En cuanto la obscuridad se cierne sobre nosotros, ambos entramos en acción: a los que me toca les llego por atrás y, con un golpe certero, a uno le aplasto la manzana de Adán de un golpe seco con la mano, cortándole el suministro de aire y, en una situación con sonido, evitaría que gritara, pues le aplastaría las cuerdas vocales también.
El otro tarda un par de segundos en reaccionar por la sorpresa, lo que me da la ventaja y me permite agarrarlo de la cabeza y bajársela de golpe contra mi rodilla, destrozándole el tabique y desmayándolo por el impacto. Cuando vuelvo a la vista hacia Iriabela, un par de burbujas están abrazadas a las cabezas de los dos faltantes, los cuales intentan con desesperación romperlas porque, evidentemente, se están quedando sin oxígeno. Las manos de la pelinegra están alzadas hacia ellos y sus puños se van cerrando de a poco, lo que imagino les causa la falta gradual del aire.
Para cuando sus manos se cierran por completo, ambos están ya desmayados y los suelta de golpe, dejándolos caer al suelo como sacos de papas. A pesar de la obscuridad reinante, puedo notar que eso la ha cansado y me apresuro a alcanzarla, ayuda que no está feliz de aceptar, mas no dice nada y vuelve a apoyar su peso en mí, dirigiéndonos hacia la salida. No creo que pueda poner el escudo nuevamente, está muy débil y no quiero que se sobre-esfuerce, así que nos movemos lo más silencioso y rápido que podemos, alcanzando finalmente la camioneta y la ayudo a subirse al asiento del acompañante.
Como escucho pasos, la hago agacharse y me pego al costado del vehículo y avanzo agachado, intentando pasar desapercibido. Casi lo logro, pues alcanzo a entrar a la cabina, no obstante, en cuanto lo enciendo, una linterna se enfoca en mí; gracias a Dios que Iriabela no se ve.
-¿Ayrrick? ¿Qué haces ahí? Deberías estar durmiendo, te toca guardia mañana.
-Sí, lo sé, lo siento, es que parece que alguien está descompuesto y me mandaron a buscar medicinas.
-¿En serio? ¿Quién? ¿Y no hay en la enfermería?
-No tengo idea, de ninguna de las dos preguntas, solo me dijeron que fuera. Había ido a la cocina por algo para silenciar mi estómago y me agarraron para mandadero.
-Eso es mala suerte, lo siento.
-No eres el único que lo lamenta. En fin, tengo que ir y volver rápido o me van a echar la de Dios encima, así que nos vemos luego.
-Sí, claro, ve.
Pongo primera y voy a acelerar, cuando la alarma en el complejo y eso nos pone en alerta; ¡MALDITA SEA, CREÍ QUE TENDRÍAMOS MÁS TIEMPO! La linterna vuelve a mi rostro y noto la desconfianza.
-¿Qué fue lo que hiciste?
-¡Nada!
Su desconfianza es evidente y lo veo llevar su mano al comunicador en su cadera. No lo dudo, antes de que pueda siquiera hablar, acelero a fondo, dejándolo atrás en pocos segundos.
-¡CUIDADO! Ni siquiera llevamos cinturón, nos vamos a matar.
-Lo siento, pero necesitamos poner la mayor cantidad de distancia posible entre ellos y nosotros lo antes posible, porque si nos alcanzan no podré contra todos y tú estás muy débil para una pelea.
-Ayrrick...
-No, ya te hice padecer demasiado, has sufrido por meses por mi culpa y no dejaré que te vuelvan a tocar. Sé que debí haberlo hecho antes, no tengo excusa, no obstante, ahora que por fin he hecho lo que debía, lo que tú realmente merecías, quiero hacer las cosas bien. Te protegeré con mi vida, es mi elección y mi destino, y aunque no fuera el caso, ahora que puedo ver la realidad, que sé la verdad, no dejaré que nadie te ponga siquiera un dedo encima.
No me responde, no sé si porque no me cree o porque su enojo es demasiado como para decir algo agradable, sin embargo, se mantiene en silencio y no voy a insistirle en sacarle charla, es más, necesita descansar, reponerse. Tenemos un largo techo de camino hasta que alcancemos la Fortaleza del Concejo de donde la raptamos, casi dos días y medio de viaje en auto, así que es mejor que ella duerma todo lo posible.
