—Hola —Le dije a Akais al oído apenas la atraje hacia mí inmediatamente me acosté a su lado en la cama y sin importarme que estuviera dormida. Se removió adormilada hasta que escondió su rostro en la curvatura de mi cuello, sentí la calentura de su aliento sobre la piel. Fue una sensación placentera, así como lo es llegar y no encontrar una habitación vacía, sobre todo una cama fría y vacía. Tal como siempre me había sucedido, porque así yo lo había escogido. Lo que no sabía era lo bien que se puede sentir llegar y encontrarse con un ser que hasta dormido irradia tanta paz, y despierta los deseos de fundirse en ella. Como diría Anthoni un demonio deseando hacerse parte de la paz que Akais representa. Reconozco que me comienza a agradar este estado de plenitud pese a que mi vida fuera de

