La calma de la oscuridad

2559 Words
Dijo que quiere conocer mi historia, pero no estoy segura que está listo para escucharla, menos después de todo lo que me ha costado hacer que me crea en el taller. Y todavía no estoy segura de lo que sucedió en la pista para que me creyera. No quise ver y tan pronto el auto se detuvo en la vista bajé y me alejé todo lo que pude. La imagen del auto hecho pedazos, la sangre, el dolor y el sonido de la ambulancia seguían muy vivos en mi mente y no estaba interesada en quedarme a ver como se hacía realidad. Sin embargo, algo cambió o mejor dicho Logan decidió cambiar el rumbo de los acontecimientos. —¿Por dónde quieres que comience? —Tomo una bocanada de aire y me enderezo sobre el banco de cemento. —Por tu nombre. Tu nombre completo. —Le da un mordisco a su perro caliente sin quitarme la vista de encima. —Mi nombre completo es Dorothea Elizabeth Phillips García Soy de Boston y estudio en Cambridge. —¿Dorothea? —Sus labios se curvan en una sonrisa y veo que está evitando carcajearse. Estoy acostumbrada a ese tipo de reacciones. —Sí. Puedes reírte. —Creo que te va mejor que Elizabeth. —Me mira y esta vez no se ríe simplemente me da una sonrisa—. Creo que de ahora en adelante te llamaré Doth —y extrañamente la forma como suena en su voz me gusta. —Creo que sobreviviré. —Sonrío y continúo con mi historia—. Tenía nueve años la primera vez que sucedió. Mi profesora de arte acababa de fallecer en un trágico accidente de auto. Estábamos en su funeral y de pronto sentí un terrible dolor de cabeza. —Él presta atención en silencio y yo tengo que desviar la mirada para poder proseguir; nunca antes le he contado esto a otra persona—. Me alejé de los demás para poder respirar y que el dolor se fuera. De pronto, vi a la Señora Atwood a unos pasos de mí, tenía la mirada perdida en su esposo y sus hijos. Cuando se percató que podía verla comenzó a hablar. Yo no entendía nada de lo que decía, pero podía sentir su tristeza, su dolor y sin saber por qué, le dije lo que necesitaba escuchar para marcharse en paz. —¿Y ella simplemente se fue? —Si. —Asentí varias veces y él parecía estar procesando todo. —Así que… puedes ver a los muertos. —Sí. —Pero no puedes escucharlos. —Percibo en su tono de voz que le está costando mucho trabajo creer lo que digo. Igual aprecio su esfuerzo, no cualquiera lo hace. —Puedo sentir lo que sienten pero no escucho con claridad lo que dicen, simplemente les digo lo que siento les hará mejor. —Comienzo a jugar con mis anillos. Tener que explicar esto a un total extraño me está poniendo muy ansiosa. —¿Y desde cuando tienes visiones del futuro? —No diría que son visiones. No lo sé. No las había tenido hasta hoy. Lo más cercano fueron los sueños de la maleta, el ticket de papel y luego el taller. Nada más. —¿Soñaste también con el taller? —parece bastante sorprendido, no se lo esperaba. —Sí y con la cadena que llevas en tu llavero. —Señalé el llavero con las placas que colgaba del bolsillo de su pantalón. —¿Y tus padres que opinaron cuando les dijiste? —Traté de decirles esa vez en el escenario; mi madre casi enloquece al pensar en que yo estaba enloqueciendo. Así que decidí mantenerlo en secreto. —Hasta ahora… —murmura y sus ojos oscuros penetran en los míos provocándome un extraño escalofrío. —Sí, hasta ahora. —¿Tus padres saben que estás aquí? ¿Están de acuerdo con eso? —Mi padre sabe que estoy en Argentina. Rastreó mi teléfono y mis tarjetas después de que desapareciera sin decir nada. —Logan parece que se ha quedado sin habla y yo suelto una risita divertida. —¿Así que pueden acusarme de secuestro de una menor? —Se levanta y se rasca la cabeza con nerviosismo, caminando de un lado a otro. Parece que le fuese a dar un ataque al pobre. —Tengo veinte años. No tienes que preocuparte. —¿Y eso se supone que debe hacerme sentir mejor? —Se gira hacia mí molesto—. Eres sólo una niña. —No soy una niña y no te atrevas a juzgarme por mi edad cuando no tienes la mínima idea de todo por lo que he tenido que pasar hasta el día de hoy. —Le arrojo el envoltorio de mi perro caliente y me marcho en dirección al auto. Es muy descortés usar la carta de la edad para dudar de la veracidad de mis palabras. Me siento en el asiento del copiloto y aguardo a que Logan regrese. No tarda mucho en llegar y ni siquiera me molesto en mirarlo, simplemente me giro hacia la ventanilla y mis ojos se pierden en la oscuridad de allá afuera. Cuando el auto se detiene frente