-Algo se acerca.
-¿Qué?
-Algo, o más bien alguien, se nos acerca, puedo sentir sus energías, son varios.
Sus ojos están cerrados, por lo que imagino que sus sentidos deben estar en alerta, que con su poder, debe permitirle notar cosas que yo no puedo. Mirando por los retrovisores, alcanzo a notar algo que se acerca y, con solo unos metros más, entiendo a lo que se refería: motos, eso es lo que se acerca, las motos de los que recorren el perímetro a lo largo de la "frontera" de nuestro territorio, evitando que cualquier civil o enemigo se adentre en nuestras tierras (ya sea para fisgonear o simplemente por error). Maldita sea, creí que tardarían más en organizarse para venir tras nosotros, se suponía que solo uno o dos estarían "cerca", el resto tenía que encontrarse a varios kilómetros de distancia, ¿cómo es que llegaron tan rápido hasta aquí?
-Maldita sea...
-¿No dijiste que lo habías planeado?
-Se suponía que, si venían los guardias de perímetro, solo aparecerían uno o dos, que son los que, en teoría, les tocaría estar recorriendo ésta zona, los demás deberían estar en otros puntos de nuestra frontera, por lo que les tomaría más alcanzarnos, así que no sé qué hicieron para trasladarse tan rápido, no debería estar ocurriendo esto.
-Pues está pasando, así que piensa en algo rápido.
-Eso hago, no te preocupes.
-No es algo que no pueda hacer, no contigo "al mando".
Su puya me duele, sabe dónde darme para que me sienta mal, sin embargo, intento mantenerme serio y me concentro en lo que está pasando, acelerando para intentar mantener la distancia, y acrecentarla de ser posible, para intentar desaparecer. Si puedo alejarnos lo suficiente como para que no consigan ver lo que haga la camioneta, podría introducirnos en lo profundo del bosque para intentar perderlos.
Las motos aumentan también su velocidad y las veo cada vez más cerca, haciéndome gruñir con molestia. Nos van a alcanzar, si no hago algo pronto, llegarán a nosotros, por lo que saco un par de armas de debajo del asiento y bajo la ventanilla, doy un volantazo, colocándonos de lado temporalmente y disparo varias veces, dándole a varios y consiguiendo derribarlos. Antes de que pierda el control, vuelvo a poner la camioneta recta y observo por el retrovisor en tanto recargo el arma.
-Eso no estuvo mal.
-¿Tomarías el volante un segundo, por favor?
Iriabela me mira confundida y asiente, estirando su mano para agarrar el volante entretanto la claraboya se abre y yo me paro sobre el asiento. Puedo notar que lo que estoy haciendo no le gusta nada, no obstante, no me detengo y salgo por la abertura, apuntando con la metralleta que saqué y disparando a los que quedan. Malditos, son demasiados, ni las explosiones que producen los tanques de combustible o los choques con los que han caído parecen menguar su persecución.
-Desgraciados...
-Vuelve adentro, es momento de que me haga cargo.
-¿Estás segura?
-No lo conseguiremos si no intervengo. No menosprecio tu esfuerzo, no obstante, es evidente que están decididos y que no disminuyen lo suficientemente rápido como para poder esquivarlos definitivamente.
No estoy de acuerdo, ella necesita reponerse, no seguir esforzándose, pero no soy idiota, no me va a escuchar, así que simplemente asiento y me reacomodo en el asiento. En cuanto Iriabela suelta el volante, su piel empieza a brillar y su cuerpo cambia a como solo una vez la he visto: su forma lunar. Piel blanca, venas negras, ojos completos hechos de pupila, labios negros y cabello de plata, casi el opuesto completo a la Iriabela de siempre, y parece volverse trasparente, poniéndose de pie como lo hice antes yo, solo que atravesando el techo con lo que ahora sé que es una especie de hechizo de inmaterialidad, volviéndose hacia los que nos persiguen. No alcanzo a escucharla, pero puedo ver sus manos, cómo las mueve, y podría decirse que es como si de ellas surgiera una oleada de fuego, la cual alcanza a los motociclistas y los detiene, volándolos en pedazos o quemándolos vivos.
