Capítulo 4 "Etérea"

3438 Words
–Escucha, si realmente te gusta esa chica, deberías acercarte– hablé mientras sacaba mi tarjeta de débito. –Yo pago– respondió Harry dando su tarjeta antes que yo. Le sonrío con agradecimiento. Salimos de la fila y caminamos hacia los pasillos con estudiantes. –No sé cómo acercarme– comenta seguido de un suspiro –. Yo puedo ligar en una fiesta o por lo que sea, pero, cuando realmente me gusta, me quedo en blanco. Sonreí con ternura. –Deberías invitarla a una fiesta, tal vez funcione para ti– comento y él ríe. –Cuando te digo que me quedo en blanco, es cierto– peina su cabello hacia atrás y un par de chicas en el pasillo lo observaron. Si tan sólo supieran que está nervioso por hablar con una chica… se enamorarían, sin duda. –Puedo ayudarte, tal vez cuando la veas conversando te relajes y puedas invitarla a salir. –¿Harías eso por mí?– se detiene en medio del pasillo y me mira con emoción. Lo abrazo de la cintura y seguimos caminando. –Haría muchas cosas por ti, Harry– murmuré con sinceridad. Él me abraza de regreso. –Eres la hermana que siempre quise– dijo durante el abrazo –. Gracias. –Ahora, ve a tu clase. Nos vemos al salir y arreglamos todo, ¿ok? –Ok– nos despedimos con un beso en la mejilla. Me doy la vuelta y toma de mi brazo. –Espera, ¿a qué fiesta la piensas invitar? –A la que tú, y tus hermanos harán en su casa– respondo con obviedad y él asiente dudoso. Suelta mi brazo y cada uno se va a su respectiva clase. Estando en mi clase, tomando apuntes y disfrutando de mi café. Es el resumen de mis primeras semanas en la universidad, me gusta. He hecho algunas amistades, pero no siento esa conexión y confianza, está bien durante clase, pero no me interesa fuera de ella. Extraño a mis amigas, para reírse y comentar el más mínimo detalle, lo más insignificante que nos llevaría a una plática de horas. Después de algunas clases y terminar el ensayo en la biblioteca, decidí ir a la cafetería a comer. Me dio vergüenza que, estando en la biblioteca, un chico sentado en la misma mesa, me viera raro cuando mi estómago hace ruidos; esa fue mi señal de ir a comer algo. –¿Efectivo o tarjeta?– me preguntó la chica en la caja. Subió su mirada y me resultó muy familiar. Ella tragó en seco, oh, me reconoció. –¿Te conozco? Ella bajó la mirada de inmediato. –¿Vas a querer tu ticket?– respondió evadiendo mi pregunta, sí me conoce. Miré su blusa y ahí tenía su gafete: Julia. Pero claro… –Una sorpresa verte aquí, Julia– sonreí disfrutando el poder recordar. –Hola, zanahoria– pronunció aquel apodo tal y cómo lo recuerdo. Me miró despectivamente al darme mi tarjeta de regreso. –Supongo que te sirvió mucho el haberte sentado en la mesa de los populares en la preparatoria, ¿verdad? –Oh claro, tú pudiste hacer y deshacer durante todo un año y ahora te burlas de mí porque trabajo para poder pagar mi universidad– soltó con gran molestia. Fruncí mi ceño. –Yo no me burlo de ti por trabajar– negué con mi cabeza con una sonrisa en mi rostro –. Me causa gracia que, siendo de las chicas que trataban de humillar a los demás, te estés tragando todo lo que alguna vez hiciste. Vi cómo te trató esa chica. Una chica que pagó antes que yo fue muy grosera, y ella sólo calló. Julia apretó los labios, muy molesta. –Siempre fingiendo ser la buena, ¿verdad? –Nunca dije que soy buena– me río –. Pero bueno, fue bueno verte, adiós Julia. Me di la vuelta y caminé hacia una mesa. No puedo creer que la encontré aquí. Si antes sabía que el “estatus” de la preparatoria era temporal, ahora, después de esta interacción, sin duda me da un frescor. –¡Hey! Kat me saluda y llega a mi mesa. –Hola, ¿tienes hora libre? –Sí, me cancelaron una clase– bufó –. No te había visto, ¿está todo bien? –Sí, sólo un ensayo de por medio– sonreí abriendo el empaque de mis cubiertos. –Oh, ¿sólo eso? –Sí, ¿por qué lo dices?