a la casa, me bajo sin esperar a que se apague el motor. Él se toma su tiempo para salir del auto y pasa a mi lado para abrir la puerta. Se hace a un lado para que entre y yo lo hago. —Te mostraré tu habitación. —Me guía escaleras arriba y se detiene en la segunda puerta del pasillo—. Esta es. —Da un paso adentro y enciende las luces, develando una acogedora habitación de paredes color lavanda, una cama matrimonial recostada en la pared. Hay una pequeña mesa de noche con una lámpara y en la pared contraria está un closet de puertas blancas de dónde saca un juego de sábanas, una toalla y un cobertor. —Hace mucho que no recibo visitas así que aquí hay sábanas limpias. — Las deja en la mesa de noche, junto con el fino cobertor y la toalla—. Hay otro cobertor en el armario por si sientes frío. Y puedes cerrar la ventana si así lo prefieres. —Señala la ventana junto a la cama desde donde se cuela la fría brisa de la noche. Hace un gesto que no logro descifrar y yo niego con la cabeza. —¿Necesitas algo para dormir? —Reviso mi mochila y toda la ropa que tengo ahí está sucia. Tendré que pedirle prestada su lavadora. —Tengo que lavar. Así que si no es mucha molestia me vendría bien algo para dormir. —No hay problema. —Desaparece de la habitación y en un par de minutos está de vuelta, trayendo consigo un conjunto deportivo gris de pantalón y camiseta. —Creo que te quedará un poco grande. Eres muy pequeña. —Su frente se arruga por la elección de palabras y yo decido dejarlo pasar porque sé que no lo dijo a propósito esta vez. —Gracias ¿Dónde está el baño? —Está aquí al frente. —Salimos de la habitación para encontrarnos con una puerta de madera que él abre mostrando un pequeño baño de baldosas color beige —. Tendremos que compartir el baño, pero no creo que eso sea problema. Yo tomaré una ducha y después es todo tuyo. Puedes comer y beber lo que quieras. Mi cuarto está justo al lado del tuyo si necesitas algo. —Se ve bastante incómodo como si le urgiera alejarse de mí y yo lo comprendo, todo esto debe resultar demasiado para él. —Está bien. Buenas noches. —Le dirijo una débil sonrisa y cierro la puerta de la habitación detrás de mí una vez que estoy dentro. Necesito saber ¿por qué estoy aquí?, ¿qué es lo que me ha traído al sur de Argentina? No tengo la menor idea. Evité un accidente, aunque no creo que sea por eso que recorrí todos estos kilómetros. ¿Por qué él es tan importante? ¿Qué tiene de especial? Si parece ser un chico bastante complicado que no está para nada interesado en compartir su vida con nadie. Lo escucho salir del baño y después entrar en su habitación. Espero unos minutos y cuando estoy segura que no saldrá de nuevo, tomo la ropa junto con mis productos de higiene personal y disfruto de una larga ducha con agua caliente. Lavo mi cabello con esmero, dejando que el agua relaje mi cuerpo. Fueron unos días difíciles y necesito una buena noche de descanso. Me coloco el equipo deportivo de algodón y me río al ver mi imagen frente al espejo, me va algo grande, pero se siente muy cómodo y puedo sentir restos de perfume masculino en él. Nunca antes usé ropa que perteneciera a un hombre, ni siquiera de mi padre, así que me siento extraña. —No tengo tiempo para esto —resoplo y después de secar el exceso de agua de mi cabellera rojiza, regreso a la habitación sintiéndome más liviana. No me cuesta mucho trabajo conciliar el sueño. Cambio las sábanas por unas limpias y tan pronto me meto debajo del cobertor el sueño me vence entregándome a los brazos de Morfeo. No sueño con una maleta roja, ni con letreros u accidentes, no sueño con nada en particular. Todo va muy bien hasta que escucho un grito desgarrador que penetra mi sueño. Me levanto de la cama asustada. Mi corazón late a mil por hora y mi respiración es agitada. No sé de dónde viene el grito. Aguardo en silencio y de nuevo el grito resuena en toda la casa. No me queda la menor duda, esta vez se que se trata de la voz de Logan. Salgo de la habitación con rapidez y dudo de irrumpir en su habitación sin ser invitada, pero el dolor en su voz me lleva a entrar abruptamente. Me sorprendo al encontrarlo hecho un ovillo en la cama, con el cuerpo sudado y el rostro convertido en una máscara de dolor. Parece tener una pesadilla, que para él debe sentirse muy real. Pongo un pie dentro de la habitación y caigo de rodillas en el suelo, siento una presión insostenible, seguida de un dolor punzante que atraviesa mi cabeza. Alguien busca