—Señorita. Sentada frente al área de cuidados intensivos escuché que una mujer llamó a alguien, no le presté atención por cuanto pensé que no era conmigo. —Señorita. La misma voz insistió en llamar, por lo que me vi obligada a levantar la mirada e interrumpir las plegarias que estaba haciendo en ese mismo momento. Eugenia, el ama de llaves, lleva rato dormida, sentada a cinco puestos de mí con la cabeza recostada en la pared. —¿Es conmigo? —Le pregunté a la mujer mirándola con cierta duda. Es una de las enfermeras que cubre la guardia de este nivel a estas horas de la noche. El tiempo transcurrió tan rápido que ni cuenta me di en qué momento se hizo tan oscuro. Giré la mirada hacia el otro extremo de la sala, específicamente el izquierdo del área, para encontrarme con que el reloj

