La actitud altanera que había adoptado con solo escuchar la interrogante que le planteé, se esfumó. Hasta el adormecimiento producto del medicamento que le había suministrado pareció haber pasado. La expresión del rostro de Gustavo cambió por completo. Su mirada se endureció aún más, pero terminó conjugandose con una pequeña muestra de incertidumbre. Seguramente no esperaba que precisamente yo terminara cuestionando sus secretos. Se siente mal, en su rostro se evidencian las secuelas de la terrible enfermedad que ha venido padeciendo. Soy de los que piensa que cada quien está en el lugar que debe y se merece estar, y todo por nuestras acciones. Si mis sospechas resultan ser positivas, entenderé el por qué está postrado en esa cama y más como en cuestión de solo un par de meses decayó ta

