Si ya estaba perturbada con su presencia y la tranquilidad que muestra, al escuchar la petición de mi padre sentí mucha ira, porque era no solo el compromiso que iba impreso en ese deseo porque me tocaría fingir lo que no somos, sino también la respuesta tan tranquila de Leroy. Ya sabía que él era apático e indiferente a las situaciones complicadas, no había comprendido hasta donde era capaz de llegar su desfachatez. —¿Para dónde vas? —Escuché que me preguntó Leroy apenas me di la vuelta para salir de la habitación de mi padre. La poca capacidad para procesar tanta hipocresía me estaba rebasando. Sentí mucho dolor interno, pero no orgánico, sino más interno. Leroy y mi padre me están haciendo vivir el dolor del corazón, desde los sentimientos. No quiero sentirme así, y menos por situaci

