Mateo se sentía atrapado en un túnel sin salida. La rutina interminable en Cariló, la tensión con Valeria, y el dolor persistente por la pérdida de su padre, todo se acumulaba como una pesada carga sobre sus hombros. La sensación de estar en un ciclo constante de esfuerzo y desesperanza lo había llevado a un punto de quiebre. Buscaba desesperadamente una forma de escapar, una manera de sentir que aún tenía control sobre algo en su vida. Una noche, después de un turno extenuante en la cocina, Mateo, agotado y ansioso, tomó su teléfono móvil en busca de distracción. Sin pensarlo mucho, descargó una aplicación de citas. No estaba buscando una conexión significativa, ni siquiera una conversación profunda. Solo quería escapar, evadirse de la realidad que lo agobiaba. Comenzó a deslizar por lo

