Capítulo 01: Un huésped inesperado en casa.

2908 Words
Cody. Martes, 10 de Octubre de 2017. Pasado. Tal y como me lo esperé: Los Bulldogs les ganaron al equipo contrario, en el partido de fútbol americano que acababan de tener. Ellos eran los mejores, y todo porque mi mejor amigo, Scott, era el capitán del equipo. Los Bulldogs, al ver que habían ganado el partido, como siempre. Celebraron su gran victoria saltando y gritando: Somos Los Bulldogs. Y se dirigieron así hacia los vestidores de hombres. Me quedé un segundo en las gradas mirando a Scott y se veía tan feliz, me gustaba verlo así. «¡Ese es mi hermano!» Sonreí como un idiota, y me levanté de la grada donde aún permanecía sentado. Me iba a ir a casa, como todos los del pueblo lo estaban comenzando a hacer. Sabía que no lo había nombrado, pero como vivía en un pueblo, cuando había un partido de fútbol americano en el campus del instituto, todos los del pueblo; contando los estudiantes que no estaban en el equipo, venían y se sentaban en las gradas a ver el emocionante partido. Todo era así, cada que Los Bulldogs tenían un partido, era entretenido. Me gustaba ver a Scott jugar. Era el mejor. Suspiré. Metí mis manos en mi suéter rojo, y bajé grada por grada hasta quedar sobre el césped. Me iba a ir con mis padres, pero luego les dije que volvieran a casa sin mi, ya que me iba a quedar a dormir en casa de Scott. Aunque, no estaba seguro de quedarme en su casa, ya que hoy iban a dar American Horror Story en la tv, y no me quería perder mi serie favorita, ya que Scott no tenía tv. ¿Cómo podía sobrevivir sin ver tv? Ver televisión era los mejor, al menos para mi. Mis padres asintieron y se fueron, y yo me dirigí en busca de mi amigo. Me iba a ir con él a su casa, obviamente. Además, quería felicitarlo por haber jugado como un Dios. La noche era fría, pero una hermosa luna se posaba en el cielo oscuro. Y el reloj marcaba las ocho y cincuenta de la noche. Debía de admitir que el partido había terminado un poco tarde, pero como hoy me iba a quedar en casa de Scott no tenía nada de qué preocuparme, ya que él vivía cerca de aquí. Mientras caminaba por los pasillos vacíos del instituto directo a los vestidores de hombres, observé que todos los del equipo, a excepción de Scotty, ya se iban. Ya que cuando ya iba llegando al vestidor, los miré salir de este. Todos ya se habían duchado, y cambiado el traje del equipo. Supuse que ya se iban, pero ¿por qué Scotty aún no había terminado? Iba a preguntarles por Scott, pero ellos me pasaron por al lado como siempre... como si solo fuese un fantasma para ellos. Así que solo seguí caminando, aún con las manos dentro de mi suéter rojo. Y al estar frente a la puerta del vestidor, la abrí al instante, y entré en busca de mi amigo. Miré al rededor y todo era un completo silencio, a excepción de una de las regaderas del fondo que yacía abierta. ¿S-Scott se estará bañando...? La luz era leve, era una mierda ya que ni alumbraba bien el vestidor. Tragué en seco, y cerré la puerta a mis espaldas, que aún permanecía abierta. Al cerrarla mi corazón se aceleró más, y más. Estaba con Scott... y él tomaba una ducha. Dios. Volví a tragar en seco, y caminé directo a la regadera que estaba abierta. No se escuchaba algún sonido de Scott, solo se escuchaba el agua caer contra el suelo de baldosas, y eso me preocupo un poco. O tal vez mis preocupaciones y nervios eran por mis jodidas ganas de verle el trasero a Scott... o algo más. Dejé de hacerme sádicas ideas y caminé a la regadera de la esquina, en donde la leve luz no pegaba, en donde Scott se encontraba. Mientras caminaba lentamente hacia la regadera observé todo a mi alrededor, los pequeños casilleros de los hombres, el suave suelo, las grandes regaderas; que eran de ese tipo de regaderas sin cortinas. Y unas pequeñas bancas que permanecían en todo el medio del vestidor. No sabía lo que hacía, solo me dejé llevar por mis sentimientos... hacia Scott. Entonces, cuando por fin estuve a un centímetro de distancia de la regadera en donde se encontraba Scott. No pude evitarlo, intenté no hacerlo... supongo. Y asomé la cabeza lenta y discretamente en la regadera. Y