– cuestioné pensando en lo que le debió de haber dicho su gemelo. –Nada, sentí que después de la pequeña reunión, habían cambiado las cosas. –¿Te lo dijo Theo? Suspiró bajando la mirada. –Me mencionó que no les agradó que fumaran, y pensé que se molestaron por eso. –Simplemente no es nuestro ambiente– sonreí con la boca cerrada –. No estoy molesta, mucho menos Erica. –Y… ¿Los chicos? –Oh, ellos no están molestos– bufé rodando los ojos después de reír nerviosamente. –Hola chicas– hablando de uno de los reyes de Roma… –¿Y los demás? –Hola Hamilton, ¿cómo estás?– fingió una voz aguda mientras se sentaba a mi lado. Me río y le pego en el brazo. –¿Cómo estás Hamilton? –Muy bien, me está gustando la universidad– sonríe con la boca cerrada –. ¿Y ustedes? Miré a Kat, ella se veía incómoda. –Debo irme, nos vemos después– se levanta y se va antes de que le pudiera decir algo. Me dirigí con Hamilton y él estaba comiendo un pretzel. –¿Qué pasa? –Ignoraste por completo a Kat. –No me agrada tanto ese grupo. –¿Fue por lo de la otra noche? Él asiente tomando de mi botella de agua. –Hay algo que no me agrada acerca de ellos. –A ti nadie te agrada– repliqué arrebatándole mi botella, él sonrió por un segundo. –¿Peleando de nuevo? Volteo a mi derecha y llegaron los H faltantes. Sonrío. –No, tenemos una conversación civilizada– respondo con diversión. –Díganle que tampoco les agradan los gemelos. Volteo a ver las reacciones de Hank y Harry, los dos comparten una mirada. Oh. –¿Qué? Pero, tú– señalo a Hank –, estabas ligando con Kat y Claire, no entiendo. –Todo cambió la otra noche– responde con simpleza encogiendo los hombros. –Sí, Mads– agrega Harry apretando los labios –. Hay algo con los gemelos que no me terminan de agradar, no dije nada porque todos se estaban llevando bien. Wow, no me lo esperaba. –¿Ya ves?– Replica Hamilton –, no sólo era yo. –¿Qué es lo que ustedes ven y yo no? –Tú estás emocionada porque son tus primeros amigos en la universidad y no ves que realmente están en un ambiente diferente al tuyo– me responde Hamilton con su mirada juzgona. –Oh claro, o puede que ustedes sean mezquinos y no les agrade alguien más fuera del grupo– contraataqué. –Eso no es cierto, Maddie– mencionó Hank, lo miré –. Erica y Ana son unas chicas dulces. –Sólo lo dices porque te gustan– bufé rodando los ojos. –Mads– Harry pone su mano en mi brazo –, no estamos en contra tuyo o de ellos, sólo tenemos un presentimiento acerca de ellos. Será mejor que mantengas tu distancia, lo bueno es que no estás con ellos en ninguna clase. –Sólo en una– respondí suspirando. –Está bien, no estamos pidiendo contacto cero. Sólo tú sabes lo que harás. Correcto, Harry. Sólo yo sé lo que haré. * –No tienen idea de cuánto las extraño– mencioné por milésima vez. Estoy en una videollamada con las chicas, Emma, Grace y Chloe. –Quisiera que el semestre terminara ya para poder vernos– comentó Emma. –Deberíamos planear para las vacaciones de invierno, debemos vernos mínimo una semana– habla Chloe con una sonrisa. Veo un mensaje de Dylan y me despido de las chicas con todo el dolor de mi corazón. Se supone que este