—¿Para dónde vas? —Escuché que me preguntó Leroy cuando me incorporé de la almohada. Pensé que estaba profundamente dormido, imaginaba que me sería sencillo alejarme un rato. Lo necesitaba, lo que sucedió una hora atrás fue importante, no más de lo mismo, internamente acepté que no podía seguirme engañando. En ese instante, en el momento donde fuimos uno, pude sentir la fuerza del sentimiento que había mantenido relegado dentro de mí, me negaba a creerlo correspondido, pero él logró confundirme. Me dio plenitud, mucha, en demasía; ahora mi mente y mi corazón es un caos. Me siento muy triste, completamente deprimida, no entiendo nada, no lograba colocar al Leroy que acababa de hacerme sentir felicidad, a la par del Leroy que mi padre y Jorge me dibujaron. Por este último hombre es que de

