El beso había sido tan brutal y desesperado que Lía apenas tuvo tiempo de reaccionar. Se dejó arrastrar por ese caudal de emociones que estremecía cada terminación nerviosa de su cuerpo. Después de varios minutos intercambiando besos, ella por fin reaccionó. Lo empujó con ambas manos contra el pecho, buscando recuperar aire, pero su cuerpo estaba temblando, y no precisamente de furia. La respiración le salía entrecortada, como si el aire se negara a volver a sus pulmones. —No… —murmuró, dando un paso atrás. Sus ojos, brillantes, lo miraban con una mezcla de rabia y desconcierto—. No puedes… no puedes venir aquí y decirme que todo lo que haces es por amor. Ethan se quedó inmóvil, el pecho subiendo y bajando con violencia, como un animal que acaba de lanzarse al vacío. —¿Y qué quieres qu

