El resto de ese día estuve a su lado, no la forcé a nada, la dejé digerir su proceso como bien podía. Estuvo llorando mucho, más de lo que a mi gusto era aceptable. Pensaba que nada iba a lograr de tanto llanto más que debilitarse y terminar afeitándose, e incluso al bebé. Pese a ello, no quise interferir. Ya le había dicho que solo se lo iba permitir por ese día. Dado que corría por mi responsabilidad denunciar el proceso de Jorge y la mujer, tuve que apartarme de ella el tiempo que las autoridades exigieron mi presencia. Me tocó salir de casa hasta la delegación, y no me sorprendió que al enterarse que era cuñado de Atkins más que yerno de Gustavo, me recibieron con agrado. Tomó varias horas el trámite administrativo para lograr hasta que el Ministerio Público interviniera para agiliza

