Un mes. Treinta días. Ciento cuarenta y cuatro mil minutos. Eso era todo lo que necesitaba. Un mes y terminaría con esa maldita obsesión por esa mujer. Un mes para sacarla de su piel, de su cabeza, de sus malditas noches sin dormir. Eso se repetía Ethan con un contrato en la mano, mientras la miraba desde el cristal al otro lado de su oficina. Sentada con su carpeta, su blusa perfectamente cerrada hasta el último botón, su cabello recogido como si ese moño pudiera contener el caos que provocaba en su vida. Un mes y después volvería a ser él, el CEO. El hombre frío que no siente. El que no necesita más que contratos firmados y silencios negociados. Pero mientras la miraba, mientras recordaba su cuerpo ardiendo de fiebre en su cama, su cabello mojado entre sus manos, su voz quebrándose c

