― ¡Maldita sea! ―grité golpeando fuertemente la mesa, luego de que ella se hubo marchado, camine hasta el bar y me senté en la barra
― ¡lo de siempre señor Morel! ―preguntó el joven mesero
―sí, lo de siempre
―enseguida sale un wiski para el señor ―dijo el mesero, tomé para ahogar el dolor que tenía en mi pecho, la frialdad y desinterés de Roberta me habían lastimado demasiado, creyó más en las palabras de aquella mujer que no conocía que en mi
―Hola Alexander ―esa voz… esa maldita voz ―quieres compañía dijo Laila a mis espaldas mientras acariciaba mi pecho
―aléjate de mí si no quieres terminar mal
―solo quiero hacerte compañía ―dijo y de un salto subió a mi regazo
― ¡que te vayas! ¿no escuchaste? ―exclamé arrojándola al suelo, ella me miró con enojo, pero luego comenzó a reír
―ahora de que te ríes ―pregunté, para luego arrepentirme ―No… espera mejor no me digas, no me interesan tus tonterías
―le hablaste a mis padres ¿verdad?
―efectivamente Laila y dentro de veinticuatro horas podré echarte de este hotel y sabes que es lo que haré con el…
― ¿Qué? ―preguntó aun en el suelo
―se lo regalaré a mi querida esposa… Roberta ―exclamé triunfante con una sonrisa, pero ella no pareció intimidarse y continúo sonriendo
―No creo que la gran y perfecta señora Charlotte acepte de nuevo a la nueva señora de Morel, cuando la vea en los encabezados de todas las revistas de sociales, engañando a su querido hijo Alexander en su plena luna de miel, y no tan solo con un hombre
― ¿Qué hiciste Laila? ¿Dónde está Roberta? ¿Dónde está mi esposa? responde―dije tomándola del cuello, sabía de lo que esa mujer era capaz
―se que no me harás nada Alexander
―no sabes todavía lo que puedo hacerte Laila, aun no me conoces como tú crees ―dije arrojándola ―escúchame bien Laila si algo le llega a suceder a Roberta, utilizaré todo el poder que tengo y te destruiré a ti y a toda tu familia, hasta que no quede ni rastro de que alguna vez haya existido el apellido Falcon ―pude ver como la sonrisa se borro de su rostro y una expresión de miedo apareció, nunca había querido utilizar el poder de mi familia para lograr mis cometidos, pero todo lo que le dije esa noche a Laila salió desde el fondo de mi ser, si algo llegaba a ocurrirle a Roberta no dudaría ni un segundo en utilizar todo el poder que tenía en mis manos.
La dejé ahí en el suelo del bar con esa expresión de miedo en su cara y corrí hacia la suite, rogando encontrar ahí a Roberta.
…….
Roberta
Luego de la discusión que tuve con Alexander, decidí ir a caminar por la playa, observaba como el cielo limpio y estrellado se reflejaba en el agua, hasta que un joven mesero se me acercó
― ¿señorita Roberta? ―preguntó parándose al frente de mi
―si, soy yo
―la señorita Laila le manda una invitación para que vaya a cenar con ella
― ¿Laila?
―si la señorita Falcon, la espera en su habitación… sígame por favor ―lo seguí, pero me detuve cuando vi, que me guiaba hacia otro hotel
―disculpe ¿Por qué estamos yendo a otro hotel?
―no se preocupe, la señorita Falcon se hospeda en el hotel Grendel
―ah, esta bien, creí que se hospedaba en el mismo hotel que yo
―a la señorita Falcon, le gusta mas este hotel debido a la privacidad que hay ―observé detenidamente y sí que era diferente, todas eran como pequeñas casas, con un pequeño jardín que separaba una de la otra
―aquí es señorita, pase por favor
― ¡hola! Laila ―dije parada en el lumbral de la puerta, pero el joven vestido de mesero me empujó hacia dentro de la habitación y la serró, mientras me observaba con una malvada sonrisa ― que… ¿Qué está sucediendo? ―pregunté y sentí mi corazón acelerarse, al ver a otros dos hombres dentro de esa habitación acercarse a mi
― te metiste en el camino de la persona equivocada, pequeña ―dijo el hombre que doblaba mi estatura tomándome de la cintura
― ¡suélteme! ―dije forcejeando, pero era inútil no lograba librarme ni un poco de él
―por que lo haríamos, esta noche nos divertiremos todos juntos
―prepara la cámara Deo
― ¿la cámara? ―pregunté
―sí, alguien quiere documentar todo lo que pasará esta noche, pequeña ―exclamó lamiendo desde mi cuello hasta el lóbulo de mi oreja, sentí mi cuerpo estremecerse de miedo al saber lo que me estaba apunto de ocurrir, quien sería tan malvado para mandar a hacerme algo tan cruel. Otro de los hombres de perfecta barba, de estatura un poco menor que la del que me sostenía, se acercó a mi y comenzó a masajear mis pechos, las lagrimas comenzaron a derramarse por mis mejillas, esta era la manera mas horrenda de perder mi virginidad
― ¡Auxilio! ―grité con todas mis fuerzas, pero nadie respondió
―nadie te escuchará preciosa, deja de intentarlo ―dijo el segundo hombre rompiendo mi blusa, me armé de valor y patee su entre pierna, él se encogió del dolor, pero recomponiéndose me dio una bofetada tan fuerte que la vista se me nublo y casi pierdo el conocimiento
―Ezio, tranquilízate… no queremos dañar este hermoso rostro, no puede parecer una violación
―pero la maldita perra me pateo
―prepara las pastillas Dan ―dijo el hombre grande que parecía ser su jefe al mesero. Luego regresó con un pequeño vaso de agua, en el que se podía observar aun el polvo de las pastillas allí diluidas
―abre la boca pequeña ―dijo el hombre grande que me sostenía mis brazos por atrás
― ¡no! No lo tomaré ―dije serrando la boca y moviendo mi cabeza de un lado a otro
―yo que mas quisiera hacerte mía a la fuerza, pero necesitamos que parezca que todo fue consensual, así que tienes que tomarlo ―exclamó y apretó mis mejillas, mientras otro tapaba mi nariz, hasta que no pude contener mas el aire y abrí la boca para respirar, y entonces vertieron el liquido en mi boca obligándome a tragarlo. Sentí mi cuerpo extraño, como si todas las fuerzas en el me abandonaran y mi vista comenzó a nublarse distorsionando sus rostros
― ¿Qué me dieron?
―solo algo para que te calmes y disfrutes, mi querida virgencita
―co-como saben que yo… que soy… ―era difícil acomodar las palabras
―la persona que nos contactó, nos dio absolutamente toda tú información, pero no te preocupes te trataremos con cariño solo por ser esta tú primera vez ―la fuerza de mis piernas me abandono y me desvanecí en los brazos de esos malvados hombres, sentí como me cargaron y me acostaron en la cama, para luego comenzar a manosear todo mi cuerpo arrancándome la ropa, las lágrimas fluían de mis ojos empapando la almohada y desee con todo mi corazón que Alexander me rescatará, que apareciera como siempre lo hacía, pero conforme pasaban los minutos mas perdía la esperanza, me arrebatarían aquello que guarde para el hombre que amaba, al igual que mí dignidad y mi alma, ya no me quedaría nada.