fin de semana iría a Pensilvania con él, pero, ahora me mandó un mensaje diciendo que va a llegar a mi universidad. –¿Dylan? Llega conmigo en un abrazo efusivo, lo recibo con una sonrisa. –Hola– dice antes de besarme. Una ola de electricidad llena mi cuerpo. –¿Por qué viniste? Pensé que habíamos quedado en que yo iría– hablé después de separarnos. Dylan pasó su brazo por mis hombros y entrecruzamos nuestras manos. –Lo sé, pero, mi compañero de cuarto se iba a quedar, era mejor si yo venía– dejó un beso en mi mejilla. Yo sonreí como tonta. –Muy bien, entonces, ¿qué quieres hacer hoy? No tenía nada planeado. –Podemos pasear por la ciudad, o podemos comprar comida y ver películas en tu dormitorio, me traje mi proyector– sonríe con emoción mostrando sus hoyuelos. ¿Cómo es que cada vez me gusta más? –¿Qué dices? ¿Te gusta esa idea? Porque podemos hacer otra- Lo interrumpí con un beso. La manera en que me besa es etérea. Porque me siento en las nubes. La manera en que me sostiene y me besa, es tan delicada y tan precisa que hace que me olvide de todo, que pierda la noción del tiempo y lugar. Nos separamos por falta de aire. Él sostiene mi rostro entre sus manos y sonríe con un brillo tan especial en sus ojos. Podría estar horas observando y mi sonrisa nunca se caería. –Me gusta tu idea– murmuro sintiendo la sangre de mi cuerpo dirigirse a mis mejillas. Pasamos una hora comprando lo que íbamos a comer, y acomodando el proyector dentro del dormitorio. Erica salió desde que se terminaron las clases porque visitaba a su familia. –¿Qué película quieres ver? –Mmm, tal vez una de suspenso. No vi la película, en serio quise hacerlo, me esforcé. Pero, estando recostada al lado de Dylan, escuchando su respiración, oliendo su perfume, sintiendo su presencia y recordando todo lo que provoca dentro de mí, la película era lo último en mis pensamientos. –¿Qué piensas?– volteó conmigo y me sorprendí. De inmediato me sonrojé. Dylan comenzó a reír y pausó la película. Se giró hacia mí aún con su brazo sobre mis hombros. –¿Qué pasa, princesa? Eso bastó para que saltara a sus brazos en un beso. Él se sorprendió, pero me correspondió. Había algo diferente. No era “lindo”, era intenso. Nunca me había besado así, ni yo lo había besado así, a nadie. Tomamos un poco de distancia y nos miramos. Él comenzó a reír, su risa grave en este momento no me causa gracia. Los dos estamos agitados. –¿Esto es lo que te pasaba? –Dylan…– pronuncié su nombre viéndolo a los ojos. Su expresión cambió. Me tomó por la nuca e impactó de nuevo sus labios con los míos. De inmediato sentí cosquillas por todo mi cuerpo. Quiero que este momento sea eterno. Mis manos viajaban por su cabello, sus rizos entre mis dedos. Su mano no se separó de mi nuca, pero su otra mano viajó hasta mi cintura y me llevó a estar más cerca de él. Me separé de él por un segundo y el siguió besando mi mejilla. –Te amo, Dylan. Dylan se detuvo en seco y me miró a los ojos. –Yo también te amo, Madison. Sonreí ampliamente y una risa salió de mí. Él también empezó a reír. –Nunca me había sentido así, Maddie– mencionó acariciando mi mejilla. –Ni yo– confesé –. No me habías besado de esa manera. –Ni tú a mí– sonrió mirándome con un brillo en sus ojos –. No sé si podré irme después de pasar el fin de semana aquí. –Quiero estar contigo toda la vida– mencioné sintiéndome cada vez más agitada. –Vamos a estar juntos toda la vida, te lo prometo. Pasamos segundos mirándonos. Podría estar aquí toda mi vida, sólo mirándolo, escuchando los latidos de su corazón. Su cuerpo pegado al mío. Nuestras respiraciones mezclandose. –Madison, ¿puedo besarte? –Sí– respondí con nerviosismo. La situación se intensificó y supe lo que debía hacer. Me separé de inmediato, me senté en la cama con la respiración agitada. –¿Q-qué pasó?