Era raro que su mamá estuviera animada, realmente, hace tanto tiempo que no la veía así, pero milagrosamente estaba sucediendo y se sentía bien. Al fin la veía más alegre.
—Mamá, es precioso.
Había mencionado teniendo entre sus manos aquella pieza preciosa que su mamá al parecer nunca usó, pero encontraba una razón, pues era un vestido llamativo y muy perfecto, era como si hubiera sido diseñado para ella.
—Sí, a segundos meses cuando me la regaló también quedamos sorprendida y es un valioso regalo para mi que ahora quiero que tú tengas hija.
—¿Es el vestido que te dio mi padre, mamá? —le preguntó con los ojos llenos de lágrimas, no quería ponerse sentimental o llorar, mucho menos ahora que veía a su mamá con más emoción que antes, pero no pudo evitar sacar a colación el tema.
—Sí, nunca lo usé, porque no llegó ese momento, él me lo regaló para que me lo pusiera en el día de nuestro aniversario, pero ya sabes como resultó todo. En fin, yo deseo de todo corazón que te lo pongas así que espero que lo aceptes de mi parte —le mencionó.
—¿De verdad? Porque esto te lo entregó mi padre a ti y no parece correcto que me lo entregues ahora... —se quedó impactada, era algo valioso para su madre. Así que no quería tomarlo.
—Sí, y ahora que tú lo tendrás será más importante para mí, acéptalo por favor —le mencionó dándole un abrazo al que correspondió —. Te quiero mucho, mi niña. De verdad quiero que vayas a ese lugar, pase lo que pase créeme que estaré contigo y te apoyaré muchísimo.
¿Por qué le estaba diciendo esas cosas? No lo comprendía. La verdad es que no entendía por qué le decía eso.
—Vale, mamá. Ahora mismo iré a preparar el almuerzo y me pondré a realizar algunos pendientes para quedar libre y poder arreglarme temprano.
—No, deja que yo me encargue de la comida, hace tanto tiempo que no lo hago... pero hoy me siento diferente y realmente quiero ayudarte —pronunció.
Laura sonrió y le dio un beso en la mejilla antes de salir de la habitación y dirigirse a la suya en cuestión.
Mientras sorprendentemente su mamá volvía a encargarse de la comida, ella estaba frente a la portátil para realizar algunas tareas asignadas. A pesar de que el tiempo se iba de volada, pudo terminar sus actividades antes de lo que imaginó.
—Laura, si no te das prisa, la comida se va a enfriar, ven rápido, por favor —le pidió su madre, al otro lado de la puerta.
—Ya voy, mamá —avisó.
En poco tiempo ya estaba almorzando a la par de su mamá, quién había preparado un delicioso espagueti con salsa y aquella bebida exquisita que tanto echado de menos. No había nada mejor que disfrutar de una comida casera y hecha por eso madre.
—Gracias, te ha quedado excelente. ¿Ves por qué debes cocinar a menudo? Lo haces increíble —mencionó suspirando a lo que ella se limitó a sonreír.
Después de comer, ayudó a lavar los trastes, dejando también la cocina ordenada. Posterior a eso, se fue a a su habitación ya que poco faltaba para que el reloj marcara las cuatro de la tarde. Revisó su teléfono y se informó de todos los detalles mediante aquel grupo. Ya que se había colocado al corriente comenzó a vestirse y una vez tenía puesto que el vestido n***o que le dio su madre, se miró frente al espejo de cuerpo completo. Además de sentir un poco de nervios también experimentó ese tedioso nudo en la garganta al saber que llevaba puesto un regalo de su padre. Tenía un buen gusto, era fino el vestido, con un ligero escote en el pecho, pensaba que iría bien con el cabello recogido.
Tal vez era una buena idea.
De pronto su mamá apareció detrás de ella, la miró a través del espejo a medida que se estaba acercando y le sonrió.
—¿Lo ves? A ti te queda perfectamente bien ese vestido, incluso más que a mí cuando me lo probé. Estás hermosa.
—Me gusta mucho, gracias mamá.
—-Hay que hacer algo con tu cabello, en mi opinión deberías usar un recogido, de esa forma vas a despejar la zona de los hombros y vas a mostrar tu delgado cuello. Tienes un cuello precioso, ¿no quieres usar un collar? —quiso saber.
—Mamá, ¿por qué no eres así siempre? Espero que el día de mañana estén tan contenta como hoy —apuntó dándole un corto abrazo.
—Me esforzaré —emitió —. Ahora, vamos, yo me encargaré de tu cabello.
—¿Lo harás?
—¿Por qué no lo haría? Lo sé hacer muy bien, eh —señaló sonriente y ella suspiró.
—Está bien, y no, no usaré un collar. Pero sí los pendientes que me diste.
—Oh, esa es una idea buena, hija.
En contados minutos ya podía ver su reflejo en aquel espejo y se veía perfecta. Era un peinado acorde y lindo.
—No debes perder un minuto más, ten, este dinero es para que tomes un taxi de ida y vuelta. Cuídate mucho y pásala bien, ¿de acuerdo?
—Lo haré —emitió dándole un abrazo otra vez.
—Vale —le dio un beso en la frente y otro en la mejilla —. Te quiero.
—Yo más, mami —correspondió y finalmente salió de ahí.
Cuando estaba a punto de detener un taxi, apareció un hombre trajeado, un poco sospechoso por lo que se sintió un tanto temerosa, pero intentó estar tranquila.
—¿Eres Laura? —inquirió el desconocido y asintió lentamente.
—Yo...
—Le pido disculpas si de pronto la asusté. Yo estoy aquí de parte del señor Sebastian Boseman, quién me ha pedido que pase a recogerla.
Abrió los ojos incrédula, lo más raro de todo era que no sabía cómo había encontrado su dirección. Pero, esos datos pudo obtenerlos de todos los alumnos mediante el director, puede que había enviado a buscar a todos, siendo así, podía estar menos tensa, pero no sabía si en realidad era de esa manera.
—¿Así que lo envió para que me lleve a la fiesta?
—Sí, señorita. El auto esta ahí, y mi compañero también —emitió.
Al girar la cabeza, se dio cuenta de ello. Un lujoso auto esperaba por ella. La noche no dejaba de ponerse extraña también, solo esperaba que no hubieran más sorpresas por esa noche.
Finalmente se subió al auto, pero seguía un tanto insegura. ¿Y si había sido un error abordar? ¡Oh por Dios! Ya lo hecho, hecho estaba. Ahora la habitaba la incertidumbre.