Llevaba horas dormida cuando escuché un ruido extraño que me despertó de repente. Me había acostado bastante tarde por cuanto me tocó arreglar sola la habitación porque Eugenía no quiso hacerlo. Teme por la reacción de mi padre, pues en los últimos días no ha estado en su estado de ánimo más cordial; al contrario, el avance de la enfermedad ha hecho que empeore su carácter tan difícil y que a veces resulta un tanto insoportable, y como quiera que ya desde que decidí irme de casa al convento, vengo haciendo todo por mi misma, incluso cargar objetos pesados. Se me ocurrió llevar todas las cosas que había logrado llevar desde la casa que ahora es de Leroy y mía, pues por la enfermedad de mi padre estimaba que me tocaría pasar días en la suya, vi innecesario tener que ir y venir por cambios de