al ver la escena que se formaba ahí me quede en shock, sin palabras. Sentí como mi corazón se rompía en dos. Me sentí extraño, ya que me había encontrado con mi mejor amigo en toalla acorralando a Verónica Salvatore contra las paredes de la regadera mientras que se besaban desesperadamente. Este, lentamente la desnudaba. Desnudaba a la chica más sexy de las jodidas porristas: Verónica Salvatore. Y esta, con sus pálidas manos le recorría toda la espalda a Scott, arañandola. El agua caía por sus cuerpos excitados, y la desesperación en mi aumentaba. Hasta que por alguna razón jadeé, cortando la escena que Scott y Verónica se tenían montada. - ¿C-Cody?- Dijo Scott sorprendido, enseguida que se volteó a mirar a ver quién los interrumpía. Al ver que era yo, dejó de acorralar a Verónica y se alejó un poco de ella-. - Gilbert, ¿qué haces aún en el instituto? Los niños como tú se van a casa temprano- Musitó Verónica, mientras que me miraba con superioridad, y se volvía acomodar su uniforme de porrista-. - Y yo pensaba que las Barbies zorras como tú no salían en la noche, pero veo que esta es su hora favorita de zorrear. ¿O no?- Me defendí utilizando mi única defensa: el sarcasmo-. - ¡Cody!- Se quejó Scott, fulminándome con la mirada-. Él estaba defendiendo a... Verónica. - Tranquilo Scotty- Le dijo a Scott: Scotty, algo que solo yo le decía a él. Y al instante lo volvió a besar con aquella intensidad enfrente de mi, como para causar algo en mi-. No te enojes con Gilbert, él es solo un niño que quería ver cómo se hacían los bebés- Usó el sarcasmo contra mi, enseguida que se separaron del intenso beso-. Maldita zorra. - Okey, ya basta- Habló Scott, intentando que no le arrancara los cabellos a esa Barbie pirata-. - Está bien, ya me iba- Mencionó Verónica con firmeza, y se fue del vestidor con elegancia, algo que aparentaba tener, pero que al parecer su verdadera naturaleza era ser una maldita zorra-. Enseguida que salió del vestidor, Scott me tomó de los hombros y me sentó con una pequeña brusquedad en la banca que estaba a unos metros detrás de mi. Me miró como si yo fuera su hijo, y él me estuviera regañando por haber hecho algo malo. - ¡Maldición, Cody!- Se quejó un poco molesto, y se paso la mano por su cabellera castaña mojada. Y volvió a mirarme como una jodida madre enojada-. No dije ni una palabra. - No te quedes sin palabras, ¿qué jodidos tienes que decir en tu defensa?- Me seguía regañando, mientras que me penetraba con sus intensos, pero hermosos ojos cafés. Y yo me perdía en su cuerpo, en su mirada... en él-. Me había quedado mudo. - Dios, Cody- Suspiró frunciendo el ceño, y se sentó en la banca a mi lado-. Sabías mejor que nadie que Verónica Salvatore me gusta desde primer año. Ahora que soy popular como todos, e importante. Yo le gusto a ella, y no voy a desaprovechar esa oportunidad- Desvió la mirada-. Ya no quiero ser ese chico que era ignorado por todos, al que ninguna chica se interesaba en él. Yo quiero encajar aquí. Y por eso quiero ser popular para siempre- Comentó frió y seco. Me sentí deprimido-. - Quieres decir que no quieres ser como yo...- Agregué. Mis ojos se humedecieron, pero no iba a ser tan niña para llorar. Entonces, sin previo aviso sentí el grueso y un poco musculoso cuerpo de Scott estrechándome contra él, abrazándome. Su cuerpo se sentía mojado-. - No digas eso... Somos mejores amigos, Cody. ''Por siempre y para siempre''. ¿Qué ya no recuerdas ese dilema nuestro? Cody Gilbert, eres el hombre de mis sueños, aunque suene muy gay- Dijo con su voz gruesa, pero suave, mientras que seguía abrazándome para intentar disculparse-. - Sé ese dilema Scotty. Pero ya nada es como antes, ya casi ni hablamos... tienes nuevos amigos... tienes a Verónica- Dije en voz baja y un poco deprimido. Aunque, intentara ocultar mis sentimientos hacia él-. - Mierda, Cody- Dejó de rodearme con sus fuertes y gruesos brazos-. Sé que esto sonara muy maricón y todo. Pero eres mi mejor amigo, y daría todo por ti. ¡Te quiero, hermanito!