NARRADOR OMNISCIENTE Alexandra movía nerviosa su pie mientras mecía a la bebé que se encontraba en su asiento para autos y miraba con atención a su tía. Se encontraban en un parque cerca de su nuevo hogar, esperando a que el castaño apareciera. Por inercia, la ojiverde miró su anillo, soltando un suspiro. Nunca se lo quitaba, había hecho una promesa y no quería romperla. Ese anillo le recordaba muchas cosas, tanto las buenas como las malas; por ejemplo, el día que conoció a Dylan. Tenía diez años cuando un día volvió de la escuela y se encontró a su primo jugando con un niño más pequeño que él, pero no mucho. Recordaba haberle dicho su nombre y tenderle la mano algo formal pero nerviosa; Dylan se escondió detrás de Sebastian como si le temiera. Luego, con el pasar de los años, sus sent