No es simplemente una línea, es casi como una ola de esas que usan los surfistas, tan grande como una pared, arrasando por completo con todo lo que se cruza en su camino. Nada mal.
Con eso por fin nos libramos de todos ellos y la pelinegra se reacomoda en el asiento, retomando su forma normal. Está jadeando, las ojeras obscuras se le marcan demasiado en contraste con su palidez, que si no fuera porque ella ya de por sí es blanca, podría pasar por enferma, y eso me dice que se ha sobre-esforzado, necesita descansar.
-Estamos a salvo, me desviaré para despistarlos y buscaré un lugar para descansar. Necesitas reponerte, una verdadera cama dónde dormir y una buena comida.
-¿Y cómo pagaremos eso?
-Tengo dinero en efectivo, imposible de rastrear. Tú no te preocupes, duerme que te despertaré cuando lleguemos a un hotel.
-¿Realmente puedo relajarme contigo?
Y ahí está otra vez su puya, la metida de dedo en la yaga. Sé que está molesta, pero ¿realmente necesita recordarme esto a cada momento? Soy consciente de que tiene que descargarse, de que debe haber mucho rencor y dolor en su pecho que tiene que salir de ahí, y también que es culpa mía, es la razón por la cual no me quejo de que suelte ese tipo de comentarios, mas como dije, eso no implica que no me duela.
De todas formas, ninguno dice nada más, ella simplemente apoya la cabeza contra el respaldo del asiento y cierra sus ojos, "dejándome solo" con mis pensamientos y la culpa dando vueltas.
Han pasado ya unas cinco horas desde que Iriabela se deshizo de mis ex compañeros y no hemos encontrado a nadie, ninguna otra persona se ha cruzado en nuestro camino ni nos ha intentado seguir, por lo que, junto con la distancia que hemos alcanzado a recorrer, puedo decir que tenemos una buena ventaja y, aunque no podemos relajarnos, sí nos da una oportunidad de tener un descanso más decente, al menos a ella, que es quien más lo necesita.
Por eso es que, cuando encuentro un hotel que parece ser bueno, no uno de esos horribles de carretera, entro en el estacionamiento y la dejo dormir un poco más al tiempo en que voy a averiguar si hay habitaciones. Resulta que solo queda una, no obstante, eso no importa, la tomo y voy en busca de Iriabela.
-Iriabela, despierta, encontré un lugar para que descanses.
-¿Qué?
-Encontré un hotel, ven para que puedas dormir más cómoda y comer algo decente, lo necesitas.
-Está bien...
No acepta mi mano que le ofrezco para ayudarla a salir, incluso la hace a un lado como si mi solo contacto le resultara insoportable, y por su cuenta, se pone de pie y sale de la camioneta. Camina lento, se nota adolorida, pero ha disfrazado sus heridas para que nadie sospeche o le pregunte, y así entra en el hotel y atraviesa el lobby sin siquiera alzar la mirada hasta alcanzar el ascensor. En cuanto yo también estoy dentro, le doy al botón del piso donde está el cuarto y las puertas se cierran, dejándonos solos en su interior con la música suave que suena por uno de los pequeños altavoces como sonido de fondo.
-El cuarto solo tiene una cama doble, era el único que quedaba...
-No voy a dormir en la misma cama que tú, desde ya te lo estoy diciendo.
-Lo sé, y si no me hubieras interrumpido, habrías escuchado que tú serás la que duerma mientras yo monto guardia.
-Como sea, al menos parece que éste sitio tiene camas decentes.
-Así es, así que te daré privacidad para que duermas todo lo que necesites y solo tendrás que llamarme si requieres algo.
-No esperes con muchas ansias el que lo haga.
-Lo sé...
No decimos nada más; cuando la caja metálica se detiene finalmente en nuestro piso, ambos bajamos, abro la puerta del cuarto y ella simplemente desaparece en el interior de la habitación sin siquiera una mirada en mi dirección. Qué difícil que va a ser lo que se viene...