alcanzarme, pero este no es momento para ello. Debo llegar a Logan y despertarlo de aquella pesadilla. Tomo un par de respiraciones y reuniendo toda la fuerza interior que tengo me levanto caminando a paso firme hasta Logan. Trepo a su lado en la cama y tan pronto mi mano está en su brazo grita de nuevo. —Tranquilo, Logan. Es una pesadilla —intento mantener la calma pero él no me escucha. —¡Cállense! —grita tapándose los oídos. Dudo por unos segundos si se encuentra dormido, pero nada indica que no lo está—. No quiero escucharlos. Me mantengo quieta a su lado sin saber qué hacer. Él continúa retorciéndose bajo las sábanas y desesperada acaricio con suavidad su cabeza, está sudando. Tomo otro par de respiraciones pensando en qué decir y una melodía llega a mi cabeza sin saber de dónde provenía. —You’re not alone —comencé a susurrar—, together we stand. I’ll be by your side, you’re know I won’t give in —continúe en esa dulce melodía que recuerdo haber tarareado otras veces; aunque no recordaba dónde—. Keep holding on. Do you know I’m here for you, here for you. —Canto suavemente mientras continúo acariciando su cabeza. No soy consciente de que se ha calmado hasta que terminé la canción. La presión y el dolor de cabeza también desaparecieron, todo había pasado. Le observo de nuevo y ahora duerme sereno como si nada hubiera sucedido. Pienso en las cosas que podrían atormentarlo. ¿Las pesadillas serían acerca de la guerra? Nunca nos imaginamos las cosas que tienen que ver y soportar los soldados en medio de la guerra y creo que nunca lo sabremos con certeza. Espero alrededor de media hora hasta darme cuenta que no despertará y que las pesadillas lo dejarán en paz esta noche. Así que me levanto dispuesta a marcharme pero una mano me detiene por el brazo. —No te vayas… —No sé si realmente esas palabras salieron de su boca o yo las imaginé. Pero su agarre permanece firme en mi brazo y no tiene intenciones de soltarme. —Está bien —respondo a la nada trepando de nuevo a la cama con dificultad, porque Logan permanece agarrado a mí con fuerza. Me acomodo a su lado dejando un espacio entre nosotros. El único espacio dónde nos tocamos es el lugar donde su mano me sostenía. Aprovecho ese momento para detallar su rostro, su cabellera oscura, esa barba incipiente que estaba oculta detrás de los rastros de grasa de esta tarde. Luce tan joven mientras duerme, sin esa expresión seria que casi siempre lleva. Aunque debo admitir que se esfuerza en ser amable conmigo, a pesar de que no tiene motivos para hacerlo. No tengo la menor idea del pasado de Logan, no sé nada acerca de él. Puede ser alguien violento o con tendencias homicidas. Sin embargo, aquí estoy yo en su casa, durmiendo en su cama y a pocos centímetros de él, quien duerme casi desnudo; lo estaría de no ser por el bóxer que usa. No veo la forma en que esto pueda resultar bien. No hay manera. El momento en el que me quedo dormida lo desconozco, sólo sé que es una completa oscuridad, un profundo silencio que me otorga algo de calma. Quizás para las personas el silencio y la oscuridad no representa nada importante, pero para alguien como yo, a quien los sueños no le pertenecen, tener una noche en la cual no hay más que calma, es casi un milagro. Los rayos del sol comienzan a impactar en mi rostro y yo me giro sobre mi misma escapando de ellos. Al hacerlo me topo con un cuerpo caliente junto a mí y asustada abro los ojos. El rostro de Logan está a unos centímetros más abajo del mío, él aún duerme. Me horrorizo porque esto no se ve nada bien. Intento moverme y él se revuelve, lo que hace que quede atrapada por sus brazos. Recuesta su cabeza en mi hombro mientras que sus brazos se ciñen a mi cintura. No soy virgen, pero tampoco he llegado a este tipo de intimidad de despertar enredada en los brazos de un hombre y me asusta lo bien que se siente, su aliento sobre mi piel, el calor de su piel en contacto con la mía. Me esfuerzo por recordar que no es por ese motivo que estoy aquí. Además, como él lo dejó bastante claro, yo soy una niña para él. No sé qué edad tenga, me debe llevar unos buenos años para que dieciocho años le resulten tan poco. Espero en silencio que se despierte y al darme cuenta que no lo hará, no me queda más remedio que cerrar los ojos y esperar que se despierte más tarde. No tengo corazón para despertarlo después de tan mala noche. Cierro los ojos de nuevo y sólo hay oscuridad.
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