– cuestionó con preocupación incorporándose a mi lado –. ¿Estás incómoda? –No– solté sintiendo mi cuerpo arder –, pero necesito hablar contigo. Volteo a verlo. Él está sonrojado y con una mirada de preocupación. –Dylan, no te preocupes– tomé su rostro en mis manos y él intentó sonreír –, no sabía cómo hablar contigo, en qué momento y- –Oh, sé de qué quieres hablar– me interrumpió levantándose de la cama. Pasó sus manos por su cabello de manera agitada, su pecho subía y bajaba de manera acelerada. –¿Estás molesto?– me senté en la orilla de la cama intentando verlo a los ojos, pero me estaba dando la espalda. –Conmigo– murmuró. –¿Por qué? No hiciste nada malo– me levanto y lo tomo de los hombros. Él se gira hacia mí. Me intimidó por un momento. –No quiero que te sientas presionada, no fue mi intención– habló en voz baja. Casi salto hacia él, pero debía controlarme. –No, Dylan– niego rotundamente con mi cabeza mientras lo abrazo por la cintura –. No me sentí presionada en ningún momento. Es algo que yo estuve pensando y- Me callé al ver que su expresión cambia drásticamente. Una sonrisa coqueta y unos ojos intimidantes salieron a actuar. Tragué en seco. –¿Estuviste pensando?– susurró inclinándose a mí. –¡Hay un pervertido en mi dormitorio!– corrí hacia la puerta. Dylan me tomó por la cintura y mis pies dejaron de tocar el suelo. Comencé a reír de nervios, él también reía, pero no de nerviosismo. –Dime lo que estuviste pensando, princesa– susurró cerca de mi oído. Ay. –Bájame y te digo– contesté firme. Eso Madison, que no se note que casi te desmayas. Los dos, sentados en la cama, frente a frente. Decidí abordar el tema de una manera seria, antes de saltar hacia él, por décima vez en este día. –Dylan, nuestra relación es seria, sé que los dos estamos comprometidos en esto y por ello he estado pensando en nuestra intimidad y es algo que debemos dejar en claro. –¿Hacer el amor?– cuestionó con un tono calmado, con esos ojos que cada vez que me ven, me derrito. –Sí– respondí sonrojándome. Volteé a otro lado. Que lo haya dicho de esa manera hizo que el estómago se me volteara. –¿Qué piensas de eso? –Yo, umm– tragué en seco y él tomó mi mano –. Quiero esperarme. No sé si hasta el matrimonio, pero yo sé que es algo más que un momento de placer, yo quiero compartirlo cuando me sienta segura, cuando sepa que es el momento, con la persona que amo. Lo miro y él está con una sonrisa cálida. –Yo te amo Dylan, no pienses lo contrario por- –Maddie, yo lo sé, y te entiendo perfectamente– su sonrisa se ensancha –, pienso lo mismo. Yo… uh, yo también estoy esperando. Abrí mi boca con sorpresa. –No espero a la persona correcta porque ya la he encontrado– sonríe mostrando sus hoyuelos. Estoy a dos segundos de saltar –, pero sí estoy esperando el momento para nosotros, no debemos apresurar nada. Y si yo quiero un día antes y tú un día después, o viceversa, sé que los dos estaremos ahí en el momento adecuado. Me estoy enamorando cada vez más. –Si tú quieres esperar al matrimonio, así será– sonríe divertido –, dos sueños cumplidos. No tuve otra opción que saltar hacia él con un abrazo, y después un beso. –Te amo– pronuncié durante un beso. Sentí su sonrisa sobre mis labios. Lo amo. Dijimos que sería un proceso lento, pero yo estoy cayendo a la velocidad de la luz. * –¡Corre!