Lía permaneció sentada, sumida en sus propios pensamientos, la noche había caído y en su interior la claridad se apagaba aún más rápido. Sentía un peso en el pecho, una opresión que ni siquiera el aire fresco que entraba podía aliviar. No sabía si estaba más enojada consigo misma por dudar o con Ethan por haber permitido que esa duda existiera. Sofía, desde la mesa donde estaba dibujando, no dejaba de observarla. La niña tenía el ceño fruncido, como si cargara más años de los que en realidad tenía. Había visto el video junto a su hermana y, aunque no era una experta, la sensación que le dejó era clara: aquello había sido una trampa. Y lo más inquietante era que Ethan no había intentado justificarse como un mentiroso atrapado, sino como alguien que necesitaba ser escuchado. —Sigues mu

