—Buenos días, maestro. —Buenos días, muchacho —Me contestó Gustavo. Desde la noche anterior, para distraer la mente de la perturbación tan grande que me representa estar cerca de Akais y no poder ni siquiera tocarla, decidí enfocar mi atención en idear la mejor forma de abordar a Gustavo para que termine de hacer el anuncio que ha venido postergando no sé por cual razón, el hecho es que mientras no dé ese paso estoy de manos atadas para comenzar a ejecutar las acciones que los chicos y yo proyectamos para tomar el control de las zonas que han sido centro de operación de Atkins y de él. Son muchos los planes que tenemos porque al tomar real y objetiva posesión de la zona se nos hará más fácil controlar el área del centro y con ello habremos conquistado buena parte del territorio del país.

