La calma antes de la tormenta

1365 Words
Siento que la cama se mueve y ya puedo moverme con libertad. Abro con cuidado uno de mis ojos y él se encuentra sentado de espaldas a mí con las manos en la cabeza. Los músculos de su espalda están muy tensos y yo ni siquiera me aventuro a imaginar qué debe estar pasando por su cabeza. Se levanta y lo veo caminar de un lado a otro. En ese momento lo detallo por primera vez, se ve realmente bien, los músculos de sus brazos se encuentran definidos junto con los abdominales muy marcados. También tiene un muy buen trasero, junto con piernas firmes. No me atrevo a moverme y dar señales que estoy despierta, se ve muy alterado para enfrentarme a él. —¡Demonios! —lo escucho maldecir en voz alta—. ¿Qué cojones es lo que has hecho Logan? —se reprocha y me resulta bastante gracioso que se hable en tercera persona—. Es una niña. Es sólo una niña. Tiene veinte años, ¡por Dios! —Lanza una mirada en mi dirección y yo cierro los ojos. Siento sus ojos sobre mí, detallándome en silencio y me gustaría saber lo que piensa en estos momentos. Después de lo que parecen eternos minutos, escucho que abre su closet. Minutos más tarde, la cama se hunde a mi lado y creo que está corroborando que estoy aún dormida. Intento parecer lo más natural posible, regulando mi respiración y manteniéndome serena. Él se da por satisfecho y se levanta cerrando con cuidado la puerta de su cuarto detrás. Me levanto al estar segura de que terminó de bajar las escaleras y no volverá. Me doy un vistazo al espejo que está junto a su closet, mi cabello está revuelto y tengo las mejillas sonrojadas, no pinta bien. Pero nada ha pasado entre ambos. Reviso entre la ropa de su clóset. Sé que no está bien, pero necesito saber más de él, necesito una señal, algún indicio que me ayude a entender ¿por qué él? No encuentro nada más allá de ropa, mucha ropa en colores frío, todo es azul, verde oscuro, marrón, gris y n***o, mucho n***o. No conoce el amarillo, rojo, el azul claro o el naranja, este armario está muerto. Lo cierro antes de que vaya a entrar en colapso. Reviso el escritorio que está apoyado en una de las paredes y observo las fotografías de automóviles que hay ahí, tiene una obsesión muy significativa con los autos. Todas las revistas y libros que hay ahí, son de autos, motores, artilugios, accesorios y ese tipo de cosas. Nada que me hable acerca de quién es y de su historia. Me siento en la cama pensando en algún lugar en el que pueda guardar información importante para él, además de en una caja fuerte. No se me ocurre nada. Me dejo caer en la cama y entonces una luz se enciende en mi cabeza. Ruedo hasta caer en el suelo de una forma nada grácil y haciendo a un lado la sábana que cuelga veo que hay una caja debajo de la cama. —Bingo. Estiro la mano hasta que soy capaz de tocarla, me acerco un poco más y atrayéndola hacia mí. Es una sencilla caja de metal del tamaño de una caja de zapatos. La abro con cuidado y me encuentro con muchas fotografías, hay cartas con sellos de distintos lugares y al menos cinco placas como la que él lleva colgando de su llavero. —M. E. Michaels 18 de agosto de 2012 —leo la primera. —S. A. Robin 22 de agosto 2012 —dice la segunda. —A. A. Hilton 30 de agosto de 2012. —Al parecer todos iniciaron su servicio en el mismo mes y año. —E. T…. —No consigo distinguir lo demás. Está quemado y yo me estremezco al pensar la situación que pudo hacer que quedara de esa forma. La última placa está deformada y es imposible leer algo de lo que está grabado. Dejo las placas donde estaban y reviso las fotografías. Reconozco la imagen de Logan con su uniforme militar, está con otros cuatro chicos, todos sonríen a la cámara. Detrás hay una montaña con un paisaje árido. Me pregunto ¿en dónde habrá sido tomada la fotografía? Hay más fotografías de ese tipo con los mismos chicos. En algunas están con todo el uniforme, casco y armamento incluido. En otras juegan fútbol soccer, pero todas ellas reflejan minutos de paz en medio de la tormenta. Debe haber sido realmente difícil tener que vivir algo como eso. Pienso en abrir alguna de las cartas, pero un ruido proveniente de abajo me obliga a guardarlo todo y regresarlo a su lugar debajo de la cama. Estiro las sábanas y los cobertores intentando dejar todo lo más ordenado posible. Quiero causar la menor cantidad de molestias posibles. Cuando todo está ordenado, me marcho de la habitación en dirección al baño para lavarme los dientes e intentar darle un mejor aspecto a mi cabellera. Al final, termino rindiéndome y lo ato en un moño desprolijo en lo alto de mi cabeza. Me detengo antes de bajar la escalera sintiéndome nerviosa al tener que enfrentarme a Logan y explicar lo sucedido anoche. Aunque quizás debería sólo esperar que se marche al taller y así evitar esta situación. —No hiciste nada malo. Así que deja de comportarte como una fugitiva. —Tomo una bocanada de aire y bajo a paso decidido en dirección a la cocina, de donde proviene el ruido y el delicioso olor a café recién hecho y pan tostado. —Buenos días —me anuncio tomando asiento en una de las sillas de la mesa del comedor. Él se tensa de espaldas a mí, pero después prosigue con su trabajo haciendo huevos revueltos. —Buenos días ¿Has dormido bien? —En ese momento se gira y sus oscuros ojos se ciernen sobre los míos. —Bastante bien de hecho. —Le doy una sonrisa y finjo no tener idea del subtexto debajo de sus palabras. —¿Café? —Me ofrece con expresión seria, esperando que haga alguna referencia a lo sucedido. Pero no lo haré. Si tanto le incomoda que hable al respecto. —Por supuesto. —Recibo la taza con el humeante líquido oscuro y le doy un sorbo desviando la mirada. —Preparé el desayuno. Espero te gusten las tostadas y los huevos. —Me sirve un plato con dos panes tostados y una mezcla de vegetales que lucen muy apetitosos. —Gracias. Estoy hambrienta. —Él se paraliza por el comentario y yo ruedo los ojos. No es la única razón por la que puedo estar hambrienta. No me alimenté muy bien en estos dos días, es normal que tenga hambre. No se atreve a decir nada más mientras desayunamos y yo tampoco estoy interesada en romper el silencio. Por su actitud dudo que recuerde sus pesadillas y que me pidió que me quedara. Debe estar imaginándose que me metí en su cama y él se dejó envolver. Como si yo fuese así de fácil. Hombres, no piensan en otra cosa, pensé. —Estaré en el taller. —Se levanta dejando los platos en el fregadero—. Puedes aprovechar el día para hacer lo que sea que quieras hacer o ir… a donde quiera que desees. —Se mantiene en silencio unos segundos metiendo las manos en los bolsillos balanceándose sobre sus pies. —Está bien. Creo que lavaré primero mi ropa. —El cuarto de lavado está al final del pasillo. —Me señala—. Encontrarás detergentes y todo lo que necesites ahí. —Gracias. —No hay de qué. —Asiente un par de veces y se marcha hacia la sala—. Hay una llave debajo de la maceta junto a la entrada. —Es lo último que dice antes del sonoro golpe que me indica que se ha marchado. —Que enorme lío en el que me he metido. —Suspiro levantándome de la silla dispuesta a comenzar a organizar mi vida y buscar las señales que orientaran mis siguientes pasos.
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