– grité entre risas. Dylan está corriendo hacia la universidad conmigo en su espalda. Yo estoy sosteniendo una chaqueta sobre nuestras cabezas debido a la lluvia. Llegamos al establecimiento y me pude bajar entre risas, los dos mojados con una sonrisa de oreja a oreja. Me besó. –A alguien se le olvidó el paraguas. Nos separamos gracias al francés que interrumpió nuestro momento romántico. –Theo, ¿qué pasa?– hablé pasando mis dedos por mi labio inferior de manera inconsciente. –Oh, ¿no habló Kat contigo?– Cuestionó dándole un vistazo a mi novio –, hay una fiesta esta noche. Dylan pasó su brazo mojado sobre mis hombros, Theo lo miró no tan amigable. –No me dijo nada, casi no nos vimos en la semana. –Pues, si quieres ir, te mando la ubicación. Volteo con Dylan para ver qué opina, porque teníamos planeado ir a cenar y después salir con los H. Él se encoge de hombros, queriendo decir que está en mí. –¿Le tienes que pedir permiso? –¿Te importa?– respondió Dylan. Uy. –Theo– llamé su atención cuando fulminaba con la mirada a Dylan –, ¿me puedes mandar la ubicación? Le mandaré un mensaje a Kat si decidimos ir. –Ok, como quieras– murmuró pasando por mi lado. ¿Por qué siempre tiene que estar molesto? Dylan y yo fuimos al dormitorio. –Entra al baño y quítate la ropa mojada, ahí hay una toalla blanca que puedes usar. –Ok, me dices cuando pueda salir– besa mi frente y entra al baño. Me quito mi ropa rápidamente, empiezo a sentir un cosquilleo en mi nariz, oh no, no me quiero enfermar. –Ese chico no me cae bien– exclamó desde adentro del baño. –¿Por qué? –¿Me lo preguntas? ¿Acaso viste cómo me miró? También noté cómo te miraba. Rodé mis ojos. Según él, todos me miran. Estaba secando mi cabello cuando vi que mi celular se encendió con una notificación, lo tomé y vi que en efecto, no era mi celular. “Oye, no me avisaste que te irías el fin de semana. Por cierto, una chica, Astrid, te estaba buscando. Me dijo que no le contestas. Nunca la había visto, ¿sí la conoces?” Era un mensaje de su compañero de dormitorio. Vaya. –¿Maddie? –¿Sí? –¿Puedo salir? ¿Terminaste de cambiarte? Oh, cierto. –Sí, ya puedes salir– respondí. Dylan salió del baño con un suéter blanco y unos jeans claros. Su cabello seguía húmedo. Su mirada en mí casi hace que se me olvide lo que acabo de ver. –Toma– le di su celular, él me vio extrañado –, pensé que era el mío porque tenemos el mismo fondo de pantalla. –Oh– ríe viendo su celular. Lo veo leer el mensaje y dejó de reír –. Maddie… –¿Por qué me mentiste?– Cuestioné sintiendo un nudo en mi garganta. –No quería darte la versión larga de la situación, sólo eso– se acerca a mí rápidamente –, Astrid ha querido acercarse y yo hago todo lo posible para alejarme. –¿Por eso no querías que yo fuera? –Sí, sabía que era cuestión de tiempo en que ella se acercara y te dijera una mentira o algo que se pudiera malinterpretar– explicó con preocupación en sus ojos. Él tomaba mis manos. –Dylan, yo te iba a escuchar primero, tú eres mi novio, yo confío en ti– respondí mostrando una pequeña sonrisa. Suspiró con alivio seguido de darme un abrazo. –Qué bueno que todo se aclaró porque no me gusta mentir, y menos a ti. –Está bien, no lo vuelvas a hacer. Nada de mentiras entre nosotros– hablé mirándolo a los ojos. –Nada de mentiras– sonrió. –Vamos a la fiesta.
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