Yo sabía eso de que la mente de las mujeres es algo fructífera cuando ellas se disponen a recrear cualquier novela estúpida en esa cabeza, y es lo que veo que está sucediendo con Akais. Ante el tamaño de la brutalidad que acaba de cometer al hacerme esa pregunta y llegar tan estúpida conclusión, me giré sobre mis pies y caminé hacia el interior de la casa, pasando a su lado. Me fui hasta el bar y tomé del refrigerador una cerveza. Necesitaba pasar de alguna forma el mal trago por la barrabasada que esta mujer me acaba de preguntar y no solo preguntar sino por la forma tan estúpidamente acusadora en la que está pensando. —Respóndeme —Me exigió en un tono de voz alto, lo cual me sorprendió, pues en todo el tiempo que llevamos juntos y que tengo conociéndola, primera vez que la escucho alza

