Roberta
Alexander me cargó en su espalda hasta que llegamos al hotel, me bajo hasta entrar en la suite.
― ¿quieres ir a comer algo? ―me preguntó
― ahora si me dejarás comer lo que yo quiera ―contesté haciendo puchero
―sí, podrá comer lo que gusté, mi princesa ―escucharlo llamarme así, me hizo sentir extraña, pero no lo detuve
―entonces me daré una ducha y nos vamos
―sí, yo también necesito una ―respondió, yo fui hasta mi habitación y tomé una ducha, luego proseguí a arreglarme, debo admitir que a pesar del cansancio la pase muy bien con Alexander, a lo mejor me estaba equivocando con él, podría ser que en verdad él fuera diferente a su madre, Alexander siempre me trató bien ¿Podrían haberlo obligado a él también a casarse?, podría ser, el no parecía ser una persona fría y calculadora, aun así, no me era fácil olvidar a Erick, tenía que explicarle lo sucedido, no quería que siguiera pensando que yo era una zorra mentirosa, me quede absorta en mis profundos pensamientos, mirando mi rostro rojo del sol en el espejo, hasta que me decidí a ir hablar con él, quería saber por que se había casado conmigo, si acaso era una victima igual que yo… victima de la avaricia de nuestras familias, después de todo si él era maestro era por que no había querido vivir como cualquier otro millonario ostentoso.
…….
Alexander
Salí rápidamente de la ducha, serré las cortinas y me recosté en el sofá quedándome profundamente dormido, desperté cuando sentí que alguien se sentó a horcajadas sobre mi
― ¡Roberta! ―exclamé respirando su perfume, aun con los ojos serrados, si todo era un sueño no quería despertar, de pronto comenzó a besar mi cuello, sentí como se bajó de encima de mí y se metió entre mis piernas, luego abrió la cremallera de mi pantalón, su aliento caliente inundó mi fuerte erección y sentí su lengua deslizarse recorriendo cada parte de mi p*ene
―oh Roberta ―gemí de de placer y abrí los ojos queriendo bajar mi cabeza para verla, pero ella me detuvo y dejándome solo ver su negra cabellera hizo que yo los volviera a serrar ―quiero ver tu hermoso rostro mi princesa… ―dije completamente excitado
― ¡Alexander! ―exclamó una voz y era su voz… la voz de Roberta, entonces… entonces, ¿quién era la que estaba conmigo? Separé inmediatamente a la mujer que yacía entre mis piernas y pude ver su rostro
― ¿Laila? ―pregunté sorprendido al verla, esta maldita mujer me había engañado y solo sonreía limpiándose la comisura de sus labios ―Roberta, por favor déjame explicarte ―dije serrando mi pantalón y caminando hacia ella que permanecía estática en el mismo lugar, sin ninguna sola expresión en su rostro
―no tienes nada que explicarme Alexander, esto solo confirma lo que yo venía a preguntarte, pero creo que no es un buen momento para charlar, iré a comer algo y pueden proseguir con lo suyo que yo no los interrumpiré, y disculpa por haberlo hecho ―sus frías palabras me atravesaban como dagas afiladas el pecho
―iré contigo
― ¡No! Sería de mala educación dejar a tu invitada sola ―dijo y caminó hacia el elevador, traté de correr hacia ella, pero Laila me detuvo
―Ya, por favor déjala que se vaya y sigamos en lo que estábamos
―tu y yo no estábamos en nada, tú me engañaste ―dije tomando fuertemente su mano que se dirigía de nuevo a mi entre pierna ― ¿Cómo supiste donde estaba?
―fue fácil
― ¿Cómo? ―volví a preguntar ante su vaga respuesta
―recuerdas el reloj que te regalé ―dijo sentándose en el sofá, cruzando sus piernas y encendiendo un cigarrillo
―si, que tiene eso que ver
―todavía lo usas ¿verdad? ―recordé que lo traía siempre puesto, nunca fui de excentricidades y pensaba que si ya tenía un reloj no miraba el por que tendría que comprar más, así que desde que Laila me regalo uno cuando el mío se descompuso, y era el que siempre usaba
―si, tu sabes que nunca compro cosas antes de que las que tengo se descompongan
―pues ese hermoso reloj mi queridísimo y guapo Alexander ―dijo parándose y caminando hacia mí, luego acarició mi rostro provocativamente ―le mandé a instalar un rastreador, así que siempre se dónde estas
― ¡eres una maldita loca Laila!
