Cerco de acero.

3957 Words

El silencio en aquella sala era tan espeso que parecía un muro. Ethan sostenía al niño contra su pecho, sintiendo cada temblor, cada respiración agitada. Sus ojos, azules como los suyos, lo miraban con una mezcla de miedo y desconfianza que lo desgarraba más que cualquier bala. El eco de los pasos de Isobel retumbó desde el marco de la puerta. Se presentó como si fuera la dueña del escenario, envuelta en una sonrisa helada, esa sonrisa que Ethan conocía demasiado bien, la misma con la que había envenenado su vida años atrás. A su lado, tres hombres armados bloquearon la salida, cerrando el paso como una muralla humana. —No vas a llevártelo —dijo Isobel, con voz baja, modulada, venenosa—. Ese niño no es tuyo. Pertenece a esta familia. Ethan la miró fijo, y el odio le ardió como fuego en

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