― ¡Lessa! ―exclamé sorprendida, de todas las personas con las que me pude haber topado, ¿por qué tenía que ser ella?… ¿porque precisamente la prima de Erick?
― ¿es tuyo? ―me preguntó señalando la caja grande en mis manos, la dependienta de lugar había salido un momento y me pidió que la esperara
―no, yo…
―aquí esta señorita, es cortesía de la casa, muchas gracias por su compra y cualquier detalle con el vestido puede contactarnos ―dijo entregándome un hermoso tocado de flores en una caja transparente
― ¡si es tuyo! ―exclamó Lessa con una enorme sonrisa ―sabía que tu y Erick iban enserio cuando vi ese anillo en tu mano
― ¿este anillo?
―si… ¿él no te lo dijo? Es una reliquia familiar, si él se lo pidió a la abuela es por que en verdad te ama ―esas palabras de Lessa terminaron de quebrar mi corazón, el me ama y yo… yo solo le mentí, faltaban solo cinco días para la boda, no podía decirle que era mentira que me casaría con él
―cuando pensaban decirme
―no queríamos alarmar a todos, mi abuelo no dejaría que pase si lo supiera
―sí, Erick me contó el desplate tan horrible que le hizo, pero, aun así, tu mejor amiga y futura prima tiene que estar ahí, así que dime ¿Dónde será?
―no lo sé, Erick se encargará de todo
― ¿alguien de tu familia estará presente?
― ¡No! Y por favor Lessa, no le digas a nadie, no quiero que ellos vayan a enterarse y todo se arruine
―yo seré una tumba. ―dijo serrando su boca con un cierre imaginario ― felicidades, pronto serás mi prima ―expresó casi brincando de alegría mientras me abrazaba.
Fui a mi casa a dejar el vestido, y me aseguré[h1] de que mi madre no lo viera, le dije que quería que fuera una sorpresa y serré mi closet con llave.
Al día siguiente antes de entrar a clases me dirigí al dormitorio de Erick, toqué la puerta y cuando él me abrió pude notar que solo llevaba puesto una toalla a la cadera, que dejaba ver su abdomen tonificado
― ¡Roberta! Mi amor ―esta vez me había recibido con mas euforia que cualquier otro día ―ya quería verte ―dijo abrazándome fuertemente, yo permanecí inmóvil por el miedo de que lo único que cubría su… su parte, se cayera
―veo que estas muy feliz
―por que no lo estaría, estas aquí, a mi lado. Y lo mejor de todo, es que pronto serás mi esposa
―si… tú esposa ―que bonitas se escuchaban esas palabras en su boca, su esposa.
―Lessa me dijo que ya compraste el vestido
― ¿Qué?
―por favor, no le recrimines, no sabes lo feliz que me hizo saber eso, al principio creí que solo me mentías, por que no te vi muy convencida ni feliz cuando me dijiste que sí, pero cuando Lessa me dijo que te había visto comprando el vestido, todas mis dudas desaparecieron. Roberta te amo
―y yo a ti Erick, no sabes cuánto. ―me dio un lindo beso y luego charlamos de todo lo que ya tenía preparado para nuestra boda, también me dijo el lugar y la hora en que me esperaría.
Ese día había tomado una decisión, lo daría todo por amor, lo sentía mucho por mi madre, pero sabía que era una mujer fuerte, luego de que me casará con Erick le explicaría todo, haría que ella fuera con nosotros a Canadá y comenzaríamos una nueva vida, tal vez no tendríamos las mismas comodidades, pero estoy segura que ella preferiría que yo fuera feliz.
……
(un día antes de la boda)
Todos estaban vueltos locos con los últimos detalles de la boda, terminando de arreglar la iglesia y el salón, yo solo observaba como mi madre y la dama elegante, como yo le decía, pasaban de un lado a otro hablando por teléfono y tomando decisiones, en las que yo no quise inmiscuirme, eran demasiado minuciosas con las cosas, después de todo solo asistiría la crema y nata de todo parís, lo sentía mucho por mi madre que se estaba tomando tantas molestias, pero todo sería en vano, ya que la novia, ósea yo, nunca llegaría, por lo menos no a esa boda.
