Un dolor insoportable

1415 Words
― ¡Roberta! ―gritó Erick y mi corazón se detuvo, cerré los ojos fuertemente deseando que solo fuera una pesadilla, Erick caminó hasta donde yo estaba a paso firme, todos los presentes no podían creer lo que estaba sucediendo ― ¡Roberta! Dime que no es verdad, por favor… te lo suplico, dime que solo es una broma, dime que no te casarás con alguien mas ―me dijo mientras me tomaba de las manos, sentí quebrarme… si, me quebré por completo ―por favor Roberta, dime algo mi amor ―no la llames así… ella es ahora mi esposa ―exclamó Alexander ― ¿Qué? Roberta te casaste con él, con alguien que casi te dobla la edad y lo peor de todo, es tu maestro ―Roberta no es una niña, y tiene suficiente edad para casarse con quien ella decida ―expresó Alexander, sus palabras solo me molestaban, como podía decir que yo podía elegir con quien casarme, cuando su madre me amenazó para no hacerlo ―no te estoy hablando a ti ―gritó Erick, yo solo podía permanecer en silencio, mi mundo poco a poco se iba desvaneciendo ―háblame Roberta, ―exclamó furioso y triste tomándome de los hombros y agitándome ― Erick… yo… yo no quería lastimarte ― ¿No querías lastimarme? ¿es enserio Roberta? Prometiste que te casarías conmigo, te esperé Roberta, te esperé por horas y tú nunca llegaste… y ahora me dices que no querías lastimarme ―verlo llorar me dolía en el alma, mis ojos se empañaron, solo quería decirle que me perdonara, que yo en verdad lo amaba y deseaba con toda mi alma casarme con él, pero no podía, sabía que, si lo hacía, lo podría perder para siempre ―no quiero volverte a ver nunca mas en mi vida… conocerte fue lo peor que me pudo haber pasado ―me gritó Erick, podía ver el odio y la decepción reflejado en sus ojos, mientras la cara de Charlotte se iluminaba con una gran sonrisa, estaba segura que había sido ella la que le había enviado esas fotos, la que le dijo a Erick que yo me estaba casando, Erick se giró y caminó a la salida, un hueco gigante se formó en mi pecho… un hueco que me consumía y me mataba de dolor, un dolor tan real que podía sentirlo en todas mis extremidades, dolía… dolía como una maldita daga enterrada… dolía como si mi alma se escapara. Las lágrimas que había logrado controlar hasta ese momento, comenzaron a descender por mis mejillas. ― Erick ―exclamé casi en susurro, mis fuerzas, todas ellas me estaban abandonando ―Erick ―volví a clamar y traté de ir hacia él, pero mi abuelo me detuvo ― respeta a tú esposo, si no quieres que algo malo le suceda a ese chico ―me dijo al oído, era más que evidente que él y la madre de Alexander estaban de acuerdo en todo. Lessa que llegó momentos después que Erick, se acercó a mi ―Lessa ―eres una maldita zorra interesada ―expresó dándome una fuerte bofetada que tiñó mi rostro de rojo ―nunca más me vuelvas a dirigir la palabra, nunca creí que tú fueras así Roberta, hasta me alegré cuando pensé que tú y mi primo se casarían, eres… eres una estúpida mentirosa ―sus ojos se tornaron cristalinos y se derramaron en lágrimas, luego corrió hacia donde Erick se había ido. Nunca antes había sentido tanto dolor, ese día había perdido todo… todo lo que me quedaba, perdí al amor de mi vida y a mi mejor amiga, y lo peor de todo es que a nadie le importaba. ― Roberta ¿estas bien? ―dijo alexander tratando de tomar mi mano, pero yo la alejé rápidamente de él, todo lo que me estaba ocurriendo era culpa suya y de su maldita familia ……. Alexander Verla sufrir de esa manera me dolía… me dolía demasiado, eso no era lo que yo quería, pero si yo no aceptaba casarme con ella, su abuelo la casaría con cualquier otro, y no lo iba permitir, pero sabía que, aunque yo lo dijera ella no me creería, podía ver el rechazo en sus ojos, ella me odiaba… me odiaba demasiado. En el salón de fiesta, a pesar de que todo se hizo como se planeó, ella evitó dirigirme la palabra. Cuando todo hubo terminado, nos dirigimos a la mansión de mi familia ―Alexander, mi querido hijo, no sabes lo feliz que me hace sentir que por fin te hayas casado ―dijo mi madre abrazándome ―los felicito mucho a los dos, deseo que sean muy felices y se apresuren a darme muchos nietos ―Roberta permanecía inmersa en sus pensamientos, sin una sola expresión en su rostro, parecía que algo se había roto dentro de ella, y yo… yo tendría que hacer todo lo posible por repararlo ―Roberta, querida, ¿estas escuchándome? ―Roberta levantó la mirada hacia mi madre, pero la miraba con furia, como si quisiera despedazarla ― ¿Qué otra cosa quiere que escuche? ¿acaso abra otra amenaza? ― ¿amenaza? de que estaba hablando Roberta ― ¿amenaza? ―pregunté ―solo está bromeando ―dijo mi madre riendo ―veo que tienes un gran sentido del humor cariño. Bueno, pero es hora de darles mi regalo ―mi madre sacó un pequeño regalo, yo se lo di a Roberta para que lo abriera, pero ella no lo aceptó ―anda querida, tómalo, no quieres desobedecer a tu esposo ¿verdad? ―no, no hay problema… si ella no quiere abrirlo lo haré yo, creo que está un poco agotada ―no creo que este tan agotada como para abrir un regalo de su suegra ―Roberta de no muy buena gana, tomó la pequeña caja de regalo de mis manos y la abrió ― unas llaves ―exclamó ―sí, pero no son cualquier llave querida, son las llaves de la mansión, ahora esta pasará a ser de ustedes ―mamá, pero como… tú y mi hermano viven aquí ―tú sabes que tenemos otras casas ―si, pero ninguna como esta ―eso no es importante, sabes que te amo mi amor y quería darte el mejor regalo de todos y que mejor que darte la casa que heredé de mi padre ―gracias mamá ―dije abrazándola ― ¿tú no me abrazarás? ……… Roberta Me preguntó esa maldita víbora venenosa, caminé hacia ella la abrasé rápidamente, como que si tardaba un momento mas junto a ella pudiera contagiarme toda esa maldad ―hijo podrías traer mi coche ―dijo dirigiéndose a Alexander ― ¿no te quedaras esta noche? ―no, como podría están recién casados, supongo tendrán mucho que hacer esta noche ―Alexander carraspeo un poco la garganta y fue por el coche de su madre, cuando ella se aseguró de que él estaba lo suficientemente lejos como para no escucharla, exclamó ―te mantendré vigilada querida, así que es mejor que te portes bien con mi hijo, por que, si no lo haces, no solamente seras tú quien sufra las consecuencias ―luego sonrió y se dirigió hasta su coche. ― ¿Qué te dijo mi madre? ¿y de que amenaza hablabas? No parecía una broma ―preguntó Alexander, seguramente solo quería quitarse la culpa delante de mí, estaba segura que el sabía lo que había ocurrido ―nada. ―me limite a decir ―ven conmigo ― ¿A dónde? ―no creíste que pasaríamos aquí nuestra luna de miel ¿o sí? ―pensé en negarme, pero recordé las amenazantes palabras de su madre, trataría de comportarme por un tiempo, mientras buscaba la manera de ver a Erick y contarle toda la verdad, tenía que advertirle y convencerlo de regresar a Canadá, solo así me libraría de esa bruja, pero por lo pronto tenía que asegurarme de que ella creyera que no haría nada a sus espaldas, que pensara que me había dominado y atemorizado por completo ― ¿A dónde iremos? ―pregunté ―esa es una sorpresa ―subimos a su auto y se dirigió hasta un campo de aviación, ahí había un jet privado con el apellido Morel grabado, las azafatas y el capitán nos estaban esperando, en otra ocasión seguro me emocionaría, pero ahora mi corazón solo era cenizas, y sin el, era imposible sentir alguna emoción.
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