―sí, pero solo por ti
― ¡Lárgate! Quiero que te vayas de aquí y desaparezcas de mi vida para siempre
―no puedes echarme Alexander, recuerda que mi familia, al igual que la tuya, es dueña de este hotel
―salte de mi suite, por culpa tuya Roberta creerá que la engañé
―por que te importa tanto lo que piense esa estúpida chiquilla, se muy bien que los casaron por un contrato
―No… yo si la amo, así que aléjate de nosotros
―no lo haré, porque te cansarás de ella, te cansarás de rogarle y ahí estaré yo para ti, mi amor
―nunca me cansaré de hacer todo por Roberta
―ella no te quiere, ni siquiera le importó encontrarte conmigo ¿o acaso tu viste algún gesto en su rostro? por que yo no vi ninguno, ni celos, ni dolor, nada Alexander… absolutamente nada. En cambio, ese día… en su falsa boda, cuando ese chico apareció, ahí si vi muchas expresiones en su rostro, acaso ¿tú no las viste?
― ¿estuviste ahí? ―ella solo sonrió y dándome un beso que yo no quería, salió de mi suite.
………..
Roberta
Bajé hasta un restaurante al aire libre, y me senté, mientras pensaba en aquella mujer con la que estaba Alexander, no pude observarla muy bien porque estaba oscuro, pero estaba segura que era la misma mujer que casi me golpea en el restaurante, ahora lo entendía todo, por eso se encontraba tan molesta ese día cuando me encontró ahí con el profesor, pobre Alexander seguro lo obligaron a dejarla para casarse conmigo.
Bebí mi bebida mientras pensaba en una manera de que él y yo pudiéramos estar con las personas que en verdad amábamos, cuando la vi a ella, esa mujer sexi de piel clara, casi tanto como la mía, de ojos marrones y labios carnosos que llevaba puesto un provocativo vestido rojo, me apresuré a llegar hasta donde estaba ella para explicarle el porque me encontraba en la misma suite que Alexander
― ¡Hola! ―la saludé tímidamente
― ¿Qué quieres?
―solo quería explicarte por que me encontraba en la misma suite que Alexander, no quiero que tengan problemas por mi culpa ―ella me miro incrédula, pero luego sonrió
―no te preocupes, él ya me lo ha explicado todo
― ¿y no estas molesta?
―no, amo a Alexander y no lo dejaría por nada del mundo
―que buena novia eres, espero que Erick sea tan comprensivo conmigo como tú con el profesor
― ¿el chico que llegó a tú boda?
―si, lo amo, pero me obligaron a casarme con el profesor y por lo que veo a él lo obligaron a casarse conmigo
―si, fue algo muy doloroso para nosotros, pero como sabrás no hay nada que podamos hacer en contra de nuestras familias ―dijo ella derramando unas lágrimas, me acerqué a ella y la abrasé
―tranquila, juntos buscaremos la manera de que ustedes vuelvan a estar juntos
―gracias Roberta, eres una chica excepcional… estoy segura que Erick te perdonará, tú te lo mereces. Solo por favor no le digas a Alexander de lo que hemos hablado, no quiero preocuparlo mas
―no te preocupes Laila ¿verdad?
―si Laila
―esta bien Laila y cuando quieras ver a Alexander, solo avísame por favor para no interrumpirlos
―claro, para la próxima lo haré ―Laila sonrío y se fue, después de todo no era tan mala como yo creía, solo era una mujer despechada igual que yo. Regresé a mi mesa y pedí algo para comer, cuando Alexander llegó
……….
Alexander
― Roberta ¿estás bien? ―pregunté, un poco agitado al bajar corriendo por las escaleras, ya que, el estúpido elevador se había trabado
―si, no te preocupes por mi
―es que tengo que explicarte
―no se preocupe profesor, yo entiendo ―me dijo con una sonrisa que lastimó a un más mi corazón
―llámame Alexander, después de todo somos marido y mujer
―solo por que nos obligaron a casarnos
―no Roberta ―dije tomando sus manos entre las mías y ella se acercó a mi
― ¿su madre lo amenazó? ¿tenemos que fingir? ―preguntó susurrando
―que… ¿mi madre?
―si, y si es así, por favor dígame y yo fingiré, pero usted será libre de estar con su novia y yo de estar con Erick ―escuchar eso me llenó de furia
―no Roberta Laila no es mi novia y no permitiré que tú te mires con Erick
―pero…
―pero nada, todo a sido un mal entendido
―claro que no, yo vi lo que hacían con mis propios ojos y no me importa, pero si piensa que usted podrá hacer lo que quiera y yo no, está muy equivocado, o ¿acaso pensó que conmigo tendría a dos mujeres a su disposición?
―No Roberta, claro que no, eso no es lo que yo quiero… Laila no es nadie para mí, yo no podría estar con ella estando casado contigo
―cómo puede hablar así, mientras ella sufre por usted
― ¿Cómo puedes saber que sufre?
―por que ella me lo dijo
― ¿Qué? ¿hablaste con ella?
―si, y hasta me pidió no decirle nada para que usted no se preocupara
―No Roberta, no puedes creer todo lo que ella dice, Laila no es lo que tú crees
― ¿Y que es? Dígamelo entonces… ―no podía decirle, no podía contarle lo que había pasado años atrás con ella, me daba vergüenza
―no puedo
―eso es por que usted miente ―dijo y levantándose de la mesa se fue.