—Menos mal que ibas a llegar antes del anochecer —La voz de Ingrid llamó mi atención, obligándome a voltear hacia las escaleras cuando ingresé a la casa de Aleskey. —¿No se te ha bajado el veneno que llevas en la garganta? —Le pregunté con sarcasmo—. Si sigues así te vas a morir. —Eso quisieras, pero no, no te conviene. Después ¿Quién va administrar todos los rollos en los que te metes? No le contesté, decidí seguir hacia el jardín que es desde donde provenía la concentración del ruido que hay en la casa. —¿No vas a preguntar por Akais? —Escuché que me preguntó caminando detrás de mí. —Si ninguno de ustedes me llamó para darme una mala noticia de ella, es porque supongo que está bien, y mejor aún, no se le ha dado por desaparecer —Contesté justo en el instante que salí hacia el ár