― ¡hola cariño! ¿Cómo estás? Tu madre me dijo que los nervios te estaban jugando una mala pasada y por eso no estabas ayudando con los preparativos ―dijo Charlotte acercándose a mi
―si ―dije mirando hacia mi madre que me hacia señas para que yo asintiera
―bueno esperemos que mañana te encuentres mejor, mi hijo te mandó esto, quiere que lo uses mañana ―tomé el estuche dorado y lo abrí, dentro había un hermoso collar de zafiro azul ― ¿te gusta? Le dicen la piedra del alma, simboliza lealtad, honestidad, pureza y confianza, él mismo la eligió para ti, creo que la foto tuya que le enviamos lo impresionó mucho
―es hermoso, gracias
―mañana le agradecerás a él, querida ―toda esa noche no pude dormir bien por los nervios, tenia que buscar la manera de escaparme al día siguiente, pero con tanta gente ¿Cómo lo lograría?
……
(día de la boda)
El día había llegado, desde que abrí los ojos mi corazón se encontraba completamente acelerado, nunca había hecho nada rebelde en mi vida, era la primera vez que lo haría y no sería un simple juego, esta decisión cambiaría por completo mi vida
― ¡Roberta! Levántate mi amor, las maquillistas ya están aquí ―esta vez me levanté sin ningún reproche ―le pediré a Sarita que te traiga el desayuno ―Sarita me trajo un tazón de frutas y cereales, pero apenas y pude probarlos los nervios me estaban matando, sentía un nudo en mi estómago y mi corazón descontrolado, tal vez era la adrenalina por lo que estaba a punto de hacer.
Las jóvenes mujeres terminaron de maquillarme y peinarme era hora de ponerme el vestido, al recordar el que había pedido me arrepentí por completo, no quería que Erick me viera así, ese tipo de ropa no iba conmigo, pero no tenia tiempo de cambiarlo, me lo puse y el vestido se ciño perfectamente a mi figura, dejando ver las transparencias en el frente y el enorme escote en la espalda, me sentía casi desnuda, el grito de mi madre al verme, con el puesto, lo dijo todo
― ¡Roberta! ―gritó soltando la copa que tenía en la mano ― acaso, ¿acaso se equivocaron en la tienda?
―no mamá, yo elegí este
―no, no entraras así a la iglesia, con eso que apenas podría llamarse vestido ―al escuchar los gritos de mi madre, mi abuelo subió
― ¿Qué está sucediendo?
―mírelo usted, este es vestido que ha elegido su nieta
― que te ocurre niña malcriada, ¿acaso eres una p*ta para usar eso?
―pues poco me falta para serlo, ya que tú me vendiste ―lo siguiente que escuché fue la fuerte bofetada que recibí de mi abuelo, pero no me importó, sabía que sería la última ―no usarás eso
―pues no hay nada que puedas hacer
―si puedo, Marian ve a esta tienda ―dijo mi abuelo pasándole una tarjeta ―pide el mejor vestido que tengan en la talla de Roberta, no importa que ya este apartado, dile a la encargada que vas de parte mía, no te lo negará ―mi madre salió rápidamente de la habitación y siguió las órdenes de mi abuelo. ― y tú, quítate eso.
Mi abuelo creyó que me había intimidado, pero sucedió todo lo contrario, que mi madre no estuviera y él estuviera ocupado hablando con Charlotte para conseguir tiempo, era la oportunidad perfecta para escaparme, fingí que me cambiaría y le pedí a todos que salieran de mi habitación, luego me escabullí bajando por la escalera de la cocina, Sarita me vio, pero fingió no hacerlo, no sabía cuanto le agradecía ese acto, llegué a mi coche, pero entonces me percaté que no llevaba las llaves “demonios” ahora que hago, pensé, pero no era momento de detenerme, así que salí de nuestra casa y corrí unas cuadras atrás, ahí vi un taxi y lo tomé. Mi corazón no dejaba de latir fuertemente, la adrenalina recorriendo mi cuerpo me hacia sentir increíble, por fin… por fin sería libre o eso fue lo que creí.