- Sus palabras resonaron en mi cabeza-. Pero... ¿eran reales? Miércoles, 11 de Octubre de 2017. Presente. Era un maldito maricón de mierda que estaba enamorado de su mejor amigo desde que eran niños. Pero él era... heterosexual. Y jamás podría gustarle un hombre. Jamás podría gustarle yo. Mis esperanzas por ''tal vez'' tener algo con él, se esfumaron ayer, cuando lo vi en las regaderas del vestidor besándose con Verónica. Me sentía tan mal... sentía un extraño sentimiento. Tenía la peor suerte del mundo... siempre la tuve. Mi nombre era Cody Gilbert, y tenía dieciséis años. Mi cabello era castaño claro con toques oscuros, y mis ojos eran negros como las sombras. Y ni hablar de mi piel, ya que supongo que era más pálida que la jodida Bella de Crepúsculo. Vivo en el sur de Washington en un pequeño pueblo poco conocido llamado: Lawndale. Desde que tenía memoria había vivido ahí con mis padres. Como era hijo único y un poco asocial, se me dificultaba hacer amigos, y un día jugando solo en el parque del pueblo, conocí a Scott Mikaelson. Un niño torpe y muy tonto, no me agradó al principio, ya que siempre intentaba robarme mis carritos y yo no me dejaba. Pero poco a poco fui conociendo a ese torpe, pero agradable niño. Hasta que ambos nos hicimos los mejores amigos de por vida. ''Por siempre y para siempre'', era nuestro lema de mejores amigos, pero actualmente quedó solo en recuerdos... Él y yo eramos como uña y mugre, literalmente. Todo lo hacíamos juntos. Si alguno de los dos se metía en problemas en la escuela, el otro lo defendía... siempre fue así. Y me gustaba defender a Scott cuando los bravucones querían quitarle su desayuno. Scott les tenía miedo, y era incapaz de defenderse, y por eso yo un día me enfrenté a esos bravucones. Perdí, pero solté algunos golpes también. Y al final Scotty me agradeció. Él y yo siempre fuimos los jodidos ''nerds inadaptados''. Desde el preescolar fuimos así, hasta ahora. Pero este año todo cambio ya que Scott comenzó a hacer ejercicio para entrar en el equipo de fútbol americano. Y al entrar, su forma de jugar tan bien, y su destreza en el campo, lo volvieron importante: popular. Y lentamente nos fuimos separando. El consiguió popularidad, nuevos amigos, chicas... a Verónica. Y yo... me quede solo. Scott era mi único amigo.. No paraba de pensar en Scott. En sus despeinados y lindos cabellos castaños, y en sus penetrantes ojos cafés. Y como no olvidarme de su piel morena, con unas pequeñas pecas en sus mejillas. Y cuando sonreía, que por cierto sonreía jodidamente sexy, sus hermosos hoyuelos se les marcaban al reír. Como no olvidar cuando sonreía boba y tímidamente. Y su tímida personalidad... ya que él era así. Debía de admitir que si algún día uno de los dos llegará a ser popular, nunca me esperé que fuera Scott, ya que él era realmente tímido, y no era más sociable que yo. Pero, el mundo da muchas vueltas. Me encontraba en mi habitación, tendido en la cama, mirando al techo mientras que pensaba en lo tan patético que era por haberme enamorado de un jodido heterosexual. Además, pensaba en la ''noche de chicos'' que habíamos tenido él y yo ayer. Hablamos de muchos cosas, y él se seguía disculpando a cada momento. Además, me comentó que recién estaba comenzando a salir con Verónica... y que la amaba. Sus palabras eran como cuchillos a mi pecho. Pero debía de aparentar que estaba bien, que él no me gustaba. Ya no quería sufrir por amor... ya no quería ser un maricón, un homosexual, un gay... un rechazado. «¡Quiero cambiar!» Ya no quería ser quien era. Ya no quería estar deprimido. No quería llorar...  Intentaba no llorar como una niña, reprimía las lágrimas. Pero mi ser no era lo suficientemente varonil para hacer eso. Y por eso... sentí como lenta y desesperadamente lloraba, por amor, por Scott. Me mordía el labio para calmarme, pero no podía. ¡Maldita sea amaba a Scott! ¡No podía dejar de sentir esto que sentía por él así como así! ¡No era un jodido robot! Era humano... Me desahogaba en un llanto, que callaba mordiéndome con fuerzas el labio. Me sentía solo, incomprendido. Así era ser hijo único, así era ser el hijo de los fundadores de este pueblo. La familia de mis padres fundaron este pueblo, por lo tanto sus responsabilidades con dicho pueblo, cayeron sobre mis padres. Por eso casi nunca estaban en casa, se iban de viaje a otros países para comprar cosas para el pueblo y hacer negocios, o simplemente solo salían del pueblo para divertirse un rato, olvidándome. Me sentía tan solo, necesitaba a Scott... pero ya nada era como antes. Miré el reloj de pared de mi habitación y marcaba las cinco en punto de la tarde. Acababa de llegar a casa del instituto, y la hora seguía siendo la misma. Era como si el mundo se detuviera en sufrimiento, dolor y tristeza para mi.  - ¡Cody, baja ahora!  Me hundía en la desesperación, pero un grito de mi madre desde abajo, captó mi atención, sacándome de mis pensamientos. Me levanté de la cama, volviéndome a calzar mis converse, y me encaminé a la puerta de mi habitación para salir y bajar a ver qué quería mi madre. Ella era la única que casi siempre se quedaba a hacerme compañía, pero que no me entendía. Mi padre se había ido a Miami para hacer unos negocios. Y mi madre se había quedado conmigo, pero aún así, me sentía solo... Bajé rápidamente las escaleras tapizadas de azul, mientras que me secaba los residuos de las lágrimas que había estado llorando hace un momento. Noté que mi madre yacía en la entrada de la mansión algo nerviosa, podía notar que lo estaba. Y cuando estuve frente a ella, pregunté confundido: - ¿Qué sucede, mamá? - Cariño- Me miró con una sonrisa, y me arregló el cabello, que yacía despeinado-. Una de mis mejores amigas de cuando yo iba a la prepa se viene a mudar con nosotros por unos días, hasta que consiga una casa aquí en Lawndale- Comentó, mientras que me arreglaba todo, literalmente. ¿Qué acaso me iba a volver un jodido modelo?-. - ¿Y qué tiene que ver eso conmigo, madre?- Musité-. - Pues... que tú la conoces, amor- Me dedicó una sonrisa-. Pero seguro ya no te acuerdas de ella, ya que la conociste cuando tenías siete años. - Espera, hablas de...- Estaba en shock, esto no podía ser real. Me acordaba de esa persona... y de su hijo. ¡Ellos no podían volver! Mi rostro quedó inexpresivo, y cuando estuve a punto de decir el nombre de la mujer, mi madre me interrumpió, diciéndolo ella-. Estaba en helado. - Si, bebé- Me besó la mejilla-. Hablo de Jessica, y de su pequeño hijo Kai, que por cierto ahora es todo un hombre- Respondió dejándome sin palabras. Sentía mi corazón latir fuerte como aquella vez. No podía volverlos a ver, no después de la última vez, no después de lo que Kai me hizo-.  Estaba desesperado. - ¿K-Kai?- Tartamudeé nervioso para comprobar si había escuchado bien ese nombre-. - Si, bebé- Volvió a besar mi mejilla, dándome su afirmación, dejándome igual de paralizado que una estatua-. - Jessica y Kai se vienen a mudar con nosotros hoy- Dejó de mirarme y miró hacia la puerta-. Y por cierto, ya vie...- No pudo terminar la palabra ya que alguien tocó la puerta al instante. Yo estaba realmente nervioso-. Mi respiración se aceleró aún más, y estaba paralizado. Mi madre con una sonrisa, y con un poco de nervios, ya que ella no había visto a su mejor amiga Jessica desde hace nueve años, abrió la puerta sin tardar. Mostrando a una mujer de unos treinta y séis años de buen cuerpo, piel pálida, rubia y de unos ojos negros: Jessica. Y mostrando a un fornido chico universitario de unos veinticuatro años, piel igual de pálida que su madre, pelirrojo y de unos intensos ojos verdes con toques azules: Kai. Ambos llevaban maletas, y venían con una gran sonrisa. Yo aún no podía creer que esto realmente estaba pasando. - ¡Penelope! ¡Amiga!- Gritó emocionada Jessica, y soltó las maletas al piso de madera, y se lanzó hacia mi madre, abrazándola. Un abrazo que mi madre no tardó en corresponderle-. - ¡Jess!- Gritó mi madre igual de entusiasmada que la otra mujer, mientras que ambas aún seguían abrazadas-. Miré detrás de aquellas mujeres, y ahí yacía Kai, con una sonrisa maliciosa mientras que movía lentamente sus dedos en forma de saludo, y miraba a través de mi alma con sus intensos ojos verdes. Estaba aterrado, sin palabras, ya que ellos no podían volver, no los quería en mi casa de nuevo. No odiaba a Jessica, pero odiaba a Kai, por haberme violado cuando tenía siete años...
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