquello lo espeta una de esas caras, o mas bien persona, de pie frente a mí, parece ser un ángel también, su aura es tan clara como la de Deo, lo cual no va con la forma en que me habla en estos momentos, pero eso no le quita lo buena pinta que ha de ser, tiene el cabello rojo como el fuego, su piel es blanca y pálida, con pecas esparcidas en todo su rostro y sus ojos son color café claro, además va vestido en un traje sumamente elegante, y claro que sí, es de color rojo igual a su cabello. - ¿Eres un ángel? - ¿Y a ti que te importa que soy? Ahora serás parte de nosotros, pero serás nuestro experimento también. Mis ojos se abren del tamaño quizás de la luna, ante eso, ¿Experimento? Dios mío, Deo, llega rápido. - ¿Eres Erea no? Discúlpalo, es un poco obstinado, con todos, particularmente lo es mas con los humanos, con gusto nos presentare- extiende su mano para saludar, este chico de pie frente a mí, no sé por qué comienzo a pensar que todos los ángeles y algunos seres del infierno, son singularmente hermosos, pues este mismo se ve mucho mas alto que yo, con cabello color castaño y ojos color azul cielo, su piel es entre morena y blanca, diría que en serio parece un ángel de las pinturas sagradas que suelo ver, además, va vestido de un traje color azul marino,  su cara se ve mucho mas amable que la del anterior ángel-. El obstinado y a veces muy sarcástico, hijo del ángel “Dumah”, se llama Damián. Y este al ser nombrado, encarna sus ojos y se retira del gran salón, dando un portazo al salir. Si que es un obstinado con todos. O es muy tímido. Hola, ¿volviste?, no creo que sea tímido, sino no un arrogante que parece se levanta con el pie izquierdo todos los días. Como tú digas, angelito. ¿Qué haces en una casa llena de ángeles? Se supone que venia a que mi ángel guardián me enseñara cosas, pero me encuentro de pie entre cinco ángeles más, y me acabo de enterar que soy solo un experimento. ¿Por qué la pregunta? Hmm, tal vez para recordarte que hay ángeles malos, que, aunque veas su apariencia como la perfección pura, pues hijos de Dios han de ser, hay ángeles malos también, ¿o por qué crees que han de haber ángeles caídos? No te dejes engañar. Gracias por la recomendación. -…Ese de ahí es el hijo de “Shemham”, Erac, te diría su nombre largo, pero es muy complejo de pronunciar hasta para nosotros los ángeles,- y aquel mencionado es el chico que ni siquiera se inmuta, pues solo esta leyendo sentado en un sofá en la esquina de la sala, el libro entre sus manos es “La muerte de vacaciones”, su cabello es color azabache y un poco largo, su piel es casi gris, literalmente es gris, sus facciones son muy marcadas, sus ojos son grises, lleva un traje color blanco pero sin el blazer puesto, y su aura es tan gris como el cielo cuando llueve. ¿Existe el amor a primera vista? Porque entonces este chico me enamoro con tan solo verlo un minuto. El chico amable el cual no se aun su nombre, siguió hablando y presentando a los demás que yacían en el gran salón, como que Kalifer hijo de Serafiel, de cabello gris y ojos verdes, Sifus hijo de Samael, de cabello largo color rubio y ojos tirando a dorado. -Y por último yo, me llamo Rickbiel II, pero todos me dicen Rick, hijo del primer arcángel guardián de los vientos-. Me sonríe el chico que me hablo amablemente la primera vez, y con esto finaliza la jordana de presentaciones. -No alardees mucho solo porque proteges el viento y esas cosas, el crédito se lo lleva tu padre y predecesor, Rickbiel I-. Acota el chico tímido llamado Erac. - ¿Qué hay de ti? ¿Qué nos puedes decir? Deo solo nos dijo que hay un poder dentro de ti y nada más. - habla Sifus. Que gran presentación por parte de Deo. - ¿Qué quisieran saber de mí? Prefiero que me hagan preguntas a tener que presentarme, pues en una presentación solo diría lo que yo quiero que sepan ustedes de mí, y puede que les mienta. -Si nos mientes, lo sabremos de inmediato. - dice Damián. -Vale, pero prefiero igual que me pregunten lo que sea, igual no es que yo sea muy interesante, no soy un ángel ni mucho menos. - ¿Qué poder tienes? - me pregunta Kalifer. Se ve muy entusiasmado al preguntar, ya que se acerca hacia mí para observarme mejor. -Ni siquiera yo se muy bien que tengo, pero podría describirles y quizá ustedes sepan el nombre para ese poder raro. Desde que nací puedo ver auras, ángeles, demonios, almas, y otros seres del mas allá, y todo lo que esos seres vean, aunque en mi mundo no existan, yo si puedo verlo, hasta charlar con ellos puedo, y creo que eso es todo, Deo dijo que podría desarrollarlo mas poco a poco, por eso estoy aquí también- digo sin darle mucha importancia, pero todos estos chicos se han quedado como ¿Atónitos?, podría ser la palabra. - ¿O sea que pudieras ser la próxima…? - ¡Rick, gracias por la presentación! Y Damián, deja de ser tan amargado con nuestra invitada, ¿quieres? - de repente entra Deo a interrumpir una conversación que a penas hasta ahora si me iba a parecer interesante. ¿La próxima qué? Ahora tengo esa duda. Me quedo mirando a Deo por la forma en que te interrumpió, indignada también por no haber aparecido antes. - ¿Qué tal Eri? ¿Todo bien? Discúlpame no haber salido antes, andaba en otros asuntos del reino espiritual y humano, y como creo que ya conociste a todos, -los observa- déjame contarte entonces porque ellos están aquí. Lo veo con duda, esperando a que responda, pues creí que solo estaríamos el y yo, y me enseñaría cosas del más allá y magia o poderes para saber cómo defenderme. Nunca espere encontrarme con cinco ángeles más. Y menos seres tan extrañamente perfectos. Y misteriosos.    
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