Solo un juguete

1348 Words
Mientras iba en el taxi, comencé a sentirme libre, pensé en comunicarme con Erick, pero olvidé mi celular cuando salí de prisa, no traía nada, solo esperaba que él estuviera ahí esperando o me metería en problemas por no pagar. Faltaba una calle… solo una calle mas para llegar con el amor de mi vida, aquel que sería mi esposo. Pero antes de poder disfrutar mi felicidad por completo, unas grandes camionetas Hummer se atravesaron en nuestro camino logrando que el taxi se detuviera, y también mi corazón, dos hombres altos y fornidos en trajes negros abrieron la puerta del coche ―señorita Roberta, venga con nosotros por favor ―no… no iré ―dije y me aferré al asiento de enfrente, pero ellos me tomaron de la cintura y casi sin esfuerzo lograron zafar mis manos, uno de ellos me cargó en su hombro y me llevó rumbo a una de las tres camionetas que tapaban el camino, el taxista se encontraba tan asustado que ni siquiera recordó cobrarme, yo golpeaba la espalda de ese enorme hombre para que me soltara, pero todo fue en vano ― ¡Hola querida! ― ¿señora Charlotte? ―exclamé completamente sorprendida ― ¿A dónde te dirigías cariño? ¿acaso pensabas abandonar a mi hijo en el altar? ―dijo mientras agitaba su copa y sisaba negando con su cabeza ―yo… yo… ―cuando conocí a la señora Charlotte, me pareció alguien elegante y tierna, pero en ese momento, me transmitía gran temor ― ¿Qué pasa querida? ¿te ha comido la lengua el ratón? ―yo solo la miraba, sin poder articular ninguna palabra ―bien… entonces yo te contestaré, yo creo que solo estabas un poco confundida por los nervios de la boda, así que en este momento nos dirigiremos a la iglesia y haremos de cuenta que no pasó nada ¿te parece bien? ―en ese instante me armé de valor, sentía miedo, pero mi futuro dependía de ello ―no me casaré con su hijo señora, no puedo ― ¿y por qué no puedes? ―por que no lo quiero, ni siquiera lo conozco ―hay cariño, en familias como las nuestras, el amor no existe, todo es solo un negocio ―aun así, no me casaré y no importa si mi abuelo me quita su apellido ―pero sabes… hay un gran problema… a mi hijo en verdad le gustas mucho, y a mi no me gusta negarle nada, y si él te quiere, pues te tendrá ―no soy solo un objeto ―querida, las mujeres somos objetos hasta que conseguimos el poder necesario para no serlo. ― ¡No me casaré! ―grité, pero ella no pareció inmutarse ―oh si, claro que lo harás…. Lo harás si no quieres que ese noviecito tuyo desaparezca de la faz de la tierra ―no le tengo miedo, seguro mi abuelo le habló de él ―estas equivocada querida, yo se todo de ti, se con quien hablas, se lo que dices y se hasta lo que comes ―dijo con una sonrisa tenebrosa en su rostro, y pasándome una tableta, pude ver a Erick en ese pequeño jardín donde nos casaríamos, esperándome ― ¿Cómo? ―yo tengo ojos en todas partes, y esa persona que esta grabando, es un francotirador y no se irá de ahí hasta que tú des el sí en el altar ―en ese momento me sentí pequeña, sentí como si me hubiera encogido tanto que esa mujer enfrente de mí, pudiese pisarme con su elegante zapato de tacón, una lagrima rodó por mi mejilla y una fuerte punzada en mi pecho me llenó de un profundo dolor ―oh no cariño, no llores, arruinarás el maquillaje ―dijo y me paso un pañuelo ―ahora vayamos a la iglesia que el novio ya debe estar desesperado. La distancia recorrida hacia la iglesia de Madeleine se me había hecho extremadamente corta, un nudo en mi garganta se formó y sentía que me ahogaba, pero llorar no era una opción, no con esa mujer al frente mío ―llévenla a la limosina ―ordenó Charlotte, una cuadra antes de la iglesia ― ¿limosina? ―pregunté ―si cariño, tienes que llegar en la limosina destinada para los novios ―me bajaron de la camioneta y me dirigieron hasta una hermosa y lujosa limosina blanca, adornada con flores, subí y el chofer me llevó a la entrada de la iglesia, donde mi abuelo me esperaba ―Roberta, ¿Qué tontería pensabas hacer? ―me dijo mientras me llevaba del brazo, pero yo permanecí en silencio, aun no perdía toda la esperanza, al día siguiente buscaría la manera de comunicarme con Erick y explicarle todo lo sucedido, confiaba en que lo entendería. Caminé a paso lento hacia el altar tomada del brazo de mi abuelo, el mismo hombre que había vendido mi felicidad, esperando de espaldas estaba el novio, no podía verle la cara y tampoco me importaba mucho, lo único que quería es que ese día terminara lo más pronto posible ―nosotros la familia Rose Bill entregamos a Roberta Rose Bill en matrimonio ―exclamó mi abuelo en cuanto llegamos al altar, y puso mi mano en la del novio, yo permanecía con la vista fija en el suelo y cuando la levanté, no lo podía creer… ― ¿profesor? ―expresé con gran asombro, y sentí la furia recorrer mi cuerpo, todo el tiempo me estuvo mintiendo ―ese día, por eso sabía que era una fiesta de compromiso, no existía ningún amigo ¿verdad? usted… usted me mintió ―dije alejando bruscamente mi mano de la de él, lagrimas de enojo brotaban de mis ojos ―Roberta, no es lo que tú crees ― ¿Por eso no quería que yo conociera al novio con anticipación? ― Roberta, por favor… luego te explicaré todo ― ¿Qué me explicará profesor? ¿Qué usted me ha comprado? ―pensé en irme, pero la sonrisa de esa mujer me recordó que Erick pagaría las consecuencias si lo hacía ―no… no es así ―no interesa como fue, de todos modos, no tengo otra opción ―y poniendo mi mano de nuevo en la suya, le hice una señal al cura para que prosiguiera, dijo un montón de palabras que la verdad no escuché, simplemente no podía con todo lo que estaba sucediendo, en verdad yo era solo un objeto… un juguete en las manos de todos. ―yo Alexander Morel Dubois, te quiero a ti Roberta Rose Bill como legitima esposa, y me entrego a ti. Prometo serte fiel en las alegrías y penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida ―recitó fuertemente Alexander tomando mis manos, y luego era mi turno… mi turno de prometer fidelidad a un hombre que no amaba, repetí las palabras casi arrastrándolas, frente a toda esa gente que ni siquiera conocía ― Roberta… recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti ―dijo Alexander poniendo el anillo de matrimonio en mi dedo, no podía controlar las lagrimas que derramaban mis ojos, aunque nadie podía verlas gracias al velo que cubría mi rostro ―Alexander… ―las demás palabras no salían de mi boca, hasta que esa mujer hizo que las dijera ―continúa querida, no tenemos todo el día ―Alexander… reci-recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti ―luego el sacerdote tomo las arras y las puso en nuestras manos, tuvimos que recitar otras palabras y pasarlas a la mano del otro ―yo bendigo este matrimonio, para que vivan una larga y feliz vida juntos ―exclamó el sacerdote ― ahora sí, ¡puede besar a la novia! ―Alexander comenzó a levantar el velo que cubría mi cara y yo sentía mi corazón encogerse cada vez más y más. Se acercó más a mí, pero cuando estaba a punto de besarme, ocurrió lo que mas me temía que pasara…
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