Sin poder controlarlo un leve mareo volvió a atacarme, y precisamente cal chocar en contra de la humanidad imponente de Leroy, sí tropecé con él, no porque estuviera distraída, sino porque me sentía mareada, totalmente aturdida por el vértigo tremendo que me sorprendió a mitad del pasillo. Iba con intención de ir a la cocina por un poco de helado. Sin querer de repente, orando y en medio de la depresión que me ocasionó enterarme de que Leroy quiso acabar con la vida de mi padre, sentí la necesidad de comer una porción de helado, y no de cualquier sabor sino ron con pasas, de solo imaginarlo, la boca se me hizo agua, la salivación que comencé a emanar fue exagerado, tanto que no pude dejarla pasar. Eso me obligó a abandonar mi habitación, y ponerme en la situación